sábado, 15 de diciembre de 2007

NO MATARÁS


Mientras escribo estas líneas, oigo en la radio que un niño pequeño logra salvar su vida llamando al 091, porque el novio de su madre le pegaba brutalmente y de manera habitual. Hace apenas unos días, ETA cometía otro atentando quitándoles la vida a un guardia civil y dejando gravísimo a otro. Y me pregunto: ¿qué vale la vida de un ser indefenso?, ¿qué vale la vida de un ser humano? En nuestra sociedad tan materialista y hedonista la vida del otro parece que tiene caducidad, como los alimentos. Se respeta mientras “me sirve”, mientras “puedo beneficiarme de ella”. Pero ¿cómo es posible que haya caído tan baja la humanidad?

Necesitamos hacer silencio en el fondo de nuestro corazón y dejar que resuenen las palabras que Dios dirigió a Caín después de haber matado a su hermano Abel: ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

Dios rechaza de lleno la violencia y la muerte porque todo ser humano está hecho a su imagen y semejanza. Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre . El quinto mandamiento del Decálogo prohibe matar: No matarás . Habéis oído que se dijo a los antepasados: “no matarás”; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” . Dios ama la vida, quiere que el hombre viva, que todo ser humano viva, que tenga vida y la tenga en abundancia. De ahí que San Ireneo se atreverá a afirmar con toda rotundidad que la gloria de Dios es que el hombre viva. Nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos, seguirle es abrir caminos de vida y de esperanza.

Atentar a la vida humana, a la vida de cualquier ser humano, es atentar contra lo más sagrado, es atentar contra el mismo Dios. De ahí que no podamos impunemente aceptar sin más el homicidio, el aborto, la eutanasia, el suicidio, el terrorismo. Así lo expresa la Congregación para la Doctrina de la Fe: Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte.

Pidamos al Señor una mirada atenta para reconocerle en el rostro del hermano; pidámosle un corazón nuevo para adorarle, amarle y respetarle en todo ser humano; y pidámosle sabiduría para conocer y guardar sus mandatos.



Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella




Aborto

Tags: Omella

Publicado por Galsuinda @ 22:03  | defendiendo la vida
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios