Mi?rcoles, 13 de septiembre de 2006


Muchos de los problemas causados por la desintegraci?n familiar en Occidente son desconocidos en ?frica. La familia africana sigue siendo s?lida, pese a que en algunos ?mbitos se siente ya el influjo del materialismo y el individualismo del exterior. A la vez, las tradiciones familiares de ?frica tienen sus propios puntos d?biles y en algunos casos necesitan a?n encontrar un equilibrio con la modernidad.


Nairobi. Hamisi es un jardinero, originario de la costa, que tiene cinco hijos. Cuando su hermano, un pescador, se ahog? en el mar en medio de una tormenta monz?nica, Hamisi se hizo cargo de sus tres hijos. Los v?nculos de sangre siguen siendo extremadamente estrechos e irrompibles en ?frica. Hay orfanatos, pero son una moderna innovaci?n urbana y acogen a reci?n nacidos abandonados o a ni?os de la calle cuyas familias no pueden ser localizadas o que no tienen parientes vivos conocidos. En una sociedad en la que quienes tienen bajos ingresos carecen en la pr?ctica de cualquier recurso a las prestaciones de la seguridad social y tampoco pueden beneficiarse de seguros, las instituciones tradicionales siguen acudiendo al rescate de los m?s necesitados, aunque ello suponga habitualmente un gran sacrificio para los tutores.

La familia africana es s?lida porque est? construida sobre el sacrificio y el sufrimiento compartido, el car?cter sagrado de la vida y los lazos familiares. Nacimientos, matrimonios y defunciones son acontecimientos importantes en toda sociedad. Salvo en las ?reas m?s desarrolladas, la circuncisi?n de los ni?os sigue practic?ndose con todo el ritual, la ceremonia y la solemnidad de siglos. La imposici?n de un nombre a un reci?n nacido no es arbitraria, sino que se ajusta a determinadas reglas. A??dase a todo esto en algunos casos la graduaci?n y la salida al extranjero para cursar estudios, que constituyen nuevos y modernos "ritos de transici?n", de iniciaci?n a la vida adulta, y puede comprenderse c?mo en ?frica una persona nace no s?lo en el seno de una familia nuclear, sino en el de una comunidad, una tradici?n a?eja, que en alguna medida forma parte del plan divino.

Condones s?, aspirinas no

Durante casi cincuenta a?os, ?frica ha sido un objetivo predilecto de los promotores del control de natalidad. Las emisoras de radio difunden propaganda de planificaci?n familiar que llega hasta el ?ltimo rinc?n. Incluso los n?madas las sintonizan. Las cl?nicas de cualquier lugar tendr?n cajas de condones, aunque probablemente les falten las aspirinas y las tabletas contra la malaria. ?stas han sido las condiciones de la ayuda donada por los pa?ses ricos. Hay mujeres que han sido esterilizadas, a menudo sin su consentimiento, despu?s de haber dado a luz en un hospital; otras son v?ctimas de dispositivos anticonceptivos rechazados en los pa?ses donantes.

Una cierta mentalidad antinatalista se ha insinuado en algunos de los m?s instruidos, de modo que, en determinados ambientes, si una mujer tiene m?s de dos o tres hijos se expone a ser ridiculizada por compa?eros de trabajo. Tampoco el ambiente laboral resulta siempre favorable a las madres que piensan en su familia. La mayor?a de las mujeres de los centros urbanos que han hecho estudios trabajan, normalmente para complementar los modestos ingresos de sus esposos; en ocasiones, m?s por aburrimiento que por necesidad.

En 1953 el Comit? Carpenter public? en Kenia un informe sobre las condiciones de los trabajadores sin cualificaci?n. La mayor?a de las potencias coloniales adoptaron el mismo enfoque para los trabajadores varones, tanto si trabajaban en plantaciones como en factor?as. Cerca del lugar de trabajo se construyeron casas de una sola habitaci?n, a menudo conocidas como "cub?culos", para el obrero, pero no para su familia. Dicho informe aseguraba, entre otras cosas, que "nunca habr? estabilidad de la mano de obra mientras los salarios no sean suficientes para mantener a un hombre y a su familia en el lugar de trabajo...". El plazo fijado para lograr ese objetivo fue de cinco a?os: hasta 1958.

Ya han pasado m?s de cincuenta y el proyecto sigue sin hacerse realidad. En otro lugar del informe, se afirma que "en aras de la estabilidad, un trabajador tiene que disponer de un hogar y no s?lo de espacio para poner su cama". Pero pocos obreros, sean de plantilla o eventuales, frecuentemente casados y con familia, tienen lo que se considerar?a un "hogar", en donde puedan vivir con su familia de manera digna. Esta separaci?n de sus esposas y sus familias ha provocado infidelidad, promiscuidad, innumerables madres solteras, sida y amenazas a la unidad de la familia.

La familia urbana moderna

Tradicionalmente, a las mujeres africanas se les ha confiado la instrucci?n y la educaci?n de los hijos. Los padres s?lo intervendr?n cuando surja una verdadera necesidad. Al atardecer, el marido saldr? con hombres de su edad, con aqu?llos con los que fue circuncidado, y s?lo ir? a casa a dormir. En la actualidad, en lugar de beber cerveza tradicional en alg?n lugar de reuni?n al aire libre, los hombres se congregan en el bar, si pueden permitirse el gasto y si disponen de tiempo. En caso contrario, beber?n el insano brebaje local, porque a un hombre se le mide por el rasero de cu?nto puede "trasegar".

En la sociedad tradicional, una vez que un muchacho haya alcanzado la adolescencia ser? iniciado y, en cierto sentido, habr? "abandonado el hogar". Su punto de referencia y sus compa?eros ser?n los de su edad hasta que se case e incluso despu?s de haber contra?do matrimonio. La figura del padre se difuminar? lentamente.

En la vida urbana moderna, que todav?a est? cambiando, a medida que las pr?cticas tradicionales de iniciaci?n van desapareciendo, un muchacho adolescente, incluso un joven veintea?ero, permanece en casa y depende de su padre. Ahora da m?s problemas que alegr?as y su padre no sabe c?mo tratarlo. A medida que la madre pierde gradualmente su posici?n de autoridad, los adolescentes y los j?venes quedan libres para integrarse con sus iguales y tambi?n para sucumbir a su presi?n. En el caso de familias ricas, los resultados suelen ser desastrosos. Pero incluso en tales casos, un hijo siempre es uno de la familia; jam?s se ve rechazado.

Muchas parejas j?venes se dan cuenta de que saben poco sobre c?mo educar a los hijos, pero tienen verdadera ansia de aprender, y no s?lo las esposas. Los libros que dan ideas sensatas sobre el tema son muy populares, y numerosas iglesias y algunas escuelas organizan actividades para padres a fin de dotarles de las habilidades e ideas necesarias y permitirles compartir sus experiencias.

Los hu?rfanos del sida

En ?frica, la mujer es excepcionalmente fuerte. Innumerables madres sacan adelante una familia numerosa, mantienen un empleo, participan activamente en la vida social y de la comunidad, y suplen la ausencia del marido. En Nairobi, en las clases de alfabetizaci?n de adultos destinadas a personas que nunca fueron escolarizadas, es muy frecuente que asistan mujeres septuagenarias, mientras que muy pocos hombres lo hacen.

El sida se ha cobrado un precio terrible en varias partes del pa?s, en especial, all? donde hay dinero r?pido y f?cil, como es el caso de los pescadores del lago Victoria, el de los camioneros que cubren largas rutas o el de los conductores de "matatu" (taxis p?blicos) que andan a la caza de clientes. Ello ha dejado miles de hu?rfanos, muchos de los cuales viven con sus abuelas. Recuerdo en especial a una llamada Felista (Felicitas). Vive en una chabola, para llegar a la cual uno tiene que saltar sobre cloacas al aire libre, situada en el suburbio llamado Kibera, que se hizo famoso por la pel?cula "El jardinero fiel". Felista tiene ochenta a?os y un f?mur roto. Sus siete hijos han muerto. Cuida de doce nietos y dos bisnietos; cuando su salud se lo permite, vende hortalizas para mantener unida a su familia, y todav?a logra contar chascarrillos y animar la conversaci?n. Y su caso no es ?nico.

Amenazas con poco apoyo

Las ideas y los movimientos que parecen amenazar a la instituci?n familiar en el mundo occidental desarrollado tienen aqu? poca o ninguna repercusi?n, o se les ve como aberraciones. Cosas como las reivindicaciones homosexuales, los matrimonios entre personas del mismo sexo, el derecho a abortar, los ni?os probeta, etc., no despiertan casi ning?n apoyo. Al margen de sus debilidades personales, la mayor?a de las personas saben instintivamente que la vida es sagrada, y que es Dios quien la da y la toma. Incluso si un hombre y una mujer conviven sin estar casados, debido al retraso en el pago de la dote, por ejemplo, saben que deben casarse ante Dios y ante la comunidad.

En el ?frica tradicional el divorcio era una pr?ctica muy restrictiva, ya que un hombre hab?a pagado una dote por su novia y ?sta hab?a abandonado la casa de su padre y establecido un nuevo hogar con la familia de su esposo. El t?rmino "mujer" en kikuyu, "mundu wa nja", por ejemplo, significa "alguien de fuera". En semejante situaci?n el divorcio era complicado.

Con el cambio gradual de las costumbres, el divorcio se ha extendido un poco m?s entre los sectores m?s educados y occidentalizados de la sociedad. Incluso as?, el marido y la mujer no van a separarse porque no est?n de acuerdo en algo o porque descubran que son "psicol?gicamente incompatibles". Las preparativos y negociaciones matrimoniales entre las dos familias son muy detallados, y el hombre y la mujer tienen tiempo de conocerse antes de casarse. El matrimonio apresurado es casi desconocido.

Sentido de interdependencia

La salvaci?n de la familia africana puede estar en el fuerte sentido de interdependencia. Adem?s, ?frica ha sido evangelizada en fecha comparativamente reciente y el proceso sigue en curso. Muchas personas se toman su fe y sus consecuencias muy en serio, y esto incluye la educaci?n de sus hijos. Tambi?n para los musulmanes la familia es algo compacto y una fuente de fortaleza contra cualquier ataque exterior, incluidas muchas ideas contempor?neas que atacan a la vida o a la unidad de la familia.

La cultura cremat?stica individualista ha llegado hasta aqu? y aunque tiene sus efectos negativos, la familia extensa y sus tradiciones son m?s fuertes. La verdadera prueba llegar? para las pr?ximas generaciones. Pero como ?frica sigue siendo una sociedad muy conservadora en asuntos de costumbres, vestido, comportamiento y respeto mutuo, hay buenas razones para creer que la familia, tal y como la conocemos, sobrevivir? y seguir? siendo fuerte.

Firmante: Martyn Drakard
13-09-2006
094/06

ACEPRENSA

ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 14:20
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