13 de febrero. Llegan tiempos de cambio, la segunda transición. Se discute de la estructura territorial del Estado y al mismo tiempo se está decidiendo un modo de vida, el que para bien o para mal sufrirán nuestros hijos. La nueva ofensiva comenzó con películas de Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar; ahora la prensa se une a la batalla y no con poco atrevimiento: justificando el aborto de un no nacido de seis meses en Avilés, hijo de una madre deficiente, hace escasas fechas.
Como ya apuntó Michel de Montaigne, la forma más efectiva de legitimar una opinión es exponerla como la inevitable, la única posible. Así lo han comprendido tantos y tantos personajes del "mundo de la cultura" subvencionada. Un diario nacional que no se proclama independiente se ha propuesto explicar por qué abortó la madre a los seis meses si lo supo con cuatro. La culpable se señala de antemano: la burocracia letal. Queda en el aire una pregunta: ¿letal para quién?
Olvida la soflama periodística el pequeño e irrelevante detalle que señalaba La Nueva España: la madre quería tener al niño. No queda ahí el atrevimiento del artículo, relaciona a organizaciones como HazteOir o la Asociación Asturiana de Defensa de la Vida con unas amenazas que supuestamente "se recibieron" (no se sabe ni quién ni dónde). Inmenso retroceso para cualquier mente moderna eso de respetar la decisión de la madre y la vida del niño. Los ofrecimientos de acogida, adopción y ayuda económica fueron todo un insulto. Por su bien tenía que abortar, qué malos esos provida, qué buenos los verdugos empeñados en acabar con un feto que podría haber sobrevivido a un parto provocado. Todo muy bien presentado, muy convincente. En este caso es la familia quien lo decide por un supuesto bien mayor, dentro de un tiempo podría ser el propio Estado quien decretase quién merece o no nacer. No sería la primera vez, China no está tan lejos, y si el país-fábrica mundial ha acallado a quienes se dicen defensores de los derechos humanos como la ONU, España también puede.
Como de manipuladores sentimentales va el día leemos que el creador de la oveja Dolly ha logrado una licencia para clonar embriones humanos en Reino Unido. Hay que recordar que al famoso mamífero lo sacrificaron a los seis años por un problema pulmonar cuando habitualmente viven casi el doble. Como ya advirtieron entonces resulta muy difícil saber si influyó la clonación en ella, pero lo cierto es que Dolly sufría un envejecimiento superior al normal. No ocurre nada, adelante con la clonación humana. Con Dolly algunos se dieron cuenta de que este lápiz sí tiene una goma de borrar: el sacrificio del ser creado. La manipulación sentimental, como explicó Michel de Montaigne, funciona siempre igual: permitir la clonación es la única posición admisible ante los enfermos de cáncer o diabetes. El mensaje está muy claro: o acepta el nuevo dogma o iremos contra usted, un extremista religioso que quiere evitar que el hombre juegue a ser Dios.