S?bado, 26 de mayo de 2007



Enrique Monasterio


?lvaro tiene catorce a?os y es un buen chico aunque algo bocazas. Por eso meti? la pata.

Resulta que fue al pueblo a ver a su abuela y de paso a ponerse las botas con la empanada que cocina do?a Enriqueta. Por la noche se quedaron a ver la tele y a la abuela no le parecieron bien algunos comentarios, un pel?n obscenos, del presentador. ?lvaro entonces puso esa cara de chuleta con granos que gasta cuando est? con sus amigas y solt?:

?Mira, abuela, t?a, lo que pasa es que a ti no te dieron clase de educaci?n sexual y est?s reprimida.

Do?a Enriqueta sonri?:

?O abuela o t?a? Las dos cosas no.

No dijo m?s. Pero, de vuelta en Madrid, ?lvaro recibi? una carta.


"Querid?simo ?lvaro:


Mira que eres bruto, hijo m?o. Tambi?n eres bueno y cari?oso cuando quieres; pero de vez en cuando se te acatarra la lengua de tanto sacarla a pasear.

Ya s? que a estas alturas andas dolido por la impertinencia que me soltaste el domingo. No te preocupes; no necesitas pedirme perd?n. Pero he pensado que a lo mejor te ven?a bien una respuesta serena de tu abuela Enriqueta.

Mira, Alvarito. Hoy durante la misa, se me ha ocurrido que deb?a dar gracias a Dios por la educaci?n sexual que recib? de mis padres. S?, hijo, s?. Estoy persuadida de que he tenido una formaci?n sexual de primera clase.

Como primera lecci?n, me regalaron cuatro hermanos y tres hermanas? No s? si comprendes lo importante que es eso. Ahora hay demasiados hijos ?nicos, como t?, que crecen sin saber lo que es una hermana. Yo supe enseguida que los chicos y las chicas ?ramos muy diferentes, y aunque viv?amos juntos y habl?bamos de todo, sin hacer misterios, mis padres pusieron a los chicos en la habitaci?n grande de arriba y a nosotras en la de abajo. Como la casa era peque?a y no daba para m?s, con el cuarto de ba?o hab?a problemas; pero nunca se nos ocurri? compartirlo con ellos.

Yo por aquella ?poca era algo imp?dica para mis cosas, y un d?a ?deb?a tener once o doce a?os? mam? me dijo que, cuando entrara en el ba?o, cerrase el pestillo por dentro.

??Y qu? m?s da?, le dije.

Entonces me habl? del pudor. No podr?a repetir todo lo que me dijo, pero s? el final:

?Mira, Enriqueta, si alg?n d?a te regalan una joya, la guardar?s en un joyero, y si es muy valiosa, en una caja fuerte; no la tratar?s como un juguete, ?verdad? Bueno, pues Dios ha puesto en tu cuerpo algo m?s precioso que un diamante. Gu?rdalo con agradecimiento hasta que lo entregues por amor.

Por cierto, ?lvaro, ?hab?is dado ya esa asignatura en el cole?

Es cierto que de peque?os nos contaron eso de la cig?e?a; pero tambi?n me dijeron que exist?an los reyes magos, y ninguna de las dos f?bulas nos marcaron especialmente. A los tres a?os descubr? que Melchor era pap?, y ya por entonces ya sab?a que, cuando mam? se pon?a gordita, es que esper?bamos un ni?o.

M?s importante fue la lecci?n que me daban mis padres queri?ndose. Lo bonito de aquel cari?o es que era tan real e irrebatible como los embarazos peri?dicos de mi madre; pero tambi?n era pudoroso? ?C?mo explicarlo? Nunca se hac?an arrumacos delante de nosotros ?tampoco se peleaban?. Sin embargo sab?amos que entre ellos hab?a un amor fuerte como una roca, no un enamoramiento de telefilm. Y entend?amos ?esta era la gran lecci?n? que ese amor deb?a expresarse en un ?mbito ?ntimo, sagrado, al que ni siquiera nosotros ten?amos acceso.

As? aprend?, por ejemplo, que los achuchones y besuqueos en p?blico (perdona que sea tan gr?fica), adem?s de ser horteras, envilecen el amor, porque lo sacan de su ?mbito natural.

No necesit? un cursillo para aprender que, si el amor es aut?ntico, no se exhibe en la v?a p?blica. Es como aquel tesoro escondido en el campo, del que habla el Evangelio, que, cuando uno lo encuentra, "lo vuelve a enterrar" antes de venderlo todo para quedarse con el campo.

Volver a enterrar el amor cuando se encuentra, es una forma de protegerlo de los mercaderes; es hacerlo crecer como una planta para que eche ra?ces cada vez m?s hondas y ramas cada vez m?s libres y frutos cada vez m?s sabrosos?

Lo siento, ?lvaro, me he puesto cursi.

S?lo quer?a decirte, para terminar, que de "fontaner?a sexual", como dice tu t?o Santi, no me explicaron casi nada; pero tampoco hizo falta. Esa lecci?n es la m?s sencilla y fue estupendo aprenderla (y ense?arla) con tu abuelo.

No se te ocurra dejar esta carta a nadie. Y menos a ese amigo tuyo de Mundo Cristiano. No sea que me la publique.

Recibe un beso muy cari?oso de tu abuela,

Enriqueta"


ImagenAdopci?n espiritual

Publicado por Galsuinda @ 23:03  | Educaci?n
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