Martes, 18 de abril de 2006



Hay un t?pico muy difundido en el debate democr?tico: ?Nadie debe imponer sus convicciones a los dem?s! Con frecuencia, se dice: ?Si a usted le parece mal, no lo haga, pero permita que los dem?s lo hagan si les parece bien?. Expresi?n que se concreta en frases como: ??Yo te impido a ti hacer matrimonios estables? Pues hazlos. Y si yo quiero hacer matrimonios por tres meses ?por qu? me lo vas a impedir??. Con el bombardeo de este sofisma uno se pregunta: ??Qui?n soy yo para decir a los dem?s c?mo deben organizar sus vidas??.

Y hay otro t?pico: afirmar que quien discrepa de esas conductas permisivas puede vivir seg?n su opini?n -pues no est? obligado a llevarla a cabo-; de igual manera, a quien aprueba esas conductas se le permite vivir tambi?n seg?n su opini?n. Se afirma, por ejemplo: ?Si t? no quieres la eutanasia, pues no la hagas, pero comprende que somos d?biles y permite, al que quiere aplic?rsela, que la haga?.

Muchos ciudadanos no se identifican, de igual manera, con su realidad social por cuestiones de gran relevancia ?tica, como el rechazo y la aceptaci?n del divorcio express, del aborto, de las relaciones homosexuales o de la eutanasia, dando lugar a una latente y soterrada sociedad fragmentada. Quienes aprueban esas pr?cticas ven satisfechas sus expectativas. Quienes discrepan son considerados, muchas veces de modo hostil, como intolerantes; y, por coherencia, no les queda m?s posibilidad que no practicar las ideas de sus contrarios.

Legalizada una conducta, que uno considera inmoral, se impondr? por ley y presi?n social. De tal forma, que no podr? excluir de su entorno -el profesor de su hijo, un colaborador en el trabajo, etc.- a quienes practican esa conducta. Y, adem?s, debe permanecer mudo ante la proclamaci?n abierta de tal comportamiento. Lo contrario se califica como una intolerable discriminaci?n. A quien discrepa de una conducta legalizada se le exige permitir a los dem?s practicar lo que ?l juzga inmoral. Y tambi?n se le exige, quiz?s no por ley, pero s? de hecho por la presi?n de grupos organizados, recluir sus opiniones en el ?mbito silencioso e insignificante de lo estrictamente privado.

La legalizaci?n de lo que unos aceptan y otros rechazan por razones ?ticas, no es equivalente en su realizaci?n. Aceptar la legalizaci?n de lo reprobable, en raz?n del sofisma ?si a usted le parece mal, no lo haga...?, es aceptar una sociedad como si aquello fuera bueno y respetable en s?. Y las ideas (unas ideas que no sintonizan con la nueva ley) de quienes discrepan se consideran, con muy poco respeto, rid?culamente tolerables. Casi como si lo legalizado fuera bueno, pero no tan bueno como para ser obligatorio.

Legalizar una determinada conducta no supone sin m?s que sea justa, pues la equidad de una acci?n es anterior a su legalizaci?n. Despenalizar el aborto o matar una cig?e?a, legalizar el divorcio express o prohibir fumar en un lugar p?blico, tienen una relevancia ?tica de muy distinto rango. Sin embargo, legalizar una conducta s? facilita la repetici?n de dicho comportamiento: se invita a practicar lo legalizado al juzgarlo socialmente positivo.

Es insuficiente solventar los problemas de gran impacto ?tico-social s?lo por el imperio de 'democracias' aritm?ticas. Cuando la fuente del Derecho es la mayor?a, en ocasiones, puede no haber diferencia entre derecho y abuso. La pena de muerte; la guerra sucia antiterrorista; la poligamia, que es real, aunque se encubra inscribiendo s?lo a una de las mujeres en el registro civil; la pregunta sobre si la ablaci?n es delito, etc. son cuestiones que exigen, previamente, una postura ?tica (la ?tica como la ciencia o el arte no se establece en sus fundamentos por medio de consensos democr?ticos) y no admiten soluciones neutras al margen de su equidad. Todas las cuestiones, en las que se juega tanto la persona o la sociedad, requieren instituir, jur?dicamente, unos valores acordes con la dignidad humana.

Carlos Moreda de Lecea


Adopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 9:07  | Para pensar
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