Mi?rcoles, 17 de mayo de 2006


El trabajo en el hogar es, sin duda alguna, el trabajo con mayor dimensi?n social que existe.

A?n desarroll?ndose entre cuatro paredes, tiene una repercusi?n important?sima en la buena salud de la sociedad.

Cuando una madre funciona bien, funciona bien la familia y, a su vez, funciona bien toda la colectividad.

Mis logros personales no pueden competir con los de un alto ejecutivo, ni salen en televisi?n, ni cotizan en la bolsa. Sin embargo, yo no lo cambio por nada.

Mis satisfacciones son mucho mayores, y en mis manos est? el mejor negocio de mi vida pues me siento como la empresaria m?s importante del planeta.

Me animo a escribir estas sencillas reflexiones pensando, en especial, en aquellas mujeres, trabajadoras como yo, cuyo sueldo es el apoyo y la ayuda de sus maridos y la sonrisa de sus hijos.

Pertenezco a una empresa familiar ubicada en un edificio ocupado, en su mayor?a, por negocios similares al m?o.

Como toda buena compa??a que se precie, goza de unas instalaciones dignas, sencillas, soleadas y, sobretodo, muy acogedoras.

As?, estamos convencidos, se trabaja m?s, mejor y se est? a gusto. La sala de juntas, por ejemplo, es amplia, luminosa, sin ning?n elemento decorativo ostentoso (porque ni nos da para ello ni es nuestro estilo) y hace las veces de biblioteca, sala de reuniones, estudio con audiovisuales, aula de descanso..., lo que haga falta.

Sin embargo, es en el que podr?amos llamar laboratorio, donde paso la mayor parte del tiempo.

Es aqu? donde intento transformar las materias primas que recibo de mis proveedores en exquisitos productos elaborados; donde se lavan los trapos sucios de la empresa, se alisan las arrugas de la convivencia, y un mont?n de cosas m?s.

La mesa de mi despacho est? entre la nevera y el microondas. El hilo musical que suena de fondo es el del lavaplatos (por cierto, Dios m?o, gracias por poder tenerlo porque ?el trabajo que ahorra!). El sill?n de cuero lo sustitu? por una banqueta de cocina, bastante c?moda tambi?n.

En ocasiones, me traslado moment?neamente al despacho de otro trabajador para poder usar el ordenador. Es una habitaci?n compartida con un futbol?n, un corralito y su habitante eventual (al que tengo que atender a cada frase), libros, enseres de descanso, un armario que antes cre?a muy amplio, cachibaches por doquier, etc.

Y pues, como si de cualquier otro ministro se tratara, me resulta bastante dif?cil hacer algo sin interrupci?n, puesto que, est? donde est?, en mi lugar de trabajo entran cada dos por tres mis secretarios particulares de 1, 3, 6, 8 y 10 a?os, solicitando mi atenci?n para resolver cualquier tipo de problema socio-laboral o simplemente de subsistencia.

Es muy gratificante pensar que eres necesario para los dem?s. En lo que respecta a mis secretarios, hablar?a de ellos horas y horas, como lo har?a una madre de sus peque?uelos.

Digo bien cuando los llamo secretarios porque est?n bien ense?ados (nuestros esfuerzos nos cuesta) y colaboran en el bien de la empresa, ?todos!

Por supuesto que cada uno ha de ocuparse de que sus pertenencias y material de trabajo est? recogido. Pero, aparte, cada uno tiene un peque?o encargo pensado un poco en el servicio a los dem?s.

Por ejemplo, Jos? Ram?n limpia los zapatos, los suyos y los de sus hermanos; Fran riega las plantas, a veces, cuando ya est?n un poco desmayadas y piden el agua a gritos; Covadonga repone el papel higi?nico en los ba?os, important?simo; Macarena se encarga de sacar la basura a la escalera, y ?por Dios! que nadie se la saque porque sino tenemos foll?n; por ?ltimo, Ignacio, que como todav?a no sabe caminar (aunque eso no es excusa pues con el andador llega a todos los sitios, lo tenemos comprobado), de momento s?lo recoge sus juguetes en el cesto.

Esto, escrito as?, se ve muy bonito, pero dada la corta edad laboral de la mayor?a del personal, para su buen funcionamiento, requiere una ardua tarea de inspecci?n y seguimiento.

Y como la voluntad tarda m?s en desarrollarse que la inteligencia hay que repetir las cosas infinidad de veces. Aqu?, la paciencia juega un papel fundamental. La paciencia y la gracia del sacramento del matrimonio que en ocasiones creo haberla visto materialmente. ?Como para desperdiciarla!

Por otro lado, estos empleadillos, son muy dados a pedir enseguida recompensa. Es, entonces, cuando se re?nen los sindicatos con la patronal para llegar a un acuerdo. Por mi parte, quedan desterradas las pagas por recompensar un servicio o una ayuda que, a fin de cuentas, no tiene precio.

La colaboraci?n entre los trabajadores no se puede expresar con dinero, y adem?s, somos de la opini?n de que cuanto menos tengan de eso, mejor. S? suelo ser generosa en besos y achuchones (no creo que sea acoso sexual en el trabajo) y tambi?n muy efusiva en halagos y felicitaciones. Procuro que el premio lo vean ellos mismos con la satisfacci?n del trabajo bien hecho, ?y c?mo cuesta convencerles a veces!

Y con todo esto, que quiz?s a algunos le parezcan paparruchas ... ?no me siento maruja! Es m?s, me horroriza la expresi?n. Y protesto en?rgicamente contra aquellos que piensan que las amas de casa, madres de familia, nos dedicamos a esto porque no dimos para m?s y ah? estamos, sufriendo en silencio, como si de almorranas se tratara.

Tengo estudios universitarios y he ejercido mi profesi?n antes de casarme. Ahora no tengo un sueldo (bien que lo siento) pero mi trabajo, de horario m?s amplio y de mayores alegr?as, es una especie de conglomerado de varios ministerios.

Ejerzo de ministra de educaci?n y ciencia al hacer los deberes con mis hijos, o al asistir a las reuniones del colegio, del brazo de mi marido, en las que tanto aprendemos y tan bien lo pasamos. O cuando, simplemente, les ense?o a actuar de tal o tal manera porque honradamente es lo m?s correcto; al hacer las cosas con orden, cumplir un horario, o una promesa,...

Como ministra de sanidad, poco a poco me fui soltando: no llego a recetar pero s? me ahorro alguna que otra visita al pediatra, porque de todo se aprende.

En cuanto al ministerio de agricultura, pesca y alimentaci?n lo voy manejando mejor, aunque me cost? lo m?o. No es que cultive nada, pero cuando te casas sin saber cocinar ...

Sobre la cartera de asuntos sociales, s?lo se?alar que el hecho de que se vea pasear por la calle a una familia de m?s de cuatro miembros, es ya una buena aportaci?n a la sociedad.

Dado el n?mero de empleados que tenemos, es el ministerio de econom?a el que nos trae m?s de cabeza. Es por ello que hicimos de una frase que repet?a mi padre un lema familiar: soldado que se guarda, vale para segunda vez y la herencia ha venido a formar parte de nuestras vidas. S?lo hay que cuidar las cosas un poquito.

Todo esto se lleva a cabo con una estrecha colaboraci?n entre marido y mujer, por supuesto.

He de reconocer que la cartera de deportes se la lleva ?l. Como tambi?n quisiera se?alar que hay otro aspecto que ejerzo en solitario, al igual que cantidad de mujeres en mi misma situaci?n. Yo lo llamar?a el ministerio de imagen y buen aspecto: hemos de ser verdaderas expertas en combinaci?n de colores y prendas.

Tengo, en ocasiones, la tentaci?n de hacer un esquema y pegarlo por dentro del armario: tal pantal?n va con tal jersey: si pones este jersey, con tal y tal camisa o color de calcet?n, ... Es posible que alg?n marido se sienta un tanto ofendido, pero hasta nuestra redacci?n no nos han llegado noticias de ninguno que tenga esta capacidad.

Para terminar, si se me admite un consejo, animar?a a todas mis colegas a defender su profesi?n con la cabeza bien alta. A prepararse de alguna manera para mejorarla, tanto en la cocina como en la educaci?n de los hijos y en muchas cosas m?s.

Y a no sentir ning?n complejo de inferioridad ante esas supermujeres que nos vende la televisi?n, de malet?n, peluquer?a y alta costura, porque en val?a personal, como m?nimo, estamos a la misma altura.

Covadonga Ca?al


ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 14:46  | Educaci?n
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