Martes, 01 de noviembre de 2005

Por el equipo de expertos coordinado por el Rev. Michael Mannion

La vuelta al Hogar

Se hab?a hecho un aborto y debido a ello estaba alejada de la Iglesia desde hac?a veinte a?os."?Por qu? decidi? usted regresar a la Iglesia?", le preguntaron. Su respuesta fue sencilla: "Sent? que volver al hogar era lo m?s seguro". No se justific? en manera alguna. Hab?a sufrido mucho a ra?z aborto; a?oraba reconciliarse consigo misma y con los dem?s, sentirse a gusto, perdonada, sanada, como en casa. Sab?a por experiencia propia que la destrucci?n de la vida de su hijo no le hab?a tra?do la paz, sino el tormento. Tal como escribi? un Ellen Wilson: "No se puede garantizar la felicidad a costa de la vida de otro".

Volvi? a la Iglesia, porque la Iglesia es el hogar de los hijos de Dios, una comunidad de fe, una encrucijada sacramental, el encuentro con Dios y con nuestros hermanos; donde los pecados son perdonados y los lazos matrimoniales se forjan.

Algunos temen regresar al hogar, porque piensan que su lo que hicieron es incompatible con la Iglesia: "En un tiempo yo fui cristiano; ahora ya no pertenezco". "S? que la Iglesia es inflexible contra el aborto. Quisiera regresar, pero no puedo". "Yo mat? a mi hijo. Hay demasiada incompatibilidad entre lo que la Iglesia representa y quien yo soy. Todav?a me siento inc?modo al pasar frente a una iglesia."

A todo esto, la Iglesia compasiva les dice, por medio del poder y la autoridad que Jesucristo le ha conferido: "Si existe un medio de apartarse del hogar, tambi?n hay un modo de regresar. Hay manera de reconciliarse" (Juan Pablo II, 1994).

La Iglesia es, pues, ese hogar en el cual la mujer que ha abortado puede reencontrar, o quiz?s descubra por primera vez, la bondad de Dios y el valor de su persona, por encima del mal que hizo, pues ?l, como Padre, no desea m?s que regrese al hogar.

La reconciliaci?n con Dios: iniciativa del Padre

Seg?n la par?bola del Hijo Pr?digo, la reconciliaci?n es un don de Dios, una iniciativa de su parte. Nos regocijamos en Dios por medio de Nuestro Se?or Jesucristo, por quien hemos recibido nuestra reconciliaci?n (cfr. Rom. 5,10; Col. 1:20).

La reconciliaci?n con Dios tiene su fundamento en la autoridad espiritual de la Iglesia. La terapia y los consejos pueden ayudarnos mucho, pero solamente el Autor de la Vida tiene en definitiva el poder de perdonarnos y curarnos definitivamente.

Si la Iglesia, por medio del poder del Esp?ritu y en el nombre del Padre, no puede perdonar el aborto, entonces la muerte de Cristo por nuestro amor en la cruz carecer?a de valor. Sabemos que eso no es as?: "Nos alegramos en Dios mediante nuestro Se?or Jesucristo, pues por Cristo hemos sido reconciliados con Dios"(Rom. 5:11). Por eso, el proceso de la curaci?n postaborto es una traves?a en la fe. Debo creer que el sacrificio de amor de Cristo en la cruz fue suficiente para perdonar mi pecado.

El reencuentro con Cristo y su Iglesia

Los a?os pasados desde que la mujer se practic? el aborto hasta que inicia su regreso al hogar, son en muchos casos unos a?os de ira y depresi?n, de miedo y frustraci?n, de negaci?n o confrontaci?n. La realidad es obvia: El aborto es un acto de violencia con disfraz compasivo. Aunque muchos al principio no lo ven as?, el tiempo se encargar? de demostrar que la pena es una consecuencia l?gica de la muerte y que no podr?n olvidar al hijo que no conocieron.

El regreso al hogar es con frecuencia una intensa traves?a espiritual que comienza con la sensaci?n de vac?o, debida no s?lo a lo que la muerte dej?, sino tambi?n a la ausencia de Dios en el alma. Es un proceso de crecimiento y desarrollo espiritual a trav?s del cual la persona llega a tener un conocimiento verdadero, de mente y coraz?n, de Jesucristo y una experiencia personal de su amor. La persona debe profundizar continuamente su relaci?n con Cristo, presente en la Eucarist?a, en su Palabra, y en la Comunidad de la Iglesia. Sin embargo, los que est?n lejos del hogar deben primero ansiar ese retorno.

Desafortunadamente, muchas personas transigen con su pasado y buscan sustitutivos tales como el abuso del alcohol y las drogas, las relaciones emocionales negativas, la promiscuidad, o el activismo proaborto o "pro-choice". Sustitutos que s?lo sirven para agrandar la distancia entre nuestro propio dolor -encerrado y reprimido- y la realidad de nuestra vida diaria. Algunas veces toma mucho tiempo darse cuenta de cu?l es la causa del propio dolor, y todav?a m?s el saber afrontarlo.

La historia de la Iglesia est? llena de momentos de santidad y de pecado, lo cual nos deber?a servir para reconocer tambi?n nuestro pecado y nuestra necesidad de la gracia de Dios. La compasi?n hacia los otros procede de lo profundo del reconocimiento de nuestro propio quebranto y de la curaci?n que se nos otorg?. "Usted puede llamar a Dios Amor, puede llamar a Dios Bondad, pero el mejor nombre de Dios es Compasi?n", escribe el gran m?stico Meister Eckhart.

El marco pastoral, b?blico y sacramental de la curaci?n postaborto

En la comunidad cat?lica hay todo un marco pastoral, b?blico y sacramental donde se puede alcanzar la curaci?n postaborto. "Dios busca el regreso de su hijo, lo abraza cuando llega y prepara el banquete de para celebrar la nueva reconciliaci?n" (Sobre Reconciliaci?n y Penitencia). La mujer que ha abortado no s?lo es tolerada cuando regresa al hogar, sino bienvenida. Los Pedro, los Pablo y los Agust?n e incontables otros que fueron hijos pr?digo nos recuerdan c?mo Dios utiliza a los que se convierten del pecado, para que ellos a su vez sean instrumentos de reconciliaci?n de otros muchos. Ciertamente, algunos de los l?deres m?s eficaces del movimiento pro vida y de curaci?n postaborto son los que fueron una vez, no s?lo v?ctimas, sino partidarios del aborto.

La Iglesia da la bienvenida

El enfoque pastoral es consciente de la profunda conversi?n que se requiere para obtener la reconciliaci?n, a fin de que la experiencia sacramental no sea algo temporal y superficial. Sin embargo, todo esto debe llevarse a cabo dentro de una atm?sfera de amor, de amistad y bienvenida. Si no se dan estos requisitos, probablemente la persona no permanecer? lo suficiente para profundizar en el mensaje del amor de Dios y completar su proceso de curaci?n.

Algunos temen que el amor y la aceptaci?n de la madre o del padre del ni?o abortado vaya a significar una aceptaci?n con su pasado. Hay que vencer este temor, reconociendo que entre los dos extremos contraproducentes, los de la condenaci?n y la tolerancia, est? el punto de equilibrio de la compasi?n. La condenaci?n o la tolerancia, no s?lo no logran casi nada, sino que adem?s impiden que la gracia salvadora de Dios se derrame sobre las almas. S?lo mostrando compasi?n y estando convencidos de la dignidad sagrada de la vida humana desde el momento de la concepci?n, es como podremos ayudar a quien regresa, para que profundice en la causa de su dolor y se abra al plan salvador de Dios.

Conversi?n progresiva y profunda

El proceso de curaci?n implica una conversi?n progresiva y un examen exhaustivo de su proceso. Todo lo relacionado con el aborto (personas, lugares y cosas conducentes a ?l) deben ser revisados a la luz del plan de Dios y aplicados a la vida presente de la persona. Si el aborto se considera s?lo como un "momento aislado" de la vida, es muy posible que se pueda repetir. Por lo tanto, es muy importante preguntarse: "?Qu? es lo que influy? para que tomar? esta decisi?n en ese momento tan vulnerable de mi vida?,?en qu? debo yo cambiar?, ?qu? debo abandonar?, ?qu? debo enderezar aqu? y ahora, para que pueda aceptar completamente y sentir la gracia sanadora de Dios y para que el aborto no se vuelva a repetir?"

Una respuesta franca a estas preguntas y un profundo compromiso con sus respuestas conducen a una verdadera metanoia y penitencia. Cambiar de vida a la luz de la Palabra de Dios y en armon?a con el cambio de parecer" (Sobre Reconciliaci?n y Penitencia, p.10).

El contexto pastoral desemboca en la vivencia b?blica cuando la v?ctima del aborto traza su propia historia. Es ?til para ello que la persona escriba su propio relato varias veces, identificando cada vez sus sucesos con sucesos b?blicos comparables. La mujer que abort?, por ejemplo, puede identificarse con los personajes b?blicos que lucharon para ser fieles a Dios -que incluso llegaron hasta dar la vida-, mientras a su alrededor estaban clamando la muerte: Abrah?n, Mois?s, David. Las mujeres de la historia b?blica, Sara, Rut y Ester, entre otras, pueden ser servir de inspiraci?n, no solamente por sus ?xitos, sino tambi?n por sus temores y fracasos. ?Cu?ndo, c?mo, por qu? me sent? como aqu?lla persona de la Biblia?

La necesidad de perdonar

Generalmente, no somos libres porque no sabemos perdonar. La libertad espiritual, psicol?gica y a?n f?sica de la mujer que ha abortado puede tener mucho que ver con su capacidad de perdonar a quienes tomaron parte en el aborto. Todos los que la animaron o a?n guardaron silencio durante el acontecimiento pueden jugar un papel importante en su viaje hacia la curaci?n y la reconciliaci?n. Ella todav?a tiene que perdonar a su beb? por venir "en un tiempo inoportuno". Su novio, su marido, el m?dico o la enfermera que la atendieron, su padre o aquella amiga... todos ellos tienen que ver con su dolor y con su camino hacia la curaci?n y reconciliaci?n.

La conversi?n del coraz?n generalmente precede a la intelectual. No "pensamos" un nuevo estilo de vida, sino que experimentamos y vivimos "un nuevo modo de pensar". La conversi?n del coraz?n es iniciada por la gracia de Dios, a menudo mediante el contacto con una Iglesia pastoral, amante y compasiva. Esta conversi?n del coraz?n es la que desencadena el deseo de conocer el contenido de la Revelaci?n y la que lleva a una transformaci?n de la totalidad de la persona.

En esta traves?a hacia la curaci?n no se camina solo, Jesucristo, la Virgen Mar?a y los santos nos acompa?an y ayudan: "El primer medio de esta acci?n salv?fica es la oraci?n. Es seguro que la Sant?sima Virgen, Madre de Cristo y de la Iglesia y de los Santos que han llegado ya al final de su jornada terrenal y poseen la Gloria de Dios, sostienen por medio de su intercesi?n, a sus hermanos peregrinos por el mundo, en el compromiso con la conversi?n, con la fe, con el levantarse otra vez despu?s de cada ca?da, con el actuar a fin de ayudar al crecimiento de la comuni?n y de la paz en el mundo." (Pablo VI, Clausura de la del Concilio Ecum?nico del Vaticano II, 1964)

Los santos no s?lo interceden por las mujeres y hombres que luchan por retornar al seno de la Iglesia, sino que con el ejemplo de sus vidas los ayudan para convertir su sufrimiento en un acto de amor. Ellos nos ense?an a mirar nuestras vidas a la luz del misterio pascual, por medio del cual todo lo que nos sucede debe ser referido seg?n la Vida, Muerte y Resurrecci?n de Nuestro Se?or Jesucristo. No se puede llegar a la Resurrecci?n sin pasar por la Cruz.

El Arzobispo Fulton J. Sheen dijo una vez que "la tragedia m?s grande no es que la gente sufra, si no que no tienen a nadie a qui?n amar y a qui?n ofrecerle su cruz". El proceso curativo expande y dilata nuestra capacidad de amar y de ser amados, por nuestro Dios, por nosotros mismos y por los dem?s.

En el marco de la Crucifixi?n

Jes?s fue clavado en la cruz por nuestros pecados. Mar?a se mantuvo al pie de la cruz con una fe inalterable carente de todo consuelo.

El ni?o abortado tambi?n est? clavado en la cruz de un mundo violento y pecador, que dice no tener sitio para ?l. Y la madre afligida que lo abort? tambi?n se encuentra al pie de esa cruz, despu?s de haber sido enca?ada y de haber negado su propia maternidad.

La relaci?n entre las dos -Mar?a, la Madre de Jes?s y la madre del ni?o abortado- se entrelaza por medio de la Muerte y Resurrecci?n de Jes?s. Son los brazos de Jes?s los que abrazan extendidos desde la Cruz, tanto a su Madre, como a la mujer arrepentida. ?sta ?ltima debe agradecer a Jes?s la amistad, el consuelo y el apoyo que le proporciona su Madre. Es con frecuencia la obscuridad de la fe, la falta de esperanza y la desesperaci?n, lo que impregna y eclipsa la vida de la mujer que abort?. Ella necesita abrirse a la esperanza y fortalecerse en la fe mediante una relaci?n personal con la Madre de Jes?s. Debe saber que Mar?a tambi?n particip? de la obscuridad de la fe al pie de la cruz. Ella tambi?n sufri? y experiment? la p?rdida del Hijo.

La fe no s?lo reconcilia con el Autor de la Vida, sino tambi?n con el ni?o que se perdi?. Todo esto es posible pues "el Amor es m?s poderoso que el pecado" (Su Santidad El Papa Juan Pablo II, en la Enc?clica Sumergirse en la Misericordia, 8;15: AAS 72 (1980), 1233-1207; 1231).

El sacramento de la Reconciliaci?n y de la Penitencia

"Los que se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perd?n de los pecados cometidos contra ?l y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversi?n con su amor, su ejemplo y sus oraciones (LG 11).

Para la recepci?n de este sacramento es importante leer y meditar lo que el Catecismo de la Iglesia Cat?lica ense?a sobre ?l (n?meros 1422-1498).

El sacerdote, como ministro de este sacramento, act?a en "persona Christi". Jes?s confiere este poder de perdonar los pecados, por medio del Esp?ritu Santo, a los ap?stoles, hombres ordinarios, sujetos ellos mismos a la asechanzas del pecado: "Reciban el Esp?ritu Santo. A quienes perdonen sus pecados, les ser?n perdonados; a quienes retengan sus pecados, les ser?n retenidos" (Juan 20:22; Mat. 18:18).

El sacerdote, en la Persona de Cristo, es llamado a relacionarse con el penitente como hermano (tambi?n pecador), como pastor, (buscando la oveja perdida), m?dico (que sana y conforta), maestro (que ense?a la verdad y revela los caminos de Dios) y hasta cierto punto, incluso como juez (quien juzga de acuerdo con la verdad y no seg?n las apariencias).

Para los que dudan del poder del sacramento la pregunta apropiada no es "?puede un hombre perdonar los pecados?, sino, ?puede la Iglesia perdonar los pecados?". Porque la autoridad de un sacerdote determinado no se basa en ?l mismo, sino, en la Iglesia que lo autoriza y le ordena hacerlo, en el nombre de la Iglesia que Jesucristo fund? y respald? con su autoridad.

La recepci?n de este sacramento bien puede ser, por tanto, uno de los principales momentos de la curaci?n postaborto, porque a trav?s de ?l, todos los sucesos de su historia personal convergen hacia el abrazo con Dios. La persona se reconcilia con Dios, con los dem?s y consigo misma.

Antes de la recepci?n de este sacramento, la mujer que ha abortado puede recoger sus pensamientos escritos en un diario y juntarlos a la historia personal que haya escrito. Puede escribirle una carta al ni?o que abort?, llam?ndole por su nombre. A trav?s del aborto ella ha dicho: "T? no eres mi hijo". En lo profundo de su coraz?n, pronto oir? a su hijo que le dice:, "T? eres mi madre." Su hijo, viendo ahora el rostro de Dios, no puede hacer otra cosa que perdonarla. La intercesi?n de su hijo por ella son partes de su traves?a de regreso al hogar. Puede prepararse para el sacramento escogiendo un pasaje b?blico que le ayude a profundizar en el significado de su retorno al Se?or y a su Iglesia, por ejemplo Lucas 15.

El momento ideal para recibir este sacramento ser? cuando la mujer se diga a si misma: "Yo quiero ser perdonada. S? que Dios quiere perdonarme. Quiero decir s? a su llamamiento y cambiar mi vida". El sacerdote puede sugerirle una fecha que preceda inmediatamente a una fecha festiva: Navidad, Pascua Florida, o el d?a de las madres, por ejemplo.

"La confesi?n de los pecados no se puede reducir a un mero intento de liberaci?n psicol?gica, a?n cuando corresponde a esa leg?tima y natural necesidad, inherente en el coraz?n humano, de abrirnos unos hacia otros. Es un acto lit?rgico, solemne por su dram?tica naturaleza, pero humilde y sobrio en la grandeza de su significado. Es el acto del Hijo Pr?digo que regresa a su padre, quien le da la bienvenida con el beso de paz. Es un acto de honradez y valent?a. Es un acto de confiarse, m?s all? del pecado, a la Misericordia que perdona" (Sobre Reconciliaci?n y Penitencia," p. 121).

Para la v?ctima del aborto, que ha experimentado numerosas visitas a terapeutas y consejeros, quienes tal vez pueden haberla ayudado de muchas maneras, pero, sin tener la autoridad de asegurarle el perd?n y la paz de Dios, este elemento es particularmente crucial. El sacramento no es la terapia ni la terapia es el sacramento, pero ambos unidos pueden coincidir, trabajando juntos, hacia la meta com?n de la curaci?n emocional y espiritual. La gracia construye sobre la naturaleza y a trav?s de ella.

La contrici?n es el principio y el meollo de la conversi?n y reconciliaci?n, un rechazo claro y decisivo del pecado cometido por haber ofendido a Dios que me ama tanto, junto con la resoluci?n de no volverlo a cometer. La verdadera contrici?n es extremadamente liberadora, porque nos libera para volver a Dios y para aceptar su Amor. Para muchas mujeres quebrantadas por el aborto, la contrici?n las ha liberado para aceptarse a s? mismas, tras a?os de odiarse y autodespreciarse.

Cristo grit?: "L?zaro, sal fuera". Jesucristo nos invita a salir de las tinieblas de la muerte a la luz redentora de Cristo. "Desatadlo y dejadlo ir " (Juan 11). Somos libres para vivir una vida nueva en Dios.

Reconciliado con Dios, tan s?lo queda acercarme a ?l en la Eucarist?a: "Yo soy el Pan de Vida; el que viene a M? nunca tendr? hambre y quien crea en M? nunca tendr? sed" (Juan 6:35). Se?or, yo soy indigno, pero gracias, gracias, gracias por amarme tanto y perdonarme.

Nota: Este art?culo es parte de la ponencia presentada en la "Conferencia Cumbre Sobre el Per?odo Posterior al Aborto" por un equipo de expertos y coordinado por el Rev. Michael T. Mannion, encargado de la edici?n.

Rev. Michael T. Mannion, S.T.L., M.A., "Abortion and Healing: A Pastoral Church Responds in Word and Sacrament," en Rev. Michael T. Mannion, Post-Abortion Aftermath: A Comprehensive Consideration, Writings Generated by Various Experts at a 'Post-Abortion Summit Conference', (Kansas City: Sheed & Ward, 1994), 106-118. Con la autorizaci?n del autor. Para obtener este libro, dir?jase a: Sheed & Ward, 115 E. Armour Blvd., P.O. Box 419492, Kansas City, MO 64141, U.S.A. o llame al (800) 333-7373


Adopci?n espiritual


Publicado por Galsuinda @ 8:04
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