Jueves, 09 de octubre de 2008

El poder de ayudar a otros

Más allá de poner en práctica programas de ayuda en las comunidades donde se ubican, mediante iniciativas de responsabilidad corporativa, es vital que las empresas y cada uno de sus empleados reconozcan la oportunidad que tienen de contribuir de manera positiva a la vida de otros.

La vida es un círculo de ayudarse y ayudar a los demás, las empresas a sus empleados, esos empleados a sus familiares y amigos y, a su vez, a otros. Ese fue el mensaje de la estudiante de Harvard, Liz Murray, quien a los 15 años de edad era una desertora escolar deambulando las calles de la Ciudad de Nueva York. Murray compartió ayer su historia en la convención anual de la Sociedad de Gerencia de Recursos Humanos (SHRM, por sus siglas en inglés), ayer en el hotel El Conquistador.

“No soy un ser especial, y tener que luchar en la vida no es algo que sólo yo haya vivido. La diferencia es lo que hacemos cuando nos vemos frente a una pared en algún momento de nuestras vidas que nos preguntamos ¿y esto es todo (lo que hay en la vida), es lo mejor para mí?”, dijo Murray. Hay que vivir agradecido de lo que uno tiene, si no nunca estarás satisfecho y siempre sentirás un vacío, reiteró. Liz Murray

Murray exhorta a las personas y las empresas a ser instrumentos de cambio.


Su madre era ciega y su padre esquizofrénico, ambos eran adictos a drogas.

La familia vivía de los programas de ayuda social.

Un maestro la motivó a terminar la escuela, cuando ella aún era deambulante.

The New York Times supo su historia y la becó para estudiar en Harvard.

Buenos samaritanos le consiguieron casa, ropa, comida y una señora hasta se ofreció a lavarle la ropa para que pudiera dedicarse a estudiar.

“Eres responsable de tu vida, haces de ella lo que quieres, y si los cambios no vienen, no puedes mantenerte a la espera de que cambie por sí sola. La vida no es para siempre¨, dijo la universitaria, hija de una mujer ciega y un esquizofrénico ambos adictos a drogas, que vivían de ayudas del gobierno y a menudo desatendían hasta las necesidades más básicas de ella y su hermana mayor, Lisa.

Sin embargo, no basta la determinación de superarse, hay que encontrar las vías para lograr esa superación. Ella tuvo muchas personas que luego de conocer su vida se movieron a ayudarla de muchas maneras. Desde Perry, el maestro que fue su mentor cuando decidió terminar la escuela superior cuando aún era deambulante y The New York Times con una beca que le permitió estudiar en Harvard.

Tuvo personas que le consiguieron un apartamento y electricidad, otras que le regalaron ropa y comida, y hasta una señora que se ofreció a lavarle la ropa, para que dedicara su tiempo completamente a sus estudios.

“Sea un ‘Perry’ para otro”, exhortó Murray al grupo, muchos de los cuales estaban conmovidos por el relato de la elocuente mujer de 28 años, que se describió como una “gótica rebelde” tan tímida que ni miraba a las personas a los ojos y sentía que había una pared invisible entre ella y el resto de la sociedad.


Publicado en el www.elnuevodia.com


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Tags: Liz Murra

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