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El psiquiatra Enrique Rojas reflexiona acerca de los «tres grandes males» de la sociedad actual
Mar Velasco
Madrid. Al psiquiatra Enrique Rojas, autor de libros como «El amor inteligente» o «Los lenguajes del deseo», le gusta decir que su profesión es «ser un poco médico del alma». Sobre estas enfermedades del alma, propias de una sociedad «moralmente desarmada», reflexiona a lo largo de esta entrevista concedida a LA RAZÓN.
Al parecer, según el doctor, hay una enfermedad propia de nuestros días, un síndrome muy peculiar que él ha bautizado como «síndrome de Amaro». «El amaro –explica el doctor Rojas– es una planta labiada que tiene forma de corazón en su base, que huele muy mal, pero que cura ciertas afecciones de la piel. Y extrapolo esto al mundo de la televisión y de las revistas del corazón», resuelve, por si a alguien se le escapaba la metáfora. «Consiste en el deseo de conocer la vida de los famosos siempre que esté rota. Interesa la vida ajena de las personas conocidas con una condición sine qua non, que esté partida, que haya saltado por los aires», sostiene. El doctor tiene su propia interpretación de este fenómeno: «Lo que se esconde debajo de esto es morbo, divertimento, pasatiempo, también los ricos lloran, ver la vida ajena a través del ojo de la cerradura, un mecanismo de compensación...» explica.
El doctor aprovecha para realizar una matización: «Hay que distinguir entre fama y prestigio, que no son lo mismo. En la fama lo importante es sonar, aparecer en los medios de comunicación social con mucha frecuencia, y que uno sea reconocido por la calle. Muchas veces debajo de esa conducta hay un gran vacío. En el prestigio lo fundamental es el reconocimiento social por haber alcanzado una cierta excelencia en algún ámbito de la vida y es mucho más privado que público, aunque tiene una resonancia exterior», subraya. «Las revistas del corazón son los dibujos animados de los mayores. Llenan vacíos, alimentan con su contenido a gentes que pasan el rato sumergidas en estos avatares», afirma. «Escarbar en la vida de los famosos los convierte en modelos de identidad y a la vez en víctimas. Hay voyeurismo y exhibicionismo», señala, refiriéndose a otras «preferencias» enfermizas habituales en la sociedad.
Según el doctor, «las revistas no te exigen nada ni te obligan a preguntarte nada, ya que el 90 por ciento son fotos y el 10 por ciento es texto. En cambio, en la televisión suele haber contertulios, maestros en el arte del cotilleo, que ofrecen noticias deformadas, todo mezclado al mismo tiempo. Esto tiene muy poco bueno: quizá la comunicación o el relativizar este tipo de vidas; y tiene mucho de malo: porque muchas de las gentes que leen las revistas o ven estos programas prácticamente no tienen interés en la lectura», reflexiona.
Estrés, depresión, desamor. Y llegamos al «amor», la palabra más desvirtuada y deformada de nuestros días junto con «libertad»: «Vivimos una triple crisis psicológica en la que se mezclan el estrés, la depresión y el desamor. El amor verdadero hacia otra persona consiste en darle lo mejor que uno tiene, en tratarla de forma excepcional. Amar a una persona es lo contrario de usarla, es intentar sacar lo mejor de ella y al mismo tiempo poner sobre el tapete lo mejor de uno mismo. Amor es el deseo de hacer eterno lo pasajero, y debe contener inteligencia, sentimientos y espiritualidad», subraya.
El doctor participó hace unos días en el VII Congreso «Católicos y vida pública» organizado por la Universidad San Pablo CEU. Allí afirmó que «la cultura es libertad, es la estética de la inteligencia», y se refirió al gran mal de nuestros días: la depresión. «Hoy el 95% de las depresiones se curan. Ésta es la gran noticia. Por fortuna, el arsenal terapéutico para sacar a un depresivo adelante se ha vuelto de una gran riqueza», concluye sin disimular su profunda satisfacción.