Jueves, 19 de abril de 2007


Una profesora de Harvard Business School investiga el negocio de la infertilidad
Firmante: M. Angeles Burguera
18-04-2007
040/07

"Estamos vendiendo ni?os", asegura Debora L. Spar. Se trata de "un mercado que alcanza los tres mil millones de d?lares ?solamente en Estados Unidos? y que es de los pocos que opera sin reglas", puntualiza esta catedr?tica de Administraci?n de Empresas, directora de investigaci?n de la Harvard Business School. La necesidad de una regulaci?n ?con un debate pol?tico expl?cito y claro? resulta inaplazable para evitar abusos, seg?n las conclusiones de su estudio ?"Baby Business"? que aborda sin tapujos emocionales el amplio negocio de las tecnolog?as reproductivas (1).


Cada d?a, en casi todas las naciones, se venden beb?s. Est? afirmaci?n, lejos de escandalizar a nadie, comienza a asentarse en muchas mentes, que poco a poco se familiarizan con t?rminos ?fecundaci?n "in vitro", diagn?stico gen?tico preimplantatorio o donaci?n de ?vulos? que hasta hace d?cadas resultaban propios de ciencia ficci?n. El negocio de los beb?s existe, y, en opini?n de Debora L. Spar, "ni la ret?rica ni la motivaci?n pueden cambiar la actividad fundamental. Cuando las personas adquieren ?vulos o esperma; cuando contratan madres de alquiler; cuando eligen a un ni?o para adoptar o un embri?n que se va a implantar est?n haciendo negocio".

Esta rotunda declaraci?n podr?a despertar desconfianza si no fuera avalada por la minuciosa investigaci?n de una experta en mercados que, tras analizar transacciones comerciales de otros muchos sectores emergentes, ha puesto sus ojos en lo que denomina "una floreciente actividad", con motivo de la adopci?n en Rusia de su tercera hija. Sin ?nimo moralizante y sin intentar disfrazar de altruismo lo que no lo es, Spar mantiene que el mercado de la infertilidad existe, aunque no opera igual que otros: de un lado, produce un resultado claramente no comercial ?un ni?o? y, de otro, se mueve en un dif?cil equilibrio entre la compasi?n y el negocio; entre la oferta ?muy dependiente del avance de la ciencia? y la demanda, sujeta a una necesidad emocional, como la paternidad o la maternidad, que presiona dolorosamente y solo se frena ante las convicciones ?ticas o la falta de recursos.

Ley de la oferta y la demanda

Las autoridades pol?ticas de Estados Unidos han ignorado pr?cticamente el mercado de los servicios de la reproducci?n, de modo que las restricciones son escasas. Algunos estados, como California y Florida, se han convertido en el destino de parejas est?riles u homosexuales, que viajan en busca de las t?cnicas m?s avanzadas, dispuestas a pagar por ?vulos, selecci?n de sexo o madres de alquiler, casi sin preguntar el precio.

?Pero c?mo se ha puesto en marcha este potente sector? Casi todos los avances tecnol?gicos han vivido un proceso similar al de Louise Brown, la primera ni?a probeta nacida en Inglaterra en 1978, cuyo caso despert? una gran pol?mica inicial. Sin embargo, tras una etapa de confusi?n legislativa y de timidez investigadora, en Reino Unido, Australia y Estados Unidos comenzaron a nacer ni?os mediante fecundaci?n "in vitro". El negocio se inauguraba.

Tambi?n el alquiler de ?teros, impulsado por los avances en inseminaci?n artificial, desarroll? pronto su oferta y demanda. Soci?logos y fil?sofos de corte feminista lanzaron sus cr?ticas hacia lo que se consideraba tr?fico de ni?os. "Cuando el parto de las mujeres se trata como una mercanc?a, las mujeres que lo experimentan son degradadas; conciben deliberadamente un hijo con la intenci?n de entregarlo a cambio de un beneficio material", afirma Elizabeth Anderson, profesora de Filosof?a de la Universidad de Michigan, con numerosas investigaciones sobre los l?mites ?ticos al mercado. La falta de legislaci?n hizo que muchos conflictos terminaran en los tribunales: no se sab?a si las madres de alquiler vend?an su alumbramiento o sus cuerpos. A?n as?, en esta primera etapa, la madre de alquiler casi siempre recuperaba los derechos sobre el ni?o en caso de conflicto.

Contratos de gestaci?n

Pero el panorama todav?a se complic? m?s al mejorar las t?cnicas de fecundaci?n "in vitro". La madre gen?tica ?la que proporcionaba los ?vulos? ya no era la misma que lo gestaba ?la de alquiler?. Aparecieron unos contratos de gestaci?n detallad?simos, hasta 50 p?ginas, que impon?an normas de conducta, como no beber, no fumar ni drogarse durante el embarazo. Al separar ?vulo y ?tero, el comercio de ?vulos se multiplic? y la oferta se especializ? por or?genes y condiciones de las donantes. De los 2.500 d?lares pagados en las primeras "donaciones" se pas? a 50.000. Por ejemplo, en 1998 un centro de reproducci?n asistida de Nueva York recib?a de 50 a 100 llamadas semanales de donantes potenciales y sus registros albergaban hasta 500 candidatas clasificadas por raza, inteligencia, fisonom?a, etc.

La globalizaci?n tambi?n lleg? a los contratos de gestaci?n y empezaron a ofrecerse a madres extranjeras j?venes y en buenas condiciones f?sicas, que recib?an una contraprestaci?n impensable en sus pa?ses ?siempre m?s pobres? por los nueve meses de gestaci?n. Los adversarios de esta pr?ctica llegaron a calificar el proceso como un "tr?fico internacional de mujeres", pero el negocio avanzaba.

Mientras en 1989 una empresa americana anunciaba la apertura de un centro de alquiler de ?teros en Filipinas, en 1997 una mujer de Chandigarh (India) se ofrec?a a gestar un ni?o por 1.100 d?lares y financiar as? un tratamiento a su marido enfermo; en 1995 la prensa polaca recog?a discretamente una oferta para madres de alquiler lanzada por parejas de Alemania, B?lgica y Holanda. Todas estas operaciones siempre resultaban m?s ventajosas que un contrato de gestaci?n en Estados Unidos, cuyo precio medio era de 20.000 d?lares por embarazo.

Selecci?n gen?tica de pago

Las desigualdades en los contratos de gestaci?n, tanto jur?dicas como de costes, son m?s evidentes que en otros sectores del mercado de beb?s y ni?os, aunque esto no significa que no existan tambi?n en los dem?s. "Las parejas adineradas y bien educadas son las que tienen recursos para someterse a m?ltiples ciclos de tratamientos de fertilidad de alta tecnolog?a, y solo estas parejas pueden permitirse pagar 25.000 d?lares para cubrir los costes de una adopci?n en Guatemala", asegura Spar.

Hay otras t?cnicas que tambi?n inciden en esa misma disparidad y rozan la pendiente resbaladiza de la eugenesia: es el caso de los beb?s de dise?o, cribados a trav?s del Diagn?stico Gen?tico Preimplantatorio (DGP), con el que ya se puede detectar el sexo, la propensi?n a alguna enfermedad importante o defectos gen?ticos como el s?ndrome de Down, por unos 3.500 d?lares.

Lo que comenz? como b?squeda de un "beb?-medicamento", futuro donante para un hermano enfermo, va camino de un amplio mercado de selecci?n. Se calcula que existen unas 50 cl?nicas que ofrecen la selecci?n de embriones como parte del tratamiento de fertilidad y que ya ha nacido un millar de ni?os por este procedimiento, pero "muchos de esos pacientes no sufren de infertilidad ni son portadores de genes potencialmente peligrosos? en realidad, pagan para conseguir el tipo de beb? que desean o simplemente seleccionar el sexo", se?ala la investigadora americana.

Con esta f?rmula, que permite evaluar la informaci?n gen?tica antes de reimplantar o destruir un embri?n, aumenta poderosamente la posibilidad de selecci?n que ya ofrec?an otras t?cnicas como la amniocentesis o la ecograf?a para fetos m?s avanzados. Se est? creando as? un nuevo escenario, seg?n ha se?alado Francis Fukuyama, "donde la loter?a gen?tica es reemplazada por la selecci?n, donde los seres humanos pueden competir por la perfecci?n, un escenario que amenaza con aumentar la disparidad entre los niveles superior e inferior de la jerarqu?a social". Si bien Alemania ha prohibido la selecci?n de embriones, en otros pa?ses como Estados Unidos, la legislaci?n todav?a no se ha pronunciado, por lo que la decisi?n se deja en manos de los padres.

Ni?os para adoptar

Todav?a otros dos sectores m?s forman parte de este gran mercado, tal como lo describe de Debora L. Spar: la adopci?n ?sobre todo la internacional? y la clonaci?n terap?utica y reproductiva, aunque ?sta ?ltima a?n no est? dominada y despierte las mayores cr?ticas. En el caso de la adopci?n internacional, el mercado permite elegir el pa?s de origen, un tipo particular de ni?o y tambi?n un precio. El coste de adopci?n puede oscilar entre los 15.000 d?lares para un ni?o de raza blanca y los 7.000 para un ni?o et?ope, adem?s del viaje y los honorarios de la agencia.



La inserci?n de un ni?o sin padres en una familia es sin duda positivo. Pero hay otros elementos del proceso que le dan una aire comercial. "Las agencias de adopci?n ofrecen charlas regulares para describir su comercio; publican ?en algunos caso? listas de sus ni?os en la web y ofrecen sus perfiles en revistas ilustradas. Tambi?n cobran precios claramente diferenciados", afirma Spar, y todo esto sin entrar en el mercado negro, donde la transacci?n es expl?citamente comercial: la madre (u ocasionalmente el padre) reciben un dinero a cambio del ni?o".

M?s vale regular

Para la autora del "Baby Business", la existencia de un mercado emergente en torno a los ni?os y beb?s es tan clara, que la ?nica opci?n razonable es tratar de mejorar sus defectos y limitaciones. En su opini?n, habr?a que "dotarlo de los atributos comerciales que actualmente no posee: introducir algo semejante a los derechos de propiedad, algunas definiciones comunes y un marco legal", en un contexto pol?tico y legal apropiado que permita producir ni?os sin riesgos. "Si establecemos pol?ticas m?s claras, y distinguimos lo que es aceptable de lo que no lo es, el mercado inevitablemente funcionar? mejor".

En su opini?n, algunos principios contribuir?an a un mayor consenso sobre el mercado, como el acceso general a la informaci?n sobre tratamientos y estad?sticas de eficacia de cada centro; la determinaci?n de unos niveles m?nimos e iguales de tratamiento sanitario para la infertilidad, a los que todos tendr?an derecho; la fijaci?n de los l?mites legales en la actuaci?n m?dica, que excluyan actuaciones temerarias; el conocimiento del coste que algunos tratamientos privados imponen a toda la sociedad, y algo muy dif?cil de determinar: algunas restricciones a la privacidad y a la paternidad, cuando las opciones personales comiencen a tener repercusiones en la composici?n de la sociedad.

El libro de Debora L. Spar deja al margen los criterios ?ticos tan relevantes en la valoraci?n de estas t?cnicas reproductivas. Pero al presentar el sector con toda su crudeza comercial permite observarlo sin los habituales velos altruistas con que gusta presentarse.

M. ?ngeles Burguera
____________________


(1) Debora L. Spar. "Baby Business". Tendencias Editores. Barcelona (2006). 444 p?gs. 19 ?. Traducci?n: Federico Villegas.

Los costes sociales de la tecnolog?a reproductiva

Al final del libro Debora L. Spar se refiere a los costes sociales de las tecnolog?as reproductivas. Seleccionamos algunos p?rrafos.

Un cuarto principio que se debe considerar es el coste, espec?ficamente el coste que las transacciones privadas en el campo de la reproducci?n pueden imponer al resto de la sociedad. Por ejemplo, consideremos el caso de los beb?s que Teresa Anderson, una mujer de 25 a?os, dio a luz en abril de 2005. Anderson era una madre de alquiler que hab?a concertado un reembolso de 15.000 d?lares por la gestaci?n de un beb? para Enrique Moreno, un paisajista de 34 a?os, y su mujer, Luisa Gonz?lez. En este caso, para aumentar las probabilidades de embarazo, los m?dicos hab?an trasplantado cinco embriones en el ?tero de Anderson. Todos sobrevivieron, y Anderson dio a luz a quintillizos. Cuando nacieron los beb?s, los medios de comunicaci?n transmitieron la feliz noticia, con im?genes que mostraban a la sonriente madre, a la satisfecha pareja y a los quintillizos relativamente saludables. Sin embargo, estos beb?s resultaron extraordinariamente caros: los costes del parto casi seguramente superaron los 400.000 dolares. Gonz?lez y Moreno pagaron la concepci?n de estos ni?os, pero tambi?n nosotros la pagamos a trav?s de las cuotas del seguro, los costes del hospital, y posiblemente la educaci?n especial que reciban estos ni?os cuando crezcan. De acuerdo con una encuesta reciente, el coste total de dar a luz a un ni?o nacido a trav?s de la FIV va de 69.000 a 85.000 d?lares. Si el ni?o nace de una madre madura, ese coste oscila entre 151.000 y 223.000 d?lares. En estos casos, los futuros padres pagan una parte de los gastos ?la FIV, las hormonas, las m?ltiples visitas m?dicas?, pero la otra parte la pagamos nosotros.

Adem?s, pagamos los costes que se acumulan a medida que estos ni?os crecen. Hoy, aproximadamente, el 35 por ciento de todos los nacimientos que resultan de la FIV y de la inyecci?n intracitoplasm?tica de espermatozoides (ICSI) son m?ltiples. Si bien muchos de estos ni?os son perfectamente sanos, una cantidad significativa nace de forma prematura o con bajo peso, condiciones que pueden crearles problemas m?s adelante en sus vidas. Por ejemplo, aproximadamente el 20 por ciento de los ni?os nacidos con bajo peso experimentan minusval?as graves, y el 45 por ciento debe asistir a programas de educaci?n especial. Por lo tanto, si los nacimientos m?ltiples tienen un mayor riesgo de ser prematuros y producir dificultades para el desarrollo, entonces las opciones individuales acerca de la procreaci?n est?n creando costes para la sociedad en general. Y es necesario considerar estos costes cuando se formulan las pol?ticas acerca de la reproducci?n asistida.

Esto no quiere decir que deber?amos negarnos a pagar, o que deber?amos limitar el uso de las tecnolog?as que imponen costes sociales. Una vez m?s, el principio del coste s?lo nos indica c?mo abordar un debate pol?tico. Si el coste de dar a luz quintillizos es demasiado alto, entonces deber?amos limitar el n?mero de embriones que se pueden transferir en un solo ciclo de FIV (la mayor?a de las naciones europeas ya han establecido estos l?mites). Si los costes generales de los beb?s nacidos a trav?s de la FIV son demasiado altos, entonces deber?amos restringir el acceso a esta tecnolog?a, o permitirlo solamente a aquellas personas que pueden pagarla. En ambos casos, el principio del coste sugiere un procedimiento pol?tico similar: comprender los diferentes costes asociados con la reproducci?n asistida, comparar esos costes con sus beneficios, y establecer una normativa que equilibre los beneficios y los costes.

ACEPRENSA


ImagenAdopci?n espiritual

Comentarios