La muerte del niño avilesino en diciembre enero de 2005 con aprobación judicial cuyo único delito fue ser hijo de una deficiente, nos pone en marcha para que no haya más asesinatos.
Defendemos también una mayor formación
www.adopcionespiritual.org
Por: Jorge Enrique Mújica, Colaborador de Mujer Nueva, 2008-04-04
¿Queremos
buenos ciudadanos? Cuidemos a la familia, prevención de las peores
amenazas a los pequeños.
Todos los adultos hemos pasado en una
etapa de nuestra existencia por la de la niñez. En
ella jugamos, reímos, aprendimos, lloramos... Son pocos los que al
poner la mirada atrás, no echan de menos aquel periodo
de la propia existencia en el que muy a pesar
de las muchas adversidades y estrecheces de la vida jamás
dejamos de soñar. Hoy por hoy sigue siendo motivo de
desaprobación la esclavitud a la que son sometidos millones de
niños en el mundo (sexual, laboral, bélica, etc.). Hoy
por hoy seguimos rechazando el daño físico y moral a
los niños en cualquier ambiente en el que se encuentren.
Hoy por hoy continuamos conmoviéndonos con los casos de
infantes que mueren de hambre, son explotados, vejados, viven en
el abandono o carecen de padres. Sí, el corazón
humano no permanece indiferente ante las atrocidades que contra los
niños se cometen.
En febrero de 1990 la Organización de las
Naciones Unidas regaló al mundo la Convención de los derechos
del Niño, un documento que repasaba sucintamente los derechos de
los niños de todas partes del mundo y que logró
amplia acogida en todos los hombres y mujeres de buena
voluntad de los distintos países, credos, ideologías políticas, culturas e
idiomas.
¿Qué hizo que ese documento tuviese ese recibimiento? El
constatar las muchas injusticias a las que eran sometidos los
niños; la conciencia que les decía que el mal no
podía seguir así y el desear, buscar, promover e instituir
el mismo bienestar en el que vivían muchos otros niños
en el mundo. A 18 años de la aparición de
dicho documento no se puede ocultar el gran bien que
le ha seguido. Ciertamente, aunque ni la violencia y la
explotación infantil han desaparecido del todo, sí se ha logrado
mitigar en algunas zonas su crecimiento. Pero al repasar la
panorámica moral mundial, parece justo y necesario recordar y tener
muy presente un punto en el que se ha trabajado
poco institucionalmente y que más bien parece descuidado por la
mayor parte de los Estados: el tema de la familia
como primer grupo fundamental de la sociedad y medio natural
para el crecimiento y bienestar de todos sus miembros, en
particular de los niños. Feminidad y masculinidad, vía maternidad y
paternidad Siendo la familia el primer lugar donde se aprenden
las nociones del mal y del bien, el niño tiene
derecho a una madre y a un padre que, unidos,
le transmitan esas nociones en la armonía de un hogar.
La madre le concede algunos de los rasgos propios de
su sensibilidad femenina con ese matiz propio que enriquece su
afectividad, apertura al otro, generosidad e interés por los demás.
El padre concede al hijo algunas de las características propias
de su ser varón como la sana autonomía e independencia,
la fortaleza psicológica y la madurez temperamental.
¿Parece una actitud
benéfica promover acciones jurídicas que lesionen ese derecho del niño
a nacer, crecer y desarrollarse en ese ambiente familiar? No,
todo apunta a lo contario. Pues eso sucede cuando se
aceptan iniciativas como la aprobación de “matrimonios” homosexuales (con la
consiguiente pretensión de adopción), el divorcio, la unión libre o,
incluso, el aborto. Esto no es un ir en contra
del progreso sino estar a favor de él favoreciendo las
condiciones de ese primer lugar donde se toma vuelo para
seguir progresando: la familia natural constituida por un hombre y
una mujer. ¿Qué prefieren los niños? Podemos apelar a la
propia experiencia: si tuviésemos la oportunidad de elegir a nuestros
padres, ¿quién desearía unos padres divorciados, dos “papás” o dos
mamás”, o no saber quién es nuestro padre?
Si queremos
de verdad el bien de los niños, si realmente queremos
su bienestar, debemos enfocar nuestros esfuerzos a cuidar y defender
la familia. En ella se aprenderán otros valores como la
responsabilidad, la fidelidad y la perseverancia que lograrán posteriormente que
haya menos familias desunidas, que se sea fiel al esposo/a
y continúen unidos hasta el final.
Sucedió en un país de
Europa. Un niño de 5 años comenzó a manifestar gestos
de insuficiencia académica y depresión repentinamente. Al ser atendido por
la psicóloga del colegio se descubrió el porqué. Todos sus
amigos hablaban de cómo mamá les levantaba, peinaba, preparaba el
desayuno y les llevaba a la escuela. Pese a su
corta edad, sabía que todos los seres humanos tenemos una
mamá pero, raramente él, tenía dos papás… La rica
complementariedad que en la unidad dan unos padres a sus
hijos es la mayor fuente de bienestar. ¿Queremos buenos ciudadanos?
Cuidemos a la familia, ahí está la clave que, además,
logrará que todas las demás pestes que amenazan a tantos
niños en el mundo disminuya radicalmente. La fuente del mejor
bienestar para los niños es la familia.