Domingo, 18 de septiembre de 2005


Podemos llamarle como queramos. En cualquier caso, que sea un nombre femenino, porque de mujer estamos hablando, y as? tendr?a que figurar en la partida de nacimiento. Por lo tanto, podemos ponerle a su rostro destrozado el nombre de Teresa, o el de Trinidad, o el de Mar?a Jos?, o el de Carmen, o el de Magdalena... ?qu? m?s da! Aunque haya quien, muy matizadamente, sostenga que los nombres y las personas son la misma cosa, en nuestro caso resulta un poco prematura tan oriental susgesti?n. Pero como no puede ser alguien sin nombre, aunque s? sin bautizar, elijamos, por ejemplo, el primero citado, el de Teresa.


Teresa viv?a feliz, aliment?ndose de la sangre de la vida, sabi?ndose continuadora de una huella gen?tica marcada por el acto de amor de un hombre y una mujer. Si hab?a surgido del amor, nada pod?a destruirle. D?a a d?a, Teresa repon?a energ?as y esperanzas para abrirse camino rumbo al porvenir. Su ser tomaba forma, y le iban creciendo los sentimientos florecientes, las sensaciones de bienestar, la alegr?a en mantillas de mirar s?lo adelante, y heredar la existencia como su ?nico tesoro personal. Le gustaba vivir y d?nde viv?a, y c?mo viv?a. Present?a que haber nacido es algo genial, y que merec?an la pena todas las incomodidades, y a?n los riesgos que comporta cada paso que habr?a de dar por s? misma.


A Teresa le hab?a tocado vivir en un mundo de derechos humanos, de libertades, de convivencia y de progresos. No era como antiguamente, que la mujer deb?a soportar el m?s denigrante de los tratos, su ninguneo, la amargura de ser alguien del que todos los hombres prescinden si no es para conseguir placer y que les laven la ropa. Eso ya hab?a pasado. Ahora, la mujer conquistaba diariamente un derecho. As? que nada mejor que ser mujer en esta sociedad nueva, de compromisos un?nimemente compartidos para hacerla igual en todo al var?n. Incluso se hab?a hecho una ley para primar a la hembra humana, compensando as? las discriminaciones y la explotaci?n de la que hab?a sido objeto hasta entonces.


Teresa estaba contenta de la madurez hist?rica que le hab?a correspondido. Ella podr?a haber nacido en tiempos oscuros de represi?n y maltrato. Y sin embargo, el Creador hab?a querido que viniera al mundo en la plenitud de su justicia social, cuando ya hombre y mujer hasta ocupaban las mismas carteras ministeriales. Le estaba agradecida Teresa a esta circunstancia, sin la cual su vida habr?a sido muy dura y habr?a servido tal vez de muy poco. Ella se imaginaba en manos de un b?rbaro que le pegase, borracho y furioso, que le violase en el lecho, que le obligase a servirle como una esclava, y se sobrecog?a de espanto. Ahora su integridad estaba a salvo, protegida su dignidad, guardada por el Estado y la cultura su seguridad. Podr?a disfrutar de su identidad femenina gracias a la "igualdad de g?nero", pilar pol?tico fundamental de su ?poca y de su entorno. El machismo hab?a sido al fin vencido.


Pero un d?a, Teresa se convirti? en la excepci?n. Un hombre, un macho humano, se acerc? a ella con ?nimo agresivo, y rompi? todos los claustros en los que Teresa se sent?a tranquila. Hubo sangre, mucha sangre. A Teresa, aquel hombre, que en ning?n momento le profiri? amenazas, le desfigur? el rostro con un ?cido doloros?simo. Ella estaba indefensa. Se acord? de todas las garant?as que a favor de la mujer le promet?a su mundo y su ?poca, de c?mo hab?a sentido el latido de un contexto maternal que le inspiraba paz y le proporcionaba todo lo necesario para vivir.


Y ahora, ?d?nde estaba aquella red de precauciones en la que Teresa se parapetaba? ?por qu? aquel hombre le avasallaba, despedazaba sus miembros en flor, abr?a aquellas irreparables heridas en su cuerpo de mujer incipiente, y dejaba que su calor se extinguiera en el abismo de la nada? ?Por qu? ten?a que renunciar a lo ?nico que ten?a, y que tanto le llenaba, la vida, bajo los zarpazos de aquel ogro revestido de superioridad que aplastaba hasta la muerte sus derechos, ?sos que cre?a ya consagrados para siempre, y que ahora eran aniquilados sin piedad? Teresa no pudo cumplir los tres meses de vida


?ngel P?rez Guerra


Salva a un ni?o de la muerte


Publicado por Galsuinda @ 15:59
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