La muerte del niño avilesino en diciembre enero de 2005 con aprobación judicial cuyo único delito fue ser hijo de una deficiente, nos pone en marcha para que no haya más asesinatos.
Defendemos también una mayor formación
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Los políticos deciden, por ejemplo, en qué idioma han de aprender los niños de toda una autonomía, con grave lesión de los derechos personales. Hemos conocido cómo en Cataluña un padre ha tenido que recurrir a los tribunales porque no se le daba a su hijo enseñanza en español. La educación se ha convertido, mientras se degrada su calidad, en un campo de polémica estrictamente política, con los gobernantes aquejados de esa fatal arrogancia que lleva a creerse que cuentan con la suficiente información para determinar los contenidos pedagógicos para todo el mundo. De hecho, la escuela ha devenido en un instrumento de ingeniería social, para intentar cambiar la realidad, sin que las personas importen. La libertad de enseñanza es una quimera.
Se habla de continuo de transferencias entre unas instituciones y otras, pero nunca de transferir directamente a los ciudadanos. En materia tan sensible como la educativa, es imprescindible que el poder vaya a los padres.
Sí hay un medio que asegura la igualdad de oportunidades y la libertad. Se trata del cheque escolar. Sencillo método por el que el Estado entregaría a cada familia un cheque por el coste del puesto escolar, con el que elegiría el centro que quisiera, privado o estatal. Los padres pasarían de ser una especie de súbditos a los que el Estado hace creer que la educación es gratis –nada lo es, todo sale de los impuestos- a ser clientes con autoridad, que podrían impulsar una creatividad sin límites en el mundo de la educación, ateniéndose a las pautas del marco que indicara el Estado.
Eso introduciría la competencia en el mundo educativo. La enseñanza privada dejaría de ser un privilegio. Los centros mejorarían su calidad, al tener que preocuparse por tener satisfecha a su clientela, incrementando su prestigio.
El cheque escolar se ha puesto en práctica, con óptimos resultados, en varios Estados de USA, casi siempre relacionándolo con escuelas estatales de barrios con especialmente bajos índices de calidad. También en cinco regiones italianas. En Australia, Nueva Zelanda y últimamente en Suecia.