Domingo, 26 de marzo de 2006



Observo a un ni?o-medicamento tratando de recomponer su identidad. Est? contemplando en el espejo su figura alterada; ha entrado en la adolescencia y se esfuerza por estabilizar su imagen corporal. No se encuentra del todo desconocido; los rasgos le resultan familiares. Se dir?a que es el mismo que, hasta hace poco, gozaba de todas las atenciones de la familia, como hermano menor. Quiz? lo mimaban demasiado; ahora, en cambio, le exigen y tratan con mayor severidad. Es verdad que han desaparecido su figura ani?ada y su rostro infantil; ha crecido y ha duplicado su fuerza, y le hierven extra?os y poderosos deseos. Pero no sabe bien si es ya un hombre o sigue siendo un ni?o. Mas eso, en realidad, ?qu? importa? En el fondo, ni siquiera sabe lo que es.

Hace alg?n tiempo descubri? la raz?n de su existencia. Era inevitable. No fue recibido en este mundo con la sorpresa de un regalo inesperado, fruto de la ilusi?n del amor, como suele ocurrir con los dem?s ni?os. No. Su hermano mayor naci? con leucemia linfobl?stica; pudo recibir un trasplante de c?lulas del cord?n umbilical de un donante an?nimo, y se recuper?. Pero el riesgo de reca?da no hab?a desaparecido y sus padres, preocupados, quisieron asegurarse. Decidieron recurrir a las t?cnicas de reproducci?n asistida para tener siempre a mano un reservorio de m?dula ?sea compatible. Y as? surgi? ?l: fecundado in vitro, super? el examen de compatibilidad y fue implantado; se desarroll? con normalidad y vio la luz de este mundo. Otros hermanos suyos embriones no tuvieron la misma fortuna y fueron desechados. No s? qu? fue de ellos: quiz? perecieron al extraerles c?lulas para investigaciones m?dicas, o es posible que tuvieran m?s suerte y fueran adoptados. ?Suerte? Oig?mosle.

Dicen que todos los adolescentes nos hacemos este tipo de preguntas: queremos saber qui?nes somos, d?nde estamos, por qu? hemos venido, qu? lugar nos corresponde en el mundo, qu? papel debemos desempe?ar en ?l. Pero a m?, estos interrogantes me atormentan con especial crueldad: ?qui?n soy yo, realmente? Hasta ahora, no me hab?a sentido inc?modo en el seno de la familia; con las inevitables rivalidades entre hermanos, es verdad, movidas por mi notorio af?n de destacar, de no ser menos, de conquistar un rango en el gallinero familiar. Mi hermano es brillante, ciertamente; pero yo aspiraba a ser el mejor. Mas ahora, desvelado el ?spero secreto, mi autoestima se ha desplomado. Me siento un puro instrumento, un mero complemento, un simple recurso m?dico. No he sido querido por m?, sino por otro. La sensaci?n de no ser nadie me persigue. El futuro me resulta inquietante. La vida ha perdido su ilusi?n.

He encontrado unas palabras de Kierkegaard que describen bien mi desasosiego y mi angustia. Yo tambi?n meto el dedo en la existencia para tratar de averiguar por su olor qu? clase de tierra es, pero no huelo a nada. ??D?nde estoy? ?Qui?n soy? ?C?mo vine aqu?? ?Qui?n es el que me ha arrojado dentro del mundo y ahora me deja aqu?? ?C?mo vine al mundo? ?Por qu? no fui consultado? ?Fui arrojado a las filas de los hombres como si hubiera sido comprado a un secuestrador, a un tratante de almas??.

Un espeso sinsentido me envuelve. Y me pregunto: ?Habr?n tenido m?s suerte mis hermanos embriones que se quedaron por el camino? ?Qu? duro es hacerse hombre!

ANTONIO ?LAMOS OLMOS/PROFESOR

Adopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 12:39  | Embriones
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