Mi?rcoles, 12 de julio de 2006

por Natalia L?pez-Moratalla

La transmisi?n de la vida

La transmisi?n de la vida es un proceso unitario que se inicia con el encuentro de los gametos paterno y materno, en un estado preciso de maduraci?n en el que son capaces de reconocerse, interaccionar y activarse mutuamente. En el entorno y lugar adecuado, el tercio terminal de las trompas de Falopio, la fecundaci?n re?ne la dotaci?n gen?tica aportada por cada uno de los progenitores y hace posible que se constituya el nuevo organismo en su estado m?s incipiente, como cigoto o embri?n de una c?lula.

Durante los seis d?as que tarda en recorrer el camino hacia el ?tero materno, el reci?n concebido inicia su desarrollo. Establecen un dialogo molecular por el que la madre alimenta y orienta el crecimiento del cuerpo del hijo. Y ambos se preparan para la acogida en el h?bitat materno, donde anidar?: en el dorso del embri?n y en el ?tero de la madre aparecen mol?culas complementarias, de forma que el hijo sabe situarse en la primera habitaci?n de su vida. En los nueve meses de la gestaci?n, las vidas de la madre y del hijo se a?nan en una verdadera simbiosis: el hijo es reconocido por el sistema inmunitario de la madre como alguien distinto de ella (es mitad suyo y mitad del padre), que se presenta con se?al de no peligro. En el recorrido desde el lugar de la concepci?n al lugar de la anidaci?n ambos se preparan para establecer la tolerancia inmunitaria. S?lo en simbiosis podr? proseguir el desarrollo como feto y nacer.

Ser engendrado en la madre y arrancar a vivir en el seno materno no es indiferente para la vida del hijo. Las condiciones naturales de la concepci?n son muy coherentes.

La fecundaci?n

La fecundaci?n permite que, con la entrada del material gen?tico de un espermio al interior de un ?vulo, se complete el patrimonio gen?tico propio de un nuevo individuo. Para que la fecundaci?n tenga ?xito, los gametos masculino y femenino deben activarse mutuamente en di?logo molecular. A lo largo de este proceso laborioso y arm?nico, los componentes celulares de los gametos se disponen en una nueva organizaci?n. Este proceso de activaci?n mutua no es simult?neo sino secuencial.

  • Comienza con el reconocimiento espec?fico de los gametos. Para que un espermio seleccionado pueda reconocer la cubierta del ?vulo, el conjunto de espermios debe residir cierto tiempo en el tracto genital femenino; all? reciben las se?ales necesarias para que se produzcan en ellos los cambios para su capacitaci?n. El ?vulo madura en el ovario, y se libera peri?dicamente de forma que es recogido por las trompas.
  • La interacci?n de los receptores presentes en la membrana externa de la cabeza del espermio con prote?nas de la cubierta del ?vulo induce la activaci?n del gameto masculino. Y con ello libera el contenido de la gran vacuola situada en la cabeza. Las prote?nas secretadas rompen la cubierta del ?vulo, con lo que este avanza hacia el interior de la cubierta. El espermatozoide recorre r?pidamente el espacio que separa la cubierta del ?vulo y alcanza su membrana.
  • Esta nueva interacci?n entre los gametos activa al ?vulo que realiza una serie de cambios morfol?gicos y bioqu?micos sincronizados por los iones de calcio, cuyo nivel aumenta en la zona donde tuvo lugar la interacci?n con el espermatozoide. El n?cleo del espermio se introduce hacia el interior del ?vulo; se funden parte de las membranas de ambos gametos, y se libera el contenido de los granos corticales del ?vulo, de forma que la cubierta se endurece e impermeabiliza y as? impide el avance de otro espermio por ella.
  • Se re?nen en el ?vulo en fecundaci?n los 23 cromosomas procedentes del padre y los 23 procedentes de la madre. Los padres transmiten la vida aportando este soporte material, o estructura informativa. El material gen?tico aportado por cada uno de ellos se prepara, modific?ndose estructural y qu?micamente, para dar comienzo a la nueva vida. La concepci?n genera un nuevo principio de vida que se inicia con la puesta en acto, con la expresi?n de la informaci?n gen?tica desde el primer mensaje, de forma unitaria, como un programa o sucesi?n ordenada de mensajes en el tiempo, y en el espacio corporal. El embri?n va recibiendo se?ales de las c?lulas y del medio, creciendo y desarroll?ndose de forma arm?nica a embri?n de dos, tres, cuatro, ocho c?lulas; el d?a tres de vida alcanza el estadio de m?rula y en el d?a cinco el de blastocisto. En esta fase se perciben claramente los ejes corporales dorsoventral y cabeza-pies, establecidos en el cigoto al fijar el plano de la primera divisi?n de la vida a embri?n bicelular.
  • El material gen?tico aportado por cada progenitor tiene un diferente ?etiquetado qu?mico?, conocido como impronta parental. As? la naturaleza asegura que cada individuo mam?fero tenga que proceder necesariamente de un padre y una madre. Durante la fecundaci?n se modifica la impronta de cada gameto, para dar la propia del cigoto; es decir la informaci?n gen?tica del hijo reci?n concebido es propia de ?l y es m?s que la suma de la informaci?n contenida en los cromosomas heredados.
Transmitir vida, engendrar, supone como todo proceso fisiol?gico una disposici?n adecuada de los cuerpos de los progenitores. Ser f?rtiles requiere de ambos, en primer lugar, la capacidad de producir, y madurar los gametos; en segundo lugar que ?stos no encuentren obst?culos insalvables (f?sicos o de la composici?n del moco uterino y secreciones propias del entorno natural) para encontrarse y fecundarse mutuamente y, a su vez, que las condiciones del seno materno permitan el recorrido y la anidaci?n del embri?n.

La infertilidad

La infertilidad es un problema que afecta aproximadamente a un 10% de las parejas que desean hijos y est?n en edad de poder concebir. La causa del problema puede ser mec?nica o anat?mica, endocrinol?gica o gen?tica. Este porcentaje ha crecido debido a la promiscuidad sexual que aumenta las infecciones p?lvicas y las enfermedades de transmisi?n sexual. Y la practica anticonceptiva y los abortos que alteran profundamente la fisiolog?a corporal de la mujer.

Sin embargo, un tercio de los matrimonios que acuden a consulta m?dica no tienen ninguna anomal?a detectable y un 65% de ellos consiguen un embarazo en el plazo de unos tres a?os. Son generalmente problemas de estr?s psicol?gico y org?nico, retraso de la edad de la maternidad por trabajo, u otros factores, ya que entre los 30-35 a?os la capacidad f?rtil fe la mujer decae. En ocasiones dificulta lograr el embarazo deseado, la misma ansiedad que ha creado la percepci?n de la esterilidad como un problema (imagen de s?, status social, etc. ) que ha de resolverse a cualquier precio. Una postura que forma parte de una mentalidad que no acepta los l?mites naturales.

La baja fertilidad se resuelve, muchas veces, con tratamientos adecuados, e incluso con cambio de algunos h?bitos. Los conocimientos cient?ficos actuales permiten aumentar al m?ximo la probabilidad de engendrar y hace posible que se haga realidad el profundo anhelo de paternidad y maternidad.

La pr?ctica de la reproducci?n humana asistida surgi? en los a?os setenta como soluci?n de emergencia ante problemas de esterilidad que no pod?an ser curados; en concreto, ante la obstrucci?n de las trompas. Han pasado muchos a?os desde que se introdujeron, amparadas en la realidad del sufrimiento de los matrimonios sin hijos, y, con el tiempo, se ha creado la falsa expectativa de que toda persona, en cualquier situaci?n, puede reclamar poseer un hijo bas?ndose en un ambiguo derecho reproductivo. De hecho, el hijo, el gran deseado, ha pasado a ser, en la pr?ctica, el gran olvidado.

La principal causa de esterilidad es la alteraci?n de los gametos. En el var?n puede deberse a un d?ficit en la producci?n de espermios (oligospermia), disminuci?n de la movilidad (astenospemia), o falta de su maduraci?n (teratospemia); y el origen es generalmente por causa gen?tica, asociada a alteraciones del cromosoma Y. En la mujer es el fallo en el funcionamiento ov?rico. La esterilidad puede curarse dependiendo de la causa y grado de la alteraci?n. La medicina ha avanzado poco en este campo debido a la dedicaci?n de los investigadores y los recursos a promover la pr?ctica de la reproducci?n asistida. Estas t?cnicas manipulan los gametos o los toman de un donante, si el hombre y la mujer que acuden a ellas no producen gametos adecuadamente, pero no curan.

En segundo lugar, la imposibilidad de conseguir un embarazo puede deberse a la existencia un obst?culo f?sico, o bioqu?mico, a que los gametos bien constituidos y maduros puedan encontrarse, reconocerse y activarse mutuamente. El obst?culo m?s frecuente es la obstrucci?n de las trompas de Falopio. Se ha avanzado en protocolos de permeabilizaci?n de la trompa obstruida y, los resultado son muy positivos, salvo en el caso de que la mujer se hubiera sometido a una esterilizaci?n previa por ligadura de las trompas, y esa intervenci?n las haya destruido totalmente.

En tercer lugar, la falta de fecundidad puede deberse a dificultades de implantaci?n del embri?n. En estos casos, lo que ofrecen las t?cnicas artificiales es disponer de un n?mero elevado de embriones que transferidos simult?neamente a la madre pudieran facilitar que uno de ellos llegara a anidar, mientras el resto muere sin lograrlo.

Es obvio, que sea como fuere la forma y el modo como una criatura humana llega a la vida, cada embri?n vivo es un ser humano con el car?cter personal propio y espec?fico de todos los individuos de la especie humana. La grandeza de cada vida humana y por tanto de su transmisi?n no s?lo es inteligible ?sino que resuena en el coraz?n de todo hombre?. Existe mucha desproporci?n entre la fusi?n de dos gametos y el ?resultado? de tal proceso -un ser humano- para no percibir el sentido profundamente personal de dar vida a una persona. Sin embargo, el deseo, leg?timo como deseo, de ser padres, la postura a favor de la vida, inversa a la anticoncepci?n, y el sufrimiento de no poder concebir, hacen que resulte con frecuencia dif?cil comprender y aceptar, e incluso, dar raz?n de la doctrina de la Iglesia acerca de la gravedad moral de la reproducci?n humana artificial. ?Qu? mal puede encerrar en s? mismo que un matrimonio estable, que se quiere y porque se quieren, acudan a la t?cnica para tener el hijo, biol?gicamente de ambos, que ellos no pueden engendrar? ?Qu? gravedad moral puede tener el sustituir el engendrar humano de var?n y una mujer por un proceso de producci?n del hijo a partir de los gametos ambos, si justamente su intenci?n es procrear?

Para poder valorar humana y moralmente la intervenci?n tecnol?gica en la biolog?a del hombre se requiere, en primer termino, poderse dar cuenta, y poder dar cuenta, de que el cuerpo del hombre no es nunca un cuerpo a secas, es siempre un cuerpo humano. Es decir, el significado natural de un proceso corporal, transmitir la vida en el caso que nos ocupa, no es nunca un proceso fisiol?gico a secas, sino que por ser un cuerpo humano hace referencia directa a la persona, al titular de la vida de ese organismo. Y en segundo termino, se requiere comprender qu? es lo que se hace sobre el propio proceso biol?gico natural con la intervenci?n t?cnica. Lo artificial en s? mismo no es bueno ni malo: es ambivalente. Es artificial es poner una pr?tesis o la alimentaci?n parenteral; y si se requieren para un mejor funcionamiento o para mantener la vida deben hacerse.

Se trata, por tanto, de analizar c?mo implica a la persona humana transmitir y recibir la vida: cu?l es el origen y la fuente de que procede una persona. Y analizar lo que para esa vida de un ser humano supone tener su comienzo en su madre, en el engendrar de sus padres.

Cada viviente tiene un ?nico principio vital que se origina en su concepci?n, con la fecundaci?n mutua de los gametos de sus progenitores. Pero cada hombre, cada qui?n, recibe en su concepci?n el car?cter personal; es un plus de realidad: Dios, al llamar a cada uno de los hombres a la existencia, potencia o eleva el principio vital ?confeccionado? por los padres. Dios y los padres son concausas del origen del hijo. El origen de cada uno de los hombres no se reduce s?lo al mero proceso de reproducci?n, sino que implica un querer de Dios que hace cada vida humana algo sacro.

Por ello, la transmisi?n de la vida humana tiene car?cter personal y el engendrar humano y la consistencia de los v?nculos familiares naturales, superan el mero proceso de reproducci?n. Son los cuerpos vivos personales de un hombre y una mujer, hechos uno en la unidad de la ?una sola carne? la causa de la concepci?n de la persona del hijo.

La ciencia biol?gica muestra la diferencia radical de la transmisi?n de la vida humana en la relaci?n personal de un hombre y una mujer y la reproducci?n zool?gica encerrada en el automatismo del instinto animal. En efecto:
  • El animal est? encerrado en el espacio vital de su nicho ecol?gico, puesto que los est?mulos provocan comportamientos que son espec?ficos de la especie, y le vienen dados. Los animales se reproducen perpetuando la especie y siguiendo las leyes que marcan la coincidencia del tiempo de fertilidad con el tiempo de celo en que el instinto reproductor se desencadena por cambios f?sicos y fisiol?gicos del macho y de la hembra. Este acoplamiento del instinto con la fertilidad permite que el n?mero de descendientes que puede dejar cada individuo sea el ?ptimo para asegurar el recambio de las generaciones. No les ha sido dada otra misi?n que vivir y reproducir individuos de la especie. No hay una raz?n biol?gica para que la vida de cada individuo dure m?s tiempo que el que dura su etapa f?rtil.
  • Los hombres no est?n encerrados en un ciclo vital. Cada hombre es un ser inespecializado y m?s desprogramado que el animal y, por ello, no est? estrictamente sometido a las condiciones materiales. El actuar humano no es instintivo y autom?tico, incluso en las tendencias naturales m?s biol?gicas. El hombre puede tener motivos para no seguir una inclinaci?n, como por ejemplo satisfacer el hambre. Aunque est? en funci?n de la conservaci?n de la vida, la inclinaci?n no le obliga necesariamente a comer, ni a comer algo predeterminado. Puede privarse voluntariamente e incluso puede hacer huelga de hambre y puede voluntariamente envenenarse. La inclinaci?n, como todo hecho natural, no es neutro sino que hace referencia a la persona y por ello, en cuanto acto humano, se presenta en un contexto cultural y de relaci?n interpersonal: ?invitar a?, ?comer con?. El hombre no cambia el fin natural de la inclinaci?n, sino que lo abre a la relaci?n personal, y as? se libera del automatismo regido por el instinto de satisfacer el hambre.
La biolog?a humana muestra la liberaci?n del automatismo biol?gico del engendrar humano. La transmisi?n de la vida humana no est? en funci?n de la especie. Ni ajustada por el instinto, ni reducida a los individuos mejor dotados por la biolog?a.
  • La atracci?n hacia la persona del otro sexo est? liberada de ese determinismo biol?gico que acopla en el tiempo instinto reproductor con fertilidad.
  • El tiempo de fertilidad humana femenina es corto en relaci?n con el n?mero de a?os vivido. S?lo para un viviente capaz de amar tiene sentido que la vida en relaci?n familiar, de amistad, profesional, etc., se prolongue m?s all? de la edad f?rtil. Y al tiempo, la l?gica propia de la condici?n de la maternidad, exige edad suficiente para educar a los hijos, y juventud suficiente para una vida familiar de los hijos necesariamente larga, puesto que la criatura humana nace m?s inacabada y m?s prematura que ninguna otra.
  • La peculiar menstruaci?n femenina tiene sentido en raz?n de la sexualidad humana, abierta y liberador del automatismo zool?gico. Es el ?nico signo externo percibible del ciclo femenino de fertilidad, a diferencia de los animales en que el tiempo de la fertilidad es advertida por cambios f?sicos y de comportamiento que marcan el reclamo instintivo. Es un signo, oculto para el automatismo biol?gico, y que s?lo racionalmente puede ser buscado y conocido, haciendo de la paternidad-maternidad un proyecto personal.
  • A cada hombre no le viene dado por la biolog?a una tasa de natalidad. La familia es proyecto personal de uno y una.
Un var?n y una mujer se hacen potencialmente fecundos, una caro, en la expresi?n propia del amor sexuado. El acto de uni?n corporal, que permite engendrar, coincide plenamente con el gesto natural de expresar el amor especifico y propio entre un var?n y una mujer. La biolog?a propia de un ser no cerrado en el automatismo de la vida zool?gica hace inseparable de suyo ?lo unitivo? y ?lo procreativo? del engendrar humano, al liberarle del determinismo animal encerrado en el mero fin reproductor. Es un ?nudo gordiano? atado por la naturaleza, y por ello no desatable si no es cort?ndolo y violentando, con ello, la naturaleza.

En el hombre el gesto unitivo no est? cerrado como fin en s? mismo de transmitir vida, sino que est? abierto a una relaci?n interpersonal libre entre un var?n y una mujer, y que a su vez les abre a la impredecible historia de la relaci?n paterno-filial. Esa desprogramaci?n natural, que lo aleja de la mera reproducci?n, es coherente, y signo de que Dios conf?a a los progenitores engendar la criatura humana, que ?l llama a la existencia. Obviamente, es Dios quien da cuenta de la llamada a la existencia de cada una de las personas, sea como fuera su concepci?n, y con ello queda enraizada de manera radical la dignidad de cada uno de los hombres. Se puede ofender a un hombre en su dignidad, pero nadie se la puede arrancar. Dios es garante de cada uno, incluso cuando los hombres traspasan al laboratorio el encargo divino de engendrar los hijos.

Un hijo es un don y fruto de la entrega personal ?no de un instinto autom?tico-, por ello, ser engendrado es un derecho de toda criatura humana. Y por ello, reducir la cooperaci?n personal a ser donantes de los gametos y producirlo ofende a la dignidad de la persona del hijo que tiene derecho a tener su origen en la intimidad de la una caro de sus progenitores, con todos sus factores de imprevisibilidad. Es as? como Dios no s?lo puede dar cuenta de su existencia, sino adem?s s?lo ?l da raz?n de por qu? ??ste?, con sus dones y sus limitaciones naturales, y no cualquier otro de los posibles hermanos. Por el contrario, cuando el hijo es producido desde los gametos de los progenitores y no engendrado, se puede de hecho pedir cuenta a los padres biol?gicos de por qu? encargaron su producci?n, e incluso cuenta de las taras debidas a las deficiencias propias de un proceso t?cnico. En s? mismo, lo artificial ejerce violencia en lo natural, y no puede tener las garant?as de la sabia madre naturaleza. El deterioro de la naturaleza por la intervenci?n manipuladora del hombre nos lo muestra ampliamente.

En resumen, el ?nico ?mbito digno de ser origen de un ser humano es la intimidad de la una caro. Los cuerpos personales de los padres son los autores del cuerpo vivo del hijo. La una caro crea el ?mbito de intimidad donde se confecciona el don de una vida personal, que incluye la vida biol?gica, pero que es mucho m?s. La ciencia muestra a todos los hombres el sentido personal de la transmisi?n de la vida humana, y la fe da la raz?n ?ltima de que Dios haya querido al hombre con una biolog?a coherente con la de un ser creado a su imagen y semejanza.

No cabe duda que la carencia de hijos en un matrimonio es un sufrimiento, y que el deseo de hijos es plenamente leg?timo. La ciencia m?dica puede, y debe, ayudar y facilitar que la uni?n conyugal de un hombre y una mujer les haga mutuamente fecundos. Pero no puede ni debe sustituirles en el engendrar, con las t?cnicas de reproducci?n artificial o asistida, convirti?ndoles en donadores de gametos y reduciendo con ello la procreaci?n a la mera fisiolog?a de la reproducci?n. La dignidad propia de cada ser humano conlleva el derecho a no ser producido: a que su origen est? causado en la relaci?n personal de la procreaci?n.

Ahora bien, las intervenciones del tipo de las T?cnicas de Reproducci?n Humana Asistida tiene adem?s otro grave problema moral: la muerte consentida de seres humanos. El hecho de que lo que se busque sea tener un hijo, el fin de aplicar las t?cnicas, no justifica poner en peligro la vida que se desea. Hay responsabilidad en dar inicio a una vida humana en condiciones antinaturales por precarias. No existe obligaci?n de tener hijos y si existe la obligaci?n de no poner voluntaria y conscientemente la vida del hijo en peligro.

T?cnicas de reproducci?n artificial

Entre las t?cnicas de Reproducci?n asistida cabe mencionar la inseminaci?n artificial, la transferencia de gametos al oviducto, y una variedad de procedimientos in vitro que conducen a la uni?n de los gametos y que se conocen como fecundaci?n in vitro (FIV) y transferencia de embriones (FIVET).
  • La inseminaci?n artificial consiste en depositar los espermatozoides, una vez manipulados, en el c?rvix o en la cavidad uterina, con o sin tratamiento hormonal de la mujer para incrementar la producci?n de ?vulos. La indicaci?n para esta pr?ctica es fundamentalmente la esterilidad masculina. Y se indica tambi?n en casos de alteraciones cervicales o endometriosis de la mujer. Cabr?a pensar en la licitud moral de esta pr?ctica, siempre y cuando se usaran el semen eyaculado en una uni?n conyugal y recogido despu?s, y siempre que la manera de realizar la inseminaci?n supusiera solamente reducir la distancia a recorrer por los espermios hasta el ?vulo. Sin embargo, y precisamente por las causas de esterilidad por las que se acude a esta t?cnica, ocurre que los espermios requieren ser concentrados, capacitados y situados cerca del ovocito ovulado por lo que dif?cilmente puede asegurarse que la causa de la fecundaci?n sea la capacidad fecundante de los gametos, y no la manipulaci?n t?cnica que los pone en contacto.
  • La transferencia de gametos al oviducto (GIFT) se basa en la colocaci?n simult?nea de ?vulos y espermatozoides en la trompa de Fallopio. Es una forma de inseminaci?n que acerca los gametos y como en la inseminaci?n es dif?cil que de hecho en la pr?ctica sea una ayuda a la fecundaci?n que no sustituya el engendrar de los padres. Su uso es muy limitado, a no ser que sea solicitado expresamente, ya que es un procedimiento m?s caro y t?cnicamente m?s complicado que las t?cnicas de fecundaci?n in vitro, y los resultados obtenidos son ligeramente inferiores.
  • La fecundaci?n de ?vulos in vitro es una t?cnica de rutina en muchas cl?nicas de reproducci?n asistida. Los ?vulos se obtienen mediante la aspiraci?n del contenido de los fol?culos ov?ricos, despu?s de realizar una estimulaci?n hormonal de la mujer, y el semen habitualmente por masturbaci?n. Los ?vulos se incuban in vitro en condiciones controladas y o bien se adicionan una gran cantidad de espermatozoides (FIV), o bien se realiza una inyecci?n intracitopl?smica de espermatozoides (ICSI) al ?vulo. Esto ?ltimo result? ?til cuando se cuenta con muestras de semen con pocos espermatozoides o con espermatozoides inm?viles que no ser?n capaces de fecundar utilizando la t?cnica convencional in vitro. Sin embargo, se usan ambos m?todos en igual proporci?n de casos, sin reducir la inyecci?n al caso de infertilidad masculina. Y se plantea una tercera forma de fecundaci?n artificial cuando las mitocondrias maternas tiene defectos en el DNA. En este caso, mediante inyecci?n, se podr?an cambiar el citoplasma del cigoto por el de otro cigoto cuya madre tenga mitocondrias sanas. La eficacia de este protocolo es muy baja.
Los cigotos pueden ser transferidos al ?tero materno o mantenidos en cultivo en el laboratorio uno o varios d?as, o congelados por si se requieren para un nuevo ciclo si en la primera transferencia no se ha logrado que los embriones aniden, contin?e su gestaci?n y llegue a nacer un hijo. El n?mero de embriones transferidos a la mujer gestante oscila alrededor de tres. En ocasiones, el embri?n de tres d?as se somete a un diagnostico gen?tico preimplantatorio para seleccionar aquellos que no porten taras gen?ticas. Para ello se estudia el material gen?tico contenido en dos c?lulas que se eliminan del embri?n de ocho, o del corp?sculo polar del ?vulo, en caso de que sea la madre la potencial transmisora de la tara.

Un 85% de las mujeres que acuden a estas pr?cticas o no producen ?vulos o tienen una producci?n baja. Un factor importante es la edad y por ello muchas de ellas reciben ?vulos de donantes j?venes, a?adiendo una fuerte quiebra en el proceso de transmisi?n de la vida puesto que la madre biol?gica ser? diferente de la mujer que lo geste.

Resultados

Un porcentaje cercano al 20% del total de parejas, acuden a la fecundaci?n in vitro a causa de obstrucci?n de las trompas, otro 20% por factor masculino y otro por factores m?ltiples de ambos. Un 10% se somete a ellas sin causa conocida de esterilidad. Cuando la esterilidad se debe al var?n se acude con frecuencia al semen depositado en bancos por los donantes an?nimos. El hecho de que los ni?os nacidos de donantes no sean hijos biol?gicos de los miembros de la pareja cuya mujer lo gesta, conlleva serios problemas en la estabilidad matrimonial y muy graves problemas de identidad al hijo que con frecuencia siente la necesidad de conocer sus ra?ces para comprenderse a s? mismo. Son cuestiones a?adidas a la sustituci?n de la relaci?n personal de los padres en el origen del hijo, que no son triviales humanamente y que agravan m?s a?n la calificaci?n moral.

Los ni?os nacidos habiendo sido generados por fecundaci?n in vitro son con frecuencia prematuros, heredan la esterilidad paterna de causa gen?tica y presentan, con mayor frecuencia que los engendrados de forma natural, alteraciones neurol?gicas (retraso mental y graves defectos de visi?n), tumores y algunas enfermedades poco frecuentes ligadas a la impronta parental. Por tanto, la fecundaci?n in vitro adem?s de negarle al hijo generado el origen, en el engendrar de sus padres, a que tiene derecho toda persona, le resta aspectos esenciales para la vida.
  • En primer lugar, las condiciones naturales en las que sobrevivir. La eficacia medida por embarazo logrado por cada ciclo de fecundaci?n de 10-12 ?vulos, depende de la causa de esterilidad y la media oscila en un 30 % de ciclos iniciados. La p?rdida de vidas humanas durante el proceso es muy elevada. De cada 75.000 ciclos, con varios embriones generados por ciclo, ocurren unos 19.000 nacimientos. En un 68% de los ciclos no hay embarazo, un 18 % son de un solo feto y el 11% son de fetos m?ltiples. Y la congelaci?n del embri?n reduce a la mitad la eficacia medida como embarazo producido por ciclo. En algunos casos se busca directamente la muerte del embri?n. Los fetos con malformaciones son eliminados y en los embarazos m?ltiples, con frecuencia, se reduce el n?mero por aborto controlado. En las dem?s situaciones, en que se fecunda m?s de un ?vulo y se transfieren a la madre varios embriones con objeto de que uno de ellos consiga implantarse y desarrollarse, las muertes son consentidas y permitidas, lo que no deja de tener gravedad moral.
  • En segundo lugar, la fecundaci?n in vitro resta el ?mbito natural propio de la concepci?n y la acogida de la vida del hijo generada en sustituci?n del engendrar de los padres. El hijo engendrado, generado naturalmente, tiene una mejor viabilidad intr?nseca que el producido causando artificialmente la fecundaci?n. La debilidad de estos embriones, que conlleva la muerte prematura de muchos de ellos, no es comparable con las perdidas espont?neas naturales.
El proceso artificial se salta la selecci?n natural que ejercen los componentes moleculares del tracto femenino sobre los millones de espermatozoides depositados en ?l. De forma natural, s?lo de 2 a 20 espermatozoides llegan al sitio de la fecundaci?n; este filtro es una barrera natural al avance de los espermatozoides, que permite que s?lo aquellos con mayor capacidad de fecundar lleguen hasta el ?vulo.

Los procesos de producci?n tienen su propia l?gica: producir en exceso para seleccionar el producto. Es evidente que la practica de esta tecnolog?a ha diluido la responsabilidad que la existencia de un embri?n impone al hombre y a la mujer de quienes procede. La progresiva despersonalizaci?n en la relaci?n paternidad-filiaci?n, trastoca la transmisi?n de la vida hasta el punto de llegar a considerar al hijo una propiedad disponible incluso y abandonable. Es necesario asumir la evidencia de que la realidad humana en desarrollo es humana y reconocer la dignidad de la transmisi?n de la vida en el engendrar humano. En este empe?o contribuyen de forma especial los matrimonios sin hijos que saben aceptar ese querer de Dios para ellos como otra forma de bendecir su amor, como ense?a San Josemar?a, y son capaces de servir, cuidar y educar a los hijos de otros, con coraz?n de padre y de madre.

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VALORACI?N ?TICA

por Juan Carlos Garc?a de Vicente

Cuando se trata de aplicar los conocimientos cient?ficos al hombre, es necesario tener siempre en cuenta el respeto que merece el sujeto humano, lo cual impone moverse dentro de ciertos l?mites insuperables. En concreto, por lo que se refiere a la reproducci?n humana, hay que respetar dos valores esenciales: primero, los bienes o valores presentes en la procreaci?n sexual conyugal, que hace padres a una pareja; segundo, los bienes y valores de la vida humana. En consecuencia, el juicio moral sobre los diversos modos de transmitir la vida deber? considerar si se respetan los valores presentes en la procreaci?n sexual conyugal y si se respetan igualmente los valores de la vida humana. Se trata de dos cuestiones de principio irrenunciables.

Vamos a detenernos, en primer lugar, en la manipulaci?n del cuerpo humano y m?s en concreto en las intervenciones sobre la sexualidad. El cuerpo de una persona no puede considerarse como el cuerpo de un animal, como si el animal fuese ?como un hombre, s?lo que sin alma?. En el ser humano, cuerpo y alma no son dos realidades, sino dos co-principios de la ?nica realidad que es el hombre. En el ser humano, el cuerpo es constitutivo de la persona: ?sta se manifiesta y se expresa por el cuerpo, y a trav?s del cuerpo se alcanza la persona. Todas las relaciones humanas parten de aqu?, y cuanto m?s completas y plenas son esas relaciones, m?s de verifica una comprobaci?n pr?ctica de esta realidad: en la amistad, en el amor, en la maternidad, en la relaci?n m?dico-paciente, en el ministerio sacerdotal. Incluso la Redenci?n y la econom?a sacramental se nutren de esta verdad sobre la funci?n del cuerpo para alcanzar la persona.

La sexualidad es una realidad compleja que afecta a toda la persona en distintos niveles, mutuamente conectados:
  • biol?gico. Hombre y mujer se distinguen en cada una de sus c?lulas por el cromosoma X o Y; tambi?n desde el punto de vista morfol?gico hay profundas diferencias entre ambos sexos;
  • fisiol?gico. Las hormonas y la funcionalidad de ciertos elementos son completamente distintas seg?n el sexo; cuando hay deficiencias o excesos, las patolog?as del hiperandrogenismo (exceso de producci?n de hormonas masculinas) o de la feminizaci?n (carencia de producci?n de hormonas masculinas) causan alteraciones en todo el organismo, incluso de naturaleza ps?quica;
  • psicol?gico. Cada sexo elabora una imagen de s? mismo con objeto de alcanzar la propia identidad sexual; varones y mujeres tienen un modo caracter?stico diverso de razonar, de querer, incluso de rezar. El miedo, el estr?s, la relaci?n sexual significan otras tantas ocasiones en las que se resiente la fisiolog?a sexual de la mujer. Y las alteraciones de imagen de s? pueden desencadenar procesos patol?gicos graves, por ejemplo, en mujeres que sufren anorexia nerviosa;
  • espiritual y moral. ?ste es el plano en que se entrecruzan valores diversos que afectan a la responsabilidad de la persona; pi?nsese, por ejemplo, en los conflictos que surgen de la diversa actitud (aceptaci?n o rechazo) hacia la fecundidad o la esterilidad.
Como se desprende de lo anterior, la sexualidad humana y su ejercicio compromete a la persona en su integridad, y precisamente por eso la sexualidad es capaz de expresar y consumar la entrega total y rec?proca de uno mismo. Y tambi?n por esa raz?n, instrumentalizar el sexo es instrumentalizar a la persona. En fin, porque implica a la totalidad de la persona, la fecundidad humana no pertenece a la zootecnia, sino a la antropolog?a, y la reproducci?n o generaci?n humana se denomina procreaci?n. ?sta es un hecho distinto de la generaci?n de otras especies, porque tiene caracter?sticas diferentes, debidas a la dignidad del var?n, de la mujer, del hijo y de la intervenci?n divina. Hasta el lenguaje corriente se hace eco de esta originalidad, cuando lo que entre los seres humanos es procreaci?n y uni?n conyugal, para los animales se denomina reproducci?n y acoplamiento.

El embri?n debe ser respetado y tratado como persona

Desde el primer instante de su existencia, el ser humano es respetado como persona; el frutode la concepci?n es un ser humano. Esta afirmaci?n es la que permiten hacer nuestros actuales conocimientos de embriolog?a. En efecto, desde el momento en que se constituye el cigoto despu?s de la fecundaci?n, podemos hablar de un ser que tiene dos caracter?sticas:
  • individualidad, unicidad, singularidad irrepetible, autonom?a del nuevo ser desde la concepci?n. Esta novedad est? atestiguada por la dotaci?n gen?tica singular que posee, distinta de la del padre y de la madre;
  • un ser que comienza un desarrollo bajo el signo de la continuidad, y es adem?s un desarrollo controlado por ?l mismo, no por la madre.
Las mismas t?cnicas de fecundaci?n in vitro son una prueba sorprendete para demostrar que el embri?n no es un ap?ndice de la madre, como algunos pretenden sostener, sino un sujeto independiente y aut?nomo, puesto que consigue desarrollarse desde sus primeras etapas en un medio exterior al organismo materno. Quien practica la FIVET sabe que entre las 12 y 18 horas despu?s de haber puesto juntos los espermatozoides y los ?vulos, puede reconocer cu?les son los ?vulos fecundados (los reci?n concebidos) que debe aislar y sacar adelante.

Por tanto, el nuevo ser humano ha de ser tratado como una persona, con un respeto absoluto a su vida y a su dignidad. La muerte voluntaria y directa del reci?n concebido es un homicidio, un desorden moral grave. Y cualquier intento de utilizar seres humanos como material de experimentaci?n y de investigaci?n es igualmente un atentado grave a la dignidad humana.

Forzosamente, una vez que el embri?n es aislado, queda bajo el pleno poder del investigador, que lo puede destinar a diversos fines: dar un hijo a los padres, ser objeto de donaci?n para otra pareja, ser sometido a manipulaciones gen?ticas, ser utilizado para fines de investigaci?n, ser congelado, ser empleado para integrar un almac?n de piezas de recambio, utilizado para fines farmac?uticos y de cosm?tica, etc. Desde luego, en su origen, lo que se intentaba con las t?cnicas de fecundaci?n artificial no era la experimentaci?n con embriones humanos, ni la clonaci?n, ni la obtenci?n de repuestos de tejidos humanos o de c?lulas madre embrionarias. Pero desde el momento en que se presenta la posibilidad de manipular el embri?n, se abre la `puerta a todo tipo de manipulaci?n. Estos resultados de la fecundaci?n artificial dan una idea de lo peligroso que es poner en las manos de otros seres humanos el poder de fabricar la vida humana.

La paternidad y la maternidad debe ser intraconyugal

No se puede sustituir al c?nyuge. Ni el c?nyuge, ni el amor, ni el hijo son una mercanc?a. Todos los procedimientos heter?logos (es decir, aquellos en los que los gametos proceden de alguien ajeno a la pareja) sustituyen al menos a uno de los c?nyuges, fuerzan a uno de los c?nyuges a ser sustituido, por el deseo del otro de tener un hijo. El amor en cambio no tolera la sustituci?n, el cambio del amado por otro, no permite que se introduzca una tercera persona en el mismo amor.

S?lo la procreaci?n intraconyugal es moralmente digna y responsable (con el hijo, con el c?nyuge, con el papel de padres y con la sociedad). El var?n debe ser padre, y la mujer madre por medio del propio c?nyuge, no a trav?s de otro. Se trata de una obligaci?n de justicia y de respeto mutuo entre los c?nyuges. Si no fuera as?, ?por qu? iba a ser inmoral que el marido pidiera a otro hombre que tuviera una relaci?n sexual con su mujer previamente anestesiada, o que una mujer consintiera en el adulterio del marido para tener un hijo?

La procreaci?n (en el fondo, el hijo) no es un bien de consumo. No es un asunto en el que depende del consumidor adquirir la posesi?n del bien previo pago, con la posibilidad de elegir incluso el modelo, como ocurre con cualquier objeto. Se trata, muy al contrario, de una relaci?n de donaci?n entre personas, no de un asunto individual. La relaci?n entre el c?nyuge y el hijo no es inmediato, sino mediato, con la mediaci?n del otro c?nyuge. Considerar el hijo como un bien de consumo va unido a esta consideraci?n individualista de la relaci?n entre c?nyuge e hijo. La mujer, en la donaci?n y con la donaci?n que hace de s?, da al hombre la posibilidad de la paternidad, y lo mismo rec?procamente el hombre a la mujer.

Por tanto, el hijo no es objeto de derecho por parte de los padres: el hijo debe ser siempre fruto de un don. Cuando se habla del derecho a ser padre o madre uno por medio del otro, este derecho no se entiende con referencia al hijo, sino a los c?nyuges. Porque la persona es siempre sujeto de derechos, no una cosa (objeto) a la que se tiene derecho.

El hijo ha de poder reconocer su origen en un encuentro conyugal amoroso de sus padres

El acto conyugal, seg?n lo que hemos visto, no se puede sustituir. Los padres se hacen id?neos para la generaci?n a trav?s de la uni?n conyugal: su voluntad no debe excluir (separar) ninguno de los dos significados de la relaci?n conyugal, el unitivo y el procreativo.

La dimensi?n unitiva y la dimensi?n procreativa del acto conyugal son necesariamente inseparables, con una inseparabilidad no entendida en sentido f?sico (puesto que hay periodos naturales en los que ambas dimensiones no pueden darse juntas, ya que la fertilidad femenina es c?clica), sino entendida en sentido moral. Por eso, la voluntad de los c?nyuges no puede excluir o anular la paternidad potencial de un acto conyugal. La comuni?n f?sica de los esposos debe ser tambi?n personalmente amorosa, lo que exige no s?lo la mera fusi?n biol?gica, sino tambi?n la ?ntima comuni?n de dos seres personales, con alma y cuerpo. Es decir, la uni?n conyugal es una uni?n de personas, no simplemente una uni?n de sexos.

La expresi?n, tan usada en el Magisterio reciente, de ?paternidad responsable? nos puede ayudar a expresar estas ideas en otros t?rminos: equivale a decir que una pareja que busca la procreaci?n a toda costa, ejerce una paternidad-maternidad irresponsable: irresponsable hacia el hijo, hacia el c?nyuge, etc.

La generaci?n tiene una perfecci?n propia, una dignidad connatural: que sea fruto y t?rmino de una relaci?n conyugal. Cada hijo debe tener como causa de su ser una uni?n conyugal. Si se quiere respetar plenamente la generaci?n, la persona humana debe proceder de un acto conyugal; es decir, la procreaci?n sexual no es una opci?n entre los diez posibles modos de venir a la existencia. Que el origen de una persona haya sido un acto conyugal pertenece a la perfecci?n propia de ?ser generado como hijo?.

Puede ayudar a entender lo anterior fijarnos en actos y entes cuya perfecci?n propia exige que sean completos. Un acto: en el f?tbol, el gol exige meter el bal?n dentro de la porter?a durante el tiempo de juego. La perfecci?n propia del gol, por as? decir, es meterlo sin usar la mano, sin hacer juego sucio o faltas; una falta, si se advierte, se castiga; si el ?rbitro no la ve, en todo caso esa falta quita al gol su perfecci?n propia, y ning?n hincha, en el fondo, se sentir?a orgulloso de ese gol. Ahora, un ente: un cuerpo humano debe tener todas las habilidades propias de su naturaleza. Si es defectuoso, manco, por ejemplo, le falta a ese cuerpo la perfecci?n propia; si el hecho de ser manco hubiera estado provocado voluntariamente por alguien, este hecho tendr?a una dimensi?n moral, alguien habr?a sido culpable de este fallo.

En ocasiones, se detecta en parejas que han obtenido un hijo por fecundaci?n articifial el empleo de un lenguaje peculiar, con el que quiz? intentan convencerse de que no han obrado mal (moralmente, o sea, que no han pecado). Es un lenguaje que con frecuencia transmiten tambi?n los medios de comunicaci?n. De un modo inconsciente y espont?neo, la raz?n asocia con el pecado conceptos como la desgracia, la monstruosidad, la fealdad, la deformidad, la tristeza. Y as?, ese lenguaje peculiar a que nos referimos (no necesariamente expresado en palabras, pero s? sentido) dice: ?No he actuado mal (no he pecado), porque he tenido un hijo (no es una desgracia), y es guapo (no es monstruoso), y es normal (no tiene deformaciones) y el ni?o est? contento, y yo tambi?n, y mi marido (no estamos tristes).?

Ayudar, s?; sustituir, no

La instrucci?n ?Donum vitae? ha recordado un l?mite infranqueable del acto m?dico en relaci?n con los c?nyuges: ?stos pueden ser ayudados, pero nunca sustituidos. La persona que ayuda podr? desempe?ar una funci?n incluso decisiva para alcanzar el fin deseado, pero su actuaci?n no deber? impedir la realizaci?n de los momentos esenciales que deben ser puestos en acto por la pareja. Ayudar no ser? nunca en menoscabo de la inseparabilidad entre los aspectos unitivo y procreativo del acto conyugal. Si esto ocurriera, ser?a indicio suficiente de que la intervenci?n m?dica o t?cnica en ese caso ha sido una sustituci?n. En todo caso, hay que poner atenci?n en el uso de las palabras: hablamos de una ayuda al acto conyugal, no de una simple ayuda al fin que se busca (tener un hijo).

La sustituci?n del acto conyugal o de uno de los c?nyuges con el fin de alcanzar la procreaci?n, hace que, en realidad, la causa del ni?o sea el m?dico o el t?cnico. Y ese origen, y el acto que lo produce, no son dignos del hijo, y por eso han de evitarse, es decir, son moralmente il?citos. Por lo que se refiere, en concreto, a la sustituci?n de la persona de los c?nyuges, basta pensar que, si en un oficio cualquiera, Fulano es sustituido en su actuaci?n, esto implica que no es Fulano el que act?a; a?n m?s: si Fulano es sustituido por cualquiera, eso quiere decir que no es ?alguien? quien act?a, la acci?n queda despersonalizada, no es necesaria la persona en su unicidad para aquella acci?n.

Hay que detenerse en este hecho de la sustituci?n, pues en el fondo es esta sustituci?n lo que define la fecundaci?n artificial misma. Pongamos ejemplos de la vida ordinaria, tratando de buscar la diferencia existente entre ayudar y sustituir. La raqueta de tenis o las botas de f?tbol, ?son una ayuda o una sustituci?n? ?Y las gafas o el microscopio? ?Es el lavavajillas una ayuda o una sustituci?n del ama de casa? Siempre se dice que es una ayuda casi indispensable hoy d?a, pero hay que fijarse en que sustituye al ama de casa en el hecho de lavar la vajilla. Si el micr?fono sustituye al conferenciante, entonces no es ?l quien habla. Y si el traductor fuera una sustituci?n en vez de una ayuda, la conferencia se deber?a al traductor, no al conferenciante. Si la casette con el Rosario grabado me sustituye, entonces no soy yo quien reza: ?reza? la casette en mi lugar. Si debo hacer un regalo de bodas, puedo admitir una ayuda, pero no una sustituci?n, porque en este caso ya no ser?a yo quien hace el regalo, sino quien me ha sustituido. ?Admitir? un novio o una novia un sustituto para darse un beso y cuanto con ?l se significa?

Por tanto, la sustituci?n se configura como un ?ponerse en lugar de?, de acuerdo con la etimolog?a de la palabra (substituere). En cuanto llevamos dicho se entrev?n dos niveles de sustituci?n. Una sustituci?n de una funci?n t?cnica, de hacer algo, como en el caso del lavavajillas o del traductor; y una sustituci?n en una tarea personal, de actuaci?n, como en el beso o en el regalo de bodas. Volviendo a la fecundaci?n artificial, la sustituci?n consiste en el hecho de que el procedimiento artificial se pone en lugar, toma el puesto del procedimiento natural. La persona, en su irrepetible subjetividad singular, desaparece. Cualquiera que tenga suficiente capacidad t?cnica o proporcione una parte del organismo biol?gico puede tomar el puesto del marido (o de la mujer, si es el caso), o ponerse en lugar del acto conyugal. La persona, por tanto, aparece s?lo como t?cnico o como suministrador de gametos, y no al rev?s; por eso cualquiera puede ponerse en el lugar de otro.

La separaci?n entre el acto unitivo (esposos) y el acto procreativo (t?cnicos) priva al que va a nacer no s?lo de la dimensi?n biol?gica inherente al acto conyugal, sino sobre todo de la dimensi?n espiritual, es decir, personal, de ese mismo acto. Separar equivale a degradar el amor a simple producci?n: la separaci?n, en esta materia, comporta siempre rebajar la procreaci?n del plano del amor al plano de la producci?n. En este caso, en consecuencia, los c?nyuges son meros transmisores de genes, y el origen de la nueva vida no es ya el amor entre un hombre y una mujer, sino c?lulas de un hombre y c?lulas de una mujer. El ambiente en que se origina la nueva vida no es una familia, una comunidad de amor, sino un laboratorio. Y el hijo obtenido as? no goza de un estatuto de radical igualdad con sus padres, sino que entra en la familia en condiciones de inferioridad, de subordinaci?n, puesto que en la estructura de la t?cnica, que lo ha producido, se inscribe necesariamente la l?gica del dominio.

El acto conyugal es un acto particular, que habla el lenguaje del cuerpo; un acto que materialmente realiza la donaci?n ?ntegra personal y corporal, y la uni?n de los esposos. La fecundaci?n artificial realiza la disociaci?n de los gestos del acto conyugal destinados a la fecundaci?n humana. La disociaci?n deliberada de los gestos es patente: unos gestos est?n destinados al acto conyugal, y otros a la fecundaci?n humana. Ninguno de estos actos expresa de suyo el amor y la mutua donaci?n de los c?nyuges. Muy al contrario, en realidad constituyen diversas fases de un proceso t?cnico perfectamente pautado; por eso, la nueva vida no es fruto del amor de los c?nyuges, sino producto de un procedimiento t?cnico.

De todas formas, el problema no reside simplemente en que se trate de un procedimiento t?cnico, artificial. Si vamos a eso, tambi?n la ces?rea es un procedimiento artificial en el parto, y es completamente l?cita. La cuesti?n es que la artificialidad no es apta para acoger dignamente el origen de un ser humano, y ciertamente un m?todo artificial de producir una vida humana instrumentaliza al mismo tiempo a la persona humana que es producida. Pero el problema, una vez m?s, no es s?lo el tratamiento instrumentalizado de la persona generada, porque tambi?n el parto por ces?rea, la incubadora, la alimentaci?n artificial del neonato son medios artificiales. M?s precisamente, lo que no se admite es un tratamiento instrumental de la generaci?n de la persona, bas?ndonos en su dignidad. El origen de la vida de tal persona en su bien m?s esencial (la vida) y en el momento m?s decisivo (cuando la recibe) no consiente la intervenci?n de gestos artificiales de un tercero. La manipulaci?n de embriones es relevante por este motivo, y no simplemente por el uso de medios artificiales sobre el reci?n concebido.

Como se ve, estamos lejos de caer en argumentos simplistas del tipo ?la t?cnica es mala?. Las dificultades surgen no propiamente por la entrada de la t?cnica, sino porque lo que se produce es un ser humano, que se elabora t?cnicamente y por tanto con arreglo a la l?gica inherente a la t?cnica. Un ejemplo: la t?cnica ayuda muchas veces a mantener la salud y la vida, pero un m?dico al que le faltase otro valor de referencia y razonase s?lo desde el puntode vista t?cnico, tratar?a al enfermo con encarnizamiento terap?utico; en efecto, una acci?n productiva razona espec?ficamente con juicios basados en la utilidad, la eficacia, el rendimiento, la calidad, es decir, con par?metros propios de la raz?n t?cnica. La relaci?n se establece entre productor y producto, y ?sa es una relaci?n marcada por el dominio, la sumisi?n, la desigualdad, como no puede ser de otro modo, por la fuerza de las cosas.

El problema de la esterilidad

Es innegable que la esterilidad es una fuente de sufrimiento para muchas parejas que la padecen. Con frecuencia, en la mujer se presentan sentimientos de privaci?n, de inutilidad, alteraciones emocionales y problemas de identidad. En el var?n, la esterilidad significa comprometer la imagen de
Comentarios
Publicado por cazadorx92
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 18:43
Gracia por esta informaci?n, me aclaro los conceptos que necesitaba para mi trabajo de ?tica.

PD: Grandiosa pagina sigue as?.
Publicado por Galsuinda
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 19:05
Espero que te sirva para pasar la asignatura y para que tengas siempre argumentos para refutar esta barbarie. gracias por el comentario.