Viernes, 18 de abril de 2008


  El periodista italiano, director del Il Foglio, Giuliano Ferrara, ante el eco suscitado por la aprobación el pasado 18 de diciembre por las Naciones Unidas de una moratoria para la pena de muerte, ha promovido una acción similar, pero esta vez con relación al aborto. La iniciativa ha tenido una amplia repercusión social, siendo recibida con inusitada esperanza por numerosos medios de comunicación, entre ellos algunos de inspiración católica, así como por un importante número de ciudadanos que han apoyado con su firma el documento que se comenta. Nosotros mismos recogimos el texto completo de Ferrara en el último número de Provida Press (Nº 274) a la espera de realizar una valoración del mismo.

 No cabe duda, que la iniciativa parece en principio muy positiva, pues cualquier acción en defensa de la vida humana debería ser considerada como tal, especialmente si surge de un mundo ajeno a lo religioso, como es el caso. Que se recuerde la atrocidad del aborto, vinculándolo a acciones tan concretas como es el control de la natalidad en países demográficamente tan importantes como China e India, no merece sino  aplauso.

 Sin embargo, me gustaría realizar una breve reflexión adicional a lo anteriormente expuesto, fruto de una atenta lectura del documento en cuestión, pues junto a los aspectos positivos que indudablemente tiene, creo que existen otros que pueden no serlo tanto.

 En efecto, al final del tercer párrafo del escrito de Ferrara se anota: “En 1984, la Comisión Warnock del Reino Unido determinó que 14 días después de la concepción un embrión es no solamente un ser humano, atribuyéndole el derecho a no ser utilizado para propósitos experimentales”.

Da la impresión que este párrafo, incluido en el conjunto del texto, abre la puerta, en un documento que globalmente va dirigido a defender la vida humana, al uso para fines experimentales de embriones humanos desde la fecundación hasta el decimocuarto día de su vida, es decir, hasta la consolidación de la implantación.

 Al afirmar explícitamente que los derechos del embrión se adquieren a los 14 días de la fecundación, indirectamente se legitima cualquier acción que sobre el embrión humano pudiera llevarse a cabo antes de esa fecha.

 A nuestro juicio, esta interpretación es acorde con la opinión de una parte importante de la literatura científica anglosajona que identifica el inicio de la vida humana con el inicio del embarazo, y a éste con la consolidación de la implantación. Es decir a los 14 días de vida  embrionaria, pues no otra cosa es lo que propone la baronesa Warnock,  probablemente la más conspícua representante británica de la lucha antivida.

 Incluir en el texto de Ferrara este párrafo abriría la puerta a legalizar la manipulación y destrucción de embriones humanos en sus primeros 14 días de vida, precisamente la etapa de la vida humana en que ésta es más atacada, y para la que existe menos protección social, pues no hay que olvidar que en ese momento de la vida embrionaria se llevan a cabo prácticas tales como, la reproducción asistida; el diagnóstico genético preimplantacional; la creación de bebés-medicamento; la clonación humana y la obtención de células madre embrionarias; todas las técnicas de la regulación artificial de la fertilidad humana, algunas de las cuales, como especialmente el DIU, en un importante número de veces, actúan por un mecanismo antiimplantatorio y por tanto abortivo; la píldora del día después y en general todas las maniobras experimentales realizadas con embriones humanos que propician la muerte de esos embriones.

 Al referirnos específicamente a nuestro país tampoco se puede olvidar, que a gran parte de estas técnicas se les ha dado carta de legalidad al promulgarse las recientes leyes de Técnicas de Reproducción Humana Asistida e Investigación Biomédica. Así como tampoco que la propia Conferencia Episcopal Española y otras instancias culturales y científicas de nuestro entorno, han alzado su voz para alertar sobre el ataque que para la vida humana suponen estas prácticas.

 Por otro lado, creo que conviene recordar que el aborto puede ser post-implantacional, es decir, el que se produce desde la consolidación de la implantación hasta prácticamente el final del embarazo y pre- implantacional. El primero es el aborto quirúrgico, el que podíamos denominar tradicional y el segundo el que afecta al embrión humano en sus primeros 14 días de vida. Pues bien, en el documento de Ferrara se pide una moratoria para el aborto post-implantacional, para el tradicional, pero a la vez, si fuera aprobado, se abriría la puerta al aborto pre-implantacional, sin duda, cuantitativamente el más numeroso. De ahí la reticencia que pueda existir a apoyar este documento.

 En este momento de nuestra reflexión se podría argüir que aunque el documento no sea perfecto, si que puede servir para mejorar la situación actual, al proponer una moratoria para el aborto post-implantacional, por lo que, en base a la teoría del mal menor, podría ser legítimamente apoyado.

Sin embargo, creo que en el caso que nos concierne es este un argumento falaz. A mi juicio, se podría aplicar este criterio moral, si de lo que se tratara fuera de reducir un mal, aunque no se pudiera evitar totalmente.

Podría ser el caso de una ley que rebajara las semanas en que el aborto pudiera legalmente realizarse. Si en un determinado país, el aborto fuera legal hasta la semana 24 y se propusiera reducir su legalidad hasta la  8 semana 20, no se propondría ilegitimar el aborto en esa sociedad, que sería lo deseable, pero, desde el punto de vista moral, se podría apoyar esa reducción acogiéndose a la teoría moral del mal menor, pues aunque el mal, en este caso el aborto, no fuera erradicado sí se habría disminuido.

 No creo que este sea el juicio moral que al documento de Ferrara se puede aplicar, pues en él se pide la reducción del aborto de forma genérica, cosa indudablemente positiva, pero ineludiblemente unida a esta propuesta se legitimaría el aborto pre-implantacional, es decir se abriría la puerta a una cantidad de abortos que ahora teóricamente, no así en la realidad, no están amparados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.  Creo que se puede aceptar un mal si es menor que el previamente existente, pero estimo que no se puede apoyar la eliminación de un mal si posibilita otro cuantitativamente mayor. Y esto es lo que creo se derivaría de la aprobación del texto de Ferrara.
 Otro aspecto que también conviene tener en cuenta es que en la carta del periodista italiano se pide que se incluya en el texto de la Declaración Universal Derechos Humanos, en su artículo 3, después del párrafo: “Todo el mundo tiene el derecho a la vida, libertad y seguridad personal”, la frase “desde la concepción hasta la muerte natural”. Dos consideraciones: La primera es comprobar si la palabra “everyone” ha servido realmente para garantizar el derecho a la vida de los no nacidos, pues desde su promulgación en 1948, es cuando los abortos han crecido más, posiblemente al amparo de la ambigüedad del propio texto legal. Esto me recuerda al “todos tienen derecho a la vida” del artículo 15 de nuestra Constitución, que no ha sido impedimento legal alguno para que el aborto campe libremente en nuestro país.   La segunda, que el término “concepción” es biológicamente poco definitorio. A mí juicio habría que utilizar el término “fecundación”, pues éste establece biológicamente mejor el momento del inicio de la vida humana. En defensa del término concepción se puede argüir que es el utilizado en algunos documentos pontificios, pero no hay que olvidar que lo que se persigue con este documento en concreto es plantear el tema desde una perspectiva laica, por lo que ésta debe ajustarse lo más posible a la terminología científicamente aceptada.

 Finalmente un comentario adicional. Desde su promulgación en 1948, los intentos para reformar la Declaración de los Derechos Humanos han sido frecuentes. Ello, entre otras cosas, con la intención de intentar introducir en su texto los denominados derechos reproductivos de las mujeres. Esto hasta el momento se ha evitado, pues el gran consenso requerido para modificar un texto legal como el que estamos comentando, lo ha impedido, lo que ha hecho que el aborto, no pueda ser un derecho universalmente reconocido. Pero esta resistencia a abrir la caja de Pandora de los derechos humanos podría verse ahora vencida por el intento de modificar el texto legal para poder introducir la frase que en el documento de Ferrara se propone. ¿No sería este un desproporcionado riesgo que habría que valorar con todo cuidado?  Concluyendo, cualquier iniciativa en defensa de la vida humana nos parece loable, y sin duda debe ser apoyada, pero lo que en el documento para la Moratoria del Aborto se propone, aunque podría poner dificultades al aborto post-implantacional, podría a la vez abrir una ventana a un vendaval anti-vida que eclipsara los posibles efectos beneficiosos que con el mismo se intenta conseguir al legitimar el aborto pre-implantacional. Por ello, creo que esta propuesta hay que valorarla muy profundamente antes de darle el apoyo que Ferrara solicita. Indudablemente la solución sería que se suprimiera el párrafo que hace referencia al informe Warnock, pero garantizando de forma fehaciente que dicho párrafo es eliminado del texto a presentar en las Naciones Unidas. Si esto se consigue creo que no habría ninguna dificultad para apoyar el texto del periodista italiano, por el contrario deberíamos felicitarnos por la puesta en marcha de esta iniciativa.

 

Justo Aznar

Justo Aznar
Director del Instituto de Ciencias de la Vida
Universidad Católica de Valencia


P R O V I D A   P R E S S   Nº  276
El material de Provida Press se puede encontrar  clasificado
temáticamente en: www.observatoriobioetica.com

Aborto

Tags: Ferrara

Publicado por Galsuinda @ 9:32  | Aborto
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