Viernes, 08 de diciembre de 2006


A. Llamas Palacios


?Miedo al compromiso? ?Probarse mutuamente antes del matrimonio? ?Amor sin papeles?


Cada vez es m?s frecuente que dos j?venes, chico y chica, se vayan a vivir juntos. Muchos afirman que no necesitan que un sacerdote o un juez les ratifique el amor que ya sienten, y que as?, todo es m?s puro y m?s libre. Se trata de una tendencia en alza de nuestros d?as, que la sociedad en general cada vez acepta m?s. Y es que existe la creencia, bastante generalizada, de que la cohabitaci?n previa al matrimonio es fundamental para que la pareja se conozca m?s y para prevenir, as?, futuros problemas. La frecuencia de una cosa no garantiza ni su moralidad ni su acierto



En el diario El Pa?s, del d?a 20 de septiembre de 2004, se pod?a encontrar esta noticia: ?La pareja de hecho se consolida como forma de convivencia entre los j?venes. Casi la mitad de los hombres (48,9%) y m?s de un tercio de las mujeres (38,4%) entre 20 y 24 a?os que viven en pareja lo hacen sin pasar por el altar, o por el juzgado, a tenor del censo de 2001. En cambio, en 1995, la proporci?n era del 12,5% entre los varones, y del 19,1% entre las mujeres de esa edad?.



A estas alturas nadie se extra?ar? de estas cifras, que, a poco que uno est? en la calle, o en contacto con los medios de comunicaci?n, puede imaginarse. A medida que el fen?meno de la cohabitaci?n se extiende, crece en la mentalidad popular la creencia de que, son tantos los divorcios y las separaciones, son tantos los disgustos por las rupturas de los matrimonios, que es normal que los j?venes quieran probarse mutuamente en la convivencia para saber si est?n realmente hechos el uno para el otro. La estabilidad familiar, la fidelidad y la idea del hasta que la muerte nos separe han ido perdiendo credibilidad en nuestros d?as.



Al mismo tiempo, hay que reconocer que la sociedad no se lo pone f?cil a los j?venes que quieren independizarse, salir de casa de sus padres y mantener una familia, con el precio de las viviendas y los bajos sueldos para los trabajadores principiantes. Tampoco la valent?a y la iniciativa de muchos j?venes que permanecen eterna y c?modamente en los hogares paternos son como para tirar cohetes. Seg?n el bolet?n informativo del Instituto Nacional de Estad?stica, del Censo de Poblaci?n y Vivienda, del a?o 2001, la emancipaci?n de los j?venes es cada vez m?s tard?a. De los casi 7 millones de j?venes de entre 25 y 34 a?os, 1,8 sigue viviendo con sus padres, aunque se hayan incorporado al mercado de trabajo.



El soci?logo don Gerardo Mail, profesor de la Universidad Aut?noma de Madrid, en su estudio La poblaci?n espa?ola, afirma que, hasta hace poco, ?sexualidad leg?tima, matrimonio y maternidad constitu?an aspectos de una misma realidad llamada familia, de forma que el matrimonio era el ?nico marco legal para la expresi?n socialmente aceptada de la sexualidad, y ?sta deb?a estar orientada hacia la procreaci?n. Al hilo del cambio cultural que se inicia a comienzos de los setenta, estas tres dimensiones comienzan a estar menos estrechamente vinculadas. As?, por una parte, las relaciones sexuales satisfactorias pasan a considerarse fundamentales para el desarrollo de la personalidad individual y para el ?xito de la vida en pareja, pero desvinculadas de la procreaci?n. La opci?n por la maternidad/paternidad pasa, de forma creciente, a ser socialmente considerada, no como consecuencia de la sexualidad, sino como una opci?n conscientemente deseada y perseguida?. En su estudio, el profesor asegura que, en los ?ltimos a?os, se han cuestionado muchos de los valores tradicionales acerca de la vida familiar, y que esta puesta en cuesti?n ha colaborado a que hoy el matrimonio ya no sea considerado como la ?nica v?a leg?tima de entrada en la vida familiar, sino que, por ejemplo, la cohabitaci?n, o vida sin papeles, tambi?n ha ido imponi?ndose como una opci?n aceptable, y ya no es, como anta?o, considerada como un esc?ndalo, sino que incluso ?ha pasado a ser considerada por los j?venes, padres, o abuelos, como una opci?n deseable, para probar en el caso de la primera uni?n, o incluso como alternativa al matrimonio tras una experiencia de divorcio?.



La uni?n de hecho es una f?rmula de convivencia generalizada cuando, por ejemplo, uno o ambos miembros de la pareja ya ha pasado por otra convivencia anterior que ha resultado ?insatisfactoria, y que ha terminado disolvi?ndose?. Sin embargo, cuando se trata del primer proyecto de vida en com?n, ?el marco de las relaciones m?s frecuente es el matrimonio, si bien, entre las nuevas generaciones, una proporci?n creciente opta tambi?n por iniciarlo a trav?s de un v?nculo de hecho, no llegando, sin embargo, a alcanzar en ning?n caso ni siquiera a un tercio de los que materializan su proyecto de vida en com?n?. El estudio tambi?n afirma que los j?venes eligen el matrimonio o la uni?n de hecho dependiendo de lo condicionados que est?n por factores personales y sociales: as?, la posibilidad de que unos j?venes cohabiten sin papeles es mayor en n?cleos urbanos, cuando no hay pr?cticas religiosas, o cuando se rechaza el matrimonio como una instituci?n pasada de moda.



La familia, ?evoluciona?



Se trata de un punto de vista cada vez m?s generalizado. Muchos piensan: La familia ha evolucionado, el matrimonio ya no es lo que era, el amor ya no es para siempre; por lo tanto, cabe modificar estos esquemas y ?adaptarlos? a los nuevos tiempos. Visto as?, son mejores y m?s seguros los planteamientos temporales, y si ?stos funcionan, entonces habr? llegado el momento de dar el paso del matrimonio. Adem?s (y esto lo habr?n o?do muchas veces), ?qui?n necesita un papel que certifique el amor en una pareja? El amor llega y tambi?n se va mejor sin papeles, ni burocracias, ni cheques, ni abogados. Y en el caso de que haya papeles, la ruptura, mejor v?a express.



Pero aceptemos por un momento el hecho de la evoluci?n de la familia, de la pareja. ?Alguien se ha planteado alguna vez cu?l es el resultado de estas novedades? ?Existen cifras sobre la fiabilidad de los compromisos temporales y sin papeles? y respecto a los profesores y psic?logos que tanto lamentan las situaciones de los j?venes en los colegios e institutos, ?han cuantificado el da?o de los divorcios, los cambios de pareja o la inestabilidad de sus progenitores? Y respecto a los divorcios express, que, en apariencia, tantos da?os quieren evitar, ?han calibrado el da?o emocional que provocan en las parejas? ?Y en sus hijos? ?Se han planteado que no dejan lugar a la reconciliaci?n, a la mediaci?n familiar, a la b?squeda de un mal menor? La cohabitaci?n, ?es igualmente satisfactoria para el hombre que para la mujer? ?En qu? lugar del Congreso de los Diputados se quedaron escondidas las palabras , tan importantes para el coraz?n del hombre, y m?s para el de los m?s indefensos: los ni?os?



Realmente no son f?ciles de cuantificar las consecuencias de los nuevos modelos de familia, y m?s cuando en la sociedad espa?ola hay claramente una tendencia a terminar con el modelo tradicional, la familia como instituci?n que la Humanidad ha vivido desde hace miles de a?os.



Estad?sticas pol?ticamente Incorrectas



Hace tan s?lo unos meses, en septiembre de 2005, el Instituto Vanier de la Familia, en Canad?, sac? a la luz el estudio: Cohabitaci?n y matrimonio: ?c?mo se relacionan? Su autora era la soci?loga especializada en estudios sobre la familia, la profesora do?a Anne Marie Ambert, y en ?l, le da un giro de 180? a las creencias populares acerca de la cohabitaci?n; un giro que hasta ahora nadie se planteaba, porque las tendencias generales indican que lo m?s sencillo es que los novios se vayan a vivir a un piso juntos r?pidamente, sin necesidad de compromisos previos ni papeles. Bien, pues desde el mes de septiembre hay unas estad?sticas que demuestran, tras reunir cientos de documentos de investigaci?n que examinan los efectos sociales, emocionales y financieros de la cohabitaci?n en hombres, mujeres, ni?os y sociedad en general, que la cohabitaci?n no resulta nada rentable de cara a la fidelidad y perdurabilidad de la pareja. Tampoco parece rentable (en una alta proporci?n) para la felicidad a largo plazo, para la estabilidad emocional de los adultos, la de los ni?os, e incluso encuentran cierta relaci?n entre la violencia premarital (tras el matrimonio, violencia dom?stica) y la cohabitaci?n.



El estudio no parti? de ninguna l?nea de pensamiento predispuesta. El Instituto Vanier de la Familia pertenece al Estado, y no se encuentra en absoluto ligado a grupo o movimiento religioso de ning?n tipo; es una instituci?n independiente que analiza, desde el punto de vista cient?fico, la evoluci?n de la familia, especialmente en el ?mbito de Norteam?rica. Y es que, tanto en Estados Unidos como en Canad?, el n?mero de parejas que cohabitan sin papeles es una cifra bastante considerable sobre el n?mero total de parejas. En el a?o 2000, seg?n este estudio, cohabitaban m?s de 4,1 millones de parejas heterosexuales en Estados Unidos, y 1,3 millones en Canad?.



En el pasado, la cohabitaci?n era un fen?meno social concentrado especialmente en las clases m?s desfavorecidas, y en parejas con menor nivel de educaci?n. A medida que la cohabitaci?n se extiende, en cambio, estas diferencias sociales se han ido difuminando y, hoy en d?a, puede decirse que las parejas que cohabitan son predominantemente j?venes, aunque tambi?n hay parejas mayores donde uno de los miembros, o ambos, son divorciados. En general, los m?s j?venes suelen tener menores ingresos que los casados, son menos religiosos y menos tradicionales.



Los ?mbitos en los que el estudio Cohabitaci?n y matrimonio: ?c?mo se relacionan? se ha centrado son, mayoritariamente, la probabilidad de divorcio de las parejas que se casan despu?s de cohabitar; el comportamiento ante los problemas, las ventajas y los inconvenientes; la fidelidad y los hijos.



Argumentos que no se sostienen



EEn cuanto al divorcio, el estudio de la profesora Ambert echa por tierra el argumento de la convivencia antes del matrimonio para conocerse mejor y probarse. Y no s?lo afirma que la convivencia no reduce el riesgo de divorcio, sino que, incluso, lo incrementa. Estad?sticamente, las parejas que cohabitan antes del matrimonio se divorcian m?s, al menos en Estados Unidos, Canad? y Gran Breta?a. En el a?o 1995, en la franja de edad comprendida entre los 20 y 30 a?os, el 63% de las mujeres que hab?an cohabitado antes del matrimonio, se divorciaron, frente al 33%, que no hab?an convivido previamente. La autora recoge un estudio del a?o 2000, que muestra c?mo el simple hecho de estar casado con alguien que previamente convivi? con otra persona, incrementa el riesgo de divorcio.



Las explicaciones por las que la convivencia previa aumenta el riesgo de divorcio son varias para la profesora Ambert: ?Algunas personas escogen la cohabitaci?n porque no requiere, en su opini?n, fidelidad sexual, y, particularmente entre ellas, representa un menor compromiso que el matrimonio. Otras personas, simplemente, aprenden a aceptar la naturaleza temporal de sus relaciones. La disponibilidad sexual de la pareja es mayor cuando ?sta vive en el mismo sitio, lo que motiva a muchas personas a cohabitar?.



Adem?s, en los dos primeros a?os del matrimonio, las parejas que han cohabitado anteriormente demuestran tener un comportamiento menos positivo, a la hora de solventar problemas, y aprueban el divorcio como soluci?n a los mismos en un porcentaje mucho mayor que aquellos que no han convivido previamente. Y es que se trata, en ocasiones, de parejas de naturaleza bastante inestable, un factor que aumenta a medida que pasa el tiempo. De hecho, en los ?ltimos a?os, como demuestra este estudio, las parejas que conviven sin papeles rompen la relaci?n antes, y cada vez menos parejas terminan en matrimonio. M?s del 50% de estas uniones acaban disolvi?ndose en 5 a?os. En los a?os 70, el 60% de las parejas que conviv?an (hablamos siempre del ?mbito de Norteam?rica, donde est? centrado el estudio) se terminaban casando a los 3 a?os de su convivencia premarital. En cambio, en los a?os 90, este porcentaje se ha reducido hasta el 35%.



Una voz de alarma


Una de las ventajas que muchas personas encuentran en la convivencia es el ahorro para compartir gastos, piso..., que resulta mucho menos caro que el hecho de que ambos vivan por separado. Las parejas que se mueven por estos motivos, seg?n el estudio de la profesora Ambert, generalmente no conviven por un largo plazo y acaban cas?ndose, ?este arreglo suele ser agradable, econ?micamente ventajoso, y menos complicado, aunque en general no es tan frecuente como pueda pensarse?. Otra aparente ventaja es que las parejas que viven juntas sin estar casadas puedan sentirse m?s libres en lo que a roles sociales se refiere, fuera de los moldes habituales. ?Sin embargo ?afirma el estudio?, esto cambia cuando aparecen los ni?os. Entonces, las mujeres comienzan a jugar los mismos roles que las madres casadas, con m?s quehaceres dom?sticos y responsabilidades en el hogar que sus maridos, o sus compa?eros, en el caso de la cohabitaci?n?.



Una desventaja que cita la profesora Ambert en el estudio es la infidelidad, m?s frecuente en las parejas que cohabitan que en las casadas, y cita estudios que certifican en cifras que tanto hombres como mujeres han sido infieles a sus parejas (en el caso del estudio de Blumstein y Schwartz, del a?o 1990, el 11% de las mujeres casadas, y el 9% de los hombres casados, hab?an sido infieles a sus c?nyuges, cifra que contrastaba con el 25% de los hombres y el 22% de las mujeres que cohabitaban; datos similares aparecen en otros estudios de 1994 y 2000, y otro de 1996 demostraba que las mujeres que cohabitaban ten?an 5 veces m?s probabilidades de ser infieles que las casadas).



Por otro lado, en cuanto a los ni?os, el estudio de la profesora Ambert encuentra que son los m?s peque?os los que m?s est?n en peligro cuando su madre cohabita con otro hombre que no es su padre natural. En general, en Norteam?rica, este tipo de parejas son j?venes, y es frecuente en ellos el paro, y las situaciones precarias econ?micamente. Esta inestabilidad que se le ofrece al ni?o es un gran inconveniente en su educaci?n, porque los compa?eros de la madre, en el caso de que el ni?o se encuentre con ella, no suelen suplir la atenci?n que le prestar?a su padre natural. Un estudio del a?o 1989 afirma que los abusos f?sicos en los ni?os son m?s probables en aquellas parejas donde los hijos no conviven con sus dos padres naturales, y las ni?as son m?s proclives a sufrir abusos sexuales, sobre todo en aquellas casas donde las madres tienen con frecuencia novios distintos.



Las cifras de este estudio s?lo pretenden dar una voz de alarma a la sociedad. Si, como se suele decir, la familia evoluciona, se adapta a los nuevos tiempos, ser?a interesante observar hacia d?nde evoluciona, porque seguramente del inter?s de todos es que el hombre del futuro sea feliz y se sienta pleno y estable en el amor. En cambio, no parece que las nuevas soluciones est?n encaminadas a esta estabilidad de la persona, sino que m?s bien parece llevarle a conclusiones de quita y pon, como si el coraz?n del hombre se calmara con tiritas de divorcios express..., donde seguramente los desagradables papeleos se terminen antes, pero no as? el dolor, del que nadie parece querer nunca hablar, como si desapareciera por no mencionarlo.



No desaparece, ni desaparecen las heridas del coraz?n del hombre, que ha sido creado para aspirar a lo m?s alto. Por eso, la realidad, siempre tozuda, muestra el aumento de los divorcios, el fracaso escolar, la inestabilidad emocional?, sin que muchos terminen por relacionar, que hay algo que falla, y la soluci?n ya est? inventada hace miles de a?os.



A. Llamas Palacios

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ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 14:50
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