Domingo, 18 de septiembre de 2005


Me desprecio a m? misma. El otro d?a sostuve a una enferma de alzh?imer entre los brazos mientras la ba?aban. Su escueto cuerpo casi se me resbalaba en la ba?era y vi a su esposo llorar por el temor a perderla. La restregamos, frotamos y secamos. La vestimos y la acostamos. ?Y saben qu? pens?? Pens? que su muerte ser?a un alivio, que me parec?an un desatino la mente completamente perdida y el cuerpo desmadejado de mi amiga, un contradi?s. Al d?a siguiente, en un golpe de lucidez, repas? estos pensamientos de la v?spera. Y decid? pararme un momento a examinar por qu? una cristiana practicante, bendecida por la vida y las circunstancias econ?micas, familiares y sociales, pod?a desearle la muerte a otra persona. Record? mis manos lavando a la mujer y su cuerpo estremeci?ndose de gusto por el agua caliente y las caricias de la esponja. Record? su alegr?a por los colores del camis?n y un resto de mirada tierna hacia su marido. Ella no sufr?a, era feliz en su simpleza. Lo record? tambi?n a ?l, contento con la escena, satisfecho por conservarla a su lado, por ayudarla d?a a d?a, por mi amistad. Y ca? en la cuenta de que en aquella escena s?lo yo puse muerte. Y no lo hice por el bien de la enferma, que disfrutaba; no lo hice por su familia, que la quiere, lo hice simple y llanamente por cobard?a. Porque sufr? vi?ndola y no quer?a seguir sufriendo. Porque no ten?a una respuesta ante el misterio que ten?a delante. Entonces me avergonc? de m? misma y, lo que es m?s importante, ca? en la cuenta de que el d?a anterior mi desconcierto me impidi? apreciar que la enferma disfrutaba con nosotros y con el ba?o, y su familia tambi?n. As? es, amigos. La mentalidad dominante est? al acecho para colarse en nuestra mente a la menor oportunidad. Para sembrarnos de duda y de miedo la cabeza e impedirnos ver la belleza, el bien, la positividad. Pido perd?n por haber vacilado, por haber censurado la hermosura. Por haber cre?do en el mal. Y concluyo: si yo, que apenas veo la tele; que leo a los cl?sicos porque mi padre me ense??; que soy cat?lica porque la Iglesia me ha abrazado; que lo tengo todo, albergo alguna vez pensamientos de muerte ?C?mo no los va a albergar el resto de mis contempor?neos, sometido a un constante bombardeo de mentiras? ?C?mo no los van a albergar ciertos enfermos desalentados, tantas personas ideologizadas sin siquiera saberlo, tantas v?ctimas de la mentira? Si estoy contenta hoy es por haber pedido perd?n y por haber ca?do en la cuenta de la verdad. Por haber reconocido la belleza de la vida de mi amiga y su marido, y haber redescubierto que vale m?s que la m?a porque dan testimonio de una belleza que no se somete a los est?ndares de calidad. Queda mucha hermosura por mostrar en un mundo tan d?bil y tan lleno de tristeza como estamos creando.
Cristina L?pez Schlichting

La Raz?n

Salva a un ni?o de la muerte


Publicado por Galsuinda @ 15:55  | Eutanasia
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