
En una casa de su propiedad, no excesivamente grande, este vietnamita
de poco más de cuarenta años acoge a mujeres solteras embarazadas que
no quieren abortar y que, al mismo tiempo, no tienen medios para sacar
adelante a su hijo. Allí reciben alojamiento y comida hasta que dan a
luz. Después, el niño se quedará allí hasta que la mujer pueda criarlo
por su cuenta. O el niño se va con su madre, o Phuc y su esposa serán
su familia. A este señor no se le pasan más opciones por la cabeza.
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