La muerte del niño avilesino en diciembre enero de 2005 con aprobación judicial cuyo único delito fue ser hijo de una deficiente, nos pone en marcha para que no haya más asesinatos.
Defendemos también una mayor formación
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Por problemas en la placenta, su mamá lo tuvo con menos de seis meses de gestación.
Por: Guillermina De Domini
Popeye
fue su primer apodo. "Se lo pusieron las enfermeras por su fuerza de
voluntad", cuenta María de los Angeles, su madre de 33 años.
Ian
Joaquín Zunino Feuillet nació el 24 de julio. Era casi tan pequeño como
su mamadera: pesaba 440 gramos, medía 30 centímetros, tenía sus
pulmoncitos poco desarrollados y la piel tan delicada y transparente
que dejaba ver sus venas. Pero se salvó. El martes Ian dejó la Clínica
Corporación San Martín, donde estuvo internado en terapia intensiva
durante tres meses. Y llegó a su casa de Boulogne para oír las voces de
sus hermanas, Florencia (12) y Lucila (2), quienes lo conocieron recién
a los dos meses de vida. "Es un milagro", llora Víctor (33), su papá,
sosteniéndolo en brazos, sin dejar de mirarlo. "Siempre supe que
'chancho' la iba a pelear", dice.
María de los Angeles, sin
embargo, todavía tiene miedo. "Me despierto a cada rato para ver si
respira, aunque tengo la cunita al lado de mi cama", confiesa. Ella y
Víctor tuvieron que hacer un curso de resucitación en la Fundación de
Cardiología para poder llevar a Ian a su casa.
Durante los tres
meses que estuvo en incubadora sufrió una infección en la piel y fue
operado de la vista por un médico del Hospital Garraham. "Si no, podía
quedarse ciego", explica María. Ahora Ian pesa 2.260 gramos, recibe
medicamentos, vitaminas y cafeína 25 veces al día. Y cada tres horas
toma leche en polvo. Para evitar que se ahogue, los médicos indicaron
que no debe hacerlo acostado.
María tenía una placenta previa
con oclusión total: su bebé no podía alimentarse. Ian tenía un 98% de
probabilidad de muerte. "Eso me había dicho el obstetra, que después
nos abandonó", afirma. Casi a los cinco meses y medio de embarazo, se
hizo la última ecografía. Se enteró que era varón y que no podía
esperar más tiempo. La internaron en la clínica y le dieron corticoides
para fortalecer los pulmones del bebé. A la semana, Ian nació a través
de una cesárea poco común. Víctor lo vio recién a las dos horas. "Los
médicos decían que si lo dejaban dentro de la panza, moriría ese día.
Es un bebé muy especial, que sobrevivió como nadie", cuenta María.
Salir a caminar por la playa, como si nada, cuando Ian cumpla un año, tomados de la mano, es el sueño de la familia Zunino.