Viernes, 18 de noviembre de 2005



"El Rey del Aborto" defiende ahora el derecho a la vida del feto.


Despu?s de ser uno de los principales promotores de la legislaci?n del aborto en los Estados Unidos, hasta el punto de ser conocido en Nueva York como "el rey del aborto", el Dr. Bernard Nathanson experiment? un cambio radical. El conocimiento de los avances m?dicos que demuestran la existencia de una vida humana en el feto le abri? los ojos.

Un hombre que ha realizado personalmente casi cinco mil abortos, afirma ahora: "Dram?ticamente tengo que reconocer que el feto no es un trozo de carne: es un paciente".

I. Una amiga embarazada

Mi inter?s por el aborto comenz? a ra?z de mi paso por la Facultad de Medicina y de la experiencia, casi obligada, de tener una amiga que qued? embarazada. En aquella ?poca era casi imposible obtener un aborto; finalmente lo logramos, pero el sujeto que lo realiz? era un charlat?n que por poco la mat?. Despu?s siguieron algunos a?os de pr?ctica en obstetricia y ginecolog?a ocho a?os, para ser exacto. Fue entonces cuando se despert? en m? una gran sensibilidad por lo penoso de la situaci?n de aquellas mujeres que se expon?an a lesiones graves e, incluso, a la muerte, en los abortos practicados clandestinamente. Y en el per?odo siguiente, de 1957 a 1967, ejerciendo ya como m?dico, me reafirm? en mi creencia de que era necesario cambiar las leyes que prohib?an el aborto, por considerarlas restrictivas e injustas.

II. El ?xito de una campa?a propagand?stica.

As? que en 1968 organic? un grupo llamado Asociaci?n Nacional para la Renovaci?n de las Leyes del Aborto. A nuestros contrincantes los cogimos durmiendo. En esta organizaci?n, que uni? todas las fuerzas que hab?a entonces en pro del aborto, ideamos una serie de t?cticas para nuestra campa?a. Le dijimos al p?blico que de diez a quince mil mujeres mor?an cada a?o debido a los abortos clandestinos. De hecho, sab?amos por nuestras investigaciones que el n?mero era m?s bien de doscientas o trescientas. Inventamos tambi?n lemas sumamente persuasivos y agresivos, como "la mujer tiene derecho al dominio de su propio cuerpo", "libertad de elecci?n", "la conspiraci?n cat?lica" y otros similares.

Tuvimos un ?xito extraordinario. Trabajamos con un presupuesto de siete u ocho mil d?lares anuales, echamos por tierra la ley en el Estado de Nueva York en dos a?os. Gracias a una telara?a de mentiras y calculada intriga, logramos tener, por vez primera en Estados Unidos, una ley que permit?a absolutamente el aborto. Hicimos de Nueva York la capital del aborto en el pa?s, mientras que mis colegas me calificaban en la prensa como el "rey del aborto". Por supuesto, no nos consideramos satisfechos simplemente como haber logrado la despenalizaci?n del aborto. Aspir?bamos a poner en marcha toda una operaci?n masiva, que permitiera a cualquier mujer ?tambi?n a las pobres- obtener un aborto barato, r?pido y seguro. Y establecimos una cl?nica bajo el nombre de Centro de Salud Sexual y la Reproducci?n, un eufemismo bastante bueno para lo que a fin de cuantas se convirti? en matadero. Durante la ?poca en que fui director de la cl?nica se practicaron 60,000 abortos, aproximadamente 120 diarios.

Yo mismo, personalmente, he realizado cerca de cinco mil abortos a lo largo de mi vida. La cl?nica generaba uno ingresos de cinco millones de d?lares anuales. De hecho, entonces era la ?nica instalaci?n de ese tipo. De 1970 a 1972, atra?amos a mujeres de la mitad Este de los Estados Unidos, y jam?s volver? a darse una experiencia tan concentrada en un solo punto, ya que la sentencia de Tribunal Supremo (en 1973) levant? las restricciones al aborto en todos los Estados.

III. El ataque contra la iglesia Cat?lica

Otra t?ctica muy importante fue presentar la oposici?n al aborto como injerencia de la iglesia Cat?lica. No se trataba de fustigar al Papa porque el centrar la atenci?n en un solo hombre podr?a despertar una reacci?n de simpat?a. Desechemos tambi?n condenar a todos los cat?licos porque esto diluir?a el tema demasiado. Adem?s, ?bamos a necesitar algunas mujeres cat?licas para llevarlas al frente, como escudo, para que dijeran que estaban a favor del aborto. Y as? lo hicimos.

Por eso concentraremos el ataque en los obispos y altas jerarqu?as, un grupo lo suficientemente reducido para que absorbiera el castigo y lo bastante amplio para que fuera obvio. Ahora pienso que si en la propaganda de aquellos a?os, en la que arremet?amos contra la Iglesia Cat?lica, hubi?ramos sustituido la palabra "cat?lica" por la palabra "negro" la opini?n p?blica nos hubiera aplastado. Pero entonces se hab?a puesto de moda fustigar a la Iglesia Cat?lica, y nos aprovechamos de ello.

Para que un lema sea eficaz debe esgrimirse un argumento. En este caso, el de que la Iglesia no debe inmiscuirse en los asuntos del Estado. Sin embargo, todos sabemos que Mart?n Luther King era un ministro protestante y llev? a cabo una de las revoluciones sociales m?s profundas en los Estados Unidos. Tambi?n recordaremos que algunas de las personas m?s activas en la abolici?n de la esclavitud en Boston fueron miembros del clero. Tambi?n escuchar?n ustedes que el aborto es un problema m?dico, que debe dejarse en manos de los doctores. Pero el que el aborto sea una t?cnica m?dica no lo convierte en un problema m?dico, del mismo modo que la pena de muerte no es un asunto de los ingenieros electricistas por el hecho de que se use la silla el?ctrica. Cada a?o se practican en Estados Unidos 1,300.000 abortos, a un promedio de 350 d?lares por aborto, hacen 500 millones de d?lares anuales, que van a parar a los bolsillos de los m?dicos y de los responsables de las cl?nicas. Dejar una cuesti?n como la del aborto en manos de los m?s interesados en ella econ?micamente es locura e irresponsabilidad.

IV. La farsa del aborto terap?utico

Tambi?n tenemos bastantes experiencias en Nueva York sobre los comit?s del "aborto terap?utico", cuando antes de 1970 el aborto s?lo era posible por necesidad m?dica. Estos comit?s, formados por tres doctores en cada hospital, dictaminaban sobre la validez de cada solicitud de aborto. Aquellos comit?s bien pronto se convirtieron en una farsa. Las solicitudes de aborto iban invariablemente acompa?adas de dos certificados extendidos por psiquiatra, manifestando que la mujer en cuesti?n ten?a tendencias suicidas a causa del embarazo.

Naturalmente, siempre que ten?a una paciente que deseaba abortar, la enviaba a dos psiquiatras amigos m?os. Estos extend?an los certificados acostumbrados ?una tarea rutinaria que no les llevaba m?s de cinco minutos- y cobraban los cien d?lares acostumbrados. Yo enviaba los informes al comit? que los revisaba les estampaba su sello y la paciente obten?a r?pidamente el aborto solicitado. Los comit?s eran algo absolutamente vac?o, invitaban al descr?dito y al abuso de la ley, y cuando ?sta fue abolida en 1970 se desbandaron.

Otro dato ilustrativo sobre el llamado "aborto terap?utico" es el cambio que se produjo en 1976, cuando el Congreso aprob? una enmienda en virtud de la cual s?lo podr?an ser financiados con fondos p?blicos los abortos motivados por violaci?n, incesto o porque estuvieran en peligro la vida de la madre. En pocos meses, el porcentaje de abortos sufragados por el Estado cay? a un 2%. Estaba claro que la inmensa mayor?a de los abortos no respond?an a ninguna "necesidad medica".

V. Los avances cient?ficos me abrieron los ojos

Renunci? al cargo de director del "Centro de Salud Sexual y la Reproducci?n" a fines de 1972, no porque estuviera desilusionado del aborto o porque tuviera serias dudas, sino porque ten?a demasiados compromisos, estaba minando mis fuerzas y me sent?a casado. Cuatro meses despu?s me pidieron que organizara y dirigiese el servicio de embriolog?a y perinatolog?a en el hospital St. Luke?s, uno de los m?s importantes de Nueva York, perteneciente a la Universidad de Columbia. Esta unidad engloba las disciplinas m?dicas que estudian el ciclo de vida, los h?bitos, la psicolog?a, la sensibilidad y la fisiolog?a del feto.

Esta nueva rama de la Medicina ha sido posible gracias a los logros de ciertas tecnolog?as, como el ultrasonido, la inmunoqu?mica, el marcador de coraz?n de feto y otras t?cnicas muy complejas. All? tuve ocasi?n de entrar en contacto con estos avances que han venido a arrojar luz sobre el obscuro campo de la vida del feto.

Cuando era estudiante de Medicina en la Universidad de McGill de Canad?, manej?bamos un libro de texto conocido como Williams. Todav?a hoy es un texto cl?sico en medicina. La edici?n que yo utilic? era 1947, hac?a la octava y ten?a 22 p?ginas dedicadas al feto, del total de 750 u 800 p?ginas de que contestaba el libro. Actualmente se encuentra en su decimosexta edici?n, publicada en 1980. Tiene 137 p?ginas sobre fisiolog?a del feto y otras 127 sobre diagn?sticos de enfermedades embrionarias, esto hace aproximadamente una tercera parte del libro, lo que es un ?ndice de la importancia que ha cobrado el estudio del feto en los ?ltimos ocho o diez a?os, desde que se constituy? la ciencia de la embriolog?a.

Desde que comprob? con absoluta claridad, gracias a nuevas t?cnicas, que el feto respira, que duerme con unos ciclos de sue?o perfectamente definidos, que es sensible a los sonidos se ha comprobado que reacciona de distinta manera ante diferentes tipos de m?sica, al dolor y a cualesquiera otros est?mulos que ustedes y yo podemos percibir, me result? insoslayable que el feto es uno de nosotros, de nuestra comunidad, que es una vida: una vida que debe ser protegida.

Incluso mujeres que est?n decididamente en pro del aborto, cuando est?n embarazadas y se someten a pruebas tales como un ultrasonido, saldr?n impresionadas. Es tremenda la sacudida que se recibe al ver al feto tan cerca, en el monitor, movi?ndose, respirando, chup?ndose el dedo o rasc?ndose la nariz ya a los dos meses y medio o tres de vida.

Es una revelaci?n conmovedora, y estoy convencido de que pasar por esta experiencia se convertir? en el argumento m?s poderoso para detener la matanza. La falsedad de los lemas abortistas ?Qu? queda, pues, de los slogans abortistas?. Tomemos ?se de la "Libertad de elecci?n". Todos estamos a favor de la elecci?n. Siempre y cuando, claro est?, que la elecci?n sea una elecci?n ?tica. Si una de las alternativas no es ?ticamente aceptable, la elecci?n no soporta el escrutinio: de hecho, no es una elecci?n, y por tanto, la "libertad de elecci?n" es lema vac?o.

Supongamos que estoy en quiebra: puedo elegir entre trabajar para pagar dinero, o robar un banco, o asaltarle a usted para quitarle la cartera; pero las dos ?ltimas no son elecciones ?ticas. El del "derecho al dominio del propio cuerpo" es otro lema de gran atractivo. Hoy gracias a la inmunolog?a, se sabe con absoluta certeza que el feto no es una gran parte del cuerpo de la madre. Los gl?bulos blancos de la sangre son capaces de reconocer cualquier cuerpo extra?o al organismo y de poner en marcha los mecanismos de defensa para destruirlo.

Cuando el feto se implanta en la pared del ?tero, el sistema inmunol?gico materno reacciona para expulsar al intruso, pero, naturalmente, el feto est? dotado de un delicado m?todo de defensa ante esta reacci?n. En algunos casos la defensa no es tan eficaz como debiera, y el feto es expulsado y se malogra. Esto muestra que el feto no es una parte del cuerpo de la madre. Simplemente est? ah? como hu?sped de paso y ella no puede disponer sobre ?l.

VI. "No soy un hombre religioso"

No soy un hombre religioso; de hecho no he estado en un templo desde los trece a?os. Pero si quiero decirles que hemos de detener ese proceso ineficaz y destructivo, cuyo resultado es una mayor disoluci?n de la familia. Debemos reafirmar el amor entre nosotros, especialmente para el ser m?s peque?o e indefenso. Ahora veo el aborto como un mal, indefendible ?ticamente, a la luz de nuestros actuales conocimientos sobe el ni?o a?n no nacido.

Dr. Bernard Nathanson

Extracto de la conferencia pronunciada por Bernard Nathanson en Canberra (Australia) en febrero de 1981, patrocinada por la Asociaci?n Para el Derecho a la Vida.

Adopci?n espiritual

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