La muerte del niño avilesino en diciembre enero de 2005 con aprobación judicial cuyo único delito fue ser hijo de una deficiente, nos pone en marcha para que no haya más asesinatos.
Defendemos también una mayor formación
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Empecé a llorar y le dije que necesitaba seguir adelante con el embarazo y que con su apoyo me bastaba. Pero él me dijo que no.
Yo tenía 17 años cuando me quedé embarazada. Salía con un chico del que estaba muy enamorada. Aquella noche me acosté con él, utilizamos preservativo pero se rompió. Por precaución me tomé la píldora del día después, pensé que con ello ya estaba todo hecho. Pero seguía sin venirme la regla y decidí comprarme un Predictor.
El resultado fue negativo. Pasaron las semanas y cumplí los dieciocho, fueron semanas en las que me sentía rara, siempre tenía sed, no me entraba la comida e incluso empecé a adelgazar. Mi novio iba a irse a vivir fuera de nuestra ciudad a principios de mayo y a mediados de abril comencé a agobiarme porque seguía sin sentirme bien y me entró miedo, así que decidí comprar otro Predictor. Esta vez dio positivo. El shock fue impresionante.
Yo tenía una muy mala relación con mis padres por lo que no les dije nada. Llegué a casa y disimulé las lágrimas, el miedo… Al día siguiente fui a la Seguridad Social a que me hicieran una ecografía, estaba confirmado: estaba de tres meses. Ahora miro hacia atrás y veo lo “niñatos” que éramos. Le preguntamos a la ginecóloga que qué podíamos hacer y le preguntamos que si conocía una clínica abortiva y ella dijo que si acaso que lo intentásemos por lo privado.
Cuando salimos del hospital le dije a mi novio que yo no quería abortar y él me dijo que él creía que sería lo mejor, esto fue un sábado. Esa semana tenía los exámenes finales y también estaba agobiada porque él se iba a ir en una semana. En mi casa seguí disimulando. Yo no se lo quise decir a nadie pero él se lo contó a sus amigos, a mi esto me daba muchísima vergüenza porque no eran mis amigos y porque además hacían bromas.
El jueves fui a su casa a hablar y le dije que no podía abortar y me agobiaba muchísimo que él se fuese a ir en nada. Lloré muchísimo y le dije que seguro que su madre al ser más liberal seguro que nos ayudaría económicamente a sacar al bebé adelante, porque a mis padres no les podía contar nada. Pero él me dijo que su madre vería esto como una forma de perder relación con su hijo y que le destrozaría la juventud y que no nos ayudaría en esto. Empecé a llorar y le dije que necesitaba seguir adelante con esto y que con su apoyo yo me bastaba. Pero él me dijo que no. Sacó un papel con centros abortistas que había buscado con unos amigos.
Así que después de cuatro días convencida de que quería tener a mi niño cambié de opinión, empecé a ver el aborto como la única solución. Llamé a uno de los números y me dijeron que me dormirían con anestesia general en un piso y me dio muy mal rollo y colgué. Llamé a otro centro y me dijeron que al día siguiente a primera hora me podrían realizar la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo). En un principio me sentí muy agradecida por la rapidez pero luego comprendí lo negativo de esto.
Al día siguiente a primera hora me presenté en el centro con mi novio. Hay algunas cosas de las que no me acuerdo y otras que no puedo olvidar. Lo primero que tuve que hacer fue pagar en efectivo y sin factura. Una ginecóloga bastante fría y distante me dijo que me tenía que introducir unas pastillas en la vagina para dormir la zona pero no fui capaz. Tuvo que hacerlo ella y siempre se mostró muy fría y muy seca. Después vino un psicólogo también muy frío, me dio un formulario para firmar; todo fue muy rápido.
Yo ya sentía que no estaba, que nada de aquello era real. Luego me pasaron a una sala con tres camas con otras dos mujeres algo mayores que yo. Las dos parecían muy relajadas. Me metieron la última en el quirófano y justo cuando salió una de las chicas que iba antes que yo, me dijo que le habían dicho que me dijese que no era nada y que no dolía porque me veían muy joven y asustada.
Llegó mi turno. Me tumbaron en una camilla, la enfermera era muy amable y buscaba conversación conmigo pero yo le pedí que no me hablara, no podía. Dolía bastante. No sé cuánto tiempo pasó. Cuando terminaron me llevaron a la sala con las tres camas y empecé a llorar sin parar. Una enfermera me vio y me preguntó qué me pasaba pero yo no podía hablar y después de un rato volvieron a entrar para decirme que ya me tenía que ir.
Cuando vi a mi novio sentí un enorme rechazo hacia él. Nos sentamos en una cafetería y no pude dejar de llorar y él me dijo que no llorara. Volví a casa a la hora de comer como si nada. Mi novio se iba mañana y a última hora de la tarde sentí una enorme necesidad de estar con él. Fui a verle y me llevó de copas con sus amigos y borracho le llevé a casa.
Al día siguiente en el aeropuerto vi a una mujer con su bebé y empecé a llorar desconsoladamente quizás augurando una tristeza que empezaría a envolverme sin compasión. Él me pidió que no llorase que me iba a ver toda la gente. Tendría que haber ido a la "clínica" a hacerme una revisión pero no pude volver. Me llamaron los amigos de mi novio porque aún debía el dinero del aborto, así que me puse a trabajar para devolver mi deuda con ellos.
Iba a trabajar pero no sé cómo lo hacía porque empecé a beber a cualquier hora del día. No faltaba la botella de ginebra en mi mochila. Apenas podía dormir y como en mi casa no sabían nada me encerraba en el baño a llorar.
Finalmente se lo conté a un amigo y al verme tan mal me llevó a una psicóloga. Su enfoque del asunto no me ayudó nada. Pasé a ser atendida por varios psicólogos más y por una psiquiatra. Ella me decía que había hecho lo correcto y me regaló Prozac y pastillas para dormir. Pero no conseguí dormir y no dejé de beber. Intenté suicidarme con las pastillas.
Así estuve hasta que un año después un problema de salud bastante serio amenazó mi vida. En ese momento empecé a ver todo de forma distinta. Tuve que dejar el alcohol y el Prozac de golpe porque no quería que mis padres se enteraran mediante los análisis clínicos de que los tomaba. Eso me ayudó bastante y también el hecho de tener que mudarme a otra ciudad.
Durante mucho tiempo no podía ver bebés y aún hoy sigo calculando qué edad debería tener mi hijo. Empecé a sentirme como un monstruo por dentro y por fuera y tenía reacciones y comportamientos muy raros. Empecé a salir con otros chicos, pero en aquel momento perdí la confianza en mí misma y esto ha trastocado mis relaciones. Cuando empiezas algo serio con alguien tienes que contarle esto, pero me daba miedo que me juzgasen como yo hacía constantemente. He cambiado mucho y siento que me he corrompido. Me doy asco.
Además me considero católica y sentirme excomulgada ha sido un infierno. Este año es la primera vez que me siento perdonada por Dios. La fe me ha ayudado mucho a comenzar a salir de este agujero que es el aborto. Pero he pasado años horribles. Yo me quería morir y todavía pienso que quizás yo me debería haber quedado en ese quirófano con mi bebé.