S?bado, 17 de noviembre de 2007


El evento revitaliza el debate existente entre modernizaci?n y modernidad


Mar?a Calvo Charro


TODOS nos hemos estremecido recientemente ante las im?genes de la agresi?n sufrida en el metro de Barcelona por una joven ecuatoriana. La actuaci?n del agresor fue absolutamente impulsiva. Le apeteci? pegarla y lo hizo. Pocas cosas causan tanto malestar e inquietud como aquellas crueldades cometidas de forma innecesaria e inexplicable. Una acci?n da?ina producida sin motivo alguno deber?a ser, en principio, reflejo de alg?n tipo de patolog?a. La capacidad de autocontrol tiene su origen en una parte del cerebro que desempe?a un papel central en la autodisciplina, en el control ejecutivo, en el aplazamiento de la recompensa, en la capacidad de planear a largo plazo y en poner freno a los impulsos repentinos: la corteza frontal. Lo hace enviando proyecciones inhibitorias a los estimulantes inputs del sistema l?mbico, un sistema cerebral m?s profundo y antiguo que tiene que ver con la emoci?n y la impulsividad. El neur?logo Sapolsky nos muestra c?mo una persona con la corteza frontal destruida (por ejemplo, por un accidente) se transforma en un ser sexualmente desinhibido, hiperagresivo y socialmente inoportuno.

Pero, por desgracia, la realidad nos muestra c?mo cada vez son m?s los j?venes que, aun estando perfectamente sanos, tienen esta forma de actuar. No hay mediaci?n entre el deseo y la acci?n. Su actuaci?n es compulsiva. Si me apetece romper algo, lo rompo; si me apetece pegar a alguien, lo hago; si quiero insultar a mis padres, les insulto? J?venes incapaces de controlar su conducta impulsiva, lo que les trae constantes problemas en su casa, en la escuela y en la sociedad en general. Este asunto tiene una enorme relevancia social y personal, ya que muchos expertos coinciden en que la impulsividad es un factor que aumenta la probabilidad de comportamientos delictivos, antisociales o criminales.

Nos encontramos sencillamente ante lo que Jos? Antonio Marina identifica como un ?fracaso de la voluntad?. La educaci?n de la voluntad deber?a empezar desde el momento en que nuestros hijos llegan al mundo, frustrando muchas de sus apetencias y deseos. Sin embargo, como afirma Levi-Strauss, ?nuestros hijos nacen y crecen en un mundo hecho por nosotros, que se adelanta a sus necesidades, que previene sus preguntas y les anega en soluciones?. Tienen de todo sin necesidad de esfuerzo y cambian sus cosas a la misma vertiginosa velocidad que sus gustos o aficiones. Los malcriamos en la cultura del zapping; acostumbrados a picotear aqu? y all? un poco de todo sin que nada les satisfaga, sin ser capaces de acabar lo que comienzan, de leer un libro por completo, escuchar una canci?n o ver una pel?cula de principio a fin. Act?an impulsivamente en busca de satisfacciones que nunca llegan.

Varias experiencias cient?ficas demuestran que los ni?os con temprano dominio de s? mismos m?s adelante son j?venes de mayor ?xito acad?mico y personal. Es conocido el estudio realizado por el doctor Mischel en la Universidad de Columbia con ni?os de cuatro a?os a los que se les dio un bomb?n que no deb?an tocar mientras el profesor se ausentaba unos minutos. Los ni?os que resistieron tan apetecible tentaci?n luego se convirtieron en adolescentes felices y brillantes en sus estudios. Es preciso aprovechar al m?ximo los a?os de la infancia y adolescencia, ya que, como muestran recientes investigaciones, en esta etapa, el cerebro todav?a se est? desarrollando, es adaptable y necesita ser modelado, resultando un momento ?ptimo para el fortalecimiento del control interno. Los ni?os necesitan aprender a controlar conductas impulsivas y a inhibir reacciones emocionales ante determinados sucesos. Pero, para ello, de nada sirven las terapias, medicamentos o m?gicas asignaturas te?ricas de educaci?n c?vica. La ?nica v?a realista para tener ?xito es, como ense?? Arist?teles a Nic?maco, la adquisici?n de virtudes hoy en desuso y desprestigiadas, como: la fortaleza y la templanza, una palabra que en griego significa literalmente ?protecci?n de la inteligencia?. ?stas implican, entre otras cosas, la capacidad de restringir las propias apetencias en aras de las de los dem?s y aplazar o templar la satisfacci?n de algunos placeres inmediatos en vistas al cumplimiento de objetivos recomendables a largo plazo. Y todas ellas requieren para su adquisici?n ser ejercitadas habitualmente, es decir, mediante la repetici?n de las mismas.

LOS h?bitos son la ?nica forma razonable de convertir a un ni?o en un hombre virtuoso y con dominio de s? mismo. Las habilidades adquiridas con el esfuerzo reiterado d?a tras d?a, acaban por quedar integradas en su conducta y son realizadas ya de forma espont?nea, sin apenas sufrimiento o esfuerzo. Para ello, el ni?o, desde la cuna, necesitar? que los adultos le impongan normas de conducta, obligaciones y prohibiciones claras que le indiquen por d?nde ir. Como afirma el pediatra Aldo Naouri: ?Los beb?s llorar?n si no se quedan saciados. Es cierto. Pero seguro que no por mucho tiempo. Esta frustraci?n formar? para ellos la base de su educaci?n futura. La ecuaci?n (educar=frustrar) se verifica siempre y desde la m?s tierna infancia?.

El peque?o disgusto que representan las frustraciones diarias merece la pena a largo plazo al instaurar, mediante capas sucesivas que se a?aden unas a otras, una percepci?n mucho m?s segura del mundo y en absoluto traumatizar? a los muchachos, antes al contrario, ayudar? a la correcta configuraci?n de su car?cter como personas maduras, responsables y, en consecuencia, libres, pues, como nos recuerda Baltasar Graci?n,?no hay mayor se?or?o que el de s? mismo?.

http://www.negocios.com/gaceta/articleview/24689









Aborto
Publicado por Galsuinda @ 13:14  | Educaci?n
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