miércoles, 19 de abril de 2006



ALFONSO BASELGA/MÉDICO

En un artículo anterior expuse los argumentos por los que el embrión humano merece el respeto que cualquier otro hombre merece. El embrión humano, producto de la fecundación de un óvulo humano por un espermatozoide humano, es ya un individuo de la especie Homo Sapiens. Si no es vida humana en ese momento, ya no lo será nunca. Un embrión no es un adulto. Ni un niño es un anciano. Pero todos ellos por ser individuos homo sapiens, son personas. Lo que es potencial en el embrión no es el ser persona, sino el comportarse como persona adulta y sana. El proceso de desarrollo es continuo, no hay un momento a partir del cual se pueda decir que antes no era humano y ahora sí. No es que el embrión se desarrolle hasta convertirse en hombre, sino que se desarrolla como hombre. Un embrión y un niño de 4 años no se valen por sí mismos. Necesitan cuidados y alimento. Y tiempo. Son lo que son y tienen la dignidad de lo que son: hombres.

Se habla a veces de preembrión. Esa expresión es una ficción lingüística carente de todo fundamento científico. El preoperatorio es aquello que ocurre antes de la operación. La América precolombina o prehispánica es la anterior a descubrimientos de Cristóbal Colón o de los españoles. No se puede hablar de preembrión para referirse al embrión de pocos días de vida, porque preembrión quiere decir «antes del embrión». Y antes del embrión no hay embrión, hay un óvulo y muchos espermatozoides. Después de la fecundación, aparece un nuevo ser individual humano (no es una vaca, ni un cerdo) dotado de todo su código genético, de todas sus posibilidades, de toda su dignidad Y aparece directamente, sin fases intermedias. Podríamos hablar de «embrioncito», pero no de preembrión.

El proyecto de nueva ley española de reproducción asistida se presenta a la opinión pública como solución para salvar mediante un trasplante a un hijo que sufre una enfermedad incurable. La idea es tener un hijo por fecundación artificial, seleccionado genéticamente, con el fin de que sea donante compatible para su hermano mayor.

Parece una buena solución pero sería menos engañoso plantearlo en términos más crudos, más realistas, sin cortinas de humo: para intentar curar al hermano enfermo, creamos artificialmente unos cuantos hermanos suyos -seleccionamos al compatible- los que sobran los destruimos o los usamos para hacer experimentos, intentamos sacar adelante el embarazo del que parece que vale, y ya tenemos al «bebé-medicamento» que buscábamos. Esa selección de los compatibles, exige tomar dos células de los embrioncitos de tres días, que sólo tiene ocho, con lo que con frecuencia quedan dañados. Mientras hacen el análisis genético a sus dos células, él estará en el laboratorio sin recibir de su madre lo que necesita para arrancar su vida con fuerza; por ello, podrá sufrir raras y graves enfermedades. Así que buscando ayudar a un hermano se está colocando en peligro al nuevo. Es probable que este método traiga a los padres sufrimientos aún mayores que los que desean evitar.

Las probabilidades de éxito de estás técnicas son limitadas. En cuanto a conseguir un bebé idóneo, es preciso desechar de media 40 hermanos: de 199 embriones de 13 parejas se seleccionaron 45 y sólo nacieron 5 niños. Cfr. Jama (vol. 291, pág. 2079). Una vez conseguido este paso previo, las posibilidades de éxito para curar una enfermedad genética son del 75% al 90%; para curar una leucemia, del 30% al 50%.

Los problemas éticos que se plantean son evidentes: la destrucción de embriones que lleva consigo, y la instrumentalización del bebé como «medicamento» del hermano, en vez de ser deseado por sí mismo. Para salvar a un hijo matas a varios de sus hermanos que también son hijos tuyos. Y juegas con la vida de los que no mueren.

Entonces, ¿dejamos morir al niño enfermo? Desde luego, no podemos salvarlo a costa de la vida y la dignidad de 40 hermanos suyos (y aunque sólo fuera uno). En ningún caso es legítimo utilizar a un ser humano para salvar la vida de otro.

Pero hay alternativas sin inconvenientes éticos, como el uso de células madre procedentes de adultos: existen más de cien proyectos de investigación que han sido satisfactorios y han permitido el desarrollo de tratamientos eficaces. También las células madre de cordón umbilical son válidas para tratar distintas clases de cáncer como linfomas o leucemias. Cada vez se les descubren más aplicaciones en medicina regenerativa y son de las más fáciles de obtener. Ya en 2004 se hicieron en Japón más trasplantes con ellas que con las de médula ósea. La 'Technology Review' (marzo 2005) comunicaba que los bancos de sangre de cordón umbilical en Estados Unidos estaban alcanzando ya los 150.000 cordones, lo que se estima suficiente para satisfacer la compatibilidad del 80-90% de una población de 300 millones.

En cuanto a las células madre procedentes de experimentación con embriones: «Desde hace ocho años se investiga con ellas y, por ahora, no ha habido ningún avance ni de tipo terapéutico ni científico. Los pocos que se han publicado son preliminares y han causado efectos adversos en los enfermos, algunos de los cuales han fallecido por el desarrollo de tumores causados por la capacidad proliferadora de las células madres embrionarias». (Doctora Vila-Coro: miembro del Comité de Bioética del Consejo de Europa desde 1999 y presidenta del Grupo de Ética y vocal de la Comisión Española de la Unesco).

No soy yo quién para aportar soluciones. Sólo quiero llamar la atención sobre la falta de respeto que supone la nueva ley hacia al ser humano más indefenso. Para ello termino copiando algunas de las «faltas muy graves» que la anterior ley contemplaba y que ahora han sido eliminadas (mantengo el impropio término «preembrión» que aparece en el original):

1. Comerciar con preembriones o con sus células, así como su importación o exportación.

2. Utilizar industrialmente preembriones, o sus células, si no es con fines estrictamente diagnósticos, terapéuticos o científicos.

3. Utilizar preembriones con fines cosméticos o semejantes.

4. La selección del sexo o la manipulación genética con fines no terapéuticos o terapéuticos no autorizados.

5. La fusión de preembriones entre sí o cualquier otro procedimiento dirigido a producir quimeras.

6. El intercambio genético humano, o recombinado con otras especies, para la producción de híbridos.

7. La transferencia de gametos o preembriones humanos en el útero de otra especie animal, o la operación inversa.

8. La ectogénesis o creación de un ser humano individualizado en el laboratorio.

Adopción espiritual

Publicado por Galsuinda @ 11:57
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