Martes, 29 de mayo de 2007



SYLVIA SASTRE/

Para ajustarse a este emergente modelo de poblaci?n se activan mecanismos sanitarios y socioecon?micos, la biolog?a molecular aporta nuevas claves para responder a cuestiones sobre los l?mites de la vida humana, y se exigen resultados para paliar el deterioro f?sico y mental, precio de esta mayor longevidad.

Estamos habitu?ndonos a envejecer y queremos hacerlo preservando las caracter?sticas de la juventud, incluso en la procreaci?n: hay tratamientos hormonales, productos para potenciar la sexualidad de hombres y mujeres maduros, y proliferan las mujeres mayores de 60 a?os que son madres. El ?ltimo caso conocido, una norteamericana madre de gemelos a los 60 a?os tras fertilizaci?n in vitro, declaraba que la ?edad ha quedado redefinida? demostrando que la suya no es demasiado avanzada para la maternidad. No es un hecho aislado, en 2004 la Agencia de biomedicina francesa cens? 113.000 tentativas de procreaci?n asistida con 17.791 beb?s nacidos; algunas estaban relacionadas con la edad avanzada de los padres, otras con enfermedades graves o cambios vitales y un deseo com?n: tener un hijo justificado por amplios razonamientos y motivaciones personales que, en general, suscitan cuestiones ?ticas relacionadas con el inter?s del ni?o a nacer.

Tener un hijo no es garante de juventud, es un proyecto muy serio de futuro para una vida que no nos pertenece y que reclama una dotaci?n gen?tica sana, unos padres esperables y disponibles a lo largo de la infancia y adolescencia (al menos) con plenitud psicof?sica para guiar y potenciar su desarrollo. Tal vez estemos perdiendo el sentido que tiene la edad biol?gica para dar vida versus el deseo personal o, quiz?s, aquella se est? redefiniendo ?d?nde est? el l?mite?. Una cosa es procrear para colmar un deseo de sentirse joven u otra raz?n personal y otra es educar a un ser humano respondiendo a sus necesidades b?sicas.

ImagenAdopci?n espiritual

Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios