Viernes, 20 de julio de 2007

"Yo extermin? a un pueblo: 1.600 abortos en 4 a?os"


En su departamento le hab?an puesto de mote Herodes. Apenas termin? los estudios de ginecolog?a , le pusieron una cuchara en la mano, porque en aquel campo el puesto de trabajo se encontraba con mucha m?s facilidad, y comenz? a practicar interrupciones voluntarias del embarazo en un hospital p?blico.

Pero un d?a de hace cuatro a?os, hizo por primera vez la experiencia en una sala de partos, y el primer llanto de un ni?o le marc? profundamente. La mirada de la madre, que observaba a su beb? reci?n nacido sobre su abdomen, al final de sus esfuerzos, no ha podido nunca quit?rselo de la cabeza. Salvatore Piscopo, 32 a?os, ginec?logo en el departamento de obstericia y ginecolog?a del Instituto materno infantil de Palermo, ha redescubierto la emoci?n del nacimiento, tras tantos a?os dedicados a matar. En aquel per?odo estaba yo archivando los informes sobre las "interrupciones voluntarias del embarazo", y me di cuenta de una realidad sobrecogedora ?relata fijando en el vac?o sus ojos verdes, como escudri?ando el pasado?. En un a?o hab?a practicado 400 abortos, 1.600 en cuatro a?os. Era como si hubiera exterminado un pueblo entero.

As? colg? los h?bitos de Herodes y los cambi? por los de quien ama y promueve la vida, aunque viniera envuelta en el sufrimiento. Piscopo ya no practica interrupciones voluntarias del embarazo, le ha dicho basta al aborto, tambi?n gracias a la ayuda de su peque?o Eugenio. Hace dos a?os supimos que mi mujer esperaba un ni?o ?contin?a?. Fue aquel el momento en que mi concepci?n de la vida cambi? radicalmente. ?C?mo habr?a podido seguir matando a aquellos peque?os seres, si uno de ellos iba a ser mi hijo?

Pero, en realidad, su actividad abortiva nunca hab?a sido una elecci?n consciente. En aquellos a?os pensaba: "Alguien tiene que hacer este trabajo" ?dice, con la conciencia de quien siempre ha intentado solidarizarse en las situaciones m?s dif?ciles?. Entonces cre?a que la "interrupci?n voluntaria del embarazo", en algunos casos, era incluso necesaria. Cuando uno se encuentra ante fetos malformados, destinados a una vida de infelicidad, o cuando los problemas econ?micos crean dificultades insuperables. Piensen en una madre prostituta o en un padre en la c?rcel, o en el paro y con otras seis bocas que alimentar. Y sin embargo, incluso en aquella ?poca, yo intentaba dar una palabra de consuelo a la embarazada, intentaba buscar con ella otra soluci?n; pero el caso acababa casi siempre en aborto.
Ahora que su profesi?n ha cambiado de direcci?n, cada nacimiento supone para ?l una emoci?n siempre nueva. Una emoci?n maravillosa si el ni?o nace sano ?observa?, pena y dolor si nace enfermo. Y no puedo nunca separar los ojos de la mampara que me separa del departamento de neonatolog?a, para seguir hasta el final la suerte del ni?o.

Y, dando una patada a la regla de oro que impone frialdad y distancia ante el historial de sus pacientes, confiesa haber tenido mucho miedo por la vida de un reci?n nacido. Hace poco tuve miedo con un beb? que estuvo a punto de morir en mis brazos. Ten?a un sufrimiento fetal agudo. Primero llor?, despu?s dej? de lamentarse, bloqueado por una parada card?aca. El pediatra no llegaba, tuve que actuar yo solo. Pero, cuando ya cre?a que hab?a muerto, y hab?a dejado de practicarle el masaje, lleg? el m?dico a ayudarme. El ni?o ahora vive.

Sus colegas, los que antes le llamaban con disgusto Herodes, al principio no pod?an cre?rselo. Siempre lo hab?an estimado por su precisi?n y profesionalidad, pero ahora es para todos, adem?s, un modelo, uno que ha tenido el valor de cambiar de ruta. ?Si ser?a capaz otra vez de practicar abortos? ?concluye?. Si lo hiciera, ya no podr?a volver a mirar a los ojos a mi Eugenio.







Cortes?a: Avvenire-Alfa y Omega


ImagenAdopci?n espiritual

Tags: spa, aborteros

Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios