lunes, 24 de abril de 2006


La comprensión cabal de los contenidos de la ley natural, según un planteamiento estratégico clásico, exige asumir la implicación recíproca entre ética y ontología. El caso del bien de la vida humana es singularmente indicativo de esta reciprocidad, pues en él el bien moral revela presencia de un ser que es querido por si mismo.

En efecto: «el hecho de que el hombre sea querido por si mismo exige que su vida sea protegida de manera absoluta, a fin de que pueda cumplirla en plenitud».

Esta exigencia opera incluso aunque la vida humana no haya manifestado aún su racionalidad o nunca la llegue a manifestar. Por ello, se afirma que la vida humana no es un bien físico o pre-moral sino un bien moral.

Con todo, en el pensamiento de Santo Tomás la especial dignidad de la vida humana encuentra su expresión última en la enseñanza bíblica del hombre como imagen de Dios. El hombre es imagen de Dios por su inteligencia, libertad y dominio sobre sus actos. Sin embargo, la libertad del hombre no es absoluta: puede ponerse fines pero «esta capacidad suya descansa a su vez en el hecho de que su razón está ilustrada por unos primeros principios que no se ha dado a si mismo, y en el hecho de que su voluntad está orientada, también por naturaleza, al bien en general».

Emiliano Quílez Roche

Adopción espiritual

Publicado por Galsuinda @ 8:01  | Para pensar
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