Mi?rcoles, 30 de agosto de 2006


Pbro. Gilberto G?mez Botero,Director de CENPAFAL

Esperanza y sanaci?n para la mujer que ha abortado

La absoluci?n del pecado de aborto

Hablo desde mi propia experiencia como sacerdote. En treinta y siete a?os de ministerio son muchas las mujeres - y tambi?n muchos de sus c?mplices - las que han venido a buscar mi ayuda, a confesarse y a pedirme la absoluci?n de sus pecados de aborto. Durante casi todo mi ministerio sacerdotal he tenido la delegaci?n episcopal para absolver de este pecado, reservado por el Derecho Can?nico. Y creo que he observado cuidadosamente las orientaciones que me da la Iglesia para ejercer el ministerio en este campo particularmente dif?cil.

Pero s?lo fue hace alg?n tiempo cuando descubr? que ten?a que hacer m?s. Y no sab?a c?mo hacerlo. No ten?a muchos recursos para desempe?arme, carec?a de los conocimientos y de las claves. Pero comenc? a aprender. Algo he aprendido y contin?o aprendiendo. Porque en este terreno todos somos aprendices.

Fue precisamente cuando un d?a lleg? a mi oficina una joven, a quien llamar? Luc?a, conocida por mi amistad con su familia, y a quien consideraba y trataba como amiga. Me pregunt? que si pod?a y quer?a dedicarle un buen rato, porque quer?a hablar conmigo algo muy personal. Le dije que s?, que la escuchaba. Se produjo un silencio, para m? largo e inc?modo. E inesperado. Porque ella era muy extrovertida y me trataba con mucha confianza. Por la expresi?n de su rostro me di cuenta que las palabras no sal?an de su garganta. Que ten?a como un nudo que no lograba soltar.

Despu?s de unos interminables minutos me pregunt? si me imaginaba de qu? me iba a hablar. Yo le dije que me imaginaba que se trataba de su noviazgo y sus cuitas amorosas, como en otras oportunidades. Ella me dijo que no era de eso y que llevaba tres a?os esperando este momento. Pero que no lograba decidirse a hacerlo y que hoy era el d?a.

Hac?a cinco a?os ella hab?a quedado embarazada como resultado de una aventura con un joven que yo conoc?a. Al darse cuenta de su estado, le hizo saber a ?l que estaba esperando. De inmediato su novio le dijo que qui?n sabe de qui?n ser?a ese hijo, porque de ?l no era, que lo mejor era que abortara. Que ?l no pod?a asumir responsabilidades con ella. Luc?a ten?a p?nico de enterar a sus padres, por la severidad de su pap? y la fr?gil salud emocional de su mam?. Se sent?a sola y viv?a en el silencio su tragedia. Sinti? hasta deseos de no seguir viviendo. Se atrevi? a comentarle el asunto a una t?a suya. Y ella de inmediato la convenci? de que abortara.

Por ese tiempo Luc?a ten?a 24 a?os y hab?a abandonado toda pr?ctica religiosa. Era respetuosa con la orientaci?n espiritual de los suyos. Pero ella misma hab?a borrado a Dios de su vida.

En el momento de realizarse el aborto Luc?a estaba convencida de que hab?a tomado una decisi?n correcta, m?s a?n, pensaba que no ten?a ninguna otra opci?n. Y durante mucho tiempo no hizo otra cosa que repetirse a s? misma que no ten?a por qu? preocuparse, que no se trataba de una vida humana, que era s?lo un pu?ado de c?lulas, casi como un quiste, lo que le hab?an extra?do de la matriz.

Pero, sin embargo, los d?as siguientes al aborto no se acabaron las pesadillas. En medio de su sue?o perturbado o?a ni?os que lloraban, se miraba a s? misma como un criminal que no merec?a respeto ni merec?a vivir. En sus largas y dolorosas vigilias se dec?a a s? misma que esto no podr?a haberle pasado a ella, que no era m?s que una horrible pesadilla. Pero al salir el sol la luz no disipaba los horrores de su esp?ritu. Estaba al borde de la desesperaci?n. Y todo esto lo sufr?a sola.

Se volvi? a Dios, pero siempre ten?a miedo de que El no la perdonara. Acudi? al sacramento de la penitencia y confes? su pecado. Estaba arrepentida. El sacerdote que la escuch? en confesi?n le asegur? que el perd?n que la Iglesia le otorgaba por su ministerio era el perd?n que Dios le ofrec?a. Muchas veces m?s sigui? confesando su pecado, pero no llegaba la paz a su alma. Su alma estaba herida.

Ten?a una gran herida en el alma y no hab?a encontrado algo que la sanara

Sin que nadie se enterara, acudi? a varios sic?logos cl?nicos que trataron de ayudarle a elaborar su duelo. Pero el recurso que estos profesionales le aplicaron era como una especie de anestesia cuyo efecto duraba poco o ni siquiera obraba. Ten?a una gran herida en el alma y no hab?a encontrado algo que la sanara. Hac?a lo posible por mantener compostura frente a los suyos y frente a sus amistades. Pero se hab?a tornado distante y melanc?lica. Su madre pensaba que todo esto se deb?a a que no hab?a sido afortunada en el amor.

Luc?a estaba perdonada por Dios. Y por a?os hab?a venido expiando su pecado. Ella lo sab?a. Era una idea clara en su cerebro, pero no era una convicci?n que hubiera entrado en su coraz?n.

Ese d?a vi claro que Luc?a la pecadora era tambi?n otra v?ctima del aborto. A veces olvidamos eso y descargamos sobre la mujer todo el peso de la responsabilidad de este horrible crimen. Cuando sabemos que a su alrededor est?n otros que tambi?n son responsables, y quiz?s m?s que ella. Y son responsables por acci?n o por omisi?n, pero no se sienten culpables, porque parece que se exige de la mujer abortadora que cargue ella sola con todo el peso de la culpa y de la responsabilidad, cuando los otros corresponsables se lavan las manos como Pilato.

Luc?a era otra v?ctima de su aborto.

Su alma estaba medio muerta y su coraz?n medio paralizado porque estaba herido. Ese d?a ella me dej? ver las hondas heridas no cicatrizadas que segu?an sangrando despu?s de a?os. La Iglesia le hab?a ofrecido el perd?n de Dios, pero ella continuaba sin sanarse y sin perdonarse a s? misma.

Acompa?? a Luc?a en ese largo proceso de sanaci?n, pero no como un carism?tico sanador que tuviera habilidades para orientar el proceso de sanaci?n, sino como un testigo y como un aprendiz. Como testigo vi que cuando las fuerzas humanas y los recursos de la ciencia tocan sus propios bordes y no pueden ir lejos, la gracia del Se?or realiza prodigios. Y como aprendiz pude aprender muchas cosas que despu?s me han servido para seguir siendo testigo y seguir siendo aprendiz acompa?ando a otras j?venes que han venido en busca de mi ayuda.

Quiero repetir, para dejar en claro, que no soy ni me considero un experto. Y esto lo afirmo no por modestia sino por realismo. Hasta el momento no conozco ning?n experto en este campo. No niego que los pueda haber. Pero no los conozco. Si los conociera estar?a tranquilo para remitirle los casos que me lleguen.

?Qu? aprend? con Luc?a?

1. Que ante todo tengo que estar disponible para acoger a estas personas. Lo m?s c?modo para m? y tambi?n lo m?s acertado ser?a remitir estos casos a un profesional en quien se pueda confiar desde el punto de vista profesional y ?tico. Pero el hecho es que ella est? all? y yo tambi?n. Por alguna raz?n me busc? y me est? pidiendo ayuda. No puedo volver las espaldas a una mujer que est? herida. No puedo pasar de largo como el levita que iba de Jerusal?n a Jeric?. El samaritano humanitario es un ejemplo que me reta como sacerdote.

2. He aprendido que lo que estas mujeres requieren es nuestra escucha y no nuestras f?rmulas salvadoras. Lo que necesita esa mujer que nos busca es alguien que le escuche los crueles detalles de su historia. Alguien que no la condene y que le d? una palabra de esperanza. Tal vez, como ocurri? con Luc?a, es la primera vez que se atreve a dejar asomar la realidad dolorosa de su alma. Y mientras uno la escucha, puede uno observar que ella se est? escuchando a s? misma decir cosas que nunca hab?a dicho a nadie antes. Habla de su experiencia con su novio, cuando le contaba que estaba embarazada, qui?n pag? por el aborto, d?nde ocurri?, qu? sinti? y c?mo est? viviendo su experiencia. Y creo que una de las claves m?s importantes para prevenir el embarazo indeseado (pero s? buscado) y el aborto es aprender a enfrentar el trauma post-aborto. Y esto s?lo se logra escuchando de primera mano las crueles realidades que rodean al aborto.

3. He aprendido que estas mujeres no buscan racionalizaciones que les anestesien el alma por un momento, porque la anestesia dura poco o no obra en nada. Ella no necesita que le digan que "eso" no era un s?r humano, sino s?lo un pu?ado de c?lulas, como un quiste menudo, y que por tanto no vale la pena inquietarse por eso. Y ella misma ya ha tratado de administrarse unas dosis de anestesia. El resultado de estos procedimientos para "desculpabilizar" es con frecuencia pasajero o, lo que es peor, producen una insensibilizaci?n ?tica que se extiende como una mancha de aceite y les cubre otros sectores de la vida. Ellas necesitan que les ayuden a abrir una brecha por la cual dejar asomar el alma y escaparse as? de su negaci?n.

De ordinario el aborto es un acontecimiento muy personal y privado.

Por eso es posible que la mujer no llegue nunca a expresar el duelo que la atormenta. Su sufrimiento puede llegar a interiorizarse y expresarse en otras formas. Si no se le da el tiempo y se le ofrece la oportunidad para que exprese el duelo, es posible que este nunca se resuelva y se enquiste y contin?e manifest?ndose en formas cada vez m?s patol?gicas. Necesita que la dejen expresar la tristeza de su duelo. Nadie se lo ha favorecido hasta ahora. Llora en secreto por la p?rdida de un s?r que estaba muy cercano a ella y que tal vez s?lo ahora toma conciencia de lo que ese peque?o s?r significaba para ella en las m?s profundas capas de su alma.

El duelo es una reacci?n emocional muy compleja que afecta a la persona muchas veces en su vida. El duelo no puede evitarse; pero debe ser aceptado, enfrentado y resuelto para volver a funcionar adecuadamente en la vida, lu?go de un per?odo en que se permite a la mujer dejar ver su tristeza, o que ella misma se lo haya permitido.

4. He aprendido a preguntar, pero no tanto para coleccionar informaci?n sino para ayudarle a la mujer a comprenderse mejor a s? misma, para que logre dejar salir su dolor y la verg?enza que lleva reprimida. Tal vez por primera vez ella puede abrirse y compartir sobre su aborto y una pregunta oportuna y delicada abre la brecha para que ella pueda hablar. Escuchar no es s?lo una actitud pasiva y paciente. Es tambi?n inter?s y esto se puede demostrar cuando hacemos preguntas adecuadas.

5. He aprendido que acompa?ar significa asumir el tiempo y el ritmo vital de estas mujeres cuyo proceso puede ser largo y dif?cil. Porque es complejo. Y lo que por naturaleza es complejo no se puede simplificar arbitrariamente.

6. Tambi?n he aprendido que en el manejo del trauma post-aborto la mujer debe enfrentar cinco sectores relacionales en los cuales debe desplegar su capacidad de comprensi?n, de perd?n y descargarse de los odios reprimidos. Estos sectores son: Dios, la Iglesia u otra comunidad de apoyo, los otros (m?dico, padres, novio o marido, consejeros y cualesquiera que la hubieran animado al aborto), el beb? muerto y ella misma.

Ante todo Dios.


No s? si se pueda dar el proceso de sanaci?n del aborto sin tocar la relaci?n con Dios. Honestamente creo que no. Lo que s? es que en estas circunstancias la mujer lucha por relacionarse con Dios a medida que la experiencia del aborto le pesa m?s. Se da cuenta de que necesita de alguien que la salve, porque ella no puede salvarse a s? misma. Es frecuente que la experiencia del aborto sirva como punto de partida para una nueva experiencia de Dios.

Esta experiencia al principio es dolorosa porque est? marcada por la ambivalencia: busca al Dios Padre que perdona, pero su mente s?lo le entrega la imagen del Dios vengador que le cobra la vida destru?da. Se pasa f?cilmente de la esperanza a la duda y de la duda a la desesperanza. Y vienen los reclamos a Dios, a quien se le culpa porque ocurri? el embarazo. Una joven me dec?a: "Mi hermana lleva ocho a?os buscando el embarazo y en cambio yo qued? embarazada muy f?cilmente. Por qu? no le dar?a Dios ese beb? a mi hermana, que s? lo quer?a?".

Un dolor sin esperanza desemboca en una cruel y a veces fatal desesperaci?n. "Dios s? me perdonar??". "Yo quisiera escuchar una palabra de perd?n de parte de El para seguir viviendo". En cambio cuando brilla una luz de esperanza, de esa esperanza que s?lo puede darnos la fe, entonces la vida vuelve a tener sentido. La reconciliaci?n con Dios comienza cuando, abandonando el falso camino de la negaci?n de los hechos, reconocemos que hicimos algo que contrar?a el plan de Dios y decidimos corregir nuestro rumbo.

La Iglesia o la comunidad de pertenencia.

El aborto es un crimen contra los seres humanos, contra la familia humana a la cual pertenecemos. La Iglesia Cat?lica posee una reconciliaci?n sacramental formal. No es necesario que ella publique su pecado. Pero s? conviene que ante alguien que tenga autoridad moral e institucional reconozca su falta y se reconcilie con esa comunidad humana.

Otros. En primer lugar los padres.

Muchas veces ellos, a?n sin propon?rselo, por acci?n o por omisi?n, son factores decisivos en la comisi?n del aborto. Yo s? muy bien que esto deja en el alma de la mujer una herida muy dif?cil de sanar y que persiste por mucho tiempo.

Luego est? el corresponsable del embarazo: novio, amigo, lo que sea. Cada caso es una historia. Se larg?, quiso casarse y de pronto hasta lo hizo, empuj? al aborto o se mantuvo neutral. Esta herida en la mujer dura por a?os y con frecuencia evoluciona muy mal en las parejas casadas. Si no trabajan este punto y lo llevan hasta el perd?n y la reconciliaci?n. Consejeros, amigos, parientes, el que la acompa?? a la cl?nica, quien la animaba a abortar. "Si estas personas realmente se preocupaban por m?, por qu? no me detuvieron?".

El hijo abortado.

Son muchas las preguntas que est?n en la mente de la mujer que abort? y deben tenerse en cuenta: "D?nde estar? mi hijo? Ser? que me ama a?n despu?s de lo que le hice?". Las respuestas dependen de nuestra formaci?n religiosa. Una respuesta es que el ni?o es feliz en el cielo, que no sufre, y que un d?a se reunir? con ella.

Aunque manejemos estos temas, tenemos que dejarla expresar sus fantas?as. Ella siempre quiere decir a su beb?: "Yo quisiera no haberlo hecho. Puedes amarme todav?a?". Pero ella necesita poderlo compartir tambi?n con alguien. Me he dado cuenta de que, cuando estas mujeres hacen algo por un ni?o que no es suyo, comienzan a sentir que est?n redimiendo su pasado y que lo que ellas hagan en este sentido, en nombre del beb? abortado, tiene cierto poder para exorcizar su angustia.

Perdonarse a s? misma.
Es el punto m?s dif?cil en todo este proceso de sanaci?n. Es frecuente que la mujer se eche encima toda la culpa, inclusive la de los otros. Entre negar la culpa que se tiene y echarse toda la culpa hay un t?rmino medio que no siempre es f?cil de lograr. Pero hay que hacerlo. Quisiera conocer un m?todo para lograrlo. Pero no lo conozco. S?lo s? que es la oraci?n la que abre el camino, o un testimonio de fe lo que nos ayuda a saltar la valla y perdonarnos a nosotros mismos. Pero no tengo las claves para esto. S?lo s? que ha ocurrido y que es un paso importante que la mujer tiene que dar.

A veces es s?lo cuando la mujer llega a convencerse de que Dios s? nos ha perdonado y el apoyo de otras personas cuando comienza a verse a s? misma desde otro ?ngulo, como hija de Dios a quien el Se?or ama y comprende, cuando mejoran su autoimagen y su autoestima.

Los pasos hacia el perd?n y la sanaci?n.

Entre las muchas cosas que he le?do sobre el tema, lleg? a mis manos un art?culo escrito por una mujer que firma bajo el seud?nimo de Loraine Alison y que fue publicado en la revista americana Marriage & Family (Enero 1990 - pgs.7-9). La autora, una mujer casada, describe minuciosamente su experiencia del aborto provocado, as? como el proceso de sanaci?n. El t?tulo del art?culo es de por s? ya muy sugestivo: "Hay derecho a vivir despu?s de cometer un aborto?". Y lu?go el subt?tulo nos entrega una clave muy valiosa: "El deseo de ser perdonada y de sanarse emocionalmente es el punto de partida".

Para m? constituye un aporte muy valioso, que ilumina mucho este dif?cil proceso. Lo traduje al espa?ol y copias del mismo se las he dado a muchas mujeres que se debaten en la lucha para lograr su sanaci?n espiritual.

Quiero destacar lo que me parece m?s importante: los pasos del proceso de sanaci?n. La sanaci?n es un resultado que no se puede manipular a voluntad. S?lo se pueden poner circunstancias favorables para que ?ste opere. Y considero que conocer los pasos puede ayudar.

Ante todo, ella es testigo de primera mano de su propia historia. Y por eso afirma:

"Puede una mujer experimentar el perd?n y la sanaci?n despu?s de un aborto?"

Por mi propia experiencia yo s? que esto es posible si hay un deseo sincero de ser perdonada y sanada emocionalmente. No se trata de un procedimiento f?cil o instant?neo, pero lo puede lograr quienquiera que busque verdaderamente la misericordia de Dios. El mismo procedimiento puede aplicarse a todos aquellos que estuvieron implicados indirectamente en el hecho del aborto: esposo, novio, padres, profesionales, m?dicos y psic?logos, a todos los que se hallan afligidos y sufren las heridas consecuentes de un aborto provocado. Aqu? resumo brevemente los pasos que fueron necesarios para m? y para otras mujeres que fueron v?ctimas de esta tragedia" (los p?rrafos que siguen son textuales de la autora).

1. Experimentar el proceso de duelo.

El duelo es un sentimiento sano. Es un momento triste e inc?modo pero hay que vivirlo necesariamente. Al involucrarme activamente en estos programas de recuperaci?n, he aprendido que el camino hacia reintegraci?n de la persona es muy arduo. La c?lera, la incapacidad para perdonar a todos los que directa o indirectamente se implicaron en el aborto, la culpabilidad, la tristeza indecible por la destrucci?n del beb?, se entrelazan en la experiencia. Pero uno debe llegar a sobreponerse a estos sentimientos y reconocer el duelo como parte del proceso que conduce a la sanaci?n.

2. Deseo de perdonarse uno a s? mismo.
El perd?n de s? mismo es quiz? la fase m?s dif?cil de todo este recorrido. Uno ha reducido a a?icos su propia imagen, creyendo haber cometido el m?s detestable de los pecados. Muchas de nosotras sentimos la necesidad de castigarnos a nosotras mismas a consecuencia del aborto cometido. Con frecuencia muchas lo hacemos inconscientemente; porque no podemos perdonarnos, sentimos que se ahonda en nosotras la necesidad de autodestru?rnos. Al experimentar personalmente el amor de Dios y su perd?n, he descubierto que Dios no es el Juez iracundo que yo ve?a en El cuando era ni?a, sino que es un Dios que quiere que yo est? en paz y que se acabe mi propio silencioso sufrimiento. Dios sab?a que, como seres humanos que somos, ?bamos a cometer el pecado, pero Dios, como padre amoroso que es, est? dispuesto al perd?n. Si nos proponemos reflexionar detenidamente en ese amor que El nos tiene poco a poco encontraremos la fuerza que necesitamos para perdonarnos a nosotros mismos.

Durante el embarazo nuestro pensamiento se halla obnubilado por el dolor y el pesar. Con esta torcida manera de pensar tomamos esa terrible decisi?n: aborto. Ponemos por obra la decisi?n y aqu? ya no es posible volver atr?s. Para nada nos sirve pasarnos el resto de la vida odi?ndonos a nosotras mismas y cargando nuestras miserias. Pero buscar el perd?n, experimentarlo y permitirle a Dios que nos sane, puede dar otra vez sentido a nuestra vida y comunicarnos la capacidad de vibrar ante el sufrimiento que otros padecen - o pueden padecer - como hemos sufrido nosotras mismas. Cumplimos as? el mandamiento de "amarnos unos a otros" cuando compartimos nuestras experiencias de perd?n y de sanaci?n con aquellas que no las han vivido todav?a.

3. Aceptar que uno s? cometi? un pecado.
Cuando por fin uno ha llegado a perdonarse a s? mismo, ya ha superado un gran obst?culo. Confiando que hemos sido perdonados, buscamos que se termine el sufrimiento y el dolor que nos hemos infligido nosotros mismos y comenzamos a caminar hacia la sanaci?n. Admitimos nuestro pecado y nos responsabilizamos de la acci?n que hemos cometido. Al declararnos autores de nuestro pecado, podremos experimentar una gran sensaci?n de alivio, larga mente esperada. "En verdad lo hice. No puedo deshacer lo que hice pero espero ser perdonada". H?blele a Dios; El comprende y reconoce el verdadero arrepentimiento. Si no tiene una oraci?n propia suya, le ofrezco ?sta que yo emple?:

"Padre Celestial, vengo ahora a confesarte el pecado de aborto que he cometido. Por mis propias acciones he tra?do el tormento y la muerte a mi hijo y mucha tribulaci?n a m? misma. Te ruego, Se?or, me perdones. Al reconocer que por mi propia voluntad he destru?do mucho en mi propia vida, te pido tu ayuda para vivir de acuerdo con el plan que tienes para m?. Como tu hija que soy, te pido que sanes cada parte de mi mente y de mi cuerpo que sufre todav?a de las consecuencias del aborto y dame tu paz. Te agradezco el amor que me tienes y la piedad que me demuestras. En el nombre de Jes?s. Am?n".

Recuerde que Dios, con el amor de un perfecto padre, desea mucho m?s que uno mismo, que el sufrimiento que padecemos termine. Indudablemente que vamos a experimentar momentos de angustia y dolor por ese beb? que nunca tuvimos en nuestros brazos, al que nunca le prodigamos cuidados. Pero la sanaci?n es un proceso continuo.

3. Decidirse a perdonar a otros.

Tal vez el marido, el novio o los padres hayan presionado para cometer el aborto o retiraron su apoyo durante este tormentoso momento de nuestras vidas. La desaparici?n de los sentimientos de amargura y de rabia hace parte de la sanaci?n. Necesitamos pedir a Dios ayuda para perdonar a todas las personas que hayan podido influ?r en la decisi?n de abortar. Necesitamos perdonar al personal de la cl?nica de abortos. A veces esto parece imposible, pero con la ayuda de Dios se torna posible.

4. Experimentar la realidad.

Para muchas de nosotras el tiempo que sigue al aborto es un tiempo de negaci?n. Este mecanismo de defensa se apodera de nuestros cuerpos y de nuestras mentes hasta que seamos capaces de manejar este tremendo dolor y esa sensaci?n de p?rdida. Cuando por fin somos capaces de lograrlo, debemos enfrentar el dolor y poner cara a la realidad de nuestra acci?n. Y hacerlo paso a paso. No importa lo doloroso que pueda ser, es parte del proceso de sanaci?n.

5. Establecer una relaci?n con el ni?o abortado.


Esto es algo ?ntimo y a la vez doloroso que hay que hacer. Pensando que el ni?o abortado fue justamente eso - un ni?o - uno puede comenzar a hablarle durante los momentos tranquilos. La aflicci?n que tal vez uno llegue a sentir puede ser ciertamente saludable y es sin duda necesario experimentarla para lograr perdonarse a s? misma. En estos momentos uno tiene que abrirse a sus propios sentimientos. Es posible que estas serenas conversaciones se llenen de l?grimas y dolor, pero abrir?n camino a la sanaci?n y al perd?n.

6. Llegar a otros.

Cada una de nosotras decide c?mo alcanzar a otras personas. Cuando nos ponemos en contacto con otras personas que est?n heridas, surgen sentimientos agradables, positivos, respecto de nosotras mismas. El mismo perd?n y la misma sanaci?n que estamos experimentando pueden ofrec?rseles a ellas tambi?n. Y una decisi?n que debemos tomar en consideraci?n cada una de nosotras es la de comprometernos en la lucha contra la legalizaci?n del aborto. El perd?n y la sanaci?n que hemos conocido nos dar?n, sin duda, la fuerza para compartir con otros esa paz que hemos logrado.

Cada d?a yo pido a Dios que me d? un coraz?n capaz de compadecerse de las personas que se hieren a s? mismas, especialmente de aquellas que sufren a consecuencia del aborto. Cuando uno llega por fin a sanarse de este tremendo dolor, lo que uno m?s quiere es compartir esta esperanza con quienes todav?a no han llegado a experimentarla".

Conclusi?n

Lo que he aprendido en la consejer?a post-aborto es que realmente el que sana es Dios. Nosotros somos sus ayudas y es un gran privilegio poder ser la persona que la escucha en nombre del Se?or, dici?ndole a esa mujer atribulada: "Si puedo ayudarte, estoy dispuesto a hacerlo". Y m?s a?n poder decirle como Jes?s a la mujer ad?ltera: "Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar" (Jn. 8-11).

El Padre G?mez es el director del Centro de Pastoral Familiar para Am?rica Latina situado en la Avenida 28 N.37-21 Bogot?, D.C.,Colombia.TEL?FONO 57-1-368.3311 - TELEFAX 57-1-368.0540




ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 8:26  | S?ndrome post Aborto
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