Mi?rcoles, 02 de noviembre de 2005


Oriana Fallaci


Italia celebrar? un refer?ndum los d?as 12 y 13 de junio donde los ciudadanos de ese pa?s decidir?n si quieren que se permita la investigaci?n con embriones humanos, si se profundiza el desarrollo cient?fico en ?reas como la fertilizaci?n asistida y las pruebas con c?lulas madres. A ra?z de la consulta a la poblaci?n, la escritora Oriana Fallaci public? en el Corriere della Sera un art?culo que El Mundo reproduce ?ntegro por la actualidad que posee el tema en nuestra sociedad y la necesidad de un debate entre ciudadanos debidamente informados. En Italia se votar?n cuatro cuestiones de una ley considerada muy r?gida. El primer punto permitir? derogar el art?culo que impide la investigaci?n sobre embriones ?el asunto m?s controvertido?; mientras que los tres cap?tulos restantes son mucho m?s t?cnicos y depender?n, en esencia, del primero.

No, no me gusta este refer?ndum en el que los mecenados del doctor Frankenstein votar?n por simple partidismo pol?tico o miop?a moral. Es decir, sin razonar con su propia cabeza, sin escuchar a la propia conciencia e, incluso, sin conocer el significado de las palabras c?lulas?madres?ovocito?blastocito?heter?logo?clonaci?n, y ciertamente sin preguntarse o sin entender qu? hay detr?s de la ofensiva en pro de la libertad ilimitada de la investigaci?n cient?fica. De hecho, el 12 de junio no utilizar? mi derecho al voto, y con todo el coraz?n deseo que la ofensiva fracase estrepitosamente. Un deseo que se reforz? el d?a en que en el Liceo Mamiani de Roma el m?s autorizado promotor de las cuatro preguntas referendarias hizo una broma que parece un chiste del jefe de los payasos del viejo teatro de variedades: ?Si el embri?n es vida, masturbarse es un suicidio? (Se?or m?o, a los estudiantes deber?a haberles hablado de libertad y no de masturbaci?n. Les habr?a debido recordar lo que dice Plat?n en el Libro VIII de la Rep?blica, cuando escribe que de la libertad degenerada en libertinaje nace y se desarrolla una mala planta: la mala planta de la tiran?a. No se trata aqu? de masturbarse. Se trata de explicarle a la gente que la libertad ilimitada, es decir sin freno alguno y sin ning?n sentido moral, ya no es Libertad sino libertinaje. Inconsciencia, arbitrio. Se trata de clarificar que, para mantener la Libertad, hay que ponerle l?mites con la raz?n y con el sentido com?n. Con la ?tica. Se trata de reconocer las diferencias que hay entre lo l?cito y lo il?cito). No me gusta este refer?ndum, porque aparte del astuto chantaje con el que la llamada clonaci?n terap?utica justifica sus perversidades, es decir promete curar enfermedades, am?n del obvio cuento de siempre que con ese chantaje se llena los bolsillos (por ejemplo, la industria farmac?utica, cuyo cinismo supera al de los mercaderes de armas), detr?s de este refer?ndum hay, adem?s, un proyecto o, incluso, un objetivo inaceptable y terrible. El proyecto de reinventar al Hombre en el laboratorio, transformarlo en un producto para vender, como un bistec o una bomba. El prop?sito de sustituir a la Naturaleza, manipular la Naturaleza, cambiar o, incluso, desfigurar las ra?ces de la Vida, deshumanizarla masacrando a las criaturas m?s inermes e indefensas.

Es decir, a nuestros hijos jam?s nacidos, a nuestros futuros nosotros mismos, a los embriones humanos que duermen en los congeladores de los bancos o de los institutos de investigaci?n. Masacrarlos, reduci?ndolos a f?rmacos para inyectarse o tragar o, incluso, haci?ndolos crecer lo suficiente para matarlos como se mata un ternero o un cordero y extraerles los tejidos y ?rganos para venderlos como se venden las piezas de recambio de un coche.

Todo esto me recuerda a Un Mundo Feliz de Huxley, s?, al abominable mundo de los hombres Alfa y Beta y Gamma, pero sobre todo me recuerda la obscenidad de la eugenesia con la que Hitler so?aba crear una sociedad formada s?lo por rubios con ojos azules. Me recuerda a los campos de Auschwitz y de Mauthausen, de Dachau y de Birkenau donde, para apresurar la producci?n de la raza aria intensificando los partos gemelares de las rubias con ojos azules, el doctor Mengele hac?a experimentos con los gemelos. Gracias a la ilimitada libertad de investigaci?n que le hab?a concedido Hitler, Mengele martirizaba, asesinaba y, a veces, los viviseccionaba. Por lo tanto, ojo con los cuentos y con las hipocres?as.

Los Frankenstein

Si en lugar de Birkenau, Dachau, etc?tera, ponemos los institutos de investigaci?n gestionados por la democracia, si en vez de gemelos viviseccionados por Mengele, ponemos los embriones humanos que duermen en los congeladores, el discurso no cambia. No en vano, cuando hace ocho a?os los ingleses crearon la oveja Dolly, en vez de saltar de gozo me recorri? un estremecimiento de horror y dije: ?Estamos acabados. Vamos a una sociedad hecha de clones. Volvemos al nazismo?.

Frankenstein y sus mecenados (juristas, periodistas, editorialistas, actrices, fil?sofos, grillos cantarines, miembros de la Academia de L?nceo, pol?ticos en busca de votos, m?dicos en busca de gloria) no quieren o?r ese ?Estamos?acabados, vamos?a?una?sociedad?hecha?de?clones, volvemos?al?nazismo?. Cuando centro el discurso sobre Hitler y sobre el nazismo o sobre Mengele, se hacen los ofendidos e, incluso, los escandalizados. Parlotean de prejuicios y protestan por la ileg?tima comparaci?n. Y despu?s, en el m?s puro estilo bolchevique, te ponen en la picota. Te llaman tonto, meapilas, siervo del Papa y del cardenal Ruini, mercenario de la Iglesia cat?lica. Te rechazan con palabras como retr?grado?oscurantista?reaccionario y, d?ndoselas de neo?iluministas, de progresistas, de vanguardistas, te echan en cara las acostumbradas banalidades.

Repiten que no se le pueden poner calzones cortos a la Ciencia, que el Saber no puede tener freno, que el progreso no puede detenerse, que los hechos son m?s fuertes que las razones y que el mundo camina hacia delante a pesar de los obtusos como t?. Como yo. Con est?pido sosiego declaran que el embri?n no es un ser humano: es una simple?propuesta?de?ser?humano?o?de?ser?vivo, un?simple?conjunto?de?c?lulas?que?no?piensan. Con bufonesca seguridad proclaman que no tiene alma, que el alma existe si existe el pensamiento, que la sede del pensamiento es el cerebro, y el cerebro comienza a desarrollarse dos semanas despu?s de que el embri?n se ha instalado en el ?tero materno.

O que un feto comienza a pensar s?lo al octavo o al noveno mes de embarazo, que, seg?n Santo Tom?s de Aquino, hasta el cuarto mes somos animales y, por ende, es lo mismo proteger los embriones que los chimpanc?s. Es in?til objetar que Santo Tom?s de Aquino vivi? en el 1200 y que de gen?tica entend?a lo mismo que yo de ciclismo. In?til replicar que parapetarse tras el silogismo ?Cerebro?Pensamiento?Alma?igual?Humano? es una estupidez. Una ofensa a la l?gica. Tambi?n los animales tienen cerebro, por favor. Tambi?n los animales piensan. Ergo, si nos atenemos a ese silogismo, tambi?n ellos deber?an tener un alma y ser considerados humanos.

In?til observar, por ?ltimo, que sobre la formaci?n del pensamiento?alma no sabemos absolutamente nada. Ni siquiera lo que se sab?a sobre el ?tomo cuando Enrico Fermi hall? el del uranio 235 y descubri? que su n?cleo med?a una cienmillon?sima de mil?metro y pod?a desintegrar en un momento ciudades como Hiroshima y Nagasaki. ?Y si lo infinitamente peque?o albergase mucho m?s que lo infinitamente grande? ?Y si el cerebro?alma del embri?n midiese todav?a menos que una cienmillon?sima de mil?metro y la miop?a moral (as? como intelectual) no consiguiese descubrirlo? ?Y si, consiguientemente, el embri?n pensase, sufriese como sufrimos nosotros, cuando Zarqaui nos corta la cabeza con su cuchillo halal?

El hecho es que las afirmaciones que no se apoyan en pruebas son teor?as y punto, presuntas certezas por conveniencia o por oportunismo lanzadas como absolutas certezas, puntos de vista basados en el presuntuoso espejismo de recibir un Nobel al que sin pudor alguno y sin m?rito alguno optan y ambicionan muchos descaradamente. Dogmas que no valen m?s que el m?o. Incluso valen mucho menos que el m?o, que no se basa en c?lculos, en conveniencias ni en oportunismo. ?Y cu?l es el m?o? El que expreso en Carta a un ni?o jam?s nacido, un libro que comienza con estas palabras: ?Esta noche he sabido que existes. Una gota de vida escapada de la nada?. Mi dogma es el que repet? en la entrevista al Foglio, cuando los neoiluministas y los progresistas y los vanguardistas aplaudieron la condena a muerte de Terri Schindler o, si ustedes quieren, Terri Schiavo. (A su juicio, culpable de haber dejado de pensar, de no tener ya alma, de no poder asistir todos los domingos a la misa llamada partido de f?tbol). Es verdad que tambi?n yo, sin tener las pruebas que Fermi proporcion? sobre el n?cleo del ?tomo, creo que desde el momento en que el espermatozoide fecunda al ?vulo y la c?lula primaria se convierte en dos c?lulas y despu?s en cuatro y despu?s en ocho y despu?s en diecis?is, en definitiva empieza a multiplicarse, somos ya lo que seremos. Es decir, seres humanos. Quiz?s no todav?a personas, dado que una persona es el resultado de la esencia innata y de las experiencias adquiridas tras el nacimiento, pero seguramente un ser humano. El embri?n que florece en un ?vulo de un piojo es un piojo. El embri?n que florece en el ?vulo de un perro es un perro (el ejemplo del perro lo pone incluso monse?or Sgreccia). El embri?n que florece en el ?vulo de un elefante es un elefante. El embri?n que florece en el ?vulo de un ser humano es un ser humano. Y no me importa en absoluto que, esta vez, mi opini?n coincida con la de la Iglesia cat?lica. Con la del Papa Wojtyla y con la del Papa Ratzinger, con la del cardenal Ruini y con la de los obispos, arzobispos y sacerdotes que se opusieron al divorcio y al aborto. (Tambi?n yo detesto el aborto y para dar mi voto favorable al aborto, me vi presa de profundos dilemas. Pero considero el divorcio como una conquista de la civilizaci?n y, por ?l, me bat? con u?as y dientes).

Sin chantajes

De hecho, si mi opini?n coincidiese con la de la Iglesia marxista, de Lenin, de Stalin, de Mao Zedong e, incluso, con la del rey de Cuba, el despreciable Castro, la expresar?a con el mismo candor. No me importa en absoluto ni siquiera su astuto chantaje, es decir su promesa de curar la diabetes, la distrofia, el Alzheimer, la esclerosis m?ltiple de Stephen Hawking. (El gran cosm?logo que, desde hace d?cadas, vive en una silla de ruedas y se inclina m?s que una flor ajada). Como dije en la entrevista al Foglio, ni siquiera me importar?a si las c?lulas madres sirviesen para curar mi c?ncer o, mejor dicho, mis c?nceres. Dios sabe lo que me gusta vivir y que me gustar?a vivir lo m?ximo posible. Estoy enamorada de la vida. Pero curar mis c?nceres inyect?ndome las c?lulas de un ni?o jam?s nacido me parecer?a ser una can?bal. Una Medea que mata a sus propios hijos. (?Mujer maldita, aborrecida por los Dioses, por m? y por todo el g?nero humano. Monstruo, ser obsceno, asesina de tus hijos?, le dice Eur?pides por medio de Jas?n).

Y todav?a me importa menos el hecho de que los Frankenstein y sus mecenados me expongan al escarnio p?blico con sus acusaciones de retr?grada?oscurantista?reaccionaria?est?pida?meapilas?sierva?del?Vaticano. Y es que a ellos no vale la pena explicarles por qu? una atea (a pesar de ser cristiana) no puede ser est?pida, no puede ser meapilas, etc?tera. O por qu? una laica que siempre se bati? por la justicia y la libertad no puede ser retr?grada, oscurantista o reaccionaria. Y a?ado: realmente no hay l?mites para la incoherencia de los cambiachaquetas. Hace unos a?os, los ahora partidarios del canibalismo gritaban que era cruel sacrificar a los animales en los laboratorios. Y estoy de acuerdo con ellos. (He visto cosas atroces en los laboratorios. Una vez, en Nueva York, vi quitarle el coraz?n a una perrita, sustituirlo por el coraz?n de un cerdito, y despu?s colocarlo ante las narices de la pobre criatura para ver si lo reconoc?a. Ella lo reconoci? y se puso a gemir desesperadamente. Otra vez, en Chicago, vi quitar el cerebro de un peque?o mono. El mono estaba vivo, dado que el cerebro ten?a que permanecer vivo. Se llamaba Libby y, mientras lo ataban a la mesa de operaciones me miraba fijamente con sus ojos, como si pidiese ayuda. De hecho, me avergonc?. Vomit? y el Frankenstein de turno, un prestigioso investigador, me pregunt? sorprendido: ?Why? ??por qu??? La cre?a menos melindrosa, ?less squeamish?. Libby no tiene alma?).

Se quejaban tambi?n de los ratones utilizados para experimentar los f?rmacos, esos charlatanes. Los defin?an como m?rtires y, para defenderlos, organizaban reivindicativas manifestaciones, semejantes a las de los pacifistas que s?lo quieren la paz para una parte y punto. Ahora, en cambio, aceptan que las cobayas sean nuestros hijos jam?s nacidos, sacrificados como la perrita de Nueva York y como Libby. Aceptan que las c?lulas de estas nuevas cobayas vayan a enriquecer las cuentas farmac?uticas, cuyo cinismo supera al de los mercaderes de armas. Aceptan que los embriones sean descuartizados como terneros en las carnicer?as para poder disfrutar de ?rganos para vender como se venden las piezas de recambio de un coche.

Aceptan que todo eso nos conduzca a realizar el Mundo Feliz de Huxley, a convertirnos en hombres Alfa o Beta o Gamma o Dios sabe qu?. ?Campeones en salud y en belleza pero sin cerebro o monstruos inteligent?simos pero sin brazos ni piernas? (A prop?sito, en los laboratorios vi, en otra ocasi?n, a un p?jaro que, quiz? para divertirse, hab?an hecho nacer sin alas. Parec?a una bola de plumas, y me miraba con unos ojos que, comparados con ?l, los Prisioneros de Miguel Angel, es decir las cuatro estatuas con la cabeza y los miembros todav?a dentro de la piedra, parecen criaturas felices...).

Y es l?gico que, en adelante, las cobayas seamos tambi?n nosotros. Una mujer que sufre la extracci?n de un ?vulo es ciertamente una cobaya. Una que, para quedarse encinta, se lo hace implantar, lo mismo. Gracias a una ciencia que es, cada vez m?s, una tecnociencia, gracias a una medicina que es, cada vez m?s, una tecnomedicina y, por lo tanto, cada vez m?s deshumanizada, somos cobayas incluso en los casos que nada tienen que ver con la fecundaci?n artificial.

Cuando me someto a una radioterapia en EEUU, no veo seres humanos. Intuyo que los m?dicos y los t?cnicos est?n en alguna parte, s?. Quiz?s al otro lado del cristal que separa la estancia en la que me encuentro con los aparatos. Pero de ellos no oigo ni la voz. No me hablan ya. Incluso cuando recibo la orden de mantener la respiraci?n, es una m?quina la que me habla. La reproducci?n de una voz humana. Y me siento sola, como un embri?n en el congelador, indefensa como una cobaya a merced de un investigador. Y lo mismo me pasa cuando tengo que rellenar los formularios que sirven para enriquecer las estad?sticas sobre los m?todos de curaci?n, los supervivientes y los muertos. Formularios en los que soy un simple n?mero. El n?mero de un producto en cuya etiqueta falta s?lo la fecha de caducidad.

En aras del progreso

Quienes de buena fe favorecen el Mundo Feliz se protegen siempre bajo el paraguas de las palabras Ciencia y Progreso. Quiz?s las palabras de las que m?s se abusa tras las de Amor y Paz. Pero sobre la interpretaci?n de la palabra Progreso e, incluso, sobre el concepto del llamado Progreso, las opiniones no concuerdan. Y se hace muy dif?cil saber a qu? atenerse. Para Giordano Bruno era la astronom?a copernicana. Para Voltaire, el refinamiento de las artes y de las costumbres. Para Kant, el Derecho que sustituye a la Fuerza. Para Darwin, la evoluci?n biol?gica. Para Marx, el hundimiento del sistema capitalista. Para mis tatarabuelos, el tel?grafo, el tren, el barco de vapor, la iluminaci?n con gas o la monarqu?a constitucional. Para mis bisabuelos, la luz el?ctrica, el term?metro, la vacuna de Pasteur, el radio de Madame Curie o la democracia sin sufragio universal. Para mis abuelos, el coche, el avi?n, el tel?fono, la radio de Marconi, la penicilina o el sufragio universal sin el voto de las mujeres. Para mis padres, el voto de las mujeres, el aire acondicionado, los lavavajillas, la televisi?n, las motos o la Rep?blica. Para mi mundo, los transplantes de ?rganos, las naves espaciales, los viajes a la Luna y a Marte, los malditos ordenadores, los malditos tel?fonos m?viles y el maldito Internet, con los que puedo calumniar a quien quiera y robar el trabajo de otro sin terminar en la c?rcel. A pesar de los alabad?simos Derechos Humanos que no incluyen los de los que, como yo, van a contracorriente, ni los Derechos Humanos de los ni?os. Derechos violados con el lavado de cerebro en la escuela, con maltratos, con secuestros, con asesinatos, a veces, realizados por Medeas que matan a sus propios hijos a martillazos o ahog?ndolos en las ba?eras o en las piscinas. Y eso sin contar a los ni?os abusados por los pederastas en los colegios y en las sacrist?as, o violados y estrangulados y, despu?s, sepultados vivos como Jessica Lundman.

?Es que queremos colocar tambi?n el holocausto de los embriones humanos en el discutible elenco de un progreso que, en el 99% de los casos, se basa en ?xitos de la tecnolog?a, no de la moral? Por lo que parece, s?. Y paciencia si ?ramos m?s avanzados, cuando ?ramos m?s ignorantes, m?s enfermos, m?s pobres o m?s humanos, para que la muerte de un hijo nacido o no nacido nos llenase de tristeza. ?Por Cristo! Tiene raz?n Ratzinger (gracias, Santidad, por tener el coraje de llamar siempre al pan, pan y al vino, vino), cuando escribe que el Progreso no pari? a un Hombre mejor, a una sociedad mejor, y comienza a ser una amenaza para el g?nero humano.

Por lo que a la Ciencia se refiere, Dios m?o. Desde joven me inclinaba ante la Ciencia con la misma devoci?n que los musulmanes tienen por el Cor?n. Con la misma obsequiosidad que sienten por Mahoma. Quer?a ser una cient?fica, y por eso me matricul? en Medicina. Por lo dem?s, tengo por la Ciencia un respeto instintivo, una pasi?n que ni siquiera los Frankenstein consiguen apagar. Y ser?a imb?cil si negase que la Humanidad ha evolucionado tambi?n gracias a ella. Incluso a m? me gustar?a ir a la Luna o a Marte. Incluso me gustar?a mucho m?s de lo que les gusta a los vanguardistas. Tambi?n a m? me gusta utilizar el tel?fono, la radio, el avi?n y la televisi?n. Y si por el momento sigo con vida, se lo debo a la medicina que, a?n cuando, a veces, me hace sentir un embri?n en el congelador o una cobaya a merced de un investigador, me cur? y me cura. Pero...

Pero la Ciencia es como el fuego. Puede hacer un gran bien o un gran mal. Como el fuego, puede calentarte, desinfectarte, salvarte o bien incinerarte. Destruirte. Como el fuego, a menudo hace m?s mal que bien. Y la raz?n es precisamente que, como el fuego, no se plantea problemas morales. Para ella, todo lo que es posible es l?cito. No se deja atrapar por la ret?rica. La Ciencia nunca tuvo escr?pulos ni remordimientos. Siempre se arrog? el derecho de hacer todo lo que quer?a hacer y que quiere hacer porque puede. Y, al hacerlo, nunca se pregunt? si era justo. M?s a?n, como una puta que vende su cuerpo, siempre se vendi? al mejor postor. Siempre busc? los Premios Nobel, su vanidad, su delirio de omnipotencia, su deseo de sustituir a la Naturaleza (Ratzinger dice ?sustituir a Dios?). Y nunca tuvo en cuenta a sus v?ctimas. Ni siquiera las ten?a en cuenta el sublime Leonardo da Vinci que, como pintor, pintaba exquisitas Madonnas y exquisitas Monnas Lisas y exquisit?simos Se?ores con el Armi?o, pero, como cient?fico, ofrec?a sus servicios a Ludovico Sforza y proyectaba m?quinas de guerra entonces inimaginables. S?perca?ones, s?pertanques, s?perhelic?pteros para bombardear a la gente.

La ciencia como fuego

No lo tuvo en cuenta ni siquiera el honesto Oppenheimer que, junto a Teller, descubri? la bomba at?mica. Y no me consuela recordar que, antes de hacerla explotar en Fort Alamo, hab?a enviado a sus colegas de Berkeley el telegrama en el que, citando un pasaje del sagrado texto hind? Bhagavad?Gita y compar?ndose con el dios Khrisna, se maldec?a sin piedad. ?Me he convertido en la Muerte, en el destructor del mundo?. Adem?s, ?no fue un m?dico, el doctor Joseph Ignace Guillotin, el que, en 1789, invent? la guillotina? ?No fue otro m?dico, el doctor Louis, el que, en 1791, dirigi? su fabricaci?n? Por cada penicilina la Ciencia nos regala una guillotina. Por cada Pasteur o Madame Curie o Marconi nos regala un Mengele. O al menos un Oppenheimer o un Teller. Y sus disc?pulos m?s peligrosos son precisamente los investigadores. Casi siempre (honor y gloria a las excepciones), a los investigadores les importa un cuerno el g?nero humano. S?lo les mueve el demonio de la curiosidad vinculada a la ambici?n personal y al inter?s monetario. (??C?mo se comportar? un p?jaro sin alas? ?C?mo funcionar? un ni?o concebido en una probeta? ?Qu? y cu?nto dinero y fama me proporcionar? este descubrimiento??). Y al diablo los principios, al diablo los valores sobre los que se basa o deber?a basarse una sociedad civil. Queridos m?os, Ratzinger tiene raz?n incluso cuando dice que, en nombre de la ciencia, al derecho a la vida se le inflingen heridas cada vez mayores. Tiene raz?n tambi?n cuando dice que, con la experimentaci?n con embriones humanos, la dignidad del hombre es vilipendiada o, incluso, negada. Tiene raz?n tambi?n cuando dice que, si no queremos perder el respeto por el hombre, hay que desmitificar la investigaci?n cient?fica, desmitificar la Ciencia, es decir dejar de considerarla como un ?dolo o como una divinidad. Sacrosantas palabras que, a mi juicio, valen incluso para la ?tica.

(y II)

Cualquier diccionario define la Etica como aquella parte de la Filosof?a que se ocupa de la Moral. De lo que est? bien para el Hombre, de lo que est? bien hacer o no hacer. De hecho, en la Etica se inspiran generalmente las leyes de los pa?ses no b?rbaros o no del todo b?rbaros, y, hasta ayer, en Occidente, nos hemos atenido a esas reglas. El problema es que, en la Edad Moderna, la Etica pari? una hija degenerada que se llama Bio?tica. Siempre seg?n el diccionario, la Bio?tica es una disciplina que ?se ocupa de los problemas morales e individuales y colectivos relacionados con el avance de los estudios en el campo de la gen?tica y de la tecnolog?a relativa a la formaci?n de los procesos vitales?. Pero sobre tal disciplina yo pienso lo mismo que Erwin Chagaff, el gran bioqu?mico americano que s?lo con o?r hablar de procreaci?n asistida o de fecundaci?n artificial se pon?a como una fiera y gritaba: ?La Etica es a la Bio?tica lo que la m?sica a las marchas militares?. Pues bien, el mundo occidental chapotea en esas marchas militares. Institutos de Bio?tica, comit?s de Bio?tica, academias de Bio?tica. Siempre en manos de sabios que dicen querer defender nuestro futuro, sopesar la alegr?a del Saber con la utilidad social y poner coto a la avidez de los intereses industriales y financieros. Pero ante el ?dolo Ciencia, ante la divinidad Ciencia, ante el mito de la investigaci?n cient?fica, la Bio?tica se cruza de brazos siempre. En 1997, cuando nace la oveja Dolly y ya estaba claro que, por medio de los mismos artificios, la clonaci?n podr?a extenderse a los seres humanos, los representantes de la noble disciplina definieron la cosa como ?ticamente inaceptable. ??Jam?s! ?Permitirlo equivaldr?a a ir contra la ley biol?gica clave! ?Ser?a un ultraje a la Naturaleza que, por s? sola, prev? la evoluci?n de nuestra especie! ?Conducir?a al declive de nuestra civilizaci?n!?. Lo dijeron todos, absolutamente todos. El Comit? Internacional de Bio?tica de la UNESCO, la United States Bioethics Commisssion, el Consejo para la Etica y la Bio?tica de la Comisi?n Europea, por ejemplo. Y la Organizaci?n Mundial de la Salud y las diversas Academias Nacionales de Medicina. Cuando naci? la primera ni?a concebida en una probeta, la ni?a inglesa, lo mismo. Cuando lo de la eutanasia, igual. Con motivo del actual holocausto de los embriones, ?dem.

Vetos, condenas, pero despu?s todos comenzaron a cerrar los ojos. A dar una de cal y otra de arena, a permitir compromisos que, en realidad, eran permisos. Es su forma de ser Politically Correct. Al principio, gritan al esc?ndalo. Despu?s, comienzan a farfullar que hay que reflexionar mejor, que no se pueden prohibir los descubrimientos cient?ficos, que no se puede ir hacia atr?s, y se desdicen. Se revisan los vetos y las condenas. Incluso se tornan c?mplices del delito. Siempre con el pretexto de la terap?utica, se entiende...

El ?ltimo ejemplo es italiano. Procede del Comit? Nacional de Bio?tica que, el pasado mes de mayo, se mostr? favorable a la utilizaci?n de c?lulas estaminales aisladas de los fetos abortados.?La utilizaci?n del tejido fetal extra?do de la interrupci?n voluntaria del embarazo y su utilizaci?n con fines cient?ficos y terap?uticos no se configura como bio?ticamente il?cito?. Comprometi?ndose a no meter mano sobre el ?material fresco? (un ni?o apenas abortado lo llaman ?material fresco?, como el pescado fresco), y explicando que eso no ser?a tal vez necesario, porque hay miles de c?lulas fetales crioconservadas en un banco milan?s, nuestros estaminalistas podr?n, pues, experimentar sin escr?pulos y sin problemas.

Incentivo al aborto
Y paciencia, si saben perfectamente que la decisi?n es un incentivo al aborto, perd?n, a la interrupci?n voluntaria del embarazo. (As? se dice en el lenguaje Politically Correct). Paciencia. Si saben igual de bien que, para muchas mujeres y para muchas parejas, el comercio de los hijos abortivos es un negocio bastante rentable.

Pi?nsese en el ?turismo procreativo? al que se han lanzado muchos pa?ses de Europa o cercanos a Europa, como Cuba y Tailandia se lanzaron al ?turismo sexual?. Por siete mil euros, Ucrania ofrece el billete de avi?n, el hotel de primera clase con comida incluida, el gu?a tur?stico e, incluso, el ovocito. Y cuando desembarcas en el aeropuerto, ni siquiera pasas por la aduana. Tambi?n es rentable el negocio de los espermatozoides. Junto a los ?vulos congelados, los bancos occidentales tienen cantidades ingentes de esperma congelado. En ambos casos, el material procede de Ucrania, de Ruman?a, de Albania, de Eslovenia, de Corea y de los pa?ses m?s pobres del continente asi?tico. Pero tambi?n procede de Suiza, de Noruega, de Grecia, de Malta, de Portugal y de Espa?a. Especialmente de Barcelona, la ciudad en la que viven muchos inmigrantes procedentes de la Europa del Este. Est?n repletos de este material sobre todo los bancos ingleses. No en vano el Parlamento Europeo (por su propia bondad) lanz? una advertencia a Inglaterra, donde el mercado florece vergonzosamente con los ?vulos procedentes de las cl?nicas rumanas. En su mayor?a, ?vulos vendidos a mil o dos mil euros la docena por las gitanas. Y en el libro m?s inquietante que haya le?do sobre este tema, La vida en venta, los autores, Christian Godin y Jacques Testart, cuentan que en Europa los ?vulos de las chicas rubias y estilizadas (a menudo modelos) cuestan mucho m?s caros. Al menos, quince mil euros cada uno.

Y es que garantizan hijos de concursos de belleza, ?entiende? Hijos a medida, elegidos en el men? de la eugenesia y de la biotecnolog?a. A este respecto, Godin cuenta haber encontrado en un sitio de Internet este anuncio: ?Se busca ?vulo bello e inteligente procedente de una estudiante muy deportista y alumna de un colegio muy famoso?. Y ahora d?ganme si estas investigaciones, para las que los promotores del refer?ndum invocan la libertad iluminada, no se pueden asociar a los campos de Dachau, de Birkenau, de Auschwitz y de Mauthausen. D?ganme si estas investigaciones, aparentemente hechas para curar enfermedades, en realidad no apuntan a algo que se asemeja mucho al hitleriano sue?o de una sociedad compuesta s?lo por rubios con ojos azules. D?ganme si, con el pretexto de la terap?utica, la Ciencia y el Progreso no contemplan un mundo de superhombres (s?per es una forma de decir, dado que el premio Nobel doctor Kary Mullis propone clonarnos con el ADN procedente de famosos atletas y estrellas del rock...). Sin embargo, los 60 miembros del Comit? Nacional de Bio?tica han concedido su autorizaci?n casi por unanimidad. S?lo con un voto en contra y una abstenci?n. Y entre ellos hab?a algunos cat?licos y, entre los cat?licos, estaba monse?or Elio Sgreccia, presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias, am?n de obispo y autoridad muy prestigiosa en el universo de la Bio?tica. He dado un salto al leer la noticia. A?n sabiendo que el suyo fue un voto muy pensado, me dije: ?C?mo es posible? ?No fue Wojtyla el primero que dijo que a un embri?n se le debe el mismo respeto que a cualquier persona? ?Es que ya cede hasta la Iglesia ante la Ciencia que quiere sustituir a los legisladores? ?Aparte del cardenal Ruini y otros pocos, s?lo aguanta el tipo Ratzinger? ?La Ciencia no puede generar ethos ?ha escrito Ratzinger en su libro Europa?. Una renovada conciencia ?tica no puede proceder del debate cient?fico?.

Naturalmente, Ratzinger lo dice en clave religiosa, como fil?sofo y te?logo que no prescinde de su fe en el Dios Creador. Un Dios bueno, un Dios misericordioso, un Dios que invent? el universo y cre? al Hombre a su imagen y semejanza. Tesis que, a veces, le envidio, porque resuelve el rompecabezas de qui?nes somos, de d?nde venimos, ad?nde vamos, pero en la que mi ateismo ve s?lo una bell?sima f?bula. Si Dios existiese y fuese un Dios bueno y un Dios misericordioso, ?por qu? habr?a creado un mundo tan ca?tico? Pero, al decirlo, defiende la Naturaleza, Ratzinger. Rechaza un Hombre inventado por el hombre, es decir un hombre producto de s? mismo, de la eugenesia mengeliana, de la biotecnolog?a frankensteiniana. Y lo que dice es verdad. Es justo y razonable. Es un discurso que va m?s all? de la religi?n, un discurso civil, en el que no tiene nada que ver la bell?sima f?bula. Tiene que ver con los deberes que nosotros tenemos para con la Naturaleza. Hacia nuestra especie, hacia nuestros principios. Los principios sin los que el Hombre no es sino un objeto de carne sin alma.

Reflexione a fondo y se dar? cuenta de que la culpa de esta locura no es s?lo de los cient?ficos, de los investigadores, de los sin criterio para los que todo es l?cito si es posible y materializarlo los hace ricos y famosos.

Es como la historia del doctor Guillotin. Porque es tambi?n la historia de quien lo apoya, de quien lo protege. De muchos pol?ticos, por ejemplo. Los pol?ticos que, habi?ndoles fallado las ideolog?as, no saben ya a qu? santo invocar y para permanecer en la onda buscan el sol del futuro en los desgraciados que quieren crear el Hombre con el ADN de las estrellas del rock y de los atletas famosos. (Lo m?s parecido a los simios y, adem?s, drogados).

El papel de los pol?ticos

Pol?ticos que, para reencontrar el poder perdido permiten que nuestros (y los suyos) hijos nunca nacidos terminen en los nuevos campos de exterminio. Que para cristalizar el poder no perdido pasan por iluministas y desprecian el concepto de familia, es decir el concepto biol?gico en el cual se basa cualquier sociedad. Que no definen el matrimonio por lo que es, es decir, la uni?n de un hombre y de una mujer presumiblemente capaces de procrear, la instituci?n jur?dica que regula la necesidad de perpetuar la especie, sino una uni?n y una instituci?n que acoge con los mismos derechos a dos individuos de la misma especie. Y por lo tanto, no es capaz de perpetuarla. Y paciencia, porque si (ya lo escrib? en El Apocalipsis) nuestra especie apuesta por la homosexualidad se extinguir? como los dinosaurios. Paciencia si, con la adopci?n gay, en vez de un padre y de una madre el ni?o adoptado se encuentra con dos padres o con dos madres. Paciencia si, con dos padres o con dos madres, crece ignorando el concepto de paternidad y de maternidad...

Tampoco saben qui?n es su padre los ni?os nacidos de los embriones congelados. Ni lo sabr?n jam?s. La jodida Bio?tica proh?be dec?rselo, y en la figura del padre ve s?lo un semental que deja encinta a las mulas. En cuando a la figura de la madre, pi?nselo bien. Si nacen del ?vulo de una gitana o de una famosa modelo que no quiere decir su nombre, esos ni?os no sabr?n tampoco qui?n es su verdadera madre. No en vano este nuevo modo de nacer les encanta a los c?nyuges del mismo sexo. Parece inventado para ellos.

La culpa es tambi?n de los intelectuales que el t?o Bruno, el hermano de mi padre, llamaba inteligentecretinos o cretinointeligentes. Los intelectuales que por oportunismo o beneficio o man?a de influir en el futuro aprueban o propagan las desgracias de Frankenstein como si realmente fuesen conquista de la Humanidad. Y tambi?n de los medios de comunicaci?n que esas desgracias las presentan con complacencia e, incluso, con el sombrero en la mano. Con el sombrero en la mano las describen obsequiosa y estudiadamente, como si fuesen recetas culinarias de Pellegrino Artusi o de Anthelme Brillat Savarin ?dos famosos chefs italianos?. Receta surcoreana: ?Se toman c?lulas de la epidermis de un paciente y se extrae el material gen?tico, es decir el ADN. Despu?s, se toma un ovocito donado previa recompensa por una mujer ucraniana o rumana o eslovena o coreana o albanesa o maltesa, que certifique que no est? fecundado y se vac?a. Se le quita el n?cleo y se tira. Hecho esto, en lugar de aquel n?cleo se coloca el ADN sacado del cuerpo del paciente. Operaci?n que se llama transferencia nuclear. Se estimula con sacudidas el?ctricas a fin de que las c?lulas se multipliquen de prisa y corriendo, como si el ovocito hubiese sido penetrado por un espermatozoide, se obtiene el blastocito, es decir el ovocito que corresponde a la primera fase del desarrollo embrional. En definitiva, se crea un embri?n. Cuando el embri?n crece, se secciona (vivisecci?n). Sus c?lulas estaminales se inyectan en el cuerpo del paciente...?.

La receta inglesa, es decir la proporcionada por los investigadores de Newcastle, es casi id?ntica. La ?nica diferencia consiste en procurarse previamente tres blastocitos y, tras la transferencia nuclear, estimular un r?pido desarrollo. Algo por lo que mi onc?logo estadounidense se indigna y dice: ?This waving the therapeutical purpose is a dirty fib, a cruel lie ?Esta b?squeda del descubrimiento terap?utico es un sucio embrollo, una trampa cruel?. Es cierto que no hemos conseguido eliminar el c?ncer. Sin embargo, lo curamos. A veces, lo bloqueamos. En cambio, ellos no han descubierto cura alguna contra las enfermedades que citan para justificar la nueva Matanza de los Inocentes. Pero, si acaso la descubriesen, dir?a lo mismo: hay que oponerse. Hay que oponerse, porque la clonaci?n terap?utica es ya una clonaci?n reproductiva y, por lo tanto, v?lida para fabricar seres humanos. Hay que oponerse porque distinguir una de la otra equivale a esconderse tras un truco sem?ntico.

Hay que oponerse

Hay que oponerse porque inyectar en un enfermo c?lulas estaminales significa matarlo. ?Sabe por qu?? Porque las c?lulas madres de los embriones son tan vigorosas y tan potentes como desordenadas. No se multiplican como y donde queremos, sino como les place y donde les place. Ergo, causan tumores. Recientemente, han sido inyectadas en el cerebro de un mono. El cerebro desarroll? de inmediato un c?ncer fulminante y el mono muri? al cabo de pocos d?as?. La culpa es de la llamada gente normal. La gente que por ingenuidad o por desesperaci?n cree en la historia de las enfermedades que se van a poder curar. Crey?ndolo, se deja embaucar por falsas esperanzas. Porque, al igual que los sabios de la Bio?tica, tambi?n la gente grita a menudo al esc?ndalo. Se atemoriza, dice: odio lo que quieren hacerme, qu? me va a pasar. Pero despu?s, atontada por el lavado de cerebro hecho por los pol?ticos y los intelectuales que presentan a los Frankenstein como benefactores, seducida por los elogios de los peri?dicos que los tratan con el sombrero en la mano, cede a las dudas. No se da cuenta de que est? ante el tr?gico devenir de nuestro destino, y cambia de idea. Para sentirse moderna, se adecua. Para no ir contracorriente y no perder las ventajas de la supuesta modernidad (que, al final, se resumen en un m?vil colgado del o?do) grita ?milagro?. Se arrodilla y aplaude, aunque eso signifique masacrar a sus propios hijos como Medea.

Hablemos claro. Vivimos en una sociedad que mira la vida en t?rminos hedonistas y punto. Que busca s?lo el bienestar, las ventajas materiales, las comodidades. Una sociedad en la que el alma no cuenta. Y la espiritualidad, menos. Y no s?lo en Italia, no s?lo en Europa, en EEUU sucede lo mismo. O peor. De hecho, fue EEUU el que difundi? el culto al hedonismo. Fue EEUU el que lanz? la moda de los matrimonios y de las adopciones gays. Fue EEUU el que dio el visto bueno a las investigaciones. La ?nica diferencia es que en EEUU la mayor?a de los ciudadanos se opone y que a los investigadores su presidente les dice: ?Yo no les voy a dar dinero para realizar a fondo la Matanza de los Inocentes. Yo no creo en la ciencia que destruye la vida para salvar la vida? (Bravo Bush).

Del Pac?fico al Atl?ntico, del Atl?ntico al Mediterr?neo, del Mediterr?neo al Mar Artico, Occidente entero est? enfermo de una enfermedad que ni siquiera millones de millones de c?lulas estaminales podr?an curar: el c?ncer intelectual y moral, del que hablo en mi Trilog?a, sobre todo en La Fuerza de la Raz?n. Precisamente por culpa de ese c?ncer no entendemos ya el significado de la palabra Moral, no sabemos ya separar la moralidad de la inmoralidad o de la amoralidad. Precisamente a causa de ese c?ncer los mecenados de Frankenstein querr?an una investigaci?n cient?fica sin vetos y sin condenas. Precisamente a causa de ese c?ncer, a los tipos de mi tipo los llaman tontos, meapilas, siervos del Papa y del cardenal Ruini e, incluso, los exponen al p?blico escarnio con las palabras retr?grado, oscurantista, reaccionario. Pero la moralidad no es estupidez. Es raciocinio y sentido com?n.A veces, revoluci?n. La Etica no es una moda. Es un c?digo de comportamiento que vale en todas partes y siempre. Una disciplina que nos ayuda a descubrir el Bien y el Mal. El Bien y el Mal no son opiniones o puntos de vista. Son realidades objetivas, concreciones que nos distinguen (o deber?an distinguirnos) de los Zarqaui. No en vano nos servimos de ellas desde los d?as en los que habit?bamos en cavernas y, aunque el hambre nos hac?a ser can?bales, conoc?amos esa verdad. El Bien es lo que hace bien y nos hace sentir bien. El Mal es lo que hace mal y nos hace sentir mal. Hoy, el Bien es considerado por la mayor?a aquello que es m?s c?modo. El Mal, lo que no lo es. Y pocos se dan cuenta de que optar por el Mal es de cretinos. No cretinointeligentes o inteligentecretinos. Cretinos a secas.

Sin temor a la burla

So pena de ser objeto de burla y pasar por una nueva conquista del Vaticano, como una atea en v?as de conversi?n, una comecuras en busca de absoluci?n, en definitiva una revisionista in articulo mortis, vuelvo a Ratzinger. Y Ratzinger tiene raz?n cuando escribe que Occidente nutre una especie de odio hacia s? mismo y ya no se ama a s? mismo. Que de su historia ve s?lo lo que es despreciable, que en ella ya no consigue descubrir lo que contiene de grande y de puro. Tiene raz?n cuando dice que el mundo de los valores sobre los que Europa hab?a construido su identidad (valores heredados de los antiguos griegos y romanos ?y del cristianismo, a?ado yo?), parece haber llegado al final. Que Europa est? paralizada por una crisis de su sistema circulatorio y que esta crisis la est? curando con transplantes ?la inmigraci?n y el pluriculturalismo, a?ado yo?, los cuales s?lo pueden eliminar su identidad.

Tiene raz?n cuando dice que el renacimiento del islam no se nutre s?lo del petr?leo, sino que se alimenta tambi?n de su consciencia de que puede ofrecer una plataforma de espiritualidad. La espiritualidad a la que la vieja Europa y todo Occidente han renunciado. Por ?ltimo, tiene raz?n cuando cita a Splenger, seg?n el cual Occidente corre inexorablemente hacia su propia muerte. A este paso se terminar? como termin? la Civilizaci?n Egipcia o el Sacro Imperio Romano. Como han desaparecido ?y desaparecen, a?ado yo? todos los pueblos que olvidan que tienen alma. Nos estamos suicidando, queridos m?os. Nos estamos matando con el c?ncer moral, con la ausencia de espiritualidad. Y esta iniciativa del mundo de huir hacia delante con la enga?osa eugenesia y con la tramposa biotecnolog?a, es la etapa definitiva de nuestro masoquismo. Por eso, los Bin Laden y los Zarqaui, individuos inmorales y amorales, pero sometidos a una parad?jica forma de moralidad, campan a sus anchas.

Por eso, sus correligionarios nos invaden tan f?cilmente y con tanta cara se convierten en los due?os de nuestras propias casas. Por eso, en nuestras casas son acogidos con tanto servilismo. Y con tanto miedo. Por eso, Europa se ha convertido en Eurabia y EEUU corre el mismo riesgo. Y por eso, sellados en la frente con la marca de la que hablo en El Apocalipsis, la marca de la esclavitud y de la verg?enza, muchos occidentales terminar?n arrodillados en la alfombrilla rezando cinco veces al d?a al nuevo patr?n, a Al?. ?Refer?ndum? Pero qu? es lo que quieren refrendar. El propio t?rmino procreaci?n asistida evoca el gesto de levantar la bandera blanca, de terminar en un mundo contra natura. Sin contar con que, pase lo que pase, este refer?ndum terminar? como el de la caza. Es decir con los cazadores que siguen disparando bajo nuestras ventanas y matando los pajarillos.

Art?culo publicado en El Mundo, los d?as 9 y 10 de junio de 2005
Traducci?n: Jos? Manuel Vidal

Adopcion Espiritual

Publicado por Galsuinda @ 22:52  | C?lulas madre
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