
«A través de una falsa, errónea o vaga
concepción de la libertad, a los alumnos de enseñanza media se les han
dado unos instrumentos para los que no están capacitados. Lo que
pretendía ser una enseñanza liberadora se ha convertido en una
educación que produce siervos y tiranos al mismo tiempo. No ya porque
tiranicen al profesor, que en algún momento puede suceder, sino porque
ellos mismos se imponen su propia ignorancia y, en vez de combatirla,
la defienden y se la imponen a los demás».
El durísimo diagnóstico de los estudiantes en los últimos cursos de
la ESO y durante el Bachillerato procede de José Sánchez Tortosa,
profesor de Filosofía, escritor con una carrera docente a sus espaldas
de una década y autor del libro
El profesor en la trinchera
(La Esfera de los Libros), un clarificador título con el que pretende
desperezar a jóvenes alumnos, a sus padres y, por qué no, a los
responsables políticos. Los términos belicosos son constantes en la
obra toda vez que, argumenta, «los profesores tienen que librar una
especie de batalla diaria e ir a la trinchera» para establecer una
relación con unos alumnos que, en su mayoría, no comprenden o no están
interesados en los que se les cuenta. «La relación que se establece es
de antagonistas», apunta.
El profesor, un obstáculo
«La verdadera guerra en las aulas se establece contra la
ignorancia de los alumnos -dice sin inmutarse-. El docente a veces no
encuentra aliados ni entre los mismos profesores, y tiene enemigos
entre los alumnos y los padres». De esta situación, concluye, deriva la
frustración de los profesores, «que se encuentran sin armas para dar la
batalla a la que están destinados». La falta de entendimiento es aún
más palpable, precisa Sánchez Tortosa, por la forma en que los alumnos
perciben al docente, una suerte de enemigo u obstáculo en su
trayectoria. «Ven al profesor no como alguien que quiere inculcarles
unos conocimientos, sino como a una especie de guarda jurado que les
encierra en el aula durante una hora para enseñarles cosas que no les
interesan en absoluto». Puntualiza que no todos los alumnos responden a
esta escasez de responsabilidad, constancia y esfuerzo, si bien son una
minoría. «Los pocos alumnos que responden a ese perfil, dispuestos a
aprender, están en una especie de islote heroico en mitad del desierto».
Este profesor arguye que gran parte de estos déficits proceden de
la legislación en materia de educación. «El sistema educativo y la
autoridad del profesorado se comenzaron a socavar con la ley de 1970,
la última del franquismo, se perpetuó con la LOGSE y la actual LOE no
ha arreglado nada, porque el espíritu es el mismo», dice. ¿Y qué clase
de alumnos imperan? A riesgo de generalizar, señala que una
característica común es el de «su carácter huidizo; ante la más mínima
dificultad tiran la toalla en vez de hacer un sobreesfuerzo. El propio
sistema lo fomenta, en vez de atemperarlo, porque si sabes que vas a
pasar de curso aunque deberías repetir, genera un clima en el que el
esfuerzo no se valora».
Sánchez abunda en que los escolares actuales son hijos de una
generación prácticamente formada en democracia, y eso tiene una
consecuencia: «No ven sus derechos como una conquista, sino que creen
que se los merecen por el mismo hecho de existir. Eso genera que la
otra cara de la moneda, que son los deberes o las responsabilidades,
sencillamente no las asuman como deberían. Además, influye mucho el
marco de una sociedad mediática como la actual, que formatea
conciencias»
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Publicado en la Rioja
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