Por Thomas Sowell
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Algo
va mal en una profesión cuando los aficionados superan a los expertos.
Si la gente de a pie sin capacitación médica pudiera realizar cirugía
en la cocina de su casa con cuchillos para cortar filetes y consiguiera
mejores resultados que los cirujanos en los quirófanos de los
hospitales, la profesión médica en su conjunto se vería desacreditada.
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Sin embargo, ya es algo normal que padres comunes y corrientes, sin capacitación pedagógica, eduquen en casa a sus hijos y siempre consigan para ellos mejores resultados académicos que los de alumnos educados por profesores con cursos de doctorado en escuelas que gastan más de 10.000 dólares anuales por alumno (es decir, más de un millón de dólares para enseñar a diez niños de primaria a bachillerato). Sin embargo, seguimos tomando en serio las pretensiones de los educadores que fallan en su papel de educar, aunque se dan aires de tener una experiencia "profesional" superior al entendimiento de unos simples padres.
Uno de los ejemplos más extendidos y dramáticos de aficionados que superan a profesionales lo aportan las economías de planificación centralizada dirigidas por gente altamente educada asesorada por expertos y con enormes cantidades de datos estadísticos a su disposición, una información probablemente ni comprensible ni accesible para el ciudadano de a pie.
Se esperaban grandes cosas de las economías de planificación centralizada. Se hizo caso omiso a sus fracasos iniciales describiéndolos como "molestias propias del crecimiento" de una "nueva sociedad". Pero cuando década tras década esas economías quedaban rezagadas de las de libre mercado, al final hasta los gobiernos socialistas y comunistas comenzaron a liberar sus economías de muchos, si no de la mayoría, de los controles estatales centrales. Casi invariablemente, estas economías despegaron con mucho mayores tasas de crecimiento económico (China e India son los ejemplos más destacables).
En una economía de mercado nadie tiene que enfrascarse en una tarea tan imposible. A cada productor y consumidor le basta ocuparse de los relativamente pocos precios relevantes para adoptar sus propias decisiones, gracias a la coordinación de la economía en manos de la oferta y la demanda. En pocas palabras, los aficionados fueron capaces de superar a los profesionales de la economía porque los aficionados no se metieron en tareas que sobrepasan la capacidad de ningún ser humano o de cualquier grupo manejable de seres humanos.
Expresado de forma diferente, la "experiencia" sólo incluye una pequeña parte del conocimiento fuera del amplio espectro del requerido para ocuparse de las muchas complicaciones del mundo real. Nada es más fácil que unos expertos poseedores de esa pequeña franja de conocimiento se crean más sabios que los demás. La planificación centralizada es justamente el fracaso más demostrable de ese tipo de pensamiento. Los desastres en otros tipos de ingeniería social tienen mucho que ver con el mismo problema.
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