Mi?rcoles, 05 de noviembre de 2008

Una comunidad de vecinos madrileña rechaza la apertura de un abortorio en su edificio

Los vecinos afirman que nada tienen que ver con las pintadas en el abortorio, su lucha es firme pero pacífica

Tras el caso de Villalba, de nuevo en Madrid, pero esta vez en la capital, los ciudadanos muestran su repulsa a la apertura del negocio abortista. Su resistencia titánica ha logrado evitar la apertura del negocio abortista durante cuatro años.

REDACCIÓN HO, EL PAÍS.- La comunidad de propietarios del edificio situado en el número 45 de la calle de Lope de Rueda de Madrid, conformada por 120 vecinos, están protagonizando una dura oposición a la apertura de un abortorio en el edificio. Según indica un artículo que aparece hoy en El País digital, en un artículo firmado por Álvaro de Cózar, el nuevo negocio abortista es propiedad del ciudadano de origen sirio Mohamed Rafik Dehni Passer, que llevaba cuatro años intentando abrir una clínica ginecológica en Madrid donde, además de otras operaciones, se realizarían lo que denomina eufemísticamente "abortos de bajo riesgo".

Según El País, Rafia posee desde hace quince años otro abortorio y su experiencia como cirujano y ginecólogo es anterior.  El diario asegura que para abrir su nuevo negocio de muerte, cuyas instalaciones acabó al parecer en 2004, posee las oportunas licencias del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Pero los vecinos,  en una valiente y comprometida postura parecida a la que están protagonizando en un caso similar los vecinos de la también localidad madrileña de Villalba, no quieren por nada del mundo oír hablar de abortos en los bajos de sus casas. "No sé si sabe que aquí antes había un colegio de niños, y, claro, a mucha gente no le parece el sitio más adecuado para montar una clínica de abortos", explica el conserje del edificio.

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Así las cosas, durante todo este tiempo la comunidad de propietarios ha tratado de conseguir por todos los medios que Rafik se vaya con su clínica a otra parte. Han recogido firmas contra el centro, han enviado cartas a la Consejería de Sanidad de Madrid, han intentado cambiar los estatutos de la comunidad para prohibir clínicas, cualesquiera que sean, en el edificio, y hasta se han opuesto a la instalación de los aparatos de aire acondicionado. Hasta el momento, sus reclamaciones ante la Justicia han sido desoídas; según El País, la última sentencia, contra la que no cabe recurso, obligaba a los vecinos a permitir la instalación de los aparatos. Pero los vecinos no cejan en su empeño.

Los vecinos han llevado su oposición de manera pacífica pero firme, aseguran. Sobre las pintadas que aparecieron hace unas semanas en el nuevo abortorio ("Médico abortista", "médico asesino"), el conserje afirma que "de eso, nosotros no sabemos nada".

El pasado miércoles, Rafik contrató una grúa para introducir las máquinas en la su negocio por segunda vez. "Ya lo había intentado años antes, pero los vecinos no me dejaron entrar", explica Rafik, harto de luchar contra los vecinos y molesto por todo el dinero perdido durante estos años, según reconoce al citado diario. Según el relato que hace la publicación deL Grupo PRISA, la grúa llegó poco antes de las doce de la noche y volvió a encontrarse con la presidenta de la comunidad y un grupo de propietarios. "Ese hombre no va a hacer nada de eso en esta casa, mientras nosotros estemos aquí", declaró uno de ellos. Hubo cierta tensión con el abogado de Rafik mientras éste intentaba explicarles que se estaban oponiendo a la ejecución de una sentencia firme, pero los dos agentes de la Policía Municipal presentes consiguieron calmar los ánimos.

Y en esas anda Rafik ahora, a la espera de que un juez obligue a los vecinos, de una vez por todas, a facilitar el acceso de las máquinas en su local para poder empezar a trabajar.

El diario, proclive como es habitual en su línea editorial a ponerse de lado del negocio abortista, apunta a que la protesta es minoritaria, afirmando que "de los 120 vecinos que habitan en el edificio, sólo unos cuantos parecen estar detrás de esta firme oposición a la clínica. Este periódico ha intentado hablar con el resto, pero el conserje del edificio no lo permitió. ‘Esto es lo único que tenemos que decir, según me ha dicho la presidenta'".  Sin  embargo, si esto fuera así, no se entiende como en cuatro años la supuesta mayoría de vecinos condescendientes a los que alude El País ha brillado por su ausencia en este debate; máxime cuando, entre otras cosas, se ha incurrido en gastos procesales según se desprende de la información del propio diario, es decir, han puesto en ello sus cuartos.



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Publicado por Galsuinda @ 23:02  | defendiendo la vida
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