Jueves, 13 de octubre de 2005

Firmante: Carolyn Moynihan
12-10-2005
113/05

Hace cincuenta a?os, antes de la expansi?n de las meg?polis, la globalizaci?n y los matrimonios de dos sueldos, hab?a un rito cotidiano llamado comida familiar, que reun?a a padres e hijos alrededor de la mesa. Y no solo para comer, sino tambi?n para contarse c?mo hab?a ido el d?a, escuchar a los dem?s y estrechar los lazos familiares.

?Un mito? Quiz?s. A decir verdad, tambi?n hace cincuenta a?os hab?a empleados con turno de noche, padres que viajaban mucho y madres que trabajaban fuera de casa. Hab?a profesionales que sal?an tarde del trabajo y pap?s que pasaban por la taberna antes de ir a casa, tambi?n tarde. La conversaci?n en la mesa tal vez consist?a, muchas veces, en peleas entre los chicos y exhortaciones de los padres: "esos modales...", "acost?mbrate a comerte lo que te pongan"... ?Para qui?n no ser?a un alivio, a veces, poder librarse de la compa??a de sus personas m?s cercanas y m?s queridas para dedicarse a sus aficiones!

De todas formas, el mito de la comida familiar encierra una verdad esencial sobre la vida dom?stica y el bienestar personal que en nuestro mundo individualista y tecnificado solemos olvidar. Esto es lo que descubri? la periodista norteamericana Miriam Weinstein en el curso de un estudio sobre alimentaci?n, y lo que le movi? a escribir "El asombroso poder de las comidas familiares: C?mo nos hacemos m?s inteligentes, fuertes, sanos y felices comiendo juntos" (1). El mismo t?tulo hace afirmaciones atrevidas, basadas sin embargo no en tradiciones y mitos, sino en estudios cient?ficos, en gran parte sobre adolescentes.

Para prevenir problemas

Veamos, por ejemplo, el estudio que motiv? el trabajo de Weinstein. El objetivo del Centro Nacional sobre Adicciones y Drogas (CASA), de la Universidad de Columbia, es que los j?venes no caigan en conductas destructivas (consumo de drogas, alcohol y tabaco, as? como embarazos de adolescentes). En 1996 hizo un estudio para ver si hab?a algo caracter?stico de los chicos que no presentan tales problemas. Para sorpresa de los investigadores, result? que comer en familia era m?s importante que la asistencia a la iglesia o las notas.


Desde entonces, el CASA viene repitiendo esta encuesta todos los a?os. La de 2003 muestra significativas diferencias entre dos grupos de adolescentes, seg?n la frecuencia con que comen en familia: dos o al menos cinco veces por semana. En el segundo grupo son m?s los que dicen no haber probado nunca el tabaco (85%, contra el 65% en el primer grupo), el alcohol (68% contra 47%) o la marihuana (88% contra 71%). Esos mismos chicos presentan tambi?n menos problemas de ansiedad y tedio, y sacan mejores notas.

A resultados similares han llegado Marla E. Eisenberg y sus colegas (Universidad de Minnesota), que en 1998-99 reunieron datos de 4.767 adolescentes de distintas zonas. Seg?n este estudio, comer en familia habitualmente contribuye a prevenir depresiones y suicidios, especialmente entre las chicas. La influencia negativa de no comer en familia se mantiene aun entre los chicos que dicen tener "buenas relaciones" con sus padres, as? como una vez descontada la influencia de la situaci?n matrimonial, el grado de instrucci?n, la raza y el nivel socio-econ?mico de los padres. Los autores del estudio aventuran que "quiz?s las comidas en familia proporcionan a los padres una ocasi?n, formal o informal, de atender al bienestar emocional de sus hijos adolescentes, las chicas en especial".

De los j?venes estudiados por los investigadores de Minnesota, solo una cuarta parte hac?a siete o m?s comidas en familia por semana, y un tercio, una o dos, o ninguna. Pero hay indicios de mejora: las encuestas CASA muestran un aumento de la proporci?n de adolescentes que comen en familia no menos de cinco veces a la semana: del 47% en 1998 al 61% en 2003.

Una ocasi?n para hablar

Si las comidas familiares no hicieran m?s que prevenir el consumo de drogas en adolescentes, solo por eso valdr?a la pena tenerlas. Pero, naturalmente, hacen mucho m?s que eso. Previenen males porque antes han cumplido una tarea m?s fundamental. Como dice Weinstein, "estas comidas permiten a los hijos comunicarse regularmente con los padres, y a los padres comunicarse con los hijos. Nos conectan con nuestras tradiciones religiosas, culturales y familiares".

Regularidad es lo que ante todo Weinstein tiene en mente cuando llama "ritual" a la comida familiar. No es algo que hayamos de reinventar todos los d?as, algo que nos exija empe?o para que sea un tiempo de convivencia familiar con "calidad"; es algo que pr?cticamente cualquiera puede hacer. La comida familiar "saca partido de necesidades biol?gicas y sociales b?sicas. Nos permite realizar aquello en que consiste ser una familia: cuidamos unos de otros, compartimos cosas, recorremos juntos el camino de la vida". Esta intimidad natural es la base sobre la que luego se levanta la "calidad". "Los investigadores descubren que nuestros m?s significativos recuerdos de la infancia no son grandes acontecimientos, como espect?culos o eventos deportivos, sino m?s bien el cari?o mutuo, el compartir, el pasar tiempo juntos", dice Weinstein.

Pero el sentido religioso del "rito" no est? fuera de lugar cuando hablamos de las comidas familiares, como han aprendido tantas generaciones acostumbradas desde la infancia a bendecir la mesa, y Weinstein, de tradici?n jud?a, no teme traerlo a colaci?n. "Dedicarnos tiempo, hacer de nuestra mesa lo que una mujer que entrevist? llamaba 'un peque?o lugar santo', constituye un oasis en nuestro ajetreado mundo", dice. Podr?amos ir m?s all? y decir, con James Stenson en su web Parent Leadership (http://www.parentleadership.com/), que la comida familiar es "un tiempo sagrado para compartir, en el que invocamos la bendici?n de Dios sobre la familia y nos tratamos con cordial respeto".

Aprendizaje de virtudes

Stenson hace este comentario a prop?sito de las buenas manera en la mesa, asunto que vuelve a ponerse de moda ahora que los padres criados en los tiempos del "todo vale", en los a?os sesenta y setenta, se descubren desprovistos de recursos para preparar a sus hijos para la vida social.

Una comida que re?ne a la familia entera ?y que no es saboteada por la televisi?n (el 53% de los adolescentes encuestados para un estudio piloto en Minnesota dec?an que sol?an ver la tele durante las comidas), el tel?fono, mensajes de m?vil, Internet, videojuegos o alguien que se levanta de la mesa antes de tiempo para acudir a una cita? es sin duda el entorno ideal para aprender a comportarse en la mesa. Desde peque?os, los ni?os aprender?n del ejemplo de sus padres e ir?n adquiriendo el h?bito de las buenas maneras (?o de las malas!).

Aprender?n, como se?ala Weinstein, cosas tan elementales como qu? cantidad es razonable ponerse o en qu? consiste una comida equilibrada; a privarse de tomar algo fuera de hora para que todos tengan apetito al momento de sentarse a la mesa; a hacer pausas para conversar, y as? evitar comer demasiado (nuestro organismo necesita veinte minutos para tener sensaci?n de saciedad) y tambi?n los melindres. De este modo los ni?os estar?n protegidos contra la obesidad, y las ni?as, en especial, contra la anorexia y otros trastornos alimentarios.

Comer en familia tambi?n ense?a a los ni?os a mantener una conversaci?n ?a escuchar y a contar? y, al parecer, les suministra la mayor parte de su vocabulario.

Adem?s ?y esto es m?s importante?, las comidas son ocasiones naturales para asimilar la historia y los valores de la familia, y a aplicar esos valores en la vida cotidiana y a los problemas y oportunidades que encontrar?n en la sociedad. Muchos de esos valores pueden hacerse virtudes alrededor de la mesa misma: estar atento a las necesidades de los dem?s, levantar el ?nimo con una an?cdota divertida, generosidad para dejar a otro la mejor porci?n de postre...; o inmediatamente antes y despu?s: cuando los ni?os ayudan a preparar la comida y a quitar la mesa y fregar los platos, aprenden a servir a los dem?s y tambi?n a cuidar de s? mismos.

Una forma f?cil de cuidar la familia

Con todo esto y mucho m?s a su favor, ?por qu? ha deca?do la comida familiar? Act?an, por una parte, fuerzas exteriores, como la competencia de la comida r?pida y las distracciones electr?nicas que tanto se han multiplicado. Por otra parte, hay tambi?n factores como el trabajo de las madres fuera del hogar (el estudio de Minnesota muestra una correlaci?n entre comidas familiares y madres que solo trabajan como amas de casa), horarios de trabajo excesivos (sobre todo entre los padres), ni?os con demasiadas actividades (entrenamientos, nataci?n, clases de m?sica...) y madres separadas o solas.

Pero, con excepci?n de la madre sola (un padre que vive en alguna parte pero nunca est? a la mesa es un obst?culo permanente, psicol?gico y tambi?n pr?ctico, para la cena familiar), ?no son, en el fondo, excusas todas o casi todas las dem?s razones para no comer en familia?

En un reciente art?culo del "Wall Street Journal" (29-07-2005), el editor neoyorquino Cameron Stracher indicaba una raz?n, que por lo general no se reconoce, del declive de las comidas en familia: los padres no quieren comer con sus hijos. Dec?a Stracher: "Muchos hombres dicen que, si hubieran de escoger entre tiempo y dinero, optar?an por el tiempo; en realidad, escogen el dinero. Al fin y al cabo, ?qui?n quiere hab?rselas con una ni?a de seis a?os presa de una rabieta porque le han puesto la pasta con salsa verde? Es mucho m?s c?modo quedarse en la oficina, encargar la cena, tomar una cerveza y volver a casa cuando los ni?os ya est?n durmiendo. Hay familias en que padre y madre est?n en casa pero esperan para cenar hasta que los ni?os se hayan ido a la cama. Como me dijo una madre: 'No es divertido comer con ellos'".

Stracher, por su parte, ha decidido cooperar: ha instaurado las "cenas con pap?", comprometi?ndose a cenar con su mujer y sus dos hijos al menos cinco noches por semana durante un a?o entero.

Nadie deber?a restar importancia a las fuerzas que hoy amenazan la cohesi?n de la familia y convierten a sus miembros en compa?eros de piso que comen solos y tienen su comunidad en otra parte. Comer juntos no es todo, cuando se trata de intimidad familiar y del bienestar de los peque?os; pero sin duda es una parte y, como Weinstein sugiere, la parte m?s factible. A?adamos fuerza de voluntad y la comida familiar recobrar? su puesto en el hogar.

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(1) Miriam Weinstein, "The Surprising Power of Family Meals: How Eating Together Makes Us Smarter, Stronger, Healthier and Happier", Steerforth, Hanover (EE.UU.), 2005, 272 p?gs, 22,95 $.


Publicado por Galsuinda @ 19:21  | Educaci?n
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