El
Santo Pontífice señaló que "la lucha contra la pobreza necesita hombres
que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a
las personas en el camino de un auténtico desarrollo humano".
Roma. El
Papa Benedicto XVI denunció hoy, en su mensaje 'Combatir la pobreza,
construir la paz' para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz,
el "exterminio" de millones de niños no nacidos "en nombre de la lucha contra la pobreza".
El Santo Padre criticó, en primer lugar, en un apartado de su texto titulado 'Pobreza e implicaciones morales', que ésta se ponga a menudo en relación con el crecimiento demográfico y consiguientemente se lleven a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, "incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos".
Pero, a su entender, "lo que es más grave aún" es que frecuentemente ni siquiera se respete el derecho a la vida. "El
exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra
la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más
pobres", aseveró.
Con todo, el Pontífice contrapuso el hecho de que, en
1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estuviese por
debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este
porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad "y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza".
Población, sinónimo de riqueza
El
dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para
resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la
población", señaló Benedicto XVI, que añadió que tampoco hay que
olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la
población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, "en buena
parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido
recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias
económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al
elevado número de sus habitantes". "En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza", concluyó a este respecto.
Benedicto XVI enumeró, además del aborto otros cinco aspectos como implicaciones morales de la pobreza:
las enfermedades pandémicas, la pobreza de los niños, la relación entre
el desarme y el desarrollo y la actual crisis alimentaria.
Sobre
las pandemias citó la malaria, la tuberculosis y el sida y explicó que
los países aquejados de dichas pandemias sufren, a la hora de
contrarrestarlas, "chantajes de quienes condicionan las ayudas
económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida".
Problemas morales relacionados con el sida
Concretamente
se refirió a lo difícil que es combatir el sida, causa dramática de
pobreza, "si no se afrontan los problemas morales con los que está
relacionada la difusión del virus".
En este sentido, recomendó, "ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente acorde con la dignidad de la persona" y explicó que ya hay iniciativas en este sentido que han dado resultados significativos.
Además,
a su juicio, se requiere también que se pongan a disposición de las
naciones pobres las medicinas y tratamientos, algo que, dijo, exige
fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones
terapéuticas y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las
reglas internacionales sobre la propiedad intelectual para garantizar
la necesaria atención sanitaria de base.
En la lucha contra la pobreza también recomendó el Papa fijarse en la pobreza de los niños, puesto que cuando la pobreza afecta a una familia, ellos son las víctimas más vulnerables.
El cuarto aspecto del que habló es la relación entre el desarme y el desarrollo y consideró "preocupante" la magnitud global del gasto militar en la actualidad en detrimento del desarrollo de los pueblos.
Finalmente, sobre la actual crisis alimentaria explicó
que se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por
las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por
tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y
económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias.
Solidaridad global
En una segunda parte de su mensaje, titulado 'Lucha contra la pobreza y solidaridad global', el
Papa sostiene que una de las vías maestras para construir la paz es una
globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana. "Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global".
"Es preciso un 'código ético común'",
afirmó y sostuvo que la marginación de los pobres del planeta sólo
puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la
globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las
injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos
humanos vinculadas a ellas.
En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras,
Benedicto XVI hace un llamamiento para que todos los países tengan las
mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones
y marginaciones.
Asimismo, en el aspecto de las finanzas señala que "la
reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está
guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin
consideración del bien común a largo plazo". "Una finanza
restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para
todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases
de euforia financiera", advierte.
Así, de todo esto se desprende, prosigue el Santo Padre, que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico
que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países
pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas.
En este contexto, remarca que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres
y que lo interesante es, a su entender, invertir en la formación de las
personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la
iniciativa.
El Pontífice dice que no hay que hacerse ilusiones
pensando que una política de pura redistribución de la riqueza
existente resuelva el problema de manera definitiva y considera que el
valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera
determinante de la capacidad de crear rédito.
El Sumo Pontífice consideró, además, que "la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano".
El
Papa destacó como conclusiones que la globalización es incapaz de
construir la paz y pone de manifiesto la necesidad de estar orientada
hacia un objetivo de profunda solidaridad. "En este sentido, hay que
verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la
lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la
paz recursos hasta ahora impensables", instó.
Por otra parte, constató que la Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. Con todo,
pidió al hombre que "ensanche su corazón hacia las necesidades de los
pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su
encuentro". "En efecto, sigue siendo incontestablemente
verdadero el axioma según el cual 'combatir la pobreza es construir la
paz'", finalizó. (Ep)
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