Domingo, 24 de diciembre de 2006

Por Juan Manuel de Prada

S?LO los ni?os mantienen intacta esa clarividencia que les permite penetrar la verdad de las cosas. El otro d?a, mientras mont?bamos un bel?n muy elemental y modesto con las figurillas del Misterio y los consabidos magos y pastores, mi hija Jimena se enfurru??: ?Pero falta Herodes?. Yo trat? de excusar su ausencia aduciendo que se trataba de un personaje secundario y prescindible, pero Jimena insisti?, un poco emberrinchada: sin Herodes, el bel?n no estaba completo. Me esforc? entonces por pintar al infanticida con los rasgos m?s macabros y perversos, para convencer a mi hija de que su presencia era incongruente en aquel remanso de paz y belleza que con nuestro bel?n trat?bamos de evocar; pero, cuanto m?s cargaba las tintas en la etopeya del tirano, m?s insist?a Jimena en incorporarlo a la escena. Cuando finalmente se fue a la cama todav?a le duraba la contrariedad; y, al quedarme a solas, comprend? que, en efecto, ten?a raz?n. No hay Navidad sin Herodes; y los cristianos, que tanto nos quejamos de que se pretenda imponer una Navidad sin Cristo, deber?amos empezar por preguntarnos si no habremos colaborado activamente en esta desnaturalizaci?n, al excluir o relegar al papel de mero comparsa a Herodes. Porque nadie celebr? con tanto empe?o la Navidad como Herodes; y dos mil a?os despu?s, nadie la sigue celebrando con tan obstinado encarnizamiento. Tal vez si los cristianos acept?ramos que la Navidad no es la celebraci?n almibarada y p?nfila en que la hemos convertido estar?amos m?s preparados para combatir la Navidad de Herodes que, poco a poco, nos quieren imponer.

Chesterton nos recuerda que las campanas que suenan la noche de Navidad tienen el estr?pito de ca?onazos. Y es que la Navidad es, antes que una celebraci?n de la paz y de la alegr?a, una batalla crudel?sima, implacable, contra las huestes del Mal, encarnadas en aquel s?trapa que trat? de asesinar al rival que ven?a a poner fin a su imperio. Si alguien supo de manera cierta la verdadera naturaleza de aquel Ni?o que nac?a en una cueva, con una certeza a?n m?s irrevocable y n?tida que los pastores y los magos de Oriente, fue Herodes; si alguien supo que aquel Ni?o ven?a a subvertir el orden establecido fue Herodes. Y, desde luego, reaccion? con ?mpetu y prontitud; reaccion? como quien sabe que la batalla que entonces se iniciaba ser?a una batalla sin cuartel, una batalla que sab?a perdida a priori, pero en la cual empe?ar?a hasta el ?ltimo h?lito. Y esa batalla que se inici? hace dos mil a?os se mantiene hoy, m?s trabada que nunca, m?s encarnizada y salvaje que nunca. La suerte de esa batalla ya est? echada, all? al final de los tiempos, pero entretanto es misi?n del cristiano arreciar en el combate. Y no es un combate liviano: los enemigos de la Navidad cuentan con las divisiones Panzer del laicismo, cuentan con el napalm de una demoledora propaganda que arrasa los cerebros, cuentan con armas mort?feras que dejan al rival estremecido y con m?s ganas de claudicar que de seguir manteniendo la posici?n.

Jes?s nos lo advirti?: ?No pens?is que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada?. La Navidad es un desaf?o intolerable para las fuerzas del Mal, un entrechocar de espadas que viene a reproducir en la tierra el combate que un d?a se dirimi? en el cielo. La paz que anunciaron los ?ngeles a los hombres de buena voluntad no es una paz bobalicona y dimisionaria; es la paz que infunde fortaleza al guerrero cuando llega la hora de enarbolar la espada, es la paz de quienes est?n dispuestos a entregarlo todo -inteligencia y br?o, hasta el agotamiento de la propia vida- en defensa de un tesoro que los nuevos tiranos quieren ensuciar, pisotear y expoliar. Herodes representa la amenaza a la Iglesia, desde el primer d?a perseguida y obligada a batallar desgarradoramente hasta el fin de los tiempos.
Por supuesto, incorporar? la figurilla de Herodes al bel?n de casa, como exig?a mi hija. S?lo as? estar? completo. Feliz y batalladora Navidad para todos


ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 0:03  | Para pensar
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