La muerte del niño avilesino en diciembre enero de 2005 con aprobación judicial cuyo único delito fue ser hijo de una deficiente, nos pone en marcha para que no haya más asesinatos.
Defendemos también una mayor formación
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A los 18 años un accidente en una piscina dejó tetrapléjico a Ángel Lozano. Su familia y sus amigos le apoyaron en la recuperación, y gente con experiencia que había pasado por ello.
"Creía que aquello era el final, y gracias a ellos conseguí salir de una de las etapas más difíciles de mi vida", comenta el joven, hoy con 26 años.
Y tan difícil. Todo en la casa debía cambiarse: escaleras, el baño... "no tenía coche y cuando salía a la calle me encontraba con un ambiente raro, gente que me conocía me miraba extrañada y me trataba con cautela, como sin saber qué decirme".
Entendió que era ahora una persona dependiente, que dependía de las personas que le rodeaban con su servicio y amor.
Pero fue inegniándoselas. Encarriló su vida. Se presentó a selectividad, entró en la carrera de Farmacia, la terminó, luego empezó Comunicación Audiovisual. Busca su primer trabajo, pero hay pocas ofertas para alguien que combina nivel alto de estudios y una discapacidad grave.
Pero mantiene amigos, sale con ellos, y le encanta actuar como cuentacuentos: "con un público la adrenalina me sube por las nubes, antes montaba a caballo, jugaba a baloncesto, pero ahora esto me divierte".
Sí, la vida se lo ha puesto difícil: "tanto a mí como a los que me rodean, y no sólo he salido adelante sino que creo que lo he hecho de manera bastante brillante; si antes era un poco chulillo, ahora los soy aún más", comentaba hace poco en el dominical de La Vanguardia (4/02/2007).
La clave ha sido una nueva visión de la vida: "me he dado cuenta de que la vida no es sólo de uno; no es sólo mía. Es mía y de mis amigos, de mi padre, de mi madre, de mi hermana... doy la cara por todos ellos".
El testimonio de Ángel Lozano, ¿no nos enseñará a dar la cara por todos? Nuestra vida no es sólo nuestra.