(Por: Remedios Falaguera, Colaboradora de Mujer Nueva, 2008-03-09)
Se
acerca el Día de la Mujer Trabajadora. ¿O deberíamos decir
Día de la Mujer Trabajadora a cambio de sueldo?Porque, y
a pesar de reconocerme “políticamente incorrecta”, es un deber
de justicia dejar constancia que las mujeres SIEMPRE han sido
“mujeres-madres trabajadoras”. Nadie puede dudar que, la gran
mayoría de mujeres, esposas y madres, han ejercido
durante veinticuatro horas al día, de enfermeras, psiquiatras, profesoras, gerentes,
administradoras, secretarias, psicólogas, negociadoras, cocineras, limpiadoras,… sin haber recibido por
ello reconocimiento social ni económico alguno.No obstante, como mujer y
madre trabajadora, cada año me encuentro con una disyuntiva de
difícil solución acerca de los dos prototipos de mujer que
se están fomentando actualmente: “la mujer-madre trabajadora” y “la mujer-madre
que está en casa”.Por una parte, siempre he considerado que
las mujeres, diferentes por su naturaleza a los hombres,
poseen unos valores y cualidades propios que aportan una visión
nueva a la sociedad, a la política y a la
familia. Por lo tanto con la participación de la mujer
en todos los ámbitos de la vida pública y
laboral queda demostrando que las mujeres estamos preparadas
al mismo nivel que los hombres y que, además,
a gracias a sus cualidades femeninas, podemos y debemos
ofrecer, además, una valiosa aportación a la sociedad en todos
los ámbitos: profesional, cultura, político y social. Es por ello
que tenemos derecho a trabajar y a acceder a
los órganos de poder de decisión empresarial, política, económica, jurídica
y de cualquier otro ámbito.Y por otra, cada día que
pasa estoy más convencida de que ejercer mi “derecho a
ser madre, a educar a mis hijos, a conducir mi
familia y, al mismo tiempo, sentirme compensada emocional y económicamente”
es otra opción, muy valida y enriquecedora, que exige dedicación
completa. Dicho de otro modo, la maternidad a tiempo completo
NUNCA pasará de moda, por mucho que las feministas rancias
intenten cuestionar, humillar y despreciar su papel.Si bien es cierto,
que hoy en día existen muchas maneras de ver el
trabajo de la mujer, deberíamos exigir a las administraciones que
cumplan con su obligación de atender las demandas para
la conciliación de la vida laboral y familiar de las
mujeres y, además, que de una vez creen las
condiciones que permitan “calcular “el valor emocional, económico e
intelectual de la maternidad”, como señala Michael S. Niziol.En fin,
rendir eficazmente en el trabajo profesional, ser esposa perfecta, mantener
las amistades y ser madre modélica a tiempo
completo, es una tarea ardua y muchas veces incluso heroica.
Tan heroica como el día a día de Ana V.R,
una joven “madre trabajadora”, que, como nos muestra en esta
larga carta, queda mucho camino por recorrer para lograr una
plena conciliación.
Ana se levanta a las 6,30 de la
mañana. Antes de nada, radio en mano para intentar mantenerse
informada de cómo sigue el mundo, ese que sigue siendo
el suyo aunque a veces lo pierda de vista, va
directa a la cocina a tomarse un yogurt desnatado (por
eso de intentar guardar la línea) mientras prepara los desayunos
de los niños. A continuación, una ducha rápida y un
mucho de acicalamiento para disimular que ayer domingo se acostó
tarde después de una jornada agotadora con toda la familia
de excursión, rematada con una buena sesión de recogida de
la casa, preparación de uniformes y mochilas, puesta de un
par de lavadoras y para terminar un poco de costura
metiendo algún que otro dobladillo o recosiendo alguna etiqueta desprendida
de una bata de colegio.
¡Ya está lista para
empezar a despertar a sus hijos!
Alfonso (8 años),
Pablo (6 años) y María (5 años) ya se visten
solos, lo que no significa que no haya que estar
pendiente de que se metan la camisa por dentro, se
abrochen correctamente los botones o no se peleen porque uno
cree que el calcetín que se pone el otro es
suyo…o porque resulta, que unos leotardos nuevos de la semana
pasada ha aparecido por arte de magia con un “tomate”
de tamaño considerable. A Bosco (3años) hay que ayudarle a
ponerse el uniforme del colegio, y Ana entre secador y
rimel, tiene que peinarlos y estar pendiente de que se
acaben el desayuno.
Además para rematar la enana, Elena (1
año) desde hace un tiempo disfruta despertándose a la misma
hora que sus hermanos,…ideal, si no fuera porqué se levanta
con un hambre canina y reclama el biberón, que evidentemente
no se hace sólo…así que los viajes cocina-baño son constantes;
hasta que a las 8 empiezan a desfilar los primeros:
¡Rápido, rápido….vais a perder el tren! ¡Vamos niños, corred,
corred, por favor!
A esa misma hora entra la cuidadora
por la puerta, Ana le lanza directamente a la pequeña
en los brazos y le suelta una parrafada sobre el
menú para la cena, las sábanas y toallas que hay
que cambiar y que se ha estropeado el horno y
vendrá el técnico entre las 10 y las 14 horas…
Así empieza el día para Ana. Una joven que tan
solo con 35 años y 5 hijos tiene que “conciliar´”
familia y trabajo.
Después de “soltar” literalmente a dos de
los niños en el parvulario sale despavorida hacia el despacho,
eso sí, siempre con buena cara para rendir al máximo
(que no se diga que las madres con hijos son
poco productivas) durante las 5 horas en las que se
dedica en cuerpo y alma a la empresa, con la
que ha podido pactar una reducción de jornada, acogiéndose a
la ley y a las políticas de conciliación, que por
suerte para ella, se están llevando a cabo en la
empresa para la que trabaja.
Evidentemente esa reducción implica una
reducción de sueldo y en muchos casos una renuncia a
la categoría profesional, pero “todavía compensa”; su sueldo es una
ayuda en la economía familiar y el estar al día
en muchos temas hacen que se sienta útil fuera de
casa; cree además que de cara a los hijos que
una madre trabaje además de en casa, fuera es algo
positivo que acaba por enriquecer a la familia en general.
Si no se ha complicado la mañana, a las 14.30
horas sale del despacho, y el destino varía según las
necesidades diarias de la familia. Supermercado, tutoría con el profesor
de alguno de los hijos, médicos varios, según temporada del
año y virus que circule (previa recogida del niño correspondiente
en el colegio), recados varios…..y una vez cada 3 o
4 meses una merecidísima sesión de peluquería (sin secado, por
eso de que la tarde se le echa encima) para
tapar esos pelos rubios muuuuuuy claros (todavía no se atreve
a llamarlos canas) que empiezan a asomar en su cabellera.
De
vez en cuando una comida con amigas, es lo más
relajante para darse cuenta de que su estilo de vida,
tan pleno (sobretodo por lo lleno de actividad) es compartido
por un montón de mujeres que como ella se desdoblan
cada día para llegar con la sonrisa y el rimel
puestos a tantas cosas que parecen nimias pero que hacen
que una familia con 5 hijos funcione; esas comidas se
convierten en una fantástica terapia que le pone las pilas
para seguir con la marcha……así que seguimos.
Son las 16,30 horas,
llega al parvulario de los pequeños dónde los recoge, para
amenizar la recogida un poco de vida social con las
mamás de los amigos de sus hijos, hablando de cómo
los piojos han vuelto a invadir las cabezas de los
niños de la clase (acaba de sumarse una tarea más
a la tarde, comprar el champú y la loción de
turno y revisar a conciencia las 5 cabezas…una por una…tarea
que puede llevarle una hora…) o la próxima fiesta de
cumpleaños de fulanito. Niños en mano, empieza el descenso entre
gritos de “¡¡quiero la merienda!!”, “¡¡yo el de nocill!!” hasta
llegar al metro. Para entonces ya están más calmados (efecto
bocadillo le llama ella) y le cuentan lo que han
hecho durante el día en el colegio. A las 17,05
llega a la estación a la que en 7 minutos
(puntualidad germánica) llega el tren escolar que trae a los
mayores del colegio. Para estos hay que tener los bocadillos
a punto ya que sino serían capaces de devorar a
sus hermanos. Llegan todos a casa sobre las 17.25, los
lunes los mayores tienen piano por lo que hay que
hacer deberes rápido para salir puntuales hacia el conservatorio…. y
los miércoles María tiene ballet, así que un par de
viajes desde casa a dejarlos y a recogerlos no se
los quita nadie. Me comenta que de un tiempo a
esta parte está encantada, ha encontrado un truco que no
falla….las dos tardes que sale y entra de casa…el menú
de la cena es de los que gusta a los
niños, pasta, arroz, carne rebozada, croquetas etc…así se asegura de
que cenarán bien con la cuidadora y ésta estará contenta
(que es casi más importante que tener al marido contento).
Los otros tres días caen la verdura, el pescado y
las legumbre pero ahí está ella para lidiar con el
que “se cruce”.
Las tardes que transcurren en casa, empiezan con
la colgada de abrigos y mochilas, siempre hay algún despistado
al que hay que perseguir porque ha perdido el abrigo
por el pasillo. Mientras los pequeños juegan, reclamando constantemente la
atención de su madre, los 2 mayores se sientan a
hacer los deberes del colegio vigilados muy de cerca por
esa misma madre…no vaya a ser que saquen los craks
de Pokemon y descuiden las matemáticas o la lengua. A
las 18,30 llega el turno del baño para las 2
niñas y después para Bosco; ya desde hace tiempo los
baños de espuma y juguetes se transformaron en duchas y
aún así hay días que el cuarto de baño acaba
como el salón de baile del Titanic. Mientras mamá lava
cabezas, corta uñas y seca melenas…la cuidadora pone la mesa
y calienta la cena. Uno a uno los pequeños van
desfilando hacia la cocina mientras mamá va en busca de
los 2 mayores para que se duchen. En ese momento
a Ana se le enciende una lucecita en la cabeza…acaba
de recordar que cree que no ha reservado un billete
de avión urgente para uno de sus jefes….ipso facto sale
despavorida hacia el salón para conectarse por Internet al mail
del despacho y comprobar, con gran alivio, que fue lo
último que hizo antes de apagar el ordenador.
Encantada de la
vida por el peso que acaba de sacarse de encima,
se “apoltrona” en la banqueta del cuarto de baño a
limpiar los 5 pares de zapatos mientras escucha como su
hijo Alfonso le radia desde la ducha el partido de
fútbol que ha jugado ese día en el colegio.
Uno tras
otro se suceden los viajes de la cocina al baño
para controlar que los mayores acaben rápido de ducharse y
así empezar el 2º turno de cenas. Mientras los mayores
cenan, Ana ayuda a los pequeños a preparar uniformes y
revisa mochilas por si hubiera algún aviso del colegio...y así
es…mañana tiene excursión María, lo que implica abandonar la lucha
en el cuartel por unos momentos, colocarse el abrigo
a toda velocidad, bajar al supermercado y comprar la bolsa
de patatas, la bebida y el bollito de rigor. Cuando
regresa sigue revisando el resto de mochilas y sí, ahí
está…..mañana por la noche tienen reunión de P3; eso le
hace recordar que la semana que viene tienen: el lunes
sesión de un cuso de orientación familiar al que se
han apuntado, el martes la reunión de 1º y 2º
de primaria en Viaró a la que tendrán que desdoblarse
y acudir ella a una (irá a la de 1º,
ya que son uno de los matrimonios encargados de la
clase y quiere conocer a todos los padres) y su
marido a la otra, para después en el coche de
vuelta a casa ponerse al día el uno al otro
de lo que han explicado. Y para finalizar bien la
semana el jueves una cena benéfica de una asociación de
telespectadores a la que se han comprometido a ir. En
ese momento sólo piensa cuándo va a poder recuperar todas
esas horas de sueño…lleva pensándolo años y no ha conseguido
ponerse al día…
Después de que todos los niños han acabado
de cenar, los uniformes estén preparados, los deberes en las
carpetas y las carpetas en las mochilas, van desfilando por
el baño para lavarse los dientes.
Después llega la hora del
cuento, todos, los 5, se sientan encima de la cama
para escuchar como Ana les explica un cuento, que previamente
ha tenido que escoger alguno por riguroso turno.
Y es ahí,
a los 10 minutos de empezar a leerlo cuando llega
el que Ana llama el mejor momento del día….se oye
la llave en la cerradura y aparece papá con su
silbido característico y su “hola chicos!!!!”. Cual manada desbocada salen
por el pasillo atropellándose unos a otros para lanzarse al
cuello de su padre, momento en el que Ana aprovecha
para ir al baño SOLA!!!!!! sin niños que la “acompañen”.
Son los 2 minutos más intensos de toda la tarde.
Papá se lanza sobre la cama con todos los niños
encima para jugar un rato con ellos, están como locos
de contentos…cualquiera diría que son los mismos 5 niños que
lleva poniendo en vereda toda la tarde. Ana los observa,
está agotada pero feliz de ver que un día más
todo ha salido bien, ha sobrevivido a otra batalla.
Después de
jugar un rato todos juntos y de explicarle a papá
como han ido los coles, lo que han hecho etc…empiezan
a desfilar todos a las habitaciones. Gracias a Dios con
el tema del sueño nunca han tenido problemas y después
de rezar todos juntos, los peques caen uno a uno
en sus camas y en principio hasta la mañana siguiente
no vuelven a hacerse notar. Ahora Ana y su marido
parece que están solos, no se escucha nada…que paz!!!. Alfonso
se sienta en el sofá, mando en mano mientras Ana
va a la cocina a acabar de preparar la cena
de los dos. Por tema de ahorro de tiempo y
evidentemente ahorro familiar el menú es el mismo que
el de los niños. Cenan en el salón mientras hablan
cada uno de su día, se explican lo que
han hecho…Ana le pasa el parte de cada uno de
los niños y Alfonso le cuenta que el partido a
mediodía ha ido genial, y el trabajo también (Ana sabe
que a su marido no le gusta explicarle demasiadas cosas
del trabajo para no preocuparla y así, supone ella, tampoco
darle el, más vueltas. Alfonso es de los que cuando
está en casa disfruta de la familia por encima de
todo). Cuando acaban de cenar, después de haberse programado la
semana, fin de semana incluido, es hora de ver las
noticias en la TV y de un tiempo a esta
parte a Ana, antes tan ave nocturna y tan trasnochadora,
empieza a vencerle el sueño y a pesarle los párpados,
pero todavía no puede abandonarse en los brazos de Morfeo…le
queda una lavadora por poner, hacer los bocadillos para mañana,
desmaquillarse…y ahora sí…llega el momento. Se despide con cariño de
su marido, que tampoco tardará en acompañarla, y después de
pasar por las habitaciones de los niños para comprobar que
están bien y pensar que monos están dormiditos, se deja
caer en la cama dándole gracias a Dios por esa
maravillosa familia que le ha dado y por conservarle las
fuerzas para tirar de ese carro que dentro de unos
meses se cargará con otro niño…
¡Pues eso!
Aborto