Domingo, 18 de septiembre de 2005

A OSCAR Y PHILIP, dos ni?os kenianos, les drogaron y amputaron sus penes para hacer con ellos un brebaje contra el sida. Un m?dico valenciano los trajo a Espa?a y les ha reimplantado sus miembros con tejidos de sus propios brazos. Una historia de terror, incre?ble si no fuera cierta
JUAN C. DE LA CAL
MUTILADO. Oscar Kituyi recibi? un pene ?nuevo? el d?a de su d?cimo quinto cumplea?os. Tambi?n le reconstruyeron la oreja y parte de su brazo. No as? los test?culos. Nunca podr? tener hijos./ VICENT BOSCH
Probablemente, Oscar Kituyi es el ?nico ser humano del mundo que el d?a de su cumplea?os recibi? como regalo un pene de carne y hueso. Fue el pasado 28 de enero, en la sala de operaciones del Centro de Rehabilitaci?n de Levante (a las afueras de Valencia), cuando este joven keniano pas? nueve horas anestesiado. Cumpl?a 15 a?os.

No fue un experimento cient?fico, ni un capricho del destino, ni una pel?cula de ciencia ficci?n. Por desgracia para ?l, el regalo respond?a a la atrocidad que cometieron dos desconocidos en una carretera del Africa profunda donde vive: le castraron para convertir su miembro viril en una p?cima con la que curar el sida. As? de duro. As? de cruel. As? de b?rbaro.

Aquella ma?ana de abril del pasado a?o, Oscar volv?a caminando hacia su aldea desde la escuela de Bungoma, una localidad de Kenia situada a apenas 10 kil?metros de la frontera con Uganda. El hambre apretaba como todos los d?as a esas horas. El muchacho sab?a que al llegar a su choza apenas encontrar?a un poco de Nighali (ma?z local) para comer, que tendr?a que lavar a su abuelo enfermo, que ver?a la cara de preocupaci?n de su padre ante las estrecheces b?sicas de su familia y que se acordar?a, como cada d?a desde que el sida se la llev?, de su mam? muerta hace ya tres a?os.

Por eso no pudo rechazar la oferta de ese extra?o que le abord? en medio del camino pregunt?ndole si quer?a ganar alg?n dinero trabajando. ?Me acord? de mi familia, de mi pap? y sus problemas y quise ayudarles. El hombre parec?a simp?tico. No sospech? nada?, recuerda Oscar con un hilo de voz, casi en monos?labos, hablando en ingl?s sentado en la cama del hospital valenciano donde se recupera.

Sin m?s pre?mbulos, el individuo par? un boda boda (un taxi-bicicleta, habituales en estos caminos rurales de Kenia) y se llev? a Oscar hasta su casa en el cercano pueblo de Kibachenje, donde se supone que deb?a trabajar. La hospitalidad africana se impuso sobre cualquier explicaci?n y el due?o de la casa le ofreci? al joven una taza de t? (la bebida nacional, herencia de la colonia brit?nica) mientras descansaba.

Apenas unos minutos despu?s Oscar comenz? a marearse y se derrumb? sobre el suelo de tierra de la choza. Todav?a estaba consciente cuando sinti? c?mo le cog?an entre dos hombres, le sacaban de la construcci?n y lo llevaban hasta una cercana plantaci?n de ca?a de az?car. ?Uno me agarraba con fuerza mientras el otro me baj? los pantalones. Entonces sac? un cuchillo y trat? de cortarme la hombr?a. Resist? lo que pude pero no ten?a fuerzas.Lo ?ltimo que recuerdo fue un corte muy doloroso en mi oreja antes de desmayarme. Cuando me despert?, hab?a unos perros lami?ndome las heridas?, recuerda Oscar.

Aturdido, mareado, y casi moribundo, el joven se arrastr? como pudo desde el ca?averal hasta el camino donde le recogi? un camionero y lo llev? al hospital del distrito de Bungoma. Lleg? sin oreja izquierda, sin test?culos, sin pene y con grandes cortes en uno de sus brazos. Sobrevivi? de milagro. Cuando recuper? la consciencia y comprendi? su situaci?n se quiso morir de verdad. Ya no era hombre, estaba deformado y su brazo inutilizado. Nunca m?s podr?a ayudar a su padre a ganar dinero...

Al volver la cabeza vio en el camastro vecino a otro ni?o con sus partes vendadas. Se miraron, se reconocieron como miembros de la misma tribu de los bukusu y comenzaron a hablar en su dialecto, el laya. ?Hola, me llamo Philip Barasa, tengo 11 a?os, y a m? tambi?n me han quitado la hombr?a?, le dijo su compa?ero de infortunio.

Philip le cont? c?mo unos d?as antes tambi?n se encontr? con un extra?o que le invit? a una taza de t? cuando recorr?a, andando, los 35 kil?metros que separan la casa donde viv?a con su hermana, en la aldea de Mumias, del hospital de Malakisi, donde su madre agoniza tambi?n a causa del VIH. Su padre muri? hace tres a?os y por ser el menor de nueve hermanos, Philip tuvo que dejar entonces la escuela.


DROGA EN EL T?


Fue en otra aldea, Kipchenje, cercana a la que visit? Oscar, donde el cr?o se desmay? instant?neamente bajo los efectos de la droga que conten?a aquel t?. ?Cuando me despert? era de noche y estaba semienterrado en medio de una plantaci?n de ca?a de az?car. Sent? un dolor muy fuerte ah? abajo. Sangraba mucho.Consegu? arrastrarme a la aldea y me desmay?. Luego me despert? aqu?...?, cont? Philip a su nuevo amigo.

Presenciando aquella conversaci?n estaba un m?dico blanco ya jubilado, el cardi?logo canadiense Ken Jones, que mantiene el hospital de Bungoma, con m?s de 3.000 pacientes a su cargo, a trav?s de la fundaci?n que preside. El hombre, con una gran experiencia en Africa, llevaba a?os oyendo historias de este tipo pero nunca se hab?a encontrado directamente con ninguna.

??sta es una zona especialmente pobre. La renta per c?pita no pasa de los cuatro euros mensuales y el ?ndice medio de sida es de un 30%, tres veces m?s del dato oficial que maneja el Gobierno.Hay zonas, como la que rodea al monte Elgon, que llega hasta el 84% por ser un lugar de paso de muchos camioneros. Es imposible encontrar a una familia que no haya perdido a alguno de sus miembros a causa de la pandemia. Por eso, la mayor?a recurre a todo tipo de rituales para luchar contra la enfermedad. Y ?ste es uno de ellos: cortan el pene a un ni?o, lo dejan secar y despu?s lo reducen a polvo para hacer una p?cima que luego consumen con la creencia de que les va a curar?, asegura Jones.

Hablamos con el m?dico en una impecable habitaci?n del Centro de Rehabilitaci?n de Levante donde acompa?a a los peque?os desde que llegaron aqu? a finales de enero. Un c?mulo de benditas casualidades hizo que Jones conociese al m?dico espa?ol Pedro Cavadas, de 39 a?os, especialista en cirug?a reconstructiva, y que ha protagonizado alguno de los hitos m?s importantes en la historia de esta disciplina a nivel mundial.

El m?s notorio de ellos tuvo lugar el pasado a?o cuando consigui? que un brazo amputado se mantuviese vivo nueve d?as tras unirlo a la pierna del paciente, con las venas y arterias de ambas extremidades conectadas, hasta que el brazo fue reimplantado en el mu??n.Hoy, aquel paciente, de nombre Israel, recupera poco a poco la movilidad en todos sus dedos.

?Siempre quise trabajar en Africa. Estuve un tiempo contactando con varios hospitales de todo el continente ofreci?ndome para realizar este tipo de reconstrucciones totalmente gratis. Finalmente optamos por el Rift Valley Provincial General Hospital, ubicado en el distrito de Nakuru, en Kenia, al que pertenece Bungoma.Estuve all? dos semanas, en diciembre pasado, realic? 53 intervenciones, y me encontr? con el caso de estos dos cr?os. Estaban en una situaci?n lamentable: iban arrastrando una sonda que nadie les hab?a cambiado en seis meses y dejando charcos de orina por todos sitios. Y como no ten?amos condiciones para operarles all?, decid? traerlos a Valencia?, asegura Cavadas, a quien este operativo le ha costado de su bolsillo unos 30.000 euros.

As?, a finales de enero, Oscar y Philip iniciaron la gran aventura de su vida. Por primera vez les hicieron una foto (la del pasaporte); por primera vez vieron y montaron en avi?n (el que les trajo a Europa); por primera vez tocaron la nieve (la que hab?a en la escala que hicieron en Amsterdam); y, por primera vez tras su traum?tica experiencia, vieron el lado positivo de la especie humana cuando alguien ayuda al pr?jimo sin nada a cambio.


REIMPLANTACION


El 26 de enero a Oscar le reimplantaron su pabell?n auricular izquierdo, reconstruido con un segmento de cart?lago de sus costillas, y le repararon su brazo da?ado. Dos d?as despu?s le reconstruyeron su pene con piel y segmentos ?seos de su brazo sano. Al d?a siguiente le toc? el turno a Philip que tambi?n recibi? un pene reconstruido del mismo modo. Seg?n Cavadas, en medio a?o ambos habr?n recuperado la sensibilidad en su sexo aunque Oscar no podr? concebir hijos al no tener test?culos.

?Este tipo de operaciones no son una novedad porque son las mismas que se emplean en el cambio de sexo. Lo novedoso es, por desgracia, su historia vital. Oscar necesitar? un suministro c?clico de hormonas para poder tener actividad sexual mientras que el caso de Philip es m?s sencillo. No tendr? problemas en el futuro.Cuando llegaron aqu? apenas hablaban y no sonre?an, lo que en un ni?o africano es decir mucho. Pero luego, cuando se vieron con su cosa ah? plantada se pusieron muy contentos. Incluso bromeaban entre ellos porque el tama?o es notablemente mayor al que les corresponde por su edad, porque este tipo de reimplantes no crecen al ritmo normal del resto del cuerpo de un cr?o. Y hay que dise?arlos entre un 60 y un 80% del tama?o que alcanzar?n en la edad adulta?, comenta el m?dico valenciano.

Acompa?amos al doctor hasta la habitaci?n 129 del hospital donde se recuperan los cr?os. Les encontramos sentados en sus camas, jugando con unos mu?ecotes que les acaban de regalar y oyendo m?sica africana en un aparato de m?sica que alguien tambi?n regal? a Oscar el d?a de su cumplea?os. Bailan, cantan, se r?en e, incluso, musitan un t?mido hola en castellano ante la llegada de nuevos desconocidos.

Con ellos, adem?s del doctor Jones, simp?tico y cari?oso como pocos, est? tambi?n Carlos, un joven t?cnico que perdi? tres dedos trabajando con una m?quina. Se los han reimplantado y le acaban de dar el alta. Ha querido pasar a despedirse antes de volver a su vida. Les ha regalado unas camisetas del equipo de f?tbol del Valencia del que Oscar y Philip ya son forofos. Incluso ya han recibido una invitaci?n para ir al campo la semana que viene para presenciar un partido en directo.

Mientras, en Kenia, dos hombres han sido arrestados como sospechosos del delito y puestos a disposici?n judicial, seg?n el portavoz de la Polic?a, Jesper Ombati, que a?adi? que es probable que Philip y Oscar deban hacer una ronda de reconocimiento cuando regresen de Espa?a.


NUNCA VISTO


Es la primera vez que en Kenia se produce un suceso como ?ste.Peleas y drogas han estado detr?s de alg?n caso en el que un adulto ha visto sus genitales cortados, pero nunca hab?a ocurrido con ni?os.

La noticia impresion? lo suficiente al ministro keniano de Comercio e Industria, Mukhisa Kituyi: ?Para m? fue un shock, nunca hab?a o?do una cosa as?, no podr?a creer que un adulto fuera capaz de hacerle algo tan brutal a un ni?o?. La pregunta, ahora, es saber si este tipo de rituales son comunes en esta zona de Africa y si estamos hablando de una mafia organizada que se dedica a amputar penes a los ni?os para vender p?cimas contra el sida.

Samuel Mwangi, del Centro de Investigaci?n de Conocimientos Ind?genas de Kenia, afirma que lo ocurrido ?no forma parte de ninguna tradici?n cultural. Hay costumbres africanas que implican la resistencia al dolor o la presencia de sangre, que se bebe o, en el caso de la circuncisi?n de ni?os, se derrama, pero este suceso parece m?s bien la obra de un psic?pata?. El investigador cree que en el ataque a los ni?os pueden haber influido ?teor?as cristiano-sat?nicas que entraron a Kenia en los a?os cincuenta, y que ahora seguramente se mezclan con rumorolog?a sobre el sida?.

La ritual?stica envuelve la lucha cotidiana de los africanos contra la pandemia. En Sud?frica, uno de los pa?ses m?s afectados, el 20% de las violaciones denunciadas se cometen sobre menores de 11 a?os. Las autoridades las achacan a la creencia de que mantener relaciones sexuales con una virgen proteger? al var?n contra la enfermedad. En otros pa?ses se usa el semen de la primera masturbaci?n de un adolescente como remedio o se bebe la sangre caliente de un mono.

Ajenos a todo esto, Oscar y Philip resucitan d?a a d?a en su habitaci?n del hospital. Las enfermeras dicen que continuamente intentan hacer el trueque con ellas, algo que los africanos llevan en la sangre desde hace generaciones. Les gusta el arroz (no la paella) y prefieren la carne de pollo. Les preguntamos si quieren volver a su casa. ?S?, pero no ma?ana?, dice Oscar en ingl?s, tratando de ocultar su lado izquierdo de la cara, el m?s da?ado. A su lado, Philip r?e de oreja a oreja. Sus enormes ojos brillan como tizones. Ahora ya vuelve a ser un ni?o africano, de esos que r?en porque recuper? la hombr?a que otros le quitaron...

http://www.elmundo.es/cronica/2005/488/1108854002.html
    Con informaci?n de I. Cremades (Nairobi).

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