S?bado, 19 de agosto de 2006

por Tom?s Melendo Granados

Las propuestas se articulan en dos grupos muy sencillos: a) lo que es oportuno hacer a la hora de educar a nuestros hijos; b) lo que no debe decirse, no tanto por la expresi?n en s?, sino por la actitud que manifiesta en los padres y los hijos perciben desde muy peque?os, y por el da?o que a estos pudiera causarle.

Lo que conviene hacer 1.- Vivir personalmente, con coherencia, cuanto se exige a los hijos, recordando que el ejemplo es el mejor predicador; o, al menos, luchar clara y visiblemente por actuar de tal modo. As?, pongamos por caso, conviene ir por delante en la moderaci?n del uso de la TV; en no hablar nunca mal del pr?jimo y saber cortar cualquier conversaci?n que tome ese rumbo; en la sinceridad: por ejemplo, no pidiendo que digan que no estamos en casa cuando simplemente no tenemos ganas de ponernos al tel?fono; en el orden, sin sentirnos liberados ?por nuestra edad y condici?n de padres? de arreglar nuestros enseres y contribuir a la armon?a del hogar; en la puntualidad, acudiendo de inmediato, entre otras circunstancias, cuando se nos avisa que el almuerzo o la cena est?n a punto; en afrontar las dificultades con buen humor y una sonrisa; en valorar y exponer el sentido del trabajo, sabiendo destacar cuanto en ?l hay de positivo y silenciando, si fuere necesario, las dificultades, las ?zancadillas?, el mal talante de nuestro jefe o de nuestros compa?eros?

2.- Favorecer el prestigio del otro c?nyuge, ayudando a los hijos a descubrir sus virtudes, y evitar el contradecirlo o reprocharle algo en presencia de los ni?os. Si os han visto pelearos, que os vean tambi?n reconciliaros. Y, cuando las hijas adquieran la edad conveniente, que el padre les muestre la grandeza de la madre ?como mujer y esposa?, igual que la madre a los hijos varones en relaci?n a su marido ?como esposo y como var?n?.

3.- Encontrar las ocasiones para jugar y conversar con los hijos, para interesarse realmente por sus cosas, que nunca son para ellos poco importantes, aun cuando a veces esto signifique renunciar a la propia tranquilidad o sacrificar un poco del tiempo que podr?a dedicarse a la profesi?n o al descanso.

4. -Conceder a los hijos ?de manera progresiva, seg?n la edad, pero desde el fondo del coraz?n? toda vuestra confianza, arriesg?ndoos sin dudarlo a que alguna vez os ?enga?en?.

5.- Tener tambi?n fe en la capacidad del ni?o o de la ni?a para luchar por superar sus defectos, comprometi?ndonos personalmente en ese combate? hasta sufrir con sus derrotas, si llegare el caso. Por eso, cuando el hijo caiga una vez m?s en alguno de esos defectos, comprenderlo efectivamente, ayudarlo con palabras de ?nimo despu?s de rehacernos nosotros mismos si fuera preciso, y no limitarse a echarle en cara su debilidad. En definitiva, mostrar que seguimos confiando plenamente en ellos y que estamos dispuestos a comenzar de nuevo la lucha con moral de victoria.

6. -Favorecer el esp?ritu de iniciativa del ni?o desde muy pronto y dejar que haga las cosas por s? mismo ?que inicialmente resulta m?s costoso que hacerlas nosotros?, asumiendo con esp?ritu deportivo las molestias complementarias que tal actitud pudiera originar.

7.- No ceder a los caprichos de los cr?os, por m?s que se emperren en ellos, sino esperar serenamente a que pasen sus rabietas. Dejarles muy claro, de este modo, que no tienen derecho a esos antojos.

8.- Cuando sea menester, aunque no resulte f?cil, saber decir que no... y mantenerse en ?l; pero explicar las causas de esas negativas y no exagerarlas, multiplic?ndolas in?tilmente. (Recordar, a estos efectos, que cada persona tiene su propio camino de perfeccionamiento y que no debemos imponer a nuestros hijos las propias preferencias).

9. -Ejercer la autoridad, que no es autoritarismo. Este ?ltimo es af?n de poder; la primera por el contrario, es servicio y se basa en una estima justa y merecida del chico o de la chica y de lo bueno en s?, que resulta capaz de mejorarlo.

10.- Exigir la obediencia sin vacilaciones, pero intentando dar las ?rdenes con el tono m?s suave y simp?tico posible.

11.- Limitar el n?mero de deberes y prohibiciones a las cosas verdaderamente importantes. La vida familiar debe estar regida por el m?nimo de reglas imprescindibles, y no por gustos o caprichos de uno u otro de los progenitores; y esas pocas normas ineludibles, hay que intentar que se cumplan siempre. As? los padres ??las madres!? ?no se queman? mandando sin ton ni son en cuestiones que, por su misma escasa relevancia, luego no vamos a hacer cumplir; y los hijos aprenden a obedecer por la bondad intr?nseca de lo que se les indica, interiorizando los criterios y formando su conciencia.

12.- A veces ?no muchas? se debe tambi?n castigar, pero con moderaci?n, sin perder la serenidad ni dejarse vencer por el nerviosismo o la ira.

13.- Nunca un castigo ha de ser ni parecer un simple desahogo de nuestro mal humor, de nuestro cansancio o de nuestro orgullo herido. Por eso, en ocasiones, es preferible ?salir de la escena? y no volver a ella hasta que se haya recuperado el propio dominio: una palabra serena y convencida goza de mayor poder de persuasi?n que un grito o una reprimenda incontrolados. Es necesario, adem?s, medir muy bien las consecuencias de la sanci?n que se pretende imponer. Jam?s debe ser ni desproporcionada ni de tal envergadura (??te quedar?s tres meses sin salir de casa!?)? que despu?s resulte imposible cumplirla y tengamos que condonar la deuda. Por fin, es muy conveniente que la acci?n reparadora guarde clara relaci?n con la falta cometida: los defectos en el estudio es oportuno corregirlos mediante actividades que ense?en; los de puntualidad, ayudando a vivirla en otras circunstancias; las explosiones de ira, ense?ando a pedir perd?n y a no saltar cuando les gasten aquella broma que les molesta especialmente? En este sentido, no suele dar resultado una suerte de ?castigo universal y no espec?fico?, como privar de ver la televisi?n, jugar con la videoconsola, no asistir a determinados espect?culos? Entre otros motivos, porque concedemos a esas actividades (televisi?n, etc.) una importancia de la que en realidad carecen.

14.- Cuando convenga rega?ar a un hijo, hay que hacerlo con claridad, con justicia, con brevedad y cambiando despu?s el tema de la conversaci?n; es imprescindible concederle un tiempo para que asimile la correcci?n, sin exigir que reconozca de inmediato su culpa? como tampoco solemos de entrada reconocerla nosotros.

15.- Resulta muy formativo exigir apoy?ndose m?s en el cari?o (y en el bien de los dem?s) que en los castigos y recompensas: ?Si haces eso, me das ?o das a tu padre o a tus hermanos? un disgusto o una alegr?a muy grande?. Se transmite as? a los hijos la hermosura de hacer o prescindir de algo libremente, por amor a los dem?s.

16. -Evitar siempre que se pueda los premios materiales, para no cultivar una moral utilitarista, que espera una recompensa por cada acci?n positiva. Al contrario, resulta muy conveniente que los hijos perciban y se sientan satisfechos al advertir la alegr?a de los padres cuando realizan una buena acci?n. En el primer caso se promueve, tal vez sin plena conciencia, el ego?smo: hago algo bueno no por ser bueno, sino porque yo obtengo un provecho. En el segundo, se ayuda a los hijos a salir de s? y ocuparse de los otros? que es la ?nica v?a transitable para encontrar la felicidad.

17.- Conviene elogiar o censurar no lo que son, sino aquello que hacen. Se evitar? de este modo fomentar la soberbia o el desencanto. No decir, por ejemplo, ?eres tonto?, sino ?esta vez has hecho o dicho una tonter?a?. El uso del verbo ser o similares, por cuanto f?cilmente se refieren a la totalidad de la persona y la califican de un modo radical y omniabarcante, constituye una especie de carga de profundidad que puede resultar devastadora. M?s oportuno es, por ejemplo, utilizar frases del estilo: ?en esta ocasi?n has actuado un tanto ego?stamente; no me lo esperaba de ti?. Con ellas, al tiempo que corregimos la actitud incorrecta, fomentamos los valores positivos de fondo y mostramos nuestra estima y confianza hacia los chicos.

18.- Distribuir encargos oportunos entre los hijos, ense?ando tambi?n a que, en determinadas ocasiones, si existe causa justificada (exceso de cansancio, proximidad de un examen, etc.), uno supla en lo que deber?a realizar otro. Se trata de una de las acciones m?s dif?ciles pero al mismo tiempo m?s eficaces. Cualquier hijo en condiciones normales est? dispuesto a echar una mano a sus padres? con tal de que esa tarea no le corresponda a otro hermano. Lograr que superen esa especie de agravio comparativo es poner las bases de una generosidad aut?ntica y duradera.

19.- Implicar a los hijos, con un equilibrio adecuado, en las decisiones familiares, estimul?ndoles para que hagan sugerencias para el bien de la familia? y acogi?ndolas incluso cuando las nuestras nos sigan pareciendo un poco mejor que las que propuestas por ellos (entre otros motivos, porque es muy f?cil que las nuestras, solo por serlo, las consideremos mejores).

20.- No rechazar globalmente, y mucho menos a priori (?t? calla, que de esto no sabes?) ni siquiera aquellas insinuaciones de los hijos que nos parecen m?s insensatas; por el contrario, esforzarse para descubrir y valorar cuanto hay de bueno en sus ideas? puesto que siempre hay algo bueno. Es eficac?simo llegar al convencimiento de que los padres tenemos mucho que aprender incluso de los m?s menudos de nuestros hijos.


21.- No os limit?is a corregir o aconsejar a los hijos, sino escucharlos con paciencia, afecto, inter?s y ?simpat?a? ?como si se tratara de vosotros mismos o de la persona m?s querida?, de modo que llegu?is a comprender el porqu? de sus dificultades, desilusiones, tristezas, errores, mimos, etc. Y eso, a todas las edades: desde que empiezan a hacerse entender hasta la etapa tan problem?tica de la adolescencia... y siempre. Nunca es buena la presunci?n de que, por nuestra edad, experiencia, estudios, etc., la raz?n se encuentra de nuestra parte.

22.- No responder sistem?ticamente a sus preguntas, por abulia o pereza, con un cansino ?no lo s?. Los ni?os multiplican sus interrogantes, justo cuando advierten ese desinter?s.

23.- Cuando no se sabe bien qu? razones dar para acoger o rechazar sus peticiones, tener la humildad de decir, por ejemplo: ?D?jame que lo piense?. Y lo mismo cuando nos consultan sobre algo que tienen derecho a conocer, pero que nosotros no tenemos claro. Es muy formativo para los hijos ?y hace crecer en ellos el aprecio por nosotros? advertir que siempre estamos dispuestos a atender a sus demandas? pero tambi?n que reconocemos sin problema que no somos ni omnipotentes ni lo sabemos todo. Tal actitud suele evitar dificultades en la edad cr?tica de la adolescencia.

24. -Exigir con buen humor, pero jam?s con iron?a hiriente, aun cuando fuera sutil. La iron?a es siempre dolorosa porque lleva consigo una suerte de descalificaci?n global o, al menos, muy superior a la manifestaci?n clara y afectuosa del error que se intenta corregir. Por eso, en ocasiones es preciso, nada f?cil, ?y muy meritorio!, abstenernos de formular esa ocurrencia llena de aut?ntica gracia? pero que podr?a herir a alguno de nuestros hijos. Tambi?n aqu? el propio lucimiento est? muy por detr?s del bien del ser querido.

25.- Proponer mejoras realmente posibles ?no disparatadas y fruto de una irritaci?n incontrolada? y prever un tiempo razonable para cada una de ellas... Probablemente una de las virtudes que m?s a menudo ha de ejercitarse en la educaci?n, y por eso de singular importancia, es la paciencia.

26. -Mantener las promesas hechas. Para ello, reflexionar detenidamente sobre la viabilidad de llevarlas a cabo antes de adquirir el compromiso. Y si en alg?n caso resultara realmente imposible cumplir lo pactado, explicar con humildad y claramente los motivos, al tiempo que se propone una alternativa.

27.- Usar las bofetadas lo menos posible (que no necesariamente quiere decir nunca: como todo, esto depende mucho del modo de ser del chico). Ser?a bonito que vuestro hijo, m?s adelante, pudiera contar los bofetones recibidos de ni?o.

28.- Ense?ar a los hijos el valor de ciertas renuncias y despertar su capacidad de cr?tica frente a la publicidad consumista, que exalta de continuo la satisfacci?n inmediata de deseos y necesidades artificialmente creados y elimina el gozo profundo de los grandes logros que suponen largo esfuerzo. En este caso, m?s que nunca, es menester andar atentos para no convertir en l?cito y norma de conducta lo que ?todo el mundo hace?; e imprescindible, si se quiere ser eficaz, que nuestro ejemplo vaya por delante.

29.- Iniciar a los hijos en el misterio del origen de la vida y del amor entre hombre y mujer, de manera progresiva y desde muy peque?os, en la justa medida ?muy escasa o casi nula en los comienzos? en que demuestren inter?s por el tema. Vale m?s adelantarse que llegar tarde (sin olvidar que hoy estas cuestiones ?est?n a su alcance? ?televisi?n, revistas, Internet, amigos...? mucho antes de lo que creemos). Por otro lado, incluso cuando no nos prestaran demasiada atenci?n, les estamos demostrando que no se trata de una cuesti?n tab?, sino tan normal como las restantes que hablamos en la intimidad, y que pueden acudir a nosotros para consultar sus leg?timas dudas? o contarnos sus fracasos (como consecuencia, jam?s deber?amos mostrar asombro o indignaci?n cuando nos hagan part?cipes de sus derrotas).

30.- Pedir ayuda a Dios y ponerse en las manos de la Virgen y de los ?ngeles Custodios, con real abandono, para ser buenos educadores.

Lo que no conviene decir


Como memorandum, a?adir? diez frases que conviene eliminar de nuestro repertorio:

1.- ??A m? no me haces esto!? (demuestra m?s amor propio que afecto hacia el hijo).

2.- ?Esto no se lo cuentes a pap? (o a mam?)? (destruye la fuente del amor y el crecimiento familiar: la uni?n de los c?nyuges).

3.- ?No sirves para nada, eres un ego?sta, un embustero...? (descalifica globalmente al chico y refuerza el ejercicio del tipo de conductas que pretendemos corregir).

4. -?Has hecho lo que tu quer?as, ahora ?arr?glatelas!? (adem?s de orgullo herido, manifiesta falta de ?simpat?a y compromiso? con el hijo o la hija).

5. -?Dime la verdad, de lo contrario...? (muestra desconfianza y sustituye el amor por la amenaza).

6. -??D?nde has estado? ?Qu? has hecho? ?Qui?n hab?a?? (constituye una agresi?n a la intimidad, que m?s bien cierra cualquier posibilidad de comunicaci?n).

7. -?Haz lo que quieras, con tal de dejarme en paz? (hace poco me contaron que un chico explicaba a sus amigos que sus padres no lo quer?an ?porque me dejan hacer lo que quiero?).

8. -?Mira qu? buena es tu hermana, c?mo estudia, c?mo ayuda? (olvida que cada persona es ?nica y fomenta los celos, las envidias, la competitividad malsana?).

9. -?La ha tra?do la cig?e?a, o bien, son cosas que no te interesan?. (imposibilita que se establezcan lazos en torno a una de las esferas en que los hijos m?s lo necesitan; arroja el amor a la categor?a de lo innoble y dificulta cualquier posterior conversaci?n sobre este tema).

10.- ?Mira que Dios te va a castigar? (distorsiona inevitablemente la imagen de Dios como Padre amoroso; sustituible con ventaja por algo como: ?Dios te ve siempre, quiere tu bien, y ser?a estupendo que lo tuvieras muy contento?).

Tom?s Melendo Granados





ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 10:38  | Educaci?n
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