Domingo, 30 de octubre de 2005


Yo abort? y todav?a a veces tengo miedo a lo desconocido, miedo a no aceptarme como mujer, miedo a los ni?os y miedo a las embarazadas.



Hace varios domingos escuche un programa de televisi?n en el que aparec?a la Asociaci?n de V?ctimas del Aborto. Me llam? la atenci?n que estuvi?rais all?. No s? por qu?. Quiz? porque os esperaba hac?a mucho tiempo. He escrito mi experiencia del aborto porque siempre quise poner todas mis notas juntas: el principio, el durante y el despu?s. Y es ahora cuando puedo poner un despu?s.

La historia no est? completa, puesto que mi vida sigue, pero por si sirve de algo, aqu? os la mando. Estoy de acuerdo con muchas cosas que mencionasteis en el programa. No hay informaci?n. No se conocen las alternativas. El aborto no es la ?nica opci?n. Y si no queremos abortar, ?d?nde encontrar el apoyo que necesitamos? Me gustar?a poder hacer algo para que otras puedan tener un camino menos amargo y frustrante que el m?o. Quiero ofrecerme en la medida que yo pueda.

?Quiz? alg?n d?a cuente mi historia?, me dije a m? misma hace 4 a?os. Seguro que, como yo, hay otras mujeres que sintieron la muerte y la vida juntas cuando abortaron. Todas buscamos el significado de nuestra vida desesperadamente. Nadie puede darte el significado de tu vida. Precisamente porque es tu vida, el significado ha de ser tambi?n el tuyo. No se puede buscar fuera, est? dentro de ti y solamente s?lo viviendo se conoce. Cuando sucedi? todo aquello yo viv?a en Inglaterra y llevaba dos a?os compartiendo mi vida con Jon.

Cumplimos tres a?os de convivencia en com?n y decid? explicarle que deseaba que nuestra relaci?n fuera m?s comprometida: quer?a tener hijos con ?l, crecer juntos, compartir las alegr?as y los problemas... ?Vivir! ?l quiz? no sintiera esa necesidad, o quiz? viera en todo ello demasiada responsabilidad. Yo le amaba con locura, o al menos eso sent?a. Despu?s de un a?o esperando un cambio en su actitud e intentando salvar nuestra relaci?n con terapia de pareja, decid? dejar la casa para darnos espacio y tiempo. As? podr?amos pensar en lo que cada uno esperaba de su vida propia y de una vida en com?n. Me result? muy dif?cil dar ese paso, pero cre?a que era lo mejor para los dos.

Nunca olvidar? aquel d?a... Ten?a 37 a?os y hab?a dejado a Jon hac?a una semana. Llevaba un retraso en la menstruaci?n de una o dos semanas y baj? a la farmacia. Compr? una prueba de embarazo que dio positivo. ?No pod?a creerlo! Baj? de nuevo a la farmacia y compr? otra. S?, estaba embarazada. Recuerdo que por unos momentos me volv? loca, estaba fuera de m? y anduve chillando por la casa. No pod?a ser, ?por qu? a m??, ?qu? hab?a para merecer eso? ?No puede ser verdad?, pensaba yo. ??Acaso la vida se ha vuelto contra m??? .

Desde el momento en que Jon y yo hicimos el amor por ?ltima vez hubo varias ocasiones en las que lo pens?. ?Espero no haberme quedado embarazada?, me dec?a. Pero present?a que algo iba a suceder. Muchas veces al acostarme o al pasear por la playa, pensaba en qu? har?a en el supuesto de quedar embarazada. Despu?s de enterarme llor? y llor? hasta el agotamiento. Intentaba tranquilizarme habl?ndome a m? misma, pero algo me dec?a ya que ese ni?o no iba a poder nacer. El d?a que pod?a haber sido el m?s feliz de mi vida se cubri? de una tristeza que lleg? a lo m?s hondo de mis entra?as y que me acompa?? durante mucho tiempo.

Nunca hab?a experimentado una sensaci?n de desamparo, angustia, abandono, desgarro y muerte como la que viv? entonces. Llam? a Isabel, mi mejor amiga en Espa?a. Necesitaba su ayuda para encontrar una cl?nica en Espa?a donde se practicara el aborto, pero que fuera de ?confianza?. Qu? cosas pensaba... Hablamos y acept? ayudarme. Me enter? de que pruebas necesitaba llevar hechas a Espa?a y as? lo hice. ??Por qu? en Espa?a??, me preguntaba Isabel. ?Por lo menos quiero que el entorno me sea familiar, sentirme acogida con el idioma, la cultura?, le explicaba. En Espa?a la gente suele ser afectuosa, expresiva, algo que no estaba muy segura de encontrar en Inglaterra. Quer?a asegurarme al menos eso: un gesto de cercan?a.

Despu?s de ?arreglar? estos asuntos, que para mi sorpresa los hice con serenidad y entereza, sal? de casa a pasear para hacer que las ideas se movieran y no se estancaran en mi cabeza. Hab?a que guardar la calma y descubrir qu? era todo aquello que me estaba pasando. Pasear me relaja, me permite ver las cosas con m?s claridad. Ese d?a me convert? en un zombi que deambulaba por calles y playas. Anduve todo el d?a y pas? por sitios donde anteriormente hab?a vivido, sin rumbo. Conmigo, en silencio, sinti?ndome, escuch?ndome, quiz? esperando una respuesta. De nuevo algo me dec?a que esa muerte pod?a ser un despertar en mi vida.

Era extra?o, todo aquello me resultaba muy confuso. Deseaba que alguien pudiera ayudarme a entender qu? me estaba pasando. Fue mi primera vecina, de unos 65 a?os, quien sorprendida al verme por all? me invit? a un t?. Es cierto que siempre hay alguien que tiende la mano cuando m?s lo necesitas. Fue una invitaci?n para satisfacer la tremenda necesidad que sent?a de ser consolada. Le relat? la confusi?n en la que me sent?a inmersa, la muerte que sent?a dentro de m?. Su acogida fue como la de una madre, sus palabras las de una verdadera amiga. Anteriormente hab?a ya acordado con Jon el vernos esa misma tarde y se acercaba la hora. Me sent?a tranquila seg?n regresaba a casa, aunque no sab?a c?mo iba a reaccionar ante la visita de Jon. Nos saludamos como amigos y ?l acab? llorando porque estaba confuso. Jon no lloraba nunca, aunque s? lo hizo ocasionalmente durante la terapia de pareja. Le acog? como a un ni?o y le expliqu? que alg?n d?a lo entender?a, que todo necesita su tiempo. Pero mientras le hablaba mis pensamientos iban por otra parte.

Me preguntaba a m? misma por qu? le trataba con ese cari?o cuando yo estaba pasando por todo eso, por qu? no le cont? que estaba embarazada, por qu? no le insult?. No lo s?, pero nunca me he arrepentido de c?mo actu? con Jon aquella tarde. Los d?as siguientes estuvieron envueltos en un sufrimiento espantoso, un dolor terrible. Yo iba a trabajar como si nada hubiera sucedido y cuando regresaba a casa sal?a a pasear. En el fondo esperaba respuestas. ??Qu? va a ser de m???, me preguntaba. Mi vida estaba a punto de cambiar dram?ticamente.

?Hacia d?nde me dirig?a? ?Qu? ten?a que hacer? Estaba perdida. No me sent?a abandonada, pero si me sent?a muy perdida. Es una sensaci?n muy extra?a que no puedo explicar mejor. Siempre he tenido miedo a lo desconocido, por eso decid? escribir lo que sent?a, lo que pensaba, y lo que decid?. Escribir me desahogaba y me liberaba, permit?a que los sentimientos e ideas fluyeran y no se estancaran consumi?ndome. Adem?s, me daba la oportunidad de ver c?mo mis decisiones, mis sentimientos, mis temores y mis deseos iban cambiando.

En el tiempo de espera acordado con los m?dicos empec? a sentir c?mo mi cuerpo se transformaba. Me sent?a rara. En parte, me gustaba sentirme mujer: nunca antes lo hab?a sentido y era una sensaci?n maravillosa. Pero a la vez me destroza ba el hecho de que yo misma estaba a punto a destruir todo eso.

Era la segunda vez que era consciente de mi ?voz interior?. La primera fue cuando me separ? de Jon. Pese al amor tan grande que me un?a a el, mi voz me dec?a: ?Por respeto a ti tienes que buscar la vida en ti misma?. Pero esta vez ten?a que desprenderme de algo que llevaba dentro de m?. Desprenderme, romper... ?Por qu? me costaba tanto? Por las noches hablaba con la vida que crec?a dentro de m?, le hablaba y le ped?a perd?n por la decisi?n que hab?a tomado. En varias ocasiones so?? que alg?n d?a me dedicar?a a ayudar a los dem?s. No vi de que manera, ni d?nde, ni a qui?n, pero ah? estaba mi entrega.

Cada d?a que pasaba me reafirmaba en la decisi?n y estaba tranquila, aunque por dentro completamente deshecha. Todo los sentimientos y emociones que me embargaban me hac?an perder la claridad mental que necesitaba. Por la noche llegaba la calma, me escuchaba a m? misma y me notaba diferente. Estaba cambiando mi forma de pensar, mi actitud ante algunas cosas y ante la vida. Dej? de importarme la opini?n de los dem?s con respecto a mi decisi?n y empec? a valorar el respeto a la decisi?n personal, respeto a la libertad de elecci?n. En el fondo era el respeto hacia uno mismo. ?Qu? curioso! Eran cosas que nunca hab?a experimentado y que nunca pens? que pudieran ser tan importantes. Me sent? privilegiada al poder elegir, y precisamente eso me daba fuerzas.

Mi viaje a la cl?nica fue tan tortuoso que llegu? a pensar que el destino iba a ser otro. Part? al aeropuerto de Lutton con mucho tiempo de antelaci?n, pero las carreteras se congestionaron de forma excepcional como resultado de dos accidentes y una lluvia torrencial que imped?a la visibilidad y dificultaba la circulaci?n. En el coche lloraba de angustia y desesperaci?n: no pod?a hacer nada para llegar a tiempo. Si perd?a el vuelo se cerraba la puerta a mi libertad, o eso pensaba. Nadie puede imaginar lo que sufr?, sent? y padec? durante las tres horas de carretera hasta llegar al aeropuerto: im?genes y palabras de odio hacia Jon, hacia m? misma, hacia la humanidad entera. Sent?a una inmensa frustraci?n y Quer?a salir del coche para pedir ayuda, pero todo era imposible porque la lluvia lo cegaba todo. Despu?s de largo tiempo intent? serenarme. Yo no pod?a hacer nada, salvo estar alerta para no equivocarme en la salida de la autopista. Es incre?ble la cantidad de emociones contradictorias que uno puede sentir en segundos. Llegu? con s?lo 10 minutos antes de que el avi?n saliera y, l?gicamente, no me dejaban facturar ni acceder a la puerta de embarque. No recuerdo lo que pas?. Quiz? fuera mi forma de hablar o lo que dije, pero lo cierto es que me dejaron entrar.

Me desplom? en el asiento. Estaba agotada y llor? en silencio durante todo el trayecto. Es curioso: en las notas recogidas durante ese tiempo no tengo nada escrito sobre lo que sucedi? en Espa?a cuando abort?. Es como un par?ntesis en mi vida que est? claro y n?tidamente grabado dentro de m?. Lo recuerdo como si acabara de suceder. El apoyo de Isabel y Leo que me acogieron en su casa y me acompa?aron en la cl?nica fue de un valor incalculable para m?.

En el centro m?dico todo me resultaba fr?o, la sala de espera estaba llena. Se pod?a apreciar en la gente la tristeza, la frustraci?n y el dolor, pero tambi?n la indiferencia, el desamor, el aburrimiento. La diversidad de gestos tan opuestos me impact? tremendamente. Me sent?a muy inc?moda, ten?a ganas de que todo terminara. La conversaci?n con los m?dicos y el psic?logo fue fr?a y distante. Creo recordar que entr? varias veces a hablar con el psic?logo... ?o fue Isabel qui?n lo hizo en mi nombre? No estoy segura. No era capaz de preguntar todo lo que quer?a saber porque estaba conmocionada.

Las enfermeras, sin embargo, fueron un dulce entre tanta amargura. La calidez de sus gestos, sus entra?ables palabras de acogida al entrar y al salir del quir?fano fueron se?al del calor humano, de la delicadeza que el dolor tambi?n posee. Ese mismo d?a por la tarde estuve con mi madre. Hab?amos quedado para abrazarnos y compartir esos momentos tan dif?ciles. ?Qui?n mejor que mi madre podr?a comprender por lo que estaba pasando? Desde el momento en que le cont? por tel?fono mi decisi?n, ella se convirti? en mi amiga. Quiz? esto no pueda ser realidad para muchas mujeres, pero en mi caso la fortaleza y el apoyo de mi madre, su experiencia como mujer y como madre de 8 hijos, fueron muy importantes en ese momento y en lo que despu?s me ha sucedido como consecuencia del aborto.

Como he dicho, el fin de semana en Espa?a fue un par?ntesis en mi vida. Un par?ntesis denso, profundo, impactante, inolvidable. El lunes regresaba al trabajo en Inglaterra como si nada hubiera pasado aunque, para m?, mi vida hab?a dado un giro brusco hacia lo desconocido. Sin gu?a, no ten?a referencias, el papel estaba en blanco, todo estaba por escribirse. Me encontraba como flotando en una nebulosa que segu?a sin aclarase.

Sent? la necesidad de salir de aquel entorno f?sico, de cambiar de lugar. Llevaba 4 a?os en Inglaterra, hab?a dedicado muchos esfuerzos en hacer amigos, en integrarme en la vida inglesa, en sentirme como uno de ellos o, al menos, no sentirme diferente, pero nunca encontr? lo que buscaba. He hecho muy buenos amigos con los que sigo vi?ndome, pero en aquel entonces el entorno no me ayudaba a sentirme a gusto e iniciar mi nuevo camino. Adem?s, de vez en cuando ve?a a Jon y eso no me ayudaba en absoluto.

Fue un a?o de mucha lucha interior y exterior. No pod?a dormir por las noches, perd? el apetito, no me gustaba a m? misma, se me ca?a el pelo exageradamente, me encontraba perdida, aturdida, miserable. Me repet?a a m? misma que no pod?a abandonarme a la pena y la compasi?n. Estaba sola y ten?a que cuidar de m? y salir adelante. Conscientemente aparqu? mi yo interior y mi dolor para poder afrontar todo lo que se avecinaba, para poder actuar con claridad y encontrar el camino de salida.

Busqu? un trabajo que me sacara de all?, y deseaba que fuera en Espa?a. Fue un a?o muy fruct?fero a nivel profesional: hice once entrevistas con las que me sent?a cada vez m?s orgullosa de m? misma. Necesit? mucha fuerza de voluntad y decisi?n, mucha energ?a y entusiasmo para seguir con mi vida normal: hacer deporte pese al agotamiento f?sico que ten?a, salir con los amigos, ayudar como voluntaria... Cualquier cosa con tal de no caer en la depresi?n y el abandono. No sab?a de d?nde ven?a toda esa energ?a, pero me sent?a ilusionada porque estaba tomando las riendas de mi vida.

A trav?s del aborto supe que algo nuevo iba a llegar a mi vida y en esos momentos se estaba preparando el camino: despu?s de casi un a?o de b?squeda... ?consegu? trabajo en Espa?a! No s? que me hab?a imaginado que era volver a Espa?a. Quiz? lo ve?a como una soluci?n, como el sentido de mi vida. Qu? ilusa... Despu?s de 5 a?os fuera de Espa?a todo hab?a cambiado. Incluso los amigos y la familia. Ten?a que empezar desde el principio. Pero no sab?a c?mo hacerlo. Hubo momentos en los que me sent? desorientada, sin rumbo, sin sentido, fracasada, impotente, vac?a, sin entender qu? es lo que suced?a. No sab?a que hacer. Si ped?a ayuda, ?qu? tipo de ayuda? Ni yo misma sab?a qu? era lo que me pasaba. Era toda una contradicci?n.

A veces me encontraba euf?rica, repleta de energ?a. Buscaba con ansias no s? el qu?. Quer?a cambiar, pero no sab?a c?mo. Quer?a conocer cosas nuevas, pero no sab?a cu?les. Algo grande burbujeaba dentro pero no pod?a salir. Ten?a una sensaci?n muy extra?a que me frustraba, no encontraba salida. Otras veces no me encontraba agusto conmigo misma, no me gustaba, no ten?a ganas de hacer cosas. Mis fuerzas flaqueaban pese a que ten?a a la familia cerca.

?D?nde estaban el coraje y la energ?a que me ayudaron a salir de Inglaterra? Siempre ten?a ganas de llorar. Lloraba mucho y segu?a escribiendo. En m? hab?a una mezcla de sentimientos de tristeza, frustraci?n, impotencia, rabia, desamor... Al poco tiempo me di cuenta que esa contradicci?n la llevaba dentro desde hac?a mucho tiempo. Mucho antes de todo lo que pas? en Inglaterra. Incluso puede que se remontara a mi juventud. Mi trabajo me ocupaba la mayor parte del tiempo.

Durante los fines de semana me form? como terapeuta de Shiatsu (masaje terap?utico). Fue con el Shiatsu con el que sent? la necesidad de trabajar en m? todo aquel dolor que aparqu? en Inglaterra, la muerte y la vida en la experiencia del aborto, el cambio brusco que dio mi vida, el temor a la incertidumbre, mis miedos y complejos, mi falta de autoestima. Hab?an pasado los a?os y aquello no se hab?a curado, estaba esperando el momento para salir. Ten?a que pedir ayuda. Era la segunda vez en mi vida que ped?a ayuda. No sab?a c?mo, ni d?nde, ni a qui?n porque no nos ense?an a pedir ayuda, tenemos que ser autosuficientes. Pero de nuevo me tendieron mano sin esperarlo y as? es como me enrol? en el camino del descubrimiento y crecimiento personal.

En este camino de descubrimiento descubr?a que mi vida era, en el fondo, buscar la aprobaci?n de los dem?s. Mi propio sentir, mi yo, hab?a sido dejado a un lado en muchas ocasiones. Mi miedo a lo desconocido, a la incertidumbre y a la inseguridad hab?an hecho que buscara respuestas en la Religi?n, en el trabajo, en relaciones con hombres que nunca cuajaron... Buscaba en otros. Mis miedos hab?an hecho que me agarrara a lo que estaba establecido, se conoc?a y estaba aceptado socialmente. As? cre?a que me encontraba segura, pero siempre hubo algo de insatisfacci?n en m?. Hab?a una b?squeda constante. ?Pero qu? buscaba? Me di cuenta de que esa insatisfacci?n exist?a porque siempre he buscado fuera y no dentro de m?. Al abortar romp? con el pasado, de alguna forma me desprend? de ?l y sin darme cuenta me hab?a lanzado a la incertidumbre que siempre hab?a temido. T

odav?a a veces tengo miedo a lo desconocido, miedo a no aceptarme como mujer, miedo a los ni?os, miedo a las embarazadas, miedo a entablar una relaci?n con un hombre, miedo a vivir mi vida, a no saber c?mo hacerlo. El aborto me supuso una liberaci?n de las ataduras con la vida que antes llevaba, pero tambi?n fue negarme como mujer. La bondad y sencillez de mis sobrinos y los hijos de mis amigos han hecho que me entregara a ellos sin remordimiento. Cre? que nunca podr?a volver a jugar con los ni?os.

Todas las embarazadas que han disfrutado de mis Shiatsus han sido terapia para m? sin ellas saberlo. Ten?a p?nico a entablar conversaci?n con una embarazada, a que me contaran lo que sent?an. So?aba con embarazos frustrados. So?aba que la embarazada era yo. M?s dif?cil a?n me resultaba establecer una relaci?n con un hombre. He estado con dos hombres desde que regres? a Espa?a.

Las dos relaciones comenzaron porque a ellos les gustaba yo y no porque ellos me gustasen a m?. Ese fue el primer error. De nuevo, mi b?squeda de aprobaci?n exterior, la falta de autoestima. Con el primero tuve terror de quedarme embarazada: ese miedo era enfermizo y se hizo obsesivo, pese a todos los medios que pon?a para evitarlo. No me sent?a a gusto con ?l, pero necesitaba probarme y saber si era capaz de estar con un hombre. La situaci?n se me hizo insoportable y dentro de toda mi confusi?n decid? dejarle.

En mi segunda relaci?n tambi?n fui yo quien plante? que deb?amos dejarnos. ?Por qu? me met? en ella si no me sent?a atra?a por ?l? Fui clara con ?l y conmigo. Estaba en un proceso de cambio y as? lo expres?. Estaba dispuesta a arriesgarme en este intento y descubrir mis miedos con los hombres. ?l era una bella persona y me hac?a sentirme acogida. Me llev? muchas cosas buenas de esa relaci?n: me ha permitido conocerme un poco m?s y descubrir cosas desconocidas para m?; me he sentido relajada y no he hecho nada que no quisiera; me ha ayudado a superar muchos miedos que hoy pienso son rid?culos pero que anteriormente me hab?an marginado; me ha servido para autoafirmarme...

Me he dado cuenta de que nuestra forma de ver la vida y vivirla es distinta, incompatible. ?l pod?a haber parado todo esto mucho antes, pues no se encontraba muy convencido de la relaci?n. No s? por qu? no lo hizo. Agradezco, sin embargo, que se me concediera un poco m?s de tiempo para yo ser consciente, tiempo para integrar lo que viv?a y reaccionar ante una situaci?n que yo tampoco quer?a. Me ha brindado la oportunidad para darme cuenta una vez m?s de que el respeto hacia uno mismo es lo m?s importante. El sentirse a gusto con uno mismo es vivir. Sigo caminando. ?Hacia d?nde voy? No lo s?. Lo descubrir? en el camino y mientras camino quiero vivir, deseo disfrutar.



Adopcion Espiritual

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