lunes, 19 de diciembre de 2005



El caso de Abigail ha conmocionado a Inglaterra, donde por desgracia los actos de violencia contra mujeres o niños son increíblemente frecuentes y no suelen ser noticia destacada de los telediarios ni de los periódicos. Hay varias razones que lo hacen especial.

Arantza Díez Zearsolo

Abigail era una joven madre de veintipocos años que volvía a casa con su hijo a mediodía, despues de reunirse con otras madres con niños pequeños en un local parroquial, en un tranquilo barrio residencial en la campiña al sur de Londres. Un joven de la zona, destrozado por la droga y por la pornografía, deprimido por la ruptura reciente con su pareja, se había obsesionado con ella días atrás y la intentó agredir en un atajo. Cuando ella corrió a pedir ayuda, logró retener la sillita con el niño, le puso un cuchillo en la garganta a la criatura y la llamó. Abigail hizo lo que sólo una madre es capaz de hacer, volver atrás a por su hijo, y el agresor la agarró y le asestó una puñalada en la nuca, dejándola moribunda junto a su hijito.

Abigail fue llevada al hospital más cercano, donde dos médicos la dieron por muerta. El tercero vió signos de vida. El tercer médico era la madre de Abigail.

En seguida avisaron a su marido, Benoit. Benoit informó a los médicos de que su mujer estaba esperando un nuevo hijo, un embarazo del que acababan de tener conocimiento. Abigail no murió, quedó gravísima en la UCI durante meses y en todo momento se negó a someterse a tratamiento alguno que pudiera perjudicar a su hijo no nacido. En medio del sufrimiento, la primera palabra que logró comunicar fue "happy", feliz. Totalmente paralizada de cuello para abajo, de por vida ahora, con 26 años, era feliz, feliz porque a su hijo Joseph no le pasó nada, feliz porque Dios le había conservado la vida, y feliz porque ella llevaba una vida en su seno y a este nuevo hijo no lo había perdido tras la brutal agresión.

Abigail llegó a decir por gestos: "Dios está haciendo grandes cosas por mí". No había duda. Innumerables han sido los mensajes de apoyo, las personas conmovidas, los enfermos a los que su ejemplo ha ayudado. Incontables las oraciones. Innumerables los que han visto en ella el icono de la inocencia, del perdón, del amor, crucificado. En los periódicos se recogía con incredulidad sus palabras "I feel so blessed" (Me siento tan bendita).


Salva a un niño de la muerte


Publicado por Galsuinda @ 12:27  | Testimonios provida
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