Lunes, 11 de febrero de 2008


Por Pablo L?pez

Este tema del aborto es planteado tambi?n a fondo por la feminista italiana de la diferencia Giulia Paola Di Nicola en su obra Reciprocidad hombre/ mujer, desde una perspectiva personalista. Se puede consultar para ello el apartado "La cuesti?n del aborto" en el cap?tulo 1: "La maternidad hoy". Esta autora examina dos posturas contrapuestas que hoy est?n presentes y que se podr?an consignar como "El ?tero es m?o" (defensa de la mujer) y la defensa a toda costa del feto. Pero esta actitud es ya, seg?n la autora, err?nea desde la base, porque se est? enfrentando a un individuo contra otro individuo, cuando ambos tienen igual dignidad e igual derecho a la vida. Adem?s, la implicaci?n pol?tica s?lo ha contribuido a agrandar y complicar el problema, porque la concepci?n que subyace, tanto de la persona como del Estado son precisamente individualistas. Desde el punto de vista personalista, la cuesti?n de la paternidad/ maternidad se ve como "la justa aspiraci?n a hacer de la maternidad y la paternidad una opci?n gozosa, libre y responsable" (Di Nicola, 1991, 45) y por ello refuta con ocho razones la validez del aborto como una soluci?n a un problema. Di Nicola considera que el aborto no es una soluci?n, sino m?s bien un problema a?adido al que la mujer pueda tener para llegar a la decisi?n de interrumpir su embarazo, y adem?s ser? una fuente de mayores problemas f?sicos y/ o psicol?gicos.

Estas ocho razones son:

1) la pr?ctica del aborto como m?todo contraceptivo es una expresi?n de violencia sobre la mujer y sobre el ser humano concebido, que adem?s deja huellas indelebles en la mujer, en la pareja, en la familia y en la sociedad, porque es un acto social, y como tal conlleva una reacci?n en cadena; adem?s implica que la mujer es concebida como "mujer objeto": "El problema de la procreaci?n con el aborto recae s?lo sobre la mujer que, producida la concepci?n, debe reparar el <> en todo caso en su propia carne, poniendo fin a lo que ha sido y es, ofreci?ndose como mujer-objeto a s? misma, a su compa?ero, a la sociedad. La lucha que los movimientos de liberaci?n de la mujer han desarrollado contra la pornograf?a y contra la mujer-objeto se viene abajo t?citamente.

2) El aborto no propone un arma que se oponga a una l?gica machista, sino que, al contrario, la favorece, porque promueve la irresponsabilidad moral del hombre en sus relaciones sexuales, ya que ?l encuentra en la ley un apoyo para su falta de compromiso y as?, va a tender a hacer caer todo el peso moral de un embarazo no deseado sobre la mujer.

3) El aborto es a menudo un medio de aprobar los modelos culturales transmitidos por la presi?n de la madre, de la pareja, de la sociedad materialista: "En tal caso, quien aborta no hace sino llevar a cabo la condena a muerte decretada por el ambiente circundante. [...] En tal caso, la mujer resulta ser la ?ltima de la cadena, la que se autocastiga, de una red de relaciones infectada de valores antipersonalistas" (Di Nicola, 1991, 51).

4) El aborto es contradictorio respecto a la sensibilidad contempor?nea hacia los sufrimientos de los ni?os y la violencia hacia los menores.

5) En el plano laboral y econ?mico, el aborto refuerza la relaci?n productiva y cosificadora entre empresa y trabajador: "La mujer es tanto m?s productiva cuanto menos interfiera con problemas de hijos, partos, lactancia, enfermedades de los ni?os, los ritmos regulares de producci?n. El trabajo industrial, basado en la ley de la m?xima acumulaci?n de capital con el m?nimo gasto en los procesos de producci?n, se beneficia con el aborto. [...] Sin hablar de las industrias que se sirven de los fetos abortados para fabricar objetos de consumo, sobre todo cosm?ticos y medicinales" (Di Nicola, 1991, 52).

6) A corto plazo, el sistema gana econ?micamente, porque no tiene que hacerse cargo de hijos no deseados, pero a la larga y en t?rminos de racionalidad sustancial, el sistema mismo pierde, como se constata si se observa el crecimiento cero de la poblaci?n, el envejecimiento y otras consecuencias indirectas, para la madre frustrada y para la sociedad, como la neurosis y las patolog?as de car?cter, el mal funcionamiento de las relaciones, etc.

7) Desde el punto de vista pol?tico, la soluci?n del aborto es un camino r?pido para evitar afrontar los problemas reales de la paternidad y maternidad, de manera que el tener hijos se convierte en un lujo de las clases sociales m?s elevadas. Se trata de una aut?ntica discriminaci?n econ?mica encubierta, pero no menos real: "[...] resulta c?modo evitar los problemas de la maternidad en vez de tratar de afrontar las complejas necesidades de la familia y del trabajo, a cuya reformulaci?n est? vinculada una efectiva -no violenta- liberaci?n de la mujer. En efecto, para el Estado es m?s sencillo conceder a las mujeres que lo pidan, el aborto que contribuir a mejorar la calidad de vida, en especial de familia. La falta de l?gica de la l?gica del poder va en contra de los padres y madres que carecen de medios para criar con dignidad a sus hijos [...]" (Di Nicola, 1991, 53).

8) La cuesti?n del aborto suscita tambi?n preguntas acerca del estatalismo y la partidocracia, es decir, la intromisi?n del Estado en las cuestiones relativas a la persona, como son la vida conyugal, la procreaci?n y la familia: "Ese Estado, benem?rito por sus concesiones y derechos, favorece en realidad la ruptura por su base de las relaciones sociales, comenzando por la relaci?n madre-hijo" (Di Nicola, 1991, 53).

Desde el punto de vista de Di Nicola, el feminismo tiene hoy d?a la capacidad de afrontar el tema del aborto de un modo nuevo, en cuanto que no es la mejor soluci?n ni la ?nica para la mujer, y es necesario replantear las bases de una sociedad en las que s?lo primen la eficacia y el nivel de vida econ?mico. Por el contrario, el feminismo de la diferencia puede levantar la voz para poner de manifiesto que la calidad de vida es, ante todo, humana y por eso se debe salvaguardar ante todo el valor de la misma vida humana, con sus exigencias de felicidad y de procreaci?n gozosa y libre: "Haciendo esto se trabaja a favor de la interdependencia de lo privado y lo p?blico, tema tan caro al feminismo, sobre el que, hablando desde las mujeres (o sea, en la ?ptica del sentido de la feminidad) y no s?lo de las mujeres, se abre la posibilidad de contribuir a repensar estas cuestiones" (Di Nicola, 1991, 55).

En el Tratado de lo mejor sostiene Mar?as que el primer paso para conseguir la aceptaci?n social del aborto ha sido la despersonalizaci?n en las relaciones humanas, especialmente en el desprecio a la paternidad/ maternidad y a la filiaci?n, y esto ha llevado a una visi?n zool?gica del hombre, y a la consideraci?n del ni?o en curso "como un tumor que se puede extirpar" (Mar?as, 1996 b, 98). Mar?as se expresa claramente sobre la mentalidad eliminadora que hoy recorre Occidente: "La culminaci?n de estas tendencias [de despersonalizaci?n] es, no ya el aborto -el hombre est? expuesto al mal, al pecado o al delito-, sino su aceptaci?n social, su ingreso en las legislaciones y en el cat?logo de los <> y aun de las <>, aunque sea un retroceso a la prehistoria. Si el ni?o es un tumor enojoso, ?por qu? no extirparlo? Si es una persona viniente, que llegar? a su plenitud humana si no se la mata en el camino, se trata, no ya de algo inmoral, sino de una monstruosidad" (Mar?as, 1996 b, 98).

Una menci?n distinta, desde la perspectiva social, se puede encontrar en La justicia social y otras justicias, donde habla claramente del aborto como una muestra de gran hipocres?a social: "En esos mismos Estados [del bienestar], la persona que no ha llegado a nacer, la persona que est? viniendo hacia la vida, est? expuesta a ser muerta; con una curiosa hipocres?a. F?jense ustedes en la curiosa hipocres?a con que suele autorizarse esto en los primeros meses del embarazo; luego es ya m?s dif?cil. Es exactamente como si se dijera: se puede matar a una persona que viene hacia nosotros, a condici?n de dispararle desde lejos; si alg?n hombre viene hacia nosotros, cuando est? a 50 metros, ustedes le meten una bala en la frente, eso est? muy bien; si est? a 20 metros ya no est? muy bien; a 5 metros no se puede disparar. Es exactamente lo mismo. La persona humana que est? viniendo, si est? a seis meses de distancia la podemos matar, y est? muy bien; si est? ya a tres meses, no parece bien educado; si est? a un mes de distancia, eso ya es un delito. Es una de las m?s monstruosas hipocres?as de que habr? memoria en la historia y alg?n d?a los hombres de otras ?pocas reflexionar?n sobre nuestro tiempo y c?mo esto ha sido posible y c?mo esto ha tenido vigencia social" (Mar?as, 1979, 95).

Hay que tener en cuenta, al leer el texto anterior, que est? escrito en 1979, y la despenalizaci?n del aborto contaba en ese tiempo con limitaciones y supuestos contemplados en el c?digo civil que hoy d?a han cambiado; la situaci?n actual es hoy mucho m?s grave que la descrita por Mar?as en su texto, porque implica que la hipocres?a social es a?n mayor, en este tema.

Contando con que es un problema grave socialmente, al que es necesario buscar soluciones al nivel de lo humano, se puede considerar el interesante art?culo del Dr. en Derecho y abogado J. E. Bustos, "Miedo a la vida" (Bustos, 1983, 245-268), en el que considera que el problema de base es justamente ?ste, el temor hacia la vida (hacia la propia, que es insatisfactoria, o hacia la vida viniente); su art?culo no se limita a un mero an?lisis de una situaci?n social, sino que propone soluciones concretas y efectivas. En el apartado "El aborto no es soluci?n" sugiere que lo mejor ser?a crear un ambiente a favor de la vida, para lo cual deber?an colaborar las instituciones sociales y pol?ticas. De este modo, habr?a que atender a medidas que se pueden dividir en tres grandes bloques:

" de ?ndole legislativa: el Estado debe hacerse consciente de la gravedad que implica, a la larga, la baja natalidad, y el hecho de que sus trabajadores activos sean cada vez m?s inmigrantes; por eso deben atender a una legislaci?n que proteja a la familia y atender a la asistencia m?dica, la vivienda, los estudios, el trabajo, los transportes, las desgravaciones fiscales, etc. s?lo de este modo puede disminuir progresivamente el temor de los padres a tener nuevos hijos)

" de ?ndole pedag?gica, que se refiere a diferentes niveles: el aspecto cient?fico (se debe informar sobre las conclusiones de la ciencia sobre el inicio de la vida humana desde el momento de la fecundaci?n); el aspecto demogr?fico (la invalidez de las teor?as neomaltusianas, seg?n las cuales es necesario frenar el crecimiento de la poblaci?n porque de lo contrario, no habr?a medios suficientes para la supervivencia de todos; esta teor?a es falsa, siendo m?s bien hoy patente la realidad contraria: la ausencia de poblaci?n); el aspecto m?dico, referido a la obligaci?n de los m?dicos de informar a las mujeres embarazadas que quieren abortar sobre lo que es este acto en s? mismo (un homicidio) y sobre las consecuencias psicol?gicas de por vida que le van a conllevar si lo realiza; el aspecto asistencial, que supone un sistema adecuado de ayudas sociales.

" de ?ndole instrumental: lo cual requerir?a la existencia de un Ministerio de la Familia, adecuado para velar por una verdadera pol?tica familiar, y para salvaguardar los intereses de la familia, de la madre, del ni?o y de la sociedad misma.

Asimismo, a nivel particular, habr?a que atender a la ayuda espiritual a la mujer embarazada con problemas y que se encuentra sola ("la primera ayuda que ha de recibir y que puede ser definitiva para animarla a no interrumpir la vida que late en sus entra?as, es la comprensi?n, el apoyo espiritual. Si la mujer sabe que puede acudir a una instituci?n p?blica o privada en donde encontrar? personas dispuestas a ofrecerle cari?o, acogimiento, consejo, es muy probable que antes de ejecutar decisiones que su misma naturaleza rechaza, recurra a tales instituciones en busca de ayuda. [...] He aqu? un reto para el Estado y para la sociedad en general, pues tales instituciones no han de ser necesariamente p?blicas" (Bustos, 1983, 261); habr?a que atender tambi?n a la informaci?n de la realidad, de modo que la futura madre sea consciente de las consecuencias de sus actos y tambi?n de que, si ella quisiera, podr?a recibir ayudas para buscar soluciones mejores (apoyo en su maternidad, sistema de adopci?n a su disposici?n, en el caso de que quisiera dar a su hijo en adopci?n por las causas que fuesen); y, por supuesto, en los casos necesarios, ayuda material: "[...] juntos a las series anteriores de medidas de car?cter espiritual o pedag?gico, el Estado ha de arbitrar remedios de esta ?ndole si de verdad quiere facilitar el nacimiento del nuevo ser y no su extinci?n" (Bustos, 1983, 262).

Como se puede observar, el problema de la maternidad y paternidad responsables implican no s?lo al matrimonio mismo, formado por el hombre y la mujer, sino a toda la sociedad y al Estado, que debe hacer uso de los medios necesarios para el bien de los ciudadanos.





Aborto
Publicado por Galsuinda @ 16:58  | defendiendo la vida
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