La muerte del niño avilesino en diciembre enero de 2005 con aprobación judicial cuyo único delito fue ser hijo de una deficiente, nos pone en marcha para que no haya más asesinatos.
Defendemos también una mayor formación
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Un anuncio en la caja del test de embarazo hizo que Natalia conociera MAR, una asociación de ayuda a mujeres. Lo que vio en el centro abortista no le gustó, y decidió apostar por su hija. ¡Ahora todo parece tan fácil! Pero faltó muy poco...
La Navidad pasada, Natalia empezó a sentirse mal. Sabía que estaba embarazada, pero, por miedo, no quiso hacerse la prueba hasta enero. A los 21 años, su caso no era como el de muchas de las jóvenes que abortan, porque ella y su marido Juan Pablo llevaban casi un año casados. Y aunque a los dos les hacía ilusión ser padres, estaban sin trabajo, y vivían con una cuñada.
Reconocer al propio hijo en un embarazo y querer tenerlo, muchas veces, no es suficiente para evitar un aborto. Algo diabólico se pone en marcha, y aparecen circunstancias que desaconsejan tener al niño: dificultades económicas, malformaciones del bebé, problemas en el trabajo, abandono de la pareja... En este caso, fueron la madre y la tía de Natalia las que le aconsejaron abortar. Pero Natalia supo encontrar una salida...
Llamó a la Línea de Atención a la Mujer que se anunciaba en la caja de la prueba de embarazo. Ellas la derivaron a la asociación Mujeres Asturianas en Riesgo (MAR), «y al día siguiente, vinieron a verme. Fueron muy comprensivas». Pero Patri y Aurora, las voluntarias, se fueron con la impresión de que Natalia iba a abortar. «Les dije -explica- que iba a ir a la clínica, porque quería conocer todas las opciones».
El trato fue lamentable. Pidió información, y le dijeron el precio. El psicólogo volvió a repetir el precio y le dijo que tenía que firmar un papel. Las preguntas sin respuesta no eran lo más grave: «Les pregunté por la operación y me dijeron: No es una operación, sino una intervención muy sencilla. Sólo es un coágulo. Yo les dije que estaban hablando de mi niño, y me dijeron que no era un niño, que era como una lenteja». Iban a darle cita una semana después, pero cuando dijo que creía que no iba a abortar, le encontraron un hueco al día siguiente.
Natalia salió sabiendo que no iba a volver -«demasiado misterio para algo que decían que era tan sencillo»-, y se fue a decirle a su marido, que no le había dicho qué pensaba para no presionarla, que quería tener el bebé: «Se puso muy contento». También a su madre le hizo ilusión, aunque le sorprendió y le dijo que lo pensara muy bien. «Me dijo que era mi hijo y lo tendría que cuidar yo, y ahora está como loca, y le tengo que decir: ¿No decías que la niña era mía? » Si le quedaran, las dudas se le habrían borrado al hablar con amigas y conocidas que habían abortado: «Unas no querían hablar de ello, otras dijeron que se arrepentían; sólo una decía que estaba orgullosa, pero se autojustificaba todo el tiempo».
A pesar de haber tomado la decisión, el embarazo fue duro; tuvo náuseas todo el tiempo y podía haber perdido al bebé: «Pensaba que, con lo que me había costado decidirme, si tenía un aborto espontáneo, me moría». Las voluntarias de MAR se volvieron como de la familia: «Llamaban con frecuencia, pero en cuanto me pasaba algo las llamaba yo. También me dieron ayuda económica, ropa y un carrito. Pero lo más importante es que fueron los únicos que me dijeron Adelante, que era lo que yo necesitaba oír». Al poco, apareció un trabajo eventual que le querían renovar, pero en cuanto supieron que estaba embarazada «ya no les hacía falta gente. En otro, por estar embarazada ni siquiera me entrevistaron». No podía aceptar cualquier trabajo con un embarazo complicado. Los últimos meses, además, tampoco pudo tener a Juan Pablo a su lado, pues había encontrado en el Ejército un sueldo fijo y seguridad para su hija.
Elisabeth nació el 14 de septiembre. «Me pasé dos horas pidiéndole perdón -explica Natalia-. Todos los días pienso que es lo más importante de mi vida y que a lo mejor me la hubiera cargado, y me pongo malísima». También lo pasa mal con las noticias de estos días: «No entiendo cómo pueden hablar de una cosa tan importante con tanta ligereza. Es un asesinato, no es cualquier cosa. Eso del aborto indiscriminado, lo del Nosotras parimos, nosotras decidimos... Piensa un poco en tu hijo, que es una persona y no tiene culpa de los errores de los mayores. Lo que pasa es que no les ven la cara». Tiene muy claro que tomó la decisión acertada, y está encantada celebrando la primera Navidad de su hija: «Por mí, le regalaba hasta un palacio».