ALBA, por Luis Losada Pescador.-
Cerca del 20% de las parejas es infértil. La razón hay que buscarla en
nuestro estilo de vida: comida basura, obesidad, stress laboral y
profesional, el cansancio, las enfermedades de transmisión sexual, la
utilización de anticonceptivos, los antecedentes de abortos y el
retraso en la maternidad. Así que los problemas van a más porque según
el profesor Hill Ledger, de la Universidad de Sheffield, los problemas
de infertilidad a causa del esperma se duplicarán en Europa en los
próximos 10 años debido a la obesidad. Tampoco parece que el estilo
‘superwoman’ vaya a recortarse en el medio plazo.
El propósito
del texto del director del Master de Bioética de la Universidad de
Navarra, José López Guzmán, no es otro sino “ofrecer una información
amplia y humanizada” sobre la infecundidad, término que trata como
sinónimo de infertilidad a pesar de distinguirlos al inicio. Porque una
pareja puede no tener posibilidad biológica de descendencia
(infertilidad) y no por eso deja de ser fecunda si está abierta a los
demás. Además, infertilidad no es igual a enfermedad, sino
circunstancia. Ergo si no hay patología no se exige una actuación
traumática. La solución, pues, no puede ser la “medicalización” de la
mujer, señala el experto.
López Guzmán comienza relatando el
dolor de la pareja infecunda vivida de manera desigual por el hombre y
la mujer. Ella se siente incompleta en su desarrollo personal, inútil
como mujer, puesta en duda su identidad. Quizás por ello es capaz
incluso de poner en riesgo su propia vida por alcanzar la maternidad
(Morgan 2001). Con la paradoja de que para muchas mujeres, el hijo es
un impedimento para su desarrollo personal y muchas optan por
abortarlo. El hijo pasa de ser un ‘obstáculo’ a un ‘derecho’.
Él
debe de soportar los comentarios irónicos que ponen en duda su
virilidad. En ambos casos se produce una tremenda presión social que
empuja a la pareja a la búsqueda desesperada del hijo como una
‘necesidad’. “Se les niega el derecho a asumir su propia infecundidad y a no poner en riesgo su propia salud“, apunta López Guzmán. “Adaptación, que no resignación”, matiza. Y un recado para los fértiles: “comprensión, no compasión”
Porque
con frecuencia, la intimidad comienza a externalizarse y formar parte
de la conversación habitual de familiares, amigos y médicos. La
infecundidad de la pareja se convierte en un “problema” que hay que
solucionar. Lo ideal es que no se llegue a este punto y que ambos
asuman su realidad con paz y humildad pensando en lo que como pareja
pueden hacer para ser fecundos siendo infértiles. Pero López Guzmán es
consciente que eso no siempre es posible, así que recomienda que la
pareja acuda a un asesor externo -‘Robin Home’- que les ayude a
enfrentarse a la realidad y contestar a las siguientes preguntas: ¿qué
es para mi el matrimonio, qué me supone la esterilidad, qué sucede si
no tengo hijos, qué es para mi un hijo?
El hijo no es un capricho ni un derecho para el desarrollo personal
El
objetivo de esta reflexión es aprender a entender la relación
matrimonial más allá de la descendencia, descartar que el otro no es
sino un medio para alcanzar la maternidad o paternidad, descartar el
hijo como capricho o necesidad para el desarrollo personal. “La
maternidad es mucho más que un proceso biológico”, concluye López
Guzmán, quien añade que el ‘deseo’ del hijo no debe confundirse con la sensación de ‘derecho’.
Desde esta óptica, la “medicalizacion” del problema no es una buena alternativa. En primer lugar, porque se le priva al hijo deseado de la dignidad de la que es portador. No
es digno ser concebido en ‘placa de petri’ ni estar en la ‘nevera’ con
la existencia congelada hasta que la voluntad de los padres resuelva
poner en marcha el desarrollo biológico. Pero es que además, las
técnicas de reproducción asistida provocan necesariamente la muerte de
muchos hermanos y la ‘congelación’ de otros muchos cuya vida humana
incipiente ya no es discutida por la ciencia. Y eso a pesar de
que esté tan extendida como que el 1% de los nacimientos
norteamericanos provengan de una FIV (David, 2004) y el 5% en Dinamarca
(Jensen, 2002).
Descartados pues alternativas poco dignas y
humanas, la pareja puede decidir acudir al médico. En algunos casos la
infecundidad es superable. Basta con cambiar el estilo de vida, la
alimentación, las costumbres, las frecuencias en los encuentros o una
aplicación hormonal. Pero sin la obsesión de un “problema”, sino con la
apertura a un posible regalo.
Si esto no funciona -o en
paralelo- es posible acudir a la vía de la adopción. Aunque López
Guzmán siempre añade un ‘¿para qué?’ tratando de esclarecer las
intenciones. “No es una solución a una carencia afectiva entre los esposos”. Más bien puede ser la “puntilla” que ponga el broche final a la relación, señala el experto. “Tiene que ser el fruto del cariño de la pareja, no puede venir a llenar una ausencia”.
Descartados
objetivos poco transparentes, se inicia un calvario de tiempo, dinero y
‘estrés’ afectivo que sólo debe emprenderse si libremente la pareja ha
decidido coger ese camino. ‘Libremente’ significa sin la presión de
familiares y amigos y en la certeza de que es una decisión de la
pareja. La decisión debe consistir en acoger una vida en el propio
hogar. Acoger, no ‘comprar’, ni ‘adquirir’. Como recuerda López Guzmán,
el sabio español coloquial habla de “encargar” el niño, no de
producirlo. Con la adopción debe ocurrir lo mismo: el niño
debe ser acogido sin condiciones. Exactamente igual que la
maternidad/paternidad biológica. De lo contrario, nos encontraríamos
con adopciones fracasadas. Un fenómeno poco conocido, pero crecientemente frecuente.
La adopción
López
Guzmán arremete contra el ‘negocio’ de la adopción. Pero también contra
un sistema que discrimina a los padres adoptantes y al adoptado y que
realiza un exhaustivo y rígido test a los candidatos. Tras el calvario
referido, el niño sigue teniendo que pasar pruebas médicas y los padres
test de idoneidad de manera recurrente. ¿No es suficiente con el
calvario inicial? ¿No han demostrado más que muchos padres biológicos
su voluntad de paternidad/maternidad?, se pregunta López Guzmán.
El
autor termina “a modo de epílogo” abriendo “el interior de su maleta”:
su propia infecundidad. Una nota personal que no anula la calidad de un
trabajo, quizás, excesivamente académico para el gran público. Una guía
imprescindible para todas aquellas parejas infecundas a las que puede
ayudar a enfrentar su realidad con mayores claves y sosiego.
A tener en cuenta
- “El
stress puede afectar en forma de desinterés sexual, dificultades de
erección o sobre el funcionamiento adecuado de diversas glándulas
productoras de hormonas con lo que puede ocasionar alteraciones en la
regla menstrual o su desaparición (De las Heras, 2005)
- El índice de infertilidad entre los 20 y los 24 años es del 4% mientras que entre los 35 y los 29 años se eleva al 20%
- “Ser padre no es ser creador del hijo, sino aceptar el hijo con un don” (Cruz, 1998)
- “Es
necesario que esa inercia cambie de sentido y que ese hijo deje de ser
un objeto parea pasar a ser un sujeto” (Angulo y Reguilón)
- “Esa
ciega afirmación de la voluntad contra la naturaleza corporal,
contradice el significado de la procreación humana y sólo puede
conducir a la autodegradación y a la deshumanización” (Kass, 1985)
- “El
alto número de fracasos a los que se enfrenta la mujer que se somete a
la FIVET son peligrosos para su equilibrio psicológico y para el de su
pareja” (Ciccone, 2005)
- “La infertilidad destruye muchos
matrimonios, consume las cuentas bancarias y a menudo supone un reto a
la identidad sexual de su víctimas. Sin embargo, desde un punto de
vista comercial, esta profunda necesidad es innegablemente atractiva”
(Spar, 2006)
Ficha bibliográfica: Cuando el hijo no llega. Manual para parejas infecundas, José López Guzmán, Editorial: Formación Alcalá, 92 páginas, cartoné.