Mi?rcoles, 12 de julio de 2006



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Miércoles, 12 de julio 2006

«Más que un cura era un amigo, una persona excelente». El presidente de la Asociación de Vecinos de Villalegre, José Rodríguez, apenas podía contener firme la voz para referirse al párroco de su barrio, Julio Asterio Fernández, un hombre que ayer murió, a las once y media de la mañana, en la habitación 204 del Hospital de Avilés, sereno y rodeado de los suyos -como él quería- tras luchar durante los últimos meses con un cáncer que acabó siendo fulminante, cuenta M.M. Alvarez Buylla en La Nueva España.

En Villalegre, al conocer la noticia, muchos vecinos lloraron en señal de duelo por su sacerdote, esa persona joven que con sólo 45 años se enfrentó con valentía a la muerte e incluso, allá por el mes de mayo, se atrevió a escribir una carta, que algunos dicen que fue su testamento en vida -publicada en este diario-, animando a los que, como él, sufren dolor. Por entonces, Julio Asterio decía: «Cuando Dios decida sorprenderme con otra felicidad, con otra vida, con la plenitud pascual que él nos anuncia, espero que me encuentre con el mismo ánimo y ligero de equipaje».

El fallecimiento de Julio Asterio Fernández era, así, previsible hasta para él mismo. El arzobispo Carlos Osoro estuvo el pasado lunes con el párroco para infundirle ánimos. En las voluntades, relataban ayer sus amigos, el párroco dejó escrito que quería ser enterrado en la colegiata de Pravia, en su villa natal, junto a su padre, quien hace sólo dos meses recibía cristiana sepultura.

El funeral de cuerpo presente por Julio Asterio Fernández, velado anoche en el tanatorio de Santa Catalina (Pravia), tendrá lugar hoy, a las cinco de la tarde, y lo oficiará el Arzobispo, según informaron párrocos que ayer rezaron en torno a la cama del difunto. El lunes, a las 8, se oficiará un funeral en la parroquia de Villalegre por el eterno descanso del sacerdote. «Su familia agradece todo el apoyo que está recibiendo, aunque prefiere pasar el trago de estos momentos a solas», manifestó un amigo de la familia. Mientras, en Villalegre, las campanas repicaban a duelo.


Muy querido por todos, por ser el qu eofició la Misa por Pelayo y otros nonatos. Dios lo acoja en su seno.




Adopción espiritual

Publicado por Galsuinda @ 10:19  | Pelayo, su historia
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