Domingo, 18 de febrero de 2007

TESTIMONIO DE VIDA…SOBRE LA VIDA
DE UNA MADRE DE 10 HIJOS

A LOS MÉDICOS QUE PRACTICAN EL ABORTO SIN MISERICORDIA
A LOS MÉDICOS QUE ESTÁN A FAVOR DEL ABORTO TERAPÉUTICO
A LOS SRES. CONGRESISTAS QUE ELABORAN LEYES PARA QUE SE ASESINE A UN INOCENTE
A LOS SRES. POLÍTICOS Y GOBERNANTES DE TURNO COMPROMETIDOS CON LAS TRANSNACIONALES DE LA MUERTE
A LAS PAREJAS QUE VIVEN CON EL MIEDO DE TENER MÁS HIJOS
A LAS JÓVENES QUE ABORTAN PARA OCULTAR SU ESTADO
Y A TODOS LOS FIELES CREYENTES QUE AL UNÍSONO PROCLAMAMOS: DIOS ES EL ÚNICO CREADOR Y DUEÑO DE LA VIDA

Cuando era pequeña soñaba con casarme y tener cuatro hijos y al comprometerme me enteré que al ser operada de apendicitis a los 18 años, se me había retirado un ovario por haber sido perforado por varios quistes y que seguramente no podría concebir. Pero ante el poder divino y la fe, nada es imposible. Mi novio en aquel momento me alentó y dijo: “los hijos son del Señor y nosotros tendremos muchos”.

Hoy casada y puedo decir que esto es verdad. Mi primer embarazo a los 22 años fue muy complicado, con siete amenazas de aborto, todo lo que comía lo devolvía, a partir del séptimo mes se presentó preclancia con cuatro cruces de albúmina, pasé hinchada y mantuve dieta sin sal hasta el parto. Siendo primeriza, a la alarma de los primeros dolores de cadera fui a la clínica, me regresaron, volví al día siguiente y permanecí 24 horas. El médico nos alertó, o la mamá o el bebé y mi esposo contestó: los dos. Esperamos a que las contracciones se presentaran, se evitó la cesárea, y nuestro hijo nació con casi 5 lbs, faltando unas semanas para completar la gestación, pero sanito.

Han pasado muchos años y hemos sido bendecidos, la vida es un don de Dios. Durante los siguientes 23 años no he dejado de ver tetas y pañales, nuestra pequeña tiene tres y es la décima. He tenido tres abortos involuntarios, (sé lo que se siente, un enorme vacío y profunda tristeza) y un embarazo molar. Ningún embarazo ha sido igual al otro pero con todos he debido cuidarme de posibles pérdidas. Con el tercero, me enteré que estaba embarazada porque se me presentó una hemorragia (la sangre me chorreaba), gracias a Dios pudo ser controlada y estuve en absoluto reposo por un mes, al término de éste, nació un bebé sano.

Durante el parto de nuestro séptimo hijo, tuve la gracia de contar con la asistencia de un médico cristiano [1] que me ayudó y esperó con paciencia siete horas para evitar la cesárea. La labor de parto fue difícil, se presentó hemorragia pero quedé muy bien. Y en el último embarazo se me rompió el agua fuente en el sexto mes de gestación y debí guardar cama sin moverme durante dos semanas y someterme a un tratamiento para madurar los pulmones de la bebé; estuvimos en peligro las dos. Verdaderamente ví la muerte de cerca, pero se cumple la palabra “dar la vida por la vida”. Ya con 43 años y con el mundo en contra, mi médico me sometió a una cesárea…..aquí quiero detenerme, pues nunca había pasado por una experiencia igual, al comparar, no hay nada como ayudar a nacer al hijo que se lleva en las entrañas, y la mayor sensación de absoluta felicidad al verlo nacer, sentirlo y escucharlo. Pues la cesárea es traumatizante, primero te inyectan, después te crucifican, luego sólo escuchas y te imaginas lo que está sucediendo….. en fin, nació nuestra hija saludable y hermosa y no necesitó el médico entubarla ni ningún otro cuidado especial como se esperaba, sólo calor durante cuatro horas.

Hoy puedo testimoniar que los hijos son un don de Dios, la vida no nos pertenece, y a mí, gracias a Dios, no me ha pasado nada. La maternidad hace que nosotras las mujeres nos sintamos colaboradoras del plan de Dios en perfecta armonía, todo por amor y con amor, pues nunca haré nada por evitar tenerlos, y hoy por hoy soy testigo de que Dios existe y que es nuestro Padre, que nos sostiene y da en abundancia.

MONICA CALDERÓN DE VANEGAS
SOY CATÓLICA
Guayaquil - Ecuador




ImagenAdopción espiritual

Publicado por Galsuinda @ 16:24  | Testimonios provida
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