Martes, 21 de noviembre de 2006



De la venganza privada se lleg? a la justicia por un estadio intermedio, que es la venganza p?blica
Ignacio S?nchez C?mara

En discusiones como la que versa, por ejemplo, sobre el derecho de las v?ctimas del terrorismo, la necesidad del perd?n y la exclusi?n de la venganza, no se distingue a veces con claridad entre estos tres conceptos: venganza, justicia y perd?n. Adem?s, suelen atribuirse al cristianismo principios y normas ajenos a ?l, dando lugar a una especie de cristianismo deformado y d?bil. En algunas civilizaciones antiguas y, desde luego, en el juda?smo se concede el derecho a la venganza privada.

El ofendido puede infligir al ofensor el mismo mal que de ?l recibi?. Es la ley del tali?n: ojo por ojo y diente por diente. Por eso es ajena a la moral jud?a la idea del perd?n. Se entiende as? la justicia como pura y sim?trica reparaci?n. Producir, al menos, el mismo mal que se padeci? es la esencia de la venganza. De la venganza privada se lleg? a la justicia a trav?s de un estadio intermedio, que es la venganza p?blica. En ella se castiga el delito mediante una pena equivalente al da?o que se produjo. Se trata de una especie de tali?n p?blico.

La justicia, que procede de la venganza, entra?a una superaci?n moral de ella. Es, por tanto, una conquista de la civilizaci?n y del sentido moral. El castigo no es ajeno a la justicia; la venganza, s?. Justicia no es venganza sino castigo, reparaci?n y prevenci?n del delito. Pero ya empieza a degradarse el valor de la justicia cuando se pretende que el ?nico fin de la pena sea la reinserci?n social del delincuente. En nuestra Constituci?n no se establece semejante cosa; s?lo se afirma que la aplicaci?n de las penas debe ir orientada a la reinserci?n social del delincuente. Tampoco se limita la finalidad de la pena a la prevenci?n del delito. La pena es tambi?n un castigo, una reparaci?n debida, cosa distinta de la venganza. En este sentido, la justicia entra?a la superaci?n de la venganza, tanto privada como p?blica, si bien procede de ellas. La venganza es opuesta a la justicia; el perd?n, no. ?ste, como el amor del que procede, supera y rebasa a la justicia. Precisamente por ello no puede exigirse como debido en raz?n de justicia. No hay un derecho al perd?n. Hay, si acaso, un deber de perdonar. Pero el perd?n no es una exigencia absoluta e incondicionada, sino que, al menos para el cristianismo, requiere el arrepentimiento del ofensor. En caso contrario, el perd?n entra?ar?a una vulneraci?n de la justicia, cuando es s?lo una magn?nima superaci?n de ella, compatible, por tanto, con ella.

El evangelista Lucas pone estas palabras en boca de Jes?s: ?Si tu hermano te ofende, repr?ndelo; si se arrepiente, perd?nalo; si te ofende siete veces en un d?a, y siete veces vuelve a decirte: ?Lo siento?, lo perdonar?s?. En otra ocasi?n llega a decir que hay que perdonar no siete veces, sino hasta 70 veces siete, es decir, siempre. Pero siempre que preceda el arrepentimiento. Sin ?l, no hay perd?n, sino arbitraria injusticia. El perd?n sin arrepentimiento es imposible y, si fuera posible, ser?a injusto. En caso contrario, no cabr?a juicio ni condena eterna. La condena no es venganza divina, sino exclusi?n voluntaria de la presencia de Dios por parte de quien no se arrepiente de su culpa. La condena no es nunca ajena; es uno mismo quien se excluye y condena. Si Dios es amor, y lo es, no puede condenar.

Pero el plebeyismo moral al uso interpreta que el perd?n es obligatorio y sin condiciones, con lo que vulnera la justicia. Semejante tergiversaci?n suele producirse tambi?n en algunas interpretaciones del pasaje evang?lico de la ad?ltera perdonada. Los falsos int?rpretes relativistas se limitan al perd?n de Jes?s, omitiendo sus ?ltimas palabras dedicadas a la ad?ltera salvada de la lapidaci?n de los hip?critas: ?Vete y no peques m?s?. El perd?n no entra?a la derogaci?n del pecado ni de la ley moral. El adulterio es un mal moral.

Quien reclama justicia, no reclama venganza. Quien perdona, no niega el delito ni la injusticia. Y s?lo puede ser perdonado quien se arrepiente. Una ?ltima consideraci?n. El perd?n no entra?a la supresi?n de la justicia. En caso contrario, el perd?n ser?a un acto tan generoso y magn?nimo como injusto. El perd?n es un acto moral que no entra?a la extinci?n de la justicia. Por eso, el perd?n del ofendido no entra?a necesariamente la eliminaci?n del derecho de la comunidad a imponer la pena. El perd?n es virtud personal; la justicia es una exigencia social.

En cualquier caso, el perd?n colectivo tambi?n entra?ar?a la exigencia del arrepentimiento del culpable. Por eso, no es ni moral ni l?gicamente incompatible el perd?n con la exigencia del cumplimiento de la pena que determine la justicia. La moral cristiana es lo m?s opuesto al pensamiento d?bil y al relativismo. Por lo dem?s, si no hubiera distinci?n objetiva entre el bien y el mal, ni habr?a delito ni habr?a nada que perdonar. Un perd?n sin condiciones ser?a tanto como una injusta concesi?n de patente para el mal.

ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 14:50
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