Mi?rcoles, 05 de julio de 2006


Enrique Monasterio

Apunto ya de volver a casa, Jorge (pongamos que se llama as?) llam? a la puerta de mi despacho. Est?bamos en junio, esa atribulada etapa de ex?menes en la que el capell?n se dedica, sobre todo, a las obras de misericordia propias de su oficio: consolar al afligido, animar al cateado, aplacar al furioso y escuchar..., sobre todo escuchar.

Jorge caminaba arrastrando unas chanclas sin calcetines, como las que yo mismo uso para ir a la ducha. Un pantal?n de camuflaje, lleno de bolsillos, arrugas y churretes, le cubr?a media pantorrilla. La camisa era beige, amplia, cuatro o cinco tallas m?s grande de lo necesario y con botones que no parec?an haberse abrochado jam?s. La barba de tres d?as resplandec?a grasienta e impregnada de esos sudores fr?os previos a los ex?menes que se mezclan con los c?lidos sudores del verano. El pelo, prieto y frondoso, no hab?a visto un peine en los ?ltimos meses.

Estuvimos charlando un rato. A pesar de la apariencia, se percib?a cierto aroma a lavanda cara. Sin embargo, como el chaval estaba nervioso, se rascaba una y otra vez el t?rax y sus arrabales abraz?ndose con ambas manos.

Al final salimos juntos a la calle.

-?Te acerco a alg?n sitio? -le pregunt?-.

-No, gracias. Tengo coche.

Y se subi? a un reluciente BMW nuevo motor sonaba como una orquesta sinf?nica.

Camino de casa record? la historia que Pem?n contaba hace muchos a?os:

En pueblo andaluz alguien llama a la puerta de su vecino:

-Perdone que le moleste: ?ser?a usted tan amable de decirme de qu? color prefiere que pinte la fachada de mi casa?

El vecino le mira con asombro.

-?Por qu? me lo pregunta a m?? La casa es suya.

-En efecto. Pero ser? usted el que la vea todas las ma?anas.

Es verano y es tiempo de tertulia, quiz? valga la pena dedicar un par de art?culos o tres a reflexionar sobre el tema.

No pretendo redactar un manual de buenas maneras. Lo m?o no es la est?tica sino la ?tica. Pero ya escrib? hace a?os en esta misma p?gina que la mugre puede ser el espejo del alma: toda la mugre: la de la pellejo, la del vestido, la del lenguaje, la de los gestos...

Es cierto que la moda es desp?tica y no parece f?cil oponerse a sus dictados. Pero, ?es s?lo una moda llevar los pantalones cortos y arrugados, ense?ar las espinillas lanudas, despeinarse fren?ticamente al amanecer o lucir unos tejanos andrajosos, que son "lo m?s de lo m?s" y valen una pasta? Por otra parte, ?hay algo m?s all? de la moda? ?Es indiferente desde el punto de vista moral ese aparente descr?dito de la belleza en el que ahora nos encontramos? ?Significa tambi?n un cierto desprecio hacia el que contempla nuestro aspecto? Si aquella ma?ana de junio hubiese preguntado a Jorge por su atuendo, probablemente me habr?a respondido: -Es c?modo.

Y si hubiera insistido un poco, seguramente habr?a reconocido que sus pantalones le gustaban m?s que nada porque se llevan y porque son caros; y la camisa tambi?n; y que las chancletas las ha comprado no s? donde.

Me temo que no habr?amos pasado de ah?. El fe?smo se lleva. Y tengo la sospecha de que se trata de un mal s?ntoma. A muchos les averg?enza hablar de belleza. Y, por supuesto, resulta anacr?nico, a estas alturas del siglo, predicar que el respeto, el se?or?o, el amor al pr?jimo y hasta la propia dignidad quiz? tienen algo que ver con la fachada que uno presente a su vecino. Me dice Luis que hablo como un viejo gru??n. -No te quemes con este asunto -insiste-. Quiz? tenga raz?n, pero me propongo seguir cavilando sobre el tema. Hoy hace fresco en la Sierra de Segovia. Est? amaneciendo en Riaza un d?a luminoso y magn?fico, que me trae a la memoria el comienzo de un poema de Juan Ram?n Jim?nez: "Dios est? azul".

A Dios s? le parece importante renovar cada ma?ana su fachada.


ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 19:59  | Para pensar
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