Viernes, 03 de marzo de 2006


Recientemente se ha publicado en Diario LA RIOJA un art?culo titulado 'Por qu? 85.000 abortos', firmado por el delegado de la Fundaci?n Vida en La Rioja. Su lectura, y un reciente debate televisivo, me ha llevado a reflexionar sobre el tema. Una parte importante, cada vez mayor, de la comunidad cient?fica considera que en la concepci?n comienza una nueva vida; el feto es un ser humano, con un patrimonio gen?tico irrepetible. Adem?s, jur?dicamente, en muchos estados el aborto ha sido y es considerado un delito; por ello, aunque en varios se han despenalizado algunos supuestos, no se puede hablar del derecho a abortar.

Ninguna mujer quiere abortar (aunque las estad?sticas hablan de mujeres que han abortado cinco o m?s veces), sino m?s bien se ve abocada a ello, muchas veces, por soledad, falta de recursos econ?micos, de convicciones firmes, etc. Pero, a la vez, toda mujer sabe que el dolor f?sico o ps?quico no justifica quitar una vida humana porque el fin no justifica los medios. La sociedad no quiere abortos, los tolera en determinados casos y es indulgente con la adolescente embarazada. La antigua verg?enza de ser madre soltera se ha reducido mucho, mientras se extienden las presiones a futuras madres (sobre todo solteras, especialmente adolescentes) planteando que ?no hay otra salida?. Por el contrario, en muchas ocasiones, el propio entorno social se ensa?a con las madres que en situaciones dif?ciles siguen adelante con su embarazo.

El aborto puede resultar muy tentador cuando se piensa que el problema es el embarazo y que, zanj?ndolo por la v?a r?pida, se acaba ese problema: nadie descubrir? tu actividad sexual, no hay que decidir quien se queda con el futuro hijo y se puede seguir como si nada hubiera pasado. Sin embargo, como el aborto va contra el arraigado instinto maternal, muchas mujeres que abortan quedan marcadas por esa experiencia, a veces para siempre: padecen reacciones sicol?gicas nuevas, recuerdan intensamente el momento del aborto, piensan en ni?os peque?os, etc., y tienden a tomar sustancias, a veces nocivas, para paliar esa tensi?n. Hay mujeres que ocultan este trauma durante a?os hasta que algo les hace explotar; a menudo un nuevo embarazo: ver la imagen de su futuro hijo de 9 semanas en una ecograf?a les hace darse cuenta de que el aborto se hizo con alguien igual de vivo, que eso no es un quiste sino su hijo.

Ante el dilema del aborto o la vida, el Estado no puede ser neutral. En un Estado de derecho, que coloca los derechos humanos en la base de su arquitectura constitucional, nada m?s l?gico que apostar por la vida, sobre todo la m?s indefensa. Si queremos ser cada vez m?s civilizados tendremos que encontrar otras formas de resolver los problemas. Hay un clamor, casi un?nime, por una pol?tica generosa para prevenir los abortos. Algunos proponen que igual que se hace un plan nacional antidroga para atajar el mal de la drogadicci?n, ?por qu? no se hace otro plan semejante para frenar la cultura de muerte del aborto, que tanto da?a a hombres y mujeres y al bien com?n de este pa?s?

Pero ?qu? hacer con esa adolescente que biol?gicamente es apta para ser madre pero que socialmente es inmadura??O con aquella pareja que no se ha planteado el matrimonio ni tener un hijo que har?a a?icos sus estudios, su trabajo, etc.? Ante una maternidad conflictiva el Estado debe fomentar una cultura de la vida como valor permanente, promover una educaci?n afectivo-sexual global, no meramente biologicista sino responsable, explicando los diversos tipos de riesgo que comportan las relaciones sexuales; una buena informaci?n sobre la adopci?n y sus modalidades; ampliando las ayudas sociales a madres solteras, etc. Lo que no es admisible, porque es falso, es vender la ?bondad? del aborto como salida de emergencia sobre todo para los que se denominan ?embarazos no deseados? de los j?venes
Carlos Moreda de Lecea

Adopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 9:47
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