Mi?rcoles, 19 de mayo de 2010

Rosa Cuervas-Mons
Llegó al mundo el sábado 24 de abril y apenas día y medio después, en la madrugada del domingo al lunes, murió. No podemos referirnos a él con un nombre, porque nunca lo tuvo. Él es -fue- un minúsculo luchador, un ser humano de 300 gramos de peso y 22 semanas de vida que desafió las leyes médicas, demostró un increíble deseo de supervivencia y conmocionó al mundo en sus escasos dos días de existencia.

Nació en el hospital Nicola Giannettasio, en la localidad italiana de Rossano, mucho antes de lo debido. Unos médicos provocaron el parto a su madre para que él, el pequeño superviviente, muriera. ¿El motivo? Se le había detectado una discapacidad, una lesión en el labio y el paladar. Ese niño, hasta entonces deseado, se había convertido en un problema a eliminar, y ahí estaban los médicos para solucionarlo.

Al finalizar el parto envolvieron al niño en un paño y lo metieron en un contenedor, vivo. Eso sucedió a la una y media de la tarde del sábado. El domingo a las 11 de la mañana, el capellán del hospital, el padre Antonio Martello acudió como de costumbre a rezar por los niños abortados o que mueren nada más nacer. Entonces descubrió que algo se movía en el contenedor de ‘restos’. Avisó inmediatamente a un pediatra y a un anestesista que comprobaron que el bebé respiraba y que su corazón latía. El pequeño valiente llevaba más de 20 horas desafiando a las leyes de la naturaleza y manteniendo con vida un cuerpo inmaduro con un aparato respiratorio casi inexistente.

Homicidio voluntario

Rápidamente fue trasladado al hospital Annunziata, donde los médicos trataron de estabilizarlo; murió horas después.

Las autoridades italianas investigan a un médico y dos enfermeros por homicidio voluntario -el aborto eugenésico está prohibido en Italia- y por desatención y abandono de un ser vivo, ya que la ley 194 señala que, en un aborto con posibilidad de supervivencia del feto, los médicos deben hacer todo lo posible por proteger la vida del neonato.

Más allá de las consecuencias jurídicas, el caso del pequeño combatiente ha reabierto el debate ético sobre, uno, la discriminación de los discapacitados y dos, la existencia de una ley que no prevé la asistencia a fetos de menos de 24 semanas.

En este sentido, el presidente emérito de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Elio Sgreccia, señaló que “un médico no debe mirar la fecha, sino el hecho. Si está en presencia de un feto que, porque es fuerte o porque las fechas no han sido bien calculadas, afortunadamente está viviendo, está obligado a hacerle vivir”.

También el presidente de Movimento per la Vita, Carlo Casini, denunció la situación y recordó que no es el primer caso en Italia de un niño que sobrevive al aborto provocado.

El caso del superviviente italiano, que ha dado la vuelta al mundo, no ha tardado en llegar a una España que afronta la entrada en vigor, en menos de dos meses, de la nueva ley del aborto. ¿En qué situación quedaría con esta nueva norma un caso similar al ocurrido en Italia?

La Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo permite el aborto “por causas médicas” hasta las 22 semanas de gestación “cuando haya riesgo de graves anomalías en el feto” y durante todo el embarazo si se detectan “anomalías fetales incompatibles con la vida o una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico”.

Con esta norma se deja “en una situación de total indefensión al niño discapacitado diagnosticado antes de nacer”, señala a ALBA el médico ginecólogo y portavoz de Ginecólogos por el Derecho a Vivir, Esteban Rodríguez.

“No hay un listado de patologías. La consideración de patología grave o extremadamente grave se deja al libre criterio del médico o de cómo asume la madre la discapacidad de su hijo”, denuncia Rodríguez, que lamenta la existencia en España de unos programas de cribado prenatal que tienen un carácter casi “policial, aduanero”. “Una cromosomopatía -síndrome de Down, por ejemplo- ni es curable ni es incompatible con la vida. El problema es que estamos empeñándonos en diagnosticar cosas que no tienen curación y que gran parte de la clase médica ha asumido la mentalidad pro choice para facilitar el aborto ante ese diagnóstico”.

Ejemplo de esta mentalidad es el discurso del presidente de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo, ACAI, Santiago Barambio, que habló con ALBA el pasado lunes, tras presentar un estudio sobre el perfil de las mujeres que se someten a un aborto voluntario. “La ley no especifica el tipo de malformaciones que entran dentro de los supuestos. (…) Quien decide es la madre porque es quien va a estar con el hijo. Imaginemos una madre que tiene cuatro hijos más y acaba de enviudar y le dicen que tiene un Down, por ejemplo. ¿Tú crees que esa mujer está para tener un Down? ¿Lo va a adoptar alguien? Nadie”. Rotundo, la gravedad de la malformación la determina el entorno de la embarazada.

“El problema”, señala el portavoz de Ginecólogos por la vida, Esteban Rodríguez, “es que la clasificación de malformaciones extremadamente graves no es médica, sino política. En medicina existen enfermedades compatibles o incompatibles con la vida, y el síndrome de Down, desde luego, es compatible con la vida”.

* Artículo íntegro en el número 277 del semanario, desde el 14 de mayo en los quioscos




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